Razones políticas para patrocinar a los candidatos de la Lista del Pueblo

Hace 34 años el Partido Socialista Salvador Allende (PSSA) adoptó la decisión política de que no iba a participar electoralmente en la institucionalidad política establecida por la dictadura pinochetista. Lo cual suponía no inscribirse en los registros electorales ni sufragar en el plebiscito sucesorio de 1988. El diagnóstico político que fundamentaba dicha decisión estaba en que ese proceso político constituía una vía para proyectar en el tiempo la institucionalidad autoritaria, el régimen económico y social fundado a sangre y fuego por la dictadura desde 1973 en adelante. La postura allendista señalaba que la derrota electoral del dictador era insuficiente para superar todo lo establecido desde el golpe de Estado, se quedaba corta política e históricamente. Para terminar con la obra de la dictadura había que derrotarla integralmente. Para ello era necesario impulsar todas las formas de lucha social y política posible, sin excluir, la violencia revolucionaria. La derrota del dictador debía ser simultánea con la caída del régimen.

«Escándalos» y «tramas ocultas» en la Lista del Pueblo: una perspectiva de clase

por Adolfo Mena

En estos días, y al calor de la convención constitucional,  ha circulado numerosa información respecto de la denominada Lista del Pueblo, sin duda por el alto número formal de participantes que aporta a dicho proceso institucional. El texto más reciente se presenta como una especie de  documento “interno” denominado “Tramas ocultas de la Lista del Pueblo”, con una serie de supuestas “revelaciones” sobre quién estaría “detrás” de este proyecto.

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El «síndrome electoral» de la llamada Lista del Pueblo

por Guillermo Correa

Los resultados en la elección de Convencionales Constituyentes, donde la derecha dura no alcanzó a obtener el tercio de los escaños que le habría asegurado por sí sola el “poder de veto” en la redacción de la nueva Constitución, junto con la elección de un número importante  de Convencionales provenientes del movimiento social y popular, especialmente aquellos agrupados en la denominada Lista del Pueblo, provocaron un sismo político de magnitud y un gran entusiasmo en la ciudadanía al constatar la presencia en la Convención de representantes de aquellos sectores que participaron de la  rebelión de octubre y que optaron por aceptar y participar bajos las reglas institucionales delimitadas en el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución.

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¡A la deriva con los nuevos capitanes!

por Raúl Román

Todo régimen democrático burgués siempre ha tenido una característica fundamental, la de expresar el dominio de la burguesía sobre la clase trabajadora. Sin embargo, este dominio no es ni de la misma forma ni en las mismas condiciones, si no que es zigzagueante entre un dominio total, que se expresa en un régimen democrático burgués denominado reacción democrática hasta una debilidad evidente como es en circunstancias de revolución democrática.

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Megaelecciones: la expresión en el voto de la revuelta popular

por Paul Walder

No hay dobles lecturas. Las megaelecciones chilenas del 15 y 16 de mayo han recogido y conducido el espíritu del 18 de octubre del 2019. Es el primer resultado electoral desde la mayor revuelta popular de los últimos treinta años cuya expresión política ha sido un repudio a los partidos tradicionales, en especial a la derecha más dura y la exConcertación, y un apoyo importante a los representantes independientes y los partidos de izquierda. El orden político de las tres últimas décadas, que contuvo una institucionalidad basada en la ortodoxia del mercado, que favoreció a las grandes corporaciones a costa de las y los trabajadores, el medio ambiente y los y las ciudadanas, ha perdido representantes en todas las elecciones del fin de semana, desde las gobernaciones regionales, las municipales y en la Convención Constituyente encargada de elaborar a partir de junio una nueva constitución.

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Nada con los partidos del régimen, todo con la unidad de los trabajadores

por El Porteño

El llamado «sentido común» invariablemente es la mascarada del conservadurismo. No es un accidente que la extrema derecha —como los republicanos de Kast— recurra a él como trinchera de las más reaccionarias posiciones políticas. Valiéndose de ese mismo sentido común y aunque nadie lo tome en serio, un criminal como Piñera aparece convocando a la unidad nacional, a bajar las banderas partidarias, ideológicas y todo tipo de mezquindad partisana, proponiendo poner a la patria o a cualquier valor de la moral burguesa, en primer lugar.

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