En una acción de guerra colonial EE.UU. hunde embarcación frente a Venezuela en supuesta operación antidrogas


por Alejandro Valenzuela Torres

El episodio reciente del hundimiento de una pequeña lancha en el Caribe, frente a las costas de Venezuela, no puede ser interpretado como una simple operación antidrogas. La prensa imperialista internacional –con el servilismo habitual de sus repetidores locales– lo presentó como una eficaz maniobra de interdicción contra el narcotráfico. Pero la verdad está en otra parte. Lo que presenciamos es la escenificación de una política de guerra: la incorporación formal de América Latina al teatro mundial de operaciones del imperialismo estadounidense.

A pesar de lo insignificante del blanco –una embarcación de ínfima capacidad de carga, sin escolta, sin armamento pesado, sin protección aérea–, la respuesta fue propia de un conflicto interestatal. La desproporción brutal del ataque no fue accidental: fue deliberada. Esta acción no buscaba “detener el narcotráfico”, sino transmitir un mensaje: América Latina ha sido reingresada oficialmente en el mapa de la guerra global del imperialismo norteamericano.

1. El desprecio total por el derecho internacional

El hecho de que esta operación haya ocurrido sin coordinación con las autoridades venezolanas –ni siquiera con la coartada usual de la “cooperación antidrogas”– pone al desnudo la total bancarrota del sistema legal internacional. Como escribió Lenin en El Estado y la Revolución, “el derecho es la voluntad de la clase dominante erigida en ley”. En este caso, se ha ejercido esa voluntad con una crudeza que solo puede encontrarse en los momentos de viraje histórico.

El imperio ha hablado con misiles, no con notas diplomáticas. Y el blanco ha sido una nación oprimida: Venezuela. La excusa del narcotráfico es insostenible incluso en sus propios términos. Si el objetivo fuera “interrumpir el circuito del tráfico”, capturar a la tripulación y rastrear sus contactos sería lo lógico. Pero no: se destruyó la evidencia, se asesinó a posibles testigos. Esto no es una operación antidrogas. Es una operación de castigo.

2. La primera acción militar directa de EE.UU. bajo Trump en América Latina

Muchos podrían pensar que esto se trata de una reedición de las clásicas intervenciones del Pentágono, como las de Panamá o Granada. Pero esta operación tiene otro carácter: forma parte de una doctrina de guerra imperial global, desplegada de forma continua y multifrontal desde 2001. Lo que marca este hecho como un hito es que, por primera vez bajo la presidencia de Trump, el imperialismo norteamericano ha abierto fuego directamente contra una unidad en América Latina, sin intermediarios ni tercerizaciones.

Como advierte Trotsky en La Tercera Internacional después de Lenin, uno de los elementos decisivos en la estrategia del imperialismo es abrir “nuevos frentes periféricos” que permitan probar armamento, entrenamiento y nuevas doctrinas militares sin comprometerse en guerras abiertas con potencias de igual peso. Este ataque es un ensayo, una provocación calculada. Venezuela, cercada y asfixiada, fue seleccionada como blanco experimental.

3. Solidaridad con Venezuela: sin condiciones, sin ambigüedad

Frente a este acto de guerra imperialista, los revolucionarios de América Latina y del mundo deben adoptar una posición clara e intransigente, la lucha del proletariado es internacional por naturaleza, y no puede vacilar en la defensa de los pueblos oprimidos frente a los ataques del capital internacional.

No se trata de apoyar políticamente al régimen venezolano, cuyas contradicciones con su propio pueblo están a la vista. Se trata de defender a una nación oprimida frente al agresor imperialista, sin confundir la lucha de clases con la geopolítica de cancillería. La única lucha verdaderamente antiimperialista es la que promueve la unidad internacional de la clase trabajadora, no la que se subordina a burguesías locales camufladas con discursos de soberanía.

Como recordaba Lenin: “El derrotismo revolucionario no significa indiferencia ante las invasiones del enemigo extranjero. Significa transformar la guerra imperialista en guerra civil, y ello comienza por desenmascarar a la burguesía propia y denunciar a sus aliados internacionales”.

4. Un llamado a la acción

Desde El Porteño llamamos a organizar campañas de denuncia de esta agresión. No puede naturalizarse que se disparen misiles contra embarcaciones latinoamericanas desde naves de guerra extranjeras. Que la prensa burguesa lo celebre como “éxito” no nos exime de denunciarlo como acto de guerra colonial. Nuestra tarea comienza en casa: denunciando a los gobiernos que legitiman esta agresión con su silencio, combatiendo a nuestras propias burguesías entreguistas, y preparando a la clase obrera para que asuma la lucha revolucionaria como lo que es: una guerra de clases a escala internacional.

¡Solidaridad con la nación oprimida venezolana!
¡Abajo la agresión imperialista!
¡Viva la unidad internacional del proletariado contra el capital mundial!