En la mayor crisis de la historia: ¿dónde se encuentra la izquierda?

por Gustavo Burgos

En 1977, Woody Allen culminó Annie Hall -su obra maestra- con la siguiente idea, narrada como chiste: “Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina. Y el doctor le responde: «¿Por qué no lo mete en un manicomino?». Y el tipo le dice: «Lo haría, pero necesito los huevos». Esta fiebre recorre hoy en día, a buena parte de la oposición de izquierda a Piñera. Aquella que procalmando que el plebiscito constitucional es un fraude, reclama por su eventual postergación; aquella que declara luchar contra el Gobierno de empresarios y reclama porque nombraron a una pinochetista en el Ministerio de la Mujer o bien aquella  izquierda que sabiendo y afirmando que Mañalich es un carnicero, objeta su falta de empatía y errores comunicacionales.

¿Qué quiere esta izquierda?. No se sabe. ¿Quizá que el fraude plebiscitario se realice con respeto a la Constitución?, ¿Qué la Coordinadora 8M se haga cargo del Ministerio de la Mujer?, ¿Qué la Presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, asuma la cartera de Salud o al menos su vocería?. De verdad compañeros, ¿de eso se trata?. Indudablemente que no. Nadie en su sano juicio perdería el tiempo ofreciéndose como decorador en un campo de concentración y eso, eso mismo, es lo que está haciendo una parte importante de la oposición burguesa, parlamentaria a Piñera lo que no es ninguna novedad, pero también sectores -y esto es lo grave- que indubitadamente pretenden plantearse como opositores de clase al Gobierno piñerista.

Este curioso fenómeno ya ha sido largamernte debatido entre las filas del marxismo y constituye una de las primeras conquistas del movimiento obrero, en todo el mundo. Cuando la izquierda asume este rol de consejero o decorador del orden capitalista, renuncia explícitamente a todo papel revolucionario. Cuando deja de utilizar los espacios democráticos y legales que la burguesía ha debido otorgar, como plataforma para impulsar la acción directa y la movilización, su accionar se reduce al simple cretinismo parlamentario.

Lo explica Marx en el prólogo a la “Contribución a la crítica de la Economía Política”: lo jurídico y político tienen como base real la totalidad de las relaciones que los seres humanos establecen en la producción social». Por lo cual “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social la que determina su conciencia”.

El día de ayer, en una reunión (virtual, por cierto) de la Coordinadora No+AFP de Valparaíso, el cro. Luis Mesina nos explicaba el sentido de la campaña de este movimiento en pos de la derogación del DL 3500: ayudar a los trabajadores a romper con los parlamentarios (Nueva Mayoría principalmente) que apoyan el fraude previsional de las AFP, obligándolos a explicitar su posición frente a la catástrofe social que importa el régimen de la capitalización individual. El propio Mesina explicó que la caída de un 25% de los fondos previsionales no es más que un anticipo de lo que se espera en el marco de la inevitable depresión que arrasará con el aparato productivo, en la economía «real».

Aquí vemos la magnitud práctica de este problema. Es totalmente correcto el planteamiento de exigir la derogación del DL 3500 que crea el sistema de las AFP. Es incuestionable que tal planteamiento ayuda a los trabajadores a romper sus ilusiones en la legalidad e institucionalidad patronales. Sin embargo, y creo que eso quedó planteado en la reunión de ayer, si tal política no se apoya en un plan de movilización, de organización de mayores acciones de masas, tal política carecerá de toda capacidad de transformación social.

No estoy haciendo un panegírico maximalista sobre la dictadura del proletariado. Se trata de poner de manifiesto que si la izquierda y el activismo que se reclama de los trabajadores no es capaz de explicar a los amplios sectores de trabajadores y explotados que es el orden capitalista, cimentado en la gran propiedad privada de los medios de producción, el origen de la profunda crisis social que atraviesa a nuestra sociedad, si no es capaz de explicar esta idea fundamental, debe renunciar a todo programa de transformación social. Sólo por la vía de la movilización y de la organización, construiremos un puente entre las masas y el programa socialista.

Llevamos décadas «corriendo el cerco», «desarmando enclaves pinochetistas» e impidiendo el «avance de la derecha», tal conducta ha reducido a la izquierda al papel de vagón de cola de la democracia patronal y a subordinarla a su institucionalidad. El desenlace del Acuerdo por la Paz del 15 de noviembre, un acuerdo burgués con inequívoca finalidad desmovilizadora, es el que corresponde a los intereses que primaron en su adopción: impedir la caída de Piñera y apuntalar al régimen. No le pidamos a ese plebiscito una Asamblea Constituyente desde las bases, participemos en ese proceso, con el Apruebo con la única finalidad de desemascararlo. Pero no perdamos tiempo convocando a ese plebiscito inútil ni le pidamos a Piñera que nombre a socialistas en su gabinete. Todo eso sólo genera confusión.

Y entonces ¿dónde se encuentra la izquierda, el activismo?, pues bien y no es un lugar común: en la clase trabajadora. No hay otro lugar de encuentro para los que planteamos la revolución que unificarnos en la lucha de clases. Ningún sentido tiene hacerlo en un espacio distinto, por vía cupular.

Hoy día la burocracia sindical enquistada en la CUT, ANEF, Colegio de Profesores, el Cobre, portuarios, etc. se encuentra paralizada. Frente a alevosos ataques, como los dirigidos en contra de los trabajadores de CENCOSUD -cuyos ejecutivos se distribuyeron el 80% de sus ganancias mientras suspendieron relaciones laborales- la burocracia sindical no hace absolutamente nada. Aquí es donde hay que dar respuestas concretas. Aquí hay que unificar no a la burocracia, sino que a las bases de trabajadores en una perspectiva de movilización. Este es el debate del momento para nuestra clase y es la tarea de los grupos como el 1º de Mayo en Valparaíso o Corriente Sindical Obrera en Santiago. Aquí se encontrará la izquierda y el activismo, desde la movilización contra el régimen, no dentro de él. Fuera de la lucha de las bases el único que gana es Piñera y su régimen criminal y explotador.

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