El gobierno peronista de Menem, uno de los más antinacionales de la historia

de Masas

Toda la politiquería burguesa ha salido a saludar y condolerse por el fallecimiento de Carlos Menem. La mayoría se refiere a sus políticas como si hubieran sido personales.

Menem gobernó con el apoyo del Partido Justicialista y de la mayoría de la burocracia sindical, sin los cuales no habría podido gobernar y también con el apoyo de los partidos de derecha y los grandes medios de comunicación. Gobernó con el respaldo del imperialismo, de la banca, de los grandes capitales nacionales, de la oligarquía. Gobernó para ellos contra la nación oprimida, contra los trabajadores. Poner de relieve, como hizo Alberto Fernández, de que fue “elegido en democracia” en La Rioja y dos veces a la presidencia es pretender ocultar para quién gobernó, a quién sirvió, aunque haya sido ungido por el voto popular. Prefieren hablar de su simpatía, de que era seductor, un “político de raza” y hasta buena persona…

Pero también importa un balance de la democracia burguesa, bajo la cual se produjo la mayor entrega del patrimonio nacional y ataque a los derechos de los trabajadores, avanzó sobre cuestiones que la dictadura militar no pudo. En realidad, ambas formas de la dictadura del capital se complementaron. Bajo la dictadura militar se destruyeron las organizaciones sindicales, políticas, y sociales que se enfrentaban al régimen, se liquidó a lo mejor de su vanguardia y comenzó el proceso de desindustrialización, de liquidación de las empresas del estado. Menem llevó esta tarea más lejos de lo que se hubieran podido imaginar, al punto de ser colocado como ejemplo internacional por el capital financiero.

El gobierno de Menem significó un salto cualitativo en el abandono de las reivindicaciones históricas del peronismo, movimiento nacionalista burgués, para adoptar las banderas del neoliberalismo más extremo.

Menem gobernó diez años y medio seguidos. Asumió como parte de un “golpe de mercado” contra Alfonsín, obligado a anticipar las elecciones 5 meses y anticipar la entrega del gobierno. En medio de la hiperinflación y tremenda devaluación del peso. Sus primeros ministros de economía eran directivos de Bunge&Born, luego seguiría Cavallo, hombre directo del capital financiero.

Los escándalos de corrupción generalizada, indiscutible; la voladura de Río Tercero; su encubrimiento de los atentados de la AMIA y Embajada de Israel; el contrabando de armas; etc. quedaron impunes. La Justicia burguesa garantizó que llegara al fin de sus días sin condenas por estos hechos, algunos de los cuales ya tienen alrededor de 30 años. Su breve condena judicial se debió a cuestiones menores como el pago de sobresueldo a sus funcionarios o la venta del predio de Palermo a la Sociedad Rural.

Llevó adelante, con puntos y comas, todas las recomendaciones del Consenso de Washington, y por eso se transformó en su abanderado.

Realizó una profunda Reforma del Estado, transfirió la educación y la salud a las provincias, tal como exigían los organismos de crédito. Avanzó con la flexibilización de las condiciones de trabajo.

Realizó un desguace de las empresas en manos del Estado, que eran cientos al comienzo de su gobierno. Las principales empresas del Estado apetecibles por las multinacionales fueron entregadas a cambio de títulos de la deuda que tenían un valor mínimo y se les reconocía su valor nominal. Bonos de una deuda que debía desconocerse que provenía en buena medida de la dictadura militar.

Privatizó YPF, los teléfonos, los altos hornos, Somisa (el acero), los ferrocarriles, Aerolíneas, Obras Sanitarias de la Nación, servicios de gas y electricidad, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, las jubilaciones, los canales de televisión, las radios. Otras empresas fueron disueltas para facilitar que su espacio pasara a manos extranjeras.

Estas conquistas del capital financiero contra la Nación, que son el corazón del programa neoliberal, permanecen. Ningún gobierno posterior intentó dar marcha atrás con estas políticas, excepto algunos casos puntuales en que se hizo insostenible la situación, como en el caso de Aerolíneas o YPF. Por el contrario, todos los gobiernos confirmaron que el Estado no debía hacerse cargo de ninguna empresa.

La burocracia sindical, en su mayoría, apoyó este proceso, algunos por convicción, otros por hacerse partícipes de estos negociados y otros “obligados” ante la amenaza de avanzar con juicios en contra de ellos por corrupción. El enorme capital social acumulado en las empresas del Estado a lo largo de décadas fue utilizado para comprar las voluntades de las direcciones sindicales, entregándoles un porcentaje de las acciones de las empresas, con la idea de transformarlos en “propietarios”. Ante el record de desocupación que habían generado estas políticas, sumada a la importación indiscriminada de productos baratos, las direcciones sindicales dejaron hacer.

Impuso con Cavallo la Convertibilidad del peso al dólar, política sostenida por un fuerte endeudamiento externo que terminó estallando en el año 2000, provocando la mayor crisis de la historia.

En nombre de la “reconciliación nacional” indultó a los pocos genocidas condenados y procesados por las más graves violaciones a los derechos humanos de la historia y bloqueó el desarrollo de los juicios en curso. Se abrazó con el enemigo más odiado del peronismo, el inspirador de los fusilamientos y la represión a los peronistas, Isaac Rojas.

Su gobierno fue responsable de encubrir los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel, con falsos testigos, sobornos filmados arreglados con jueces y fiscales. Nunca se pudo llegar a conocer a quién estaban protegiendo.

En su sometimiento total e incondicional al imperialismo yanky se sumó al envío de barcos a la guerra contra Irak. Contrabandeó armas a Ecuador y la ex Yugoslavia a pedido de la CIA. Con el agravante de que Ecuador estaba en conflicto militar con Perú. Se sumaba a un conflicto entre países hermanos y especialmente contra Perú que tuvo solidaridad activa con Argentina en la Guerra de Malvinas.

Su canciller Di Tella definió la política exterior como “de relaciones carnales” con Washington y buscó la reconciliación con Gran Bretaña subordinando el reclamo de soberanía en Malvinas.

El fallecimiento de Menem es una buena oportunidad para recordar lo esencial de sus políticas nefastas y poder ver cómo los movimientos nacionalistas han terminado de rodillas frente al imperialismo. Es el inevitable derrotero antinacional de la burguesía nacional, incapaz de enfrentarse al amo opresor al que termina sometiéndose completamente.

La clase obrera debe independizarse del peronismo y de todos los partidos e instituciones de la burguesía para reencontrarse con su propia identidad de clase para poder luchar por su propia perspectiva que le permitirá liberarse y liberar a todos los oprimidos.

Sólo podemos expresar desprecio ante este personaje y sus políticas y recordar el acompañamiento que le han hecho todos aquellos que hoy se dicen antineoliberales o nacionalistas.

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