Moneda en la Rusia Soviética, 1917-1923 (Parte 3)

por Rolando Astarita

Parte 1 // Parte 2

La crítica de Bettelheim al respaldo oro

En La lucha de clases en la URSS Bettelheim critica la reforma monetaria de 1924. Sostiene que el respaldo oro exigía que el Gosbank interviniera en el mercado para mantener la paridad oficial con el oro y las divisas. Para lo cual se necesitaría un nivel de exportaciones que proveyera las reservas para sostener la paridad. Pero eso, sigue Bettelheim, reforzaría las posiciones de los campesinos ricos, ya que estos tenían la mayor capacidad de producir cereales con destino al mercado externo. Por otro lado, deberían reducirse los esfuerzos para el desarrollo industrial, ya que la industria soviética no era capaz de suministrar productos exportables y exigía, a cambio, importaciones de equipo (véase Bettelheim, 1978, p. 43). En definitiva, se favorecería a los campesinos ricos en detrimento de la clase obrera y los campesinos pobres. Y la Unión Soviética se limitaría al rol de proveedora de productos agrícolas en el mercado mundial (p. 44).

Por otra parte, sostiene Bettelheim, para sostener la paridad oficial habría que restringir el crédito y los gastos presupuestarios. En consecuencia la política financiera y crediticia no podría ser adaptada a las necesidades internas, definidas por el partido bolchevique. “[Con la reforma monetaria de 1924] la política económica, financiera y presupuestaria queda sometida en parte a la presión del mercado mundial, ejercida a través de las ‘exigencias’ del funcionamiento del patrón oro” (ibid.). De ahí que la caracterice como una orientación política propia de los expertos burgueses del Gosbank y del Narkomfin, cuyo sentido más profundo habría escapado a la conducción: “Evidentemente, los dirigentes bolcheviques no perciben todo el alcance de la orientación política. Algunos creen, incluso, que pueden felicitarse por la integración de la Unión Soviética en el mercado europeo. Tal es el caso de Sokólnikov, entonces comisario para las Finanzas…”. Bettelheim lo cita cuando afirma que, aunque la clase obrera tenía el poder, “estamos insertos en el mecanismo europeo de desarrollo económico y financiero” (ibid.).

El crecimiento del crédito y el abandono de la paridad con el oro 

Los temores expresados por Bettelheim, sin embargo, no se concretaron porque el gobierno abandonó, de hecho, la paridad oficial muy poco después de establecida. Para entender por qué, recordemos que, junto a la estabilización monetaria, en 1924 el gobierno lanzó una ofensiva para reducir la influencia de los nepmen y los campesinos ricos. Así  bajó la participación de los intermediarios en la economía, pero paralelamente cayeron el comercio y los abastecimientos. Lo que indujo a un nuevo viraje: en abril de 1925 la 14° Conferencia del Partido alertó sobre el peligro de eliminar a los hombres de la NEP más rápido de lo que podían ser reemplazados por las operaciones del Estado y las cooperativas. Y condenó “las medidas administrativas” y “los remanentes del Comunismo de Guerra”. La conducción intentó entonces restablecer un clima de negocios amigable con los nepmen y los kulak. Era el triunfo de la línea de Bujarin.

Como resultado de este nuevo cambio, 1925 y 1926 fueron años de prosperidad para los kulaks y los intermediarios del comercio. En 1925 se amplió el derecho a arrendar tierra y se dio más libertad para relaciones asalariadas en el campo. Por otro lado, se redujeron los impuestos a los nepmen y se aumentó el crédito al sector privado. Los créditos otorgados por los bancos estatales a nepmen eran, en octubre de 1925, 250% superiores a los de octubre de 1924 (Ball). Si se incluyen los créditos de bancos estatales vía las Sociedades de Créditos Mutuos (una suerte de cooperativas de crédito que se fondeaban con depósitos privados y préstamos estatales, y  prestaban dinero a miembros involucrados en negocios varios), a fines de 1925, eran un 300%  superiores con respecto al año anterior (ibid).

Por otra parte, tomó cuerpo “la idea de que los planes de crédito permitirán establecer verdaderos planes económicos” (p. 50, Berttelheim). Un Comité Bancario, en el que participaba el Gosplan, elaboró planes de préstamos para expandir la producción. A comienzos de 1925 el presidente del Gosplan afirmaba que los mismos “permitirán establecer verdaderos planes económicos” (citado por Bettelheim). Se apuntaba a un sistema bancario estatal ligado a la industria estatal y a una red comercial estatal y de cooperativas que hicieran posible una verdadera planificación económica. Algunos proclamaron que el mercado ya no tenía el rol decisivo, y que el Estado era capaz de controlar el mercado de cereales.

Sin embargo, la expansión del crédito provocó un aumento del circulante. Los ingresos monetarios aumentan sin la correspondiente contrapartida de aumento de la producción; lo cual no era compatible con el mantenimiento de la paridad oficial. Observa Bettelheim: “Aunque no se diga, se rompe así con la reforma monetaria de 1924, que vinculaba prácticamente el rublo al oro” (p. 44). Por eso, ya en 1925 el Gosbank tuvo que vender parte de sus reservas en oro para sostener la paridad. Luego, entre 1926 y 1928, el gobierno prohibió la importación y exportación de oro. “Desde entonces el rublo (chervonetz) es una moneda puramente interior, cuyo curso es fijado por una comisión gubernamental” (ibid.). Hubo que admitir que, a pesar de las declaraciones triunfalistas, a partir de 1927 aumentaba la inflación (p. 55, ibid.). Los precios al por menor pasaron de un índice 100 en julio de 1927 a 150,7 en julio de 1929. Bettelheim atribuye esa pérdida de control del Estado sobre el sistema monetario y de precios, en última instancia, “a un dominio cada vez menor del desarrollo de la lucha de clases” (ibid.). La circulación fiduciaria vuelve a dispararse. Solo entre enero de 1928 y enero de 1930 crece más del 66%. Bettelheim sostiene que detrás de este nuevo aumento de la inflación hay “un abandono de hecho de la NEP”.

La crítica de la Oposición de Izquierda 

En septiembre de 1927 la Oposición Conjunta, también conocida como la Oposición de Izquierda, presentó ante el Comité Central del partido una Plataforma política y programática con fuertes críticas, y alternativa, a la orientación de Bujarin (considerada la derecha del partido)  – Stalin (considerado el centro). Entre los principales dirigentes de la Oposición Conjunta estaban Trotsky, Zinoviev, Kamenev, Smilga, Rakovsky, Piatakov y Radek.

Este documento nos muestra un abordaje materialista en lo que concierne a la moneda, mercado y precios, y su relación con la situación económica y social. Como puntos centrales, la Plataforma señalaba el fortalecimiento de los nepmen, los kulaks (campesinos ricos) y la burocracia; con la contrapartida del debilitamiento de la clase obrera y los campesinos pobres. Planteaba que el desempleo industrial era elevado; y que los salarios estaban estancados. La clase obrera había perdido peso en el partido (dominaban los funcionarios); los soviets se habían vaciado de contenido y tendían a ser meros apéndices de los ejecutivos y presídiums; y los sindicatos cada vez más estaban controlados por el gobierno y la burocracia. Por lo tanto, aumentaba “la distorsión burocrática del Estado obrero”. En el plano internacional, la derrota de la huelga general inglesa y de la revolución china fortalecía los elementos capitalistas, e incrementaba la posibilidad de un termidor al interior del régimen soviético.

El fortalecimiento de los elementos capitalistas tomaba cuerpo en la creciente diferenciación de clases en el campo y en la multiplicación de los comerciantes privados en las ciudades. La intermediación comercial – estatal, cooperativa y privada – insumía enormes recursos. El capital privado, dedicado al comercio, se enriquecía. También lo hacía el capital privado que compraba bonos de la deuda estatal. Crecían pequeños emprendimientos capitalistas y formas encubiertas de explotación del trabajo. La tijera de los precios (caída de los agrícolas en relación a los industriales) seguía abriéndose, y afectaba principalmente a los campesinos pobres. Se intensificaba el conflicto agro – industria, y la diferenciación de clase en el campo.

La Oposición reconocía que con la NEP era inevitable un cierto crecimiento del kulak, el nepman y la burocracia. Y alertaba que no se podía acabar con esas fuerzas con órdenes administrativas o con simple presión económica. En un país predominantemente campesino (había 25 millones de pequeñas granjas), siempre habría una base para el capitalismo en Rusia. Esta constricción solo podría ser superada con una política de clase correcta, basada en los obreros y los campesinos pobres, y la alianza con los campesinos medios. Pero no bastaba con la voluntad política. Era necesaria la reorganización de la industria sobre la base de la producción colectiva en gran escala, y la incorporación de la técnica modera, para crear el incremento de la productividad de los trabajos rurales. De esa manera se podría convencer al pequeño campesino, por la fuerza del ejemplo y de sus propios intereses, a pasar a la agricultura en gran escala, colectivizada y mecanizada.

La Plataforma pedía el restablecimiento de la democracia en el Partido y los sindicatos, y que se reactivaran los soviets. Proponía un aumento de los salarios industriales (e igual paga para las mujeres obreras) y la extensión del seguro por desempleo; una reforma impositiva que aliviara las cargas sobre los campesinos pobres y las aumentara a los kulaks y nepmen; que se intensificara la industrialización (aumento de la inversión) y se avanzara en la planificación; y que se alentara la entrada voluntaria de los campesinos a las cooperativas o a granjas colectivas. El presupuesto, los impuestos, la industria, la agricultura y el comercio exterior deberían ordenarse según estas necesidades. Debía procurarse la baja de los precios, y el achicamiento entre los precios mayoristas y minoristas, pero esos objetivos se lograrían por aumento de la productividad, y el fortalecimiento de las fuerzas socialistas, no con medidas administrativas.

Por otro lado, la economía soviética no podría abstraerse del mercado mundial. El monopolio del comercio exterior era necesario, pero no para construir una economía exclusivamente nacional. Si este fuera el caso, la economía soviética avanzaría a paso de tortuga. Un desarrollo aislado de socialismo y según una tasa de desarrollo económico independiente de la economía mundial distorsionaría la planificación y no ofrecería una guía para una correcta relación con la economía mundial. Pero para insertarse en el mercado mundial, e importar equipos y tecnología, debían fomentarse las exportaciones. Obsérvese la distancia que media entre este programa y lo planteado por Bettelheim.

Presentadas así las cosas, la cuestión monetaria y de los precios debería resolverse con el mismo criterio. Los problemas y contradicciones que enfrentaba la economía soviética no podían superarse por fuera o al margen de la orientación política de conjunto. Era necesario garantizar “la incondicional estabilidad de la unidad monetaria”. Y, agregaba el documento, la estabilización del chervonetz exigía la baja de los precios, por un lado, y un presupuesto equilibrado, por el otro. Por lo tanto no debía permitirse la emisión de papel moneda para cubrir el déficit fiscal. “Debemos tener un presupuesto estrictamente racionalizado, sin déficits, duro, intolerante con todo lo que sea superfluo o accidental”. También pedía poner en orden las finanzas de la industria y el transporte ferroviario. Son propuestas muy distintas de las planteadas por Bettelheim.

Decir la verdad a las masas trabajadoras

Para cerrar esta tercera parte de la nota, destaco un criterio que recorre la Plataforma de 1927: decir la verdad a las masas trabajadoras. No ocultar las dificultades ni engañar con falsas promesas. Si la economía soviética no podía abstraerse de la presión del mercado mundial, esto había que decirlo, y asumir que el socialismo no se podría construir como una isla en el territorio soviético. En el mismo sentido, si los bolcheviques habían tenido que apelar a mecanismos de mercado para restablecer las relaciones con el campesinado, no cabía ocultar las potencialidades de generar capitalismo que ello entrañaba.

De la misma manera, si en los 1920 las hojas de la tijera de precios seguían abriéndose, había que reconocer que el problema no se superaba a fuerza de decretos y represión. Estaban en juego fuerzas sociales, asentadas en relaciones de producción, y en última instancia, en una determinada productividad del trabajo, que no podían desconocerse o eliminarse con voluntarismo. Los decretos solo podían tener efectos limitados. De hecho, incluso empresas nacionalizadas tenían dificultades para cumplir con las medidas dispuestas por la dirección en lo referente a precios y producción. Pero el problema era infinitamente más grave tratándose de millones de artesanos y campesinos que presionaban sobre los mercados -grises” o negros. Y esto había que reconocerlo. No engañar a la población con fraseología triunfalista. Ni pretender superar el problema a base de represión. Por eso, la Oposición planteaba (igual que lo había hecho Lenin) que la incorporación de los campesinos a las cooperativas soviéticas debería ser voluntaria.

Naturalmente, las cuestiones referidas a la moneda, y los precios, debían abordarse con los mismos criterios. Por caso, la relación del chervonetz con las monedas de los países capitalistas, o el oro, no podía ser fijada de manera arbitraria; ni desconocerse indefinidamente. Una vez más, recordemos la advertencia de Engels (en el Anti-Dühring) sobre que las leyes sociales no se pueden modificar a voluntad. Esto sigue rigiendo para un Estado y régimen en el que la clase obrera, o una parte de ella, ejercen el poder. Es la base para una política revolucionaria.

Textos citados:

Ball, A. M. (1990): “Russia’s Last Capitalists: The Nepmen, 1921 1929”, Berkeley:  University of California Press. http://ark.cdlib.org/ark:/13030/ft2199n7h5/

Bettelheim, C. (1978): La lucha de clases en la URSS. Segundo período (1923 – 1930), México, Siglo XXI.

Plattform of the Joint Opposition, 1927https://marxists.architexturez.net/archive/trotsky/1927/opposition/opposition.pdf

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)

Ir al contenido