Cuba: la lucha debe ser contra el imperialismo yankee y la restauración capitalista que impulsa el gobierno castrista del PC cubano

de La Causa Obrera

Durante tres días consecutivos a partir del domingo 11 de julio, se produjeron manifestaciones y protestas que protagonizaron miles de personas y abarcaron distintas ciudades de Cuba: en San Antonio de los Baños, en donde aparentemente estalló primero, La Habana, Santiago de Cuba, Santa Clara, Matanzas, Cienfuegos, Holguín y Palma Soriano. Solo en La Habana la cantidad de manifestantes se calculaba entre 3 y 5 mil personas. Este movimiento de protesta es el más importante de los últimos años.

La movilización fue lo suficientemente importante como para preocupar a un gobierno que normalmente mantiene un férreo control pero que, con los manifestantes en la calle se sintió directamente amenazado y, por lo tanto, desplegó el aparató represivo y movilizó sus partidarios. La represión, incluyó duras golpizas y decenas de detenciones. Hasta ahora se sabe que hubo un muerto. Y pasados varios días todavía se desconocía el paradero de muchos de los detenidos.

Estos acontecimientos han tenido gran repercusión. Se discute si las manifestaciones representan una genuina expresión del pueblo trabajador o son un “creación” artificial del imperialismo para atacar al gobierno cubano.

Que haya habido algunos elementos vinculados a los “gusanos” exiliados en Miami, o a quienes en general aspiran a someter a Cuba al imperialismo yanki, no puede ocultar el hecho de que las protestas fueron originadas por razones “legitimas” y bien concretas que afectan a los trabajadores y al pueblo pobre de Cuba: el alza de los precios de los productos de primera necesidad; los períodos prolongados de cortes de luz; la falta de medicamentos; las largas colas para adquirir productos alimenticios debido a su escasez. Y ocurren, sobre todo, en el marco de una sorda y permanente censura y represión de las diferencias políticas, sin que haya ninguna expectativa o esperanza en un mejoramiento de las condiciones de vida, cuyas penurias se arrastran desde hace por lo menos tres décadas, luego de la caída de la URSS.

Por otra parte, es visible la desigualdad. La pobreza que padece una gran parte del pueblo contrasta con la vida de privilegios que lleva la burocracia gobernante, la que cínicamente sigue llenándose la boca con advocaciones al socialismo, mientras que además de usufructuar de los bienes del Estado, se transforman en propietarios -por ahora- de pequeños “emprendimientos” y a partir de su ubicación en el Estado se asocian al capital imperialista.

A esta situación se vino a sumar un agravamiento de las condiciones sanitarias, que no lograron evitar una importante cantidad de contagios atribuidos a la expansión de la cepa Delta, llegando en la ciudad de Matanzas –por lo menos- al colapso sanitario.

A esta situación se vino a sumar un agravamiento de las condiciones sanitarias, donde el sistema de salud se ve sobrepasado por una importante cantidad de contagios atribuidos a la expansión de cepas como la Delta, la sudafricana y otras variantes que llegaron a la isla por la reactivación turística ordenada por el gobierno a partir de noviembre de 2020, en pleno auge de la pandemia, abriendo las puertas a visitantes extranjeros de países con altos niveles de contagio como Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia o España. La decisión de reactivación del turismo fue tomada por la caída de los ingresos en el país (el turismo representa un 10% del PIB) y se mantuvo a pesar del aumento registrado en los contagios, llevándose luego al mínimo cuando ciudades como Matanzas se vieron colapsadas.

El bloqueo yanki

Es correcto denunciar el bloqueo como demostración práctica del carácter imperialista del gobierno yanki, y de la continuidad del “fascista” Trump y el demócrata Biden.

Como explica Carmelo Mesa-Lago: “Las fuertes medidas impuestas por la administración de Donald Trump que revirtieron el proceso de acercamiento del presidente Barack Obama y reforzaron el embargo (“bloqueo” en Cuba): la aplicación del Título III de la ley del embargo que había sido suspendida cada seis meses por los anteriores presidentes (incluyendo a Trump) y que permite demandar a las compañías extranjeras que han “traficado” con bienes confiscados por el gobierno cubano, lo cual ha paralizado la inversión; la restricción de vuelos a Cuba; la imposición de un límite a las remesas y la prohibición a Western Union de enviar dichas remesas a una agencia cubana manejada por los militares; el endurecimiento de las sanciones a los bancos internacionales que hacen transacciones con Cuba y la reinstalación de dicho país entre los que patrocinan el terrorismo. Hasta ahora Joseph Biden no ha tocado dichas sanciones”. (1)

Es evidente que el bloqueo (o embargo) por parte de los EE-UU dificulta las cosas para la economía cubana. Pero sería necio creer que se puede hacer una revolución que afecte los intereses imperialistas sin sufrir ninguna represalia.

Pero achacarle todos los padecimientos al bloqueo imperialista es un recurso para accionar los sentimientos patrióticos del pueblo cubano, para movilizar a todos los aliados internacionales que se reivindican antimperialistas y a los que simpatizaron o adhirieron a la causa de la revolución cubana.  Y sirve para ocultar la realidad de cuál es la situación actual y hacia a donde se orienta la burocracia gobernante del Partido Comunista cubano.

Algunos sectores de la izquierda hablan de la “defensa de la revolución”, para encubrir una defensa de la burocracia castrista. ¿Pero de que revolución hablan? Lo que hay ahora no es una revolución, sino un proceso avanzado de restauración capitalista, que ha transformado al ex Estado obrero deformado cubano en un estado burgués, conducido según el modelo “chino-vietnamita” por la propia burocracia gobernante. Insólitamente, algunos todavía creen que Cuba es “socialista”, algo que nunca fue, o que todavía se trata de un Estado Obrero que, aunque muy deformado no ha cambiado su carácter de clase. Suponen que las relaciones no capitalistas de producción pueden haber sobrevivido a la restauración burguesa en la ex URSS, Europa Oriental, China, Vietnam, etc. Más que una excepción, sería un milagro. Pero los que se reivindican marxistas no deberían creer en milagros, sino en el análisis objetivo de la estructura económico social de Cuba, en la cual no solo hay una importante inversión imperialista, sino que la propiedad privada de los medios de producción ha sido garantizada por la reciente reforma constitucional.

Otros en cambio, dicen, “hay que defender las conquistas de la revolución”. Pero se trata de una manera vergonzante de defender al régimen castrista, que sería para ellos el que representa la continuidad de la revolución, cuando la realidad es que la mayoría de esas conquistas se perdieron por culpa de la política del stalinismo a la que tempranamente adhirió el castrismo a cambio de su apoyo económico y militar. A la burocracia stalinista nunca le interesó impulsar la revolución internacional, sino que se dividió zonas de influencias en los acuerdos de la segunda post-guerra de Yalta y Postdam, a partir de un acuerdo general de coexistencia pacífica con el imperialismo mundial. Y como pronosticaron Lenin y Trotsky, sin el triunfo de la revolución internacional, la caída de la URSS tarde o temprano era inexorable.

Cuba ya no es un “estado obrero”, que lo fue, aunque deformado desde su origen, por propia decisión política consciente del aparato gobernante. La burocracia castrista gobernante fue siempre una casta pequeño burguesa, por su origen social, y por sus condiciones de vida. Podía defender las relaciones de producción “obreras”, en tanto estas les permitieran mantener sus privilegios de casta. Pero cuando, restaurado el capitalismo en la URSS, esto ya no fue posible, emprendieron como todas las burocracias stalinistas el camino de la restauración capitalista, tratando de conservar el poder político del Estado, en las manos exclusivas del Partido Comunista Cubano, para asegurarse un lugar privilegiado dentro de la nueva burguesía emergente.

La restauración capitalista, como proceso viene avanzando desde hace años por lo menos claramente desde los ’90. A las inversiones imperialistas canadienses, españoles y francesas, no solo en hoteles y en otros emprendimientos del rubro del turismo, sino a través de las empresas mixtas en la explotación del níquel y la minería en general, petróleo, telefonía, hasta en la producción y exportación de ron, hay que sumarle el impulso al desarrollo de la pequeña propiedad privada que incluye hoy en día a unos 600 mil “emprendedores” y abarca un 30% de la fuerza de trabajo.

“Las inversiones extranjeras en asociación con empresas estatales (empresas mixtas), contratos de administración, y empresas de capital totalmente extranjero, fueron ocupando las principales ramas de producción, e incluso el sector inmobiliario y financiero. Aproximadamente el 50% de la tierra estatal fue cedida en usufructo privado de las cooperativas de campesinos (UBPC) y a campesinos individuales, quienes aportan el 60% del total de la producción agropecuaria, una parte de la cual puede ser comercializada en los mercados libres agropecuarios. Otras reformas fueron destinadas a favorecer la acumulación privada de una capa de la burocracia, al permitir el establecimiento de pequeñas industrias y comercios (pequeños negocios familiares). Pero además se liquidó la centralización de las empresas estatales y con ello la posibilidad de planificación económica y se eliminó el monopolio estatal del comercio exterior. Con ello las empresas estatales producen según las normas del mercado y no según un plan elaborado centralmente por el estado. Por eso, el hecho de que una gran parte de las empresas sigan siendo estatales no puede ser el elemento determinante para establecer el carácter de clase del estado. Es el mercado el que guía la producción de las empresas estatales y no un plan económico (sea bueno o malo) centralizado, basado en el control estatal de las principales palancas productivas. Es por esto que afirmamos que Cuba ya es un estado capitalista”. (Revista Manifiesto Internacional N°1).

La burocracia estatal gobernante del Partido Comunista, ya no es la burocracia de un estado obrero deformado sino una burocracia que administra un estado burgués, similar a un capitalismo de estado. Estatismo burgués, capitalismo de Estado o economía mixta, no se puede confundir con la economía de un Estado obrero.

La reforma a la Constitución y la “tarea ordenamiento”

Las reformas pro-capitalistas se aceleraron en la crisis provocada por la suspensión de la ayuda económica proveniente de le ex URSS, con el llamado período especial. Sin embargo, avanzaron lento a partir de que ese lugar de auxilio económico fue parcialmente ocupado por la Venezuela de Chávez, que subvencionaba los envíos de petróleo a Cuba.  Vuelven a tomar impulso cuando asume Raúl Castro, en 2008, en plena crisis de la economía mundial. Bajo su presidencia se concretó el despido de 500 mil empleados estatales (a los que se les ofreció reubicación en peores condiciones, o recibieron licencias para trabajos independientes, o terminaron en el trabajo informal) y una reforma laboral que permite la ampliación de la jornada laboral, sin considerar ningún pago como horas extras, y el despido sin causa y sin derecho a indemnización. Reformas reaccionarias que muchos gobiernos burgueses hubieran querido hacer y no pudieron por la resistencia sindical de los trabajadores, mientras que en Cuba no hay derecho a huelga, y no se permite ninguna organización sindical por fuera de los sindicatos controlados férreamente por el PC.

El avance en la restauración capitalista queda consagrado en la nueva Constitución cubana aprobada a principios de 2019, cuyo artículo 22 dice que: “Se reconocen como formas de propiedad, las siguientes a) socialista de todo el pueblo: en la que el Estado actúa en representación y beneficio de aquel como propietario. b) cooperativa: la sustentada en el trabajo colectivo de sus socios propietarios y en el ejercicio efectivo de los principios del cooperativismo. c) de las organizaciones políticas, de masas y sociales: la que ejercen estos sujetos sobre los bienes destinados al cumplimiento de sus fines. d) privada: la que se ejerce sobre determinados medios de producción por personas naturales o jurídicas cubanas o extranjeras; con un papel complementario en la economía. e) mixta: la formada por la combinación de dos o más formas de propiedad…” Etc.

Y el artículo 28 agrega: “El Estado promueve y brinda garantías a la inversión extranjera, como elemento importante para el desarrollo económico del país, sobre la base de la protección y el uso racional de los recursos humanos y naturales, así como del respeto a la soberanía e independencia nacionales. La ley establece lo relativo al desarrollo de la inversión extranjera en el territorio nacional.”

La economía cubana fue duramente golpeada por los efectos de una serie de factores económicos vinculados a la crisis económica internacional, agravada por la pandemia, y por la política de “bloqueo” de EE-UU, reforzada durante el gobierno de Trump. Cuba no superó en el plano de la agricultura el monocultivo, lo que la hace dependiente de las importaciones de un 70% de productos alimenticios para abastecer el consumo de la población, entre otras importaciones esenciales como algunos tipos de medicamentos.

Afectada la economía por la escasez de divisas, el gobierno apeló a la unificación monetaria y cambiaria, con la llamada “tarea ordenamiento”.  Con el objetivo de favorecer las exportaciones, la unificación monetaria y cambiaria significó en los hechos una devaluación que multiplicó por cinco los precios de los productos importados (como lo son la mayoría de los alimentos, muchos medicamentos e inclusive productos para la higiene personal), mientras que el aumento para compensar la devaluación apenas alcanzó a multiplicar por cuatro los salarios, lo que implicó para los trabajadores una rebaja mayor del poder adquisitivo que vienen perdiendo desde hace años (ya había caído en 2019 un 36% en relación a 1989). El golpe a las condiciones de vida es mucho mayor para el 30 % de desocupados que viven de trabajos informales, a lo cual hay que sumar la eliminación de subsidios considerados por la burocracia castrista “excesivos” y “gratuidades indebidas”, y que por la escasez los productos indispensables se compran en el mercado negro mucho más caros.

Luchar contra el ajuste del gobierno castrista, con un programa de transición obrero y socialista

En general, los manifestantes que protestan contra los padecimientos de su situación actual, no siempre tienen un “programa” claro y definido. Esto ocurre particularmente en los países capitalistas, dado que no hay una referencia concreta de un país “socialista” que aparezca como una alternativa a sus vidas miserables.

En cambio, como ocurrió en la ex-URSS, que se llamaban a sí mismos socialistas, o ahora en el caso de Cuba cuyo gobierno a pesar de impulsar la restauración capitalista todavía se llama comunista, una parte del pueblo cubano seguramente mira como referencia al capitalismo, y quizás particularmente a los EE-UU, tanto porque allí están los parientes de unos cuantos cubanos, como por los mismos motivos que vemos enormes caravanas de migrantes de los países capitalistas centroamericanos afrontar toda clase de peligros y sacrificios para traspasar las fronteras que los separan del “sueño americano”, que aunque para los propios norteamericanos ya se ha desvanecido, pero para los latinos sigue siendo mejor que la pesadilla de pobreza y violencia narco que viven en sus países.

Pero, ya se puede ver en las condiciones actuales, la consolidación de la restauración capitalista acercará al pueblo cubano a las condiciones de vida de cualquier país centroamericano, pero no a la de EE.UU. No importa si la restauración se sigue operando de la mano de los dirigentes del Partido Comunista o de los gusanos pro-imperialistas. La libertad que invocan los gusanos y agentes del imperialismo, es la libertad del burgués para explotar a los trabajadores.

Es por esto que hay que luchar contra el ajuste actual del gobierno que es parte de su política restauracionista, con un programa de transición obrero y socialista.

Aumento de salarios que cubra el costo real de la canasta familiar; eliminar la desocupación con el reparto de las horas de trabajo; libertad para organizar sindicatos y partidos obreros independientes del Estado; Libertad irrestricta a los detenidos por las manifestaciones del 11J; Libertad de huelga, de manifestación y de prensa; control de precios y de la producción por comisiones de obreros elegidos en asambleas de base; por la formación de comités de soldados que elijan a los oficiales; control obrero y popular de las empresas estatales en manos de las FAR  (Fuerzas Armadas); por la reimplantación del monopolio del comercio exterior; por granjas colectivas estatales para el campo; mayor inversión para la producción agrícola, en el sistema sanitario y en la producción de energía, a costa de las inversiones extranjeras; que sea la clase trabajadora la que decida democráticamente que concesiones se hacen al capital extranjero y bajo qué condiciones;

¡Abajo el bloqueo imperialista! ¡Abajo la restauración capitalista!; Por el derrocamiento de la camarilla burocrático-burguesa del PC y las FAR; Por un Estado Obrero basado en organizaciones elegidas democráticamente de tipo soviético en las empresas y toda Cuba, coordinadas y centralizadas por los propios trabajadores.

La única perspectiva posible para el pueblo cubano es tomar el camino de la revolución socialista, pero NO de la que le “vendieron” los Castro, o la del “socialismo del siglo XXI” con la que Chávez engañó al pueblo venezolano, sino la de Lenin y Trotsky, impulsando la lucha revolucionaria en el plano internacional como hacía -aunque con una estrategia equivocada- el Che Guevara. Como puede verse con claridad, aislado en un solo país no se puede mantener ni la economía planificada, ni siquiera mantener las conquistas de la revolución. El socialismo solo puede triunfar a escala internacional.

Por eso la lucha de los trabajadores y el pueblo pobre cubano debe tener como perspectiva conquistar la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas de la América Latina.

Esta lucha solo será posible mediante la construcción de un Partido de Trabajadores Revolucionario, parte integrante de una Internacional Obrera Revolucionaria, construida sobre la base de los principios fundacionales de la IV Internacional.

Ir al contenido