Coronavirus: una nueva epidemia china

por Ignacio López-Goñi

Desde hace unas semanas, las autoridades chinas han notificado un brote de neumonía que ha afectado a 59 personas en la ciudad de Wuhan, con una población de 11 millones de habitantes, en el centro del país. Siete de los infectados están en estado grave, pero de momento no hay ningún fallecido. Por ahora no hay pruebas de que la enfermedad se haya transmitido entre humanos ni de contagios al personal sanitario. Parece ser que el inicio de la infección está relacionado con un mercado donde se vende pescado, marisco y animales vivos, algunos de ellos silvestres o exóticos (aves, murciélagos, marmotas, …). Los primeros datos apuntan a que la causa puede estar en un nuevo tipo de coronavirus, distinto de los ya conocidos, que se ha aislado en 15 de los 59 pacientes. Lo más probable, por tanto, es que efectivamente se trate de un coronavirus animal que accidentalmente ha «saltado» al ser humano causando un síndrome respiratorio.

¿Qué son los coronavirus?

Son un grupo de virus de la clase IV (según la clasificación de Baltimore) con genoma compuesto por una sola hebra de ARN sentido positivo. Son virus rodeados por una envoltura con proteínas que se proyectan hacia el exterior. Se denomina coronavirus por su aspecto en las imágenes de microscopio electrónico, un virus rodeado por una «corona» de pétalos.

Se han aislado de gran cantidad de animales: perros, gatos, cerdos, vacas, aves, roedores, murciégalos, camellos, … En humanos, la infección por coronavirus es muy frecuente y causan, por lo general, enfermedades leves o moderadas del tracto respiratorio superior, conjuntivitis o trastornos gastrointestinales. Los coronavirus humanos son los responsables del 40% de los resfriados o catarro común y de los trastornos digestivos leves (la mal llamada «gripe intestinal»). Desde 2003 se han descrito otros coronavirus de origen animal que han infectado al ser humano causando síndromes respiratorios, son los virus SARS y MERS.

SARS: Síndrome Respiratorio Agudo y Severo

Carlo Urbani era un médico italiano que trabajaba para Médicos Sin Fronteras en la ciudad de Hanói, la capital de Vietnam. En febrero de 2003 visitó a un enfermo, un hombre de negocios americano, con lo que parecía un caso grave de gripe. Sin embargo, enseguida se dio cuenta de que no era gripe sino quizá una nueva enfermedad respiratoria altamente contagiosa, y lo notificó inmediatamente a la OMS. Esta alerta fue el comienzo de probablemente la respuesta más efectiva y rápida en la historia de la OMS para controlar un posible brote epidémico. Carlo Urbani fue el primero en darse cuenta de la gravedad de la situación y en identificar una enfermedad infecciosa potencialmente pandémica. Su rápida respuesta fue muy probablemente esencial para salvar miles de vidas humanas. El 11 de marzo de 2003, Carlo Urbani comenzó a sentirse mal con algo de fiebre. Se había infectado con el virus que él mismo ayudó a descubrir. Falleció el 29 de marzo de 2003 a las 11:45 de la mañana a los 46 años de edad, después de 18 días en cuidados intensivos.

Hoy sabemos que la historia del SARS comenzó con un profesor que se infectó en la provincia de Guangdong en el sureste de China. En concreto, el 21 de febrero de 2003 este hombre estuvo en el hotel Metropole en Hong Kong, donde infectó por vía respiratoria a un total de 12 huéspedes del hotel. Luego viajó a Hanói en Vietnam donde transmitió el virus a otras 37 personas de las que cuatro fallecieron. Ahí es donde Carlo Urbani se dio cuenta de la gravedad de la enfermedad. El profesor volvió a Hong Kong donde infectó a seis personas más y murió. Los 12 huéspedes infectados en el Hotel Metrople distribuyeron el virus por varios países. Tres de ellos extendieron el virus a unas 111 personas por Hong Kong. Los otros nueve viajaron a Irlanda, Canadá, Estados Unidos, Singapur y Alemania donde diseminaron la infección viral en pocos días. Se pudo seguir la pista de la infección por este virus y comprobar que en solo seis semanas infectó a miles de personas en todo el mundo: cerca de 8.500 casos con unos 800 fallecidos en más de 30 países. Se detectó transmisión entre personas en China, Singapur, Vietnam y Canadá. En el resto de los países fueron casos aislados «importados» de personas que se había infectado en estos países y viajaron en avión a otro país donde se les detectó la enfermedad, pero no la transmitieron a nadie. La OMS declaró una alerta mundial sobre este virus y por eso durante esos meses de 2003 encontrábamos en todos los aeropuertos mensajes de alerta como este: «Las autoridades sanitarias advierten que si ha estado después del 1 de febrero de 2003 en China, Vietnam, Singapur o Toronto (Canadá), Y tiene fiebre superior a 38ºC, Y tiene problemas respiratorios, debe acudir al médico o llamar al teléfono de emergencias».

El SARS fue un ejemplo concreto y bien documentado de cómo un virus respiratorio puede trasportarse por todo el planeta a través de los vuelos aéreos internacionales en unas pocas semanas. Además, este caso fue la respuesta más efectiva y rápida en la historia de la OMS para controlar un brote epidémico. La alerta y sobre todo la colaboración internacional funcionaron perfectamente. Al principio no se sabía qué patógeno era el causante de este síndrome, las sospechas apuntaban a un nuevo virus de la gripe, el esperado “big one”. Varios laboratorios de todo el mundo trabajaron de forma coordinada para identificar el agente causante del SARS en un tiempo record. Se tomaron muestras de los pacientes y se analizaron por microscopía electrónica, se hicieron distintos tipos de cultivos para detectar diferentes bacterias o virus, se extrajeron el ADN y el ARN de las muestras y se realizaron amplificaciones específicas para detectar patógenos que producían síndromes respiratorios, fiebres hemorrágicas e incluso potenciales agentes de guerra biológica: Legionella peumophila, Mycoplasma pneumoniae, Chlamydia, Yersinia pestis, Bacillus anthracis, Adenovirus, Parvovirus, Circovirus, Herpesvirus, Viruela, Gripe, Parainfluenza, Virus respiratorio sincitial, Pneumovirus, Filovirus Ébola y Marbug, Arenavirus, Hantavirus, Paperas, Sarampión, etc.

Así, el 10 de abril (sólo siete semanas después de que se diagnosticara el primer caso) ya se publicaron con acceso libre y al mismo tiempo dos artículos en la revista The New England Journal of Medicine en los que se describía quién era el misterioso agente causante del SARS: un nuevo virus del grupo de los coronavirus. Además, en solo dos meses, el 21 de abril, ya estaba disponible en las bases de datos la secuencia completa del genoma de este virus. En comparación, el primer caso de SIDA se diagnosticó en 1981, pero se tardaron dos años en aislar e identificar el virus VIH, y además con una desagradable pugna entre distintos grupos de investigación franceses y americanos.

Pero, ¿de dónde surgió aquel coronavirus SARS? ¿cómo se infectó aquel profesor del Hotel Metropole de Hong Kong? Los análisis genéticos demostraron que el virus SARS no era una cepa que se había originado por una mutación o modificación de un coronavirus humano ya conocido, sino que se trataba de un nuevo tipo de coronavirus hasta entonces desconocido.  Los análisis demostraron que el virus SARS se aislaba también de algunos animales silvestres, como las civetas, un tipo de pequeños mamíferos carnívoros parecidos a los gatos que en China se consumen y se venden en los mercados. El coronavirus SARS, por tanto, era otro ejemplo de un virus de animales capaz de “saltar” la barrera entre especies y acabar infectando al hombre. Un virus respiratorio que en muy pocas semanas “viajó” por todo el planeta y acabó infectado a miles de personas en más de 30 países diferentes.

El coronavirus MERS: leche y orina de camello

Varios años después, en septiembre de 2012 se aisló un nuevo coronavirus de un paciente de 60 años de origen saudí con neumonía aguda y fallo renal agudo. En mayo de 2013, la OMS reconoció este nuevo coronavirus y lo denominó como Síndrome Respiratorio del Oriente Medio (MERS, del inglés Middle East Respiratory Syndrome). Los síntomas eran un enfermedad respiratoria grave, fiebre, tos, diarrea, vómitos y dificultad para respirar. El 80% de los casos más graves tenían además otra enfermedad. En junio de 2014 ya hubo contabilizados más de 700 casos confirmados, de los cuales 200 habían fallecido.

La mayoría de los casos (más del 80%) ocurrieron en países del Oriente Medio: Arabia Saudí, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Emiratos Árabes y Yemen. Son países donde se confirmó la transmisión del virus entre personas. De esos países se extendió a África (Argelia, Egipto y Túnez), Asia (Malasia y Filipinas), Europa (Francia, Alemania, Grecia, Italia, Holanda y Reino Unido) y Estados Unidos, la mayoría era casos aislados relacionados con viajes a Oriente Medio.

Los análisis genéticos demostraron que el virus MERS estaba estrechamente relacionado con otros coronavirus aislados de murciélagos y que, aunque era distinto del SARS, pertenecían ambos al mismos género de beta-coronavirus. El MERS se aisló de los camellos arábigos o dromedarios, por lo que el origen de la infección fueron estos animales. En muchos países de Oriente Medio tienen la mala costumbre de beber leche de camello o dromedario cruda recién ordeñada, e incluso ¡la orina del camello! Lo hacen porque piensan que es más sano y saludable. Muy probablemente el reservorio o almacén natural de este virus sean los camellos.

En algunos momentos hubo un repunte importante en el número de casos, debido sobre todo a infecciones secundarias del personal sanitario. Se cree que pudo ser un problema de control y buenas prácticas del personal sanitario, que no tomaba las precauciones básicas de protección al recibir a los pacientes. Además, este mayor número de casos pudo ser estacional y estar relacionado también con el destete de los camellos en esa época del año, que genera un mayor tráfico y manipulación de los animales.

¿Qué aprendimos de las epidemias de SARS y MERS?

Este tipo de coronavirus son un ejemplo de lo que se denominan zoonosis: enfermedades de los animales que pueden pasar al ser humano. Son virus que normalmente no suelen estar «adaptados» a este nuevo huésped y por eso la transmisión entre personas no suele ser muy eficaz. Esto no quiere decir que no puedan causar epidemias y casos mortales. Su extensión quizá sea debida más a nuestra capacidad de movernos por el planeta que a las características de los propios virus.

Estos casos demuestran la importancia de evitar el contacto con animales silvestres o salvajes o que no están controlados desde el punto de vista de sanidad veterinaria. Hay que recordar que más del 60% de las nuevas infecciones emergentes o reemergentes, como son estos casos de los coronavirus, son de origen animal. Pone de manifiesto una vez más que para el control de este tipo de enfermedades es fundamental la estrategia One Health: la colaboración entre sanidad humana, animal y ambiental. Solo así seremos capaces de controlar y evitar este tipo de epidemias.

Actualización del 12 de enero:

Las autoridades chinas han notificado el primer fallecimiento: un hombre de 61 años con una enfermedad hepática crónica y que frecuentaba el mercado de Wuhan donde parece que se originó el brote. El número total de casos confirmados se reduce a 41. Se ha secuenciado ya el genoma del virus y los primeros análisis lo relacionan con el grupo 2B de los coronavirus, dentro de la misma familia que el SARS. Hasta el momento actual, sigue sin haber evidencia de transmisión entre humanos. Los esfuerzos se centran en identificar la especie animal que transmite el virus y determinar si el contacto con esos animales supone un riesgo de epidemia en otras áreas del país.

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