A las armas, compañeras y compañeros

por Marcel Claude

Propongo que sigamos con la vieja costumbre de la pasión revolucionaria, a la que retornamos como se vuelve siempre al amor, pero, sin MEOnes ni Sanchez Panza ni esa izquierda rosa posmoderne del Frente Amplio, más bien, como cantaban los que resistieron a Franco: Al Vent, de cara al viento, con las manos, el corazón y los ojos al Vent.

Hace décadas ya que los desheredados y que los pueblos víctimas de todas las formas de fascismo que despliegan los señores de la guerra y dueños del paraíso, están desaparecidos y enterrados sin nombre de 2 a 3 por tumba en el Patio 29.  Ya no hacen historia, apenas si son memoria:  Ranquil, El Salvador, la Escuela Santa María de Iquique, los Hornos de Lonquén, y así podríamos llenar páginas con esta trágica remembranza que mancha de rojo la larga caminata de la humanidad.

La desaparición forzada, en cuanto a simbología y esencia, es quizás la práctica que marca de manera más notable el fascismo de fines del siglo XX en Nuestra América mestiza, negra y gaucha, Mapuche y llanera.  Inspirados en el instinto depredador de los yanquis, quisieron hacer desaparecer todo vestigio de insurrección y arranques de rebeldía de los pueblos postergados y brutalizados por más de 500 años de levantamientos y revoluciones ante el capitalismo multinacional que se inicia con la colonización europea en Nuestra América.

No menos importante en estas desapariciones, es el rol de las películas de Hollywood que nos hacen llorar con los buenos que intentaron impedir el genocidio o de las desclasificaciones de documentos secretos que confirman que los responsables ya muertos, lo eran de verdad.  En esta misma lógica de las desapariciones está la práctica de ofrecer reyertas entre guerreros vencidos en el circo romano que las redes sociales con sus deditos arriba o deditos abajo reproducen tan inocentemente, pero, es lo mismo: aquellos rebeldes que alguna vez combatieron al Imperio, hoy capturados se prestan para el circo de las muchedumbres orientado a aplacar sus anhelos de justicia.

Todo vale para mantener el espíritu guerrero de la humanidad sometido, desaparecido, cautivo en las mazmorras del olvido, desde los Viñuela, las Maldonadas, los Matamalas CNN, el MEO, la Sanchez, la izquierda amarilla neoliberal de la Concerta o la izquierda rosa posmoderne del Frente Amplio, los Lagos, Etcétera, etcétera. La vulgaridad de la farándula hecha política, el triunfo de la estupidez en el escenario de las grandes decisiones que afectan el devenir de los pueblos.

El último de los intentos de los dueños del paraíso para someter los anhelos revolucionarios del pueblo chileno, ha sido el levantar desde los medios de comunicación de la oligarquía a esta izquierda rosa pormoderne que busca un capitalismo humano y noble, que se pretende inclusiva al incorporar las demandas de minorías sexuales que no por legítimas sean éstas, pueden hacernos olvidad que la gran causa de nuestro tiempo es la explotación capitalista que se nutre de la depredación de la naturaleza y de la humanidad….esa izquierda que se ha olvidado, porque sus intereses no son revolucionarios sino más bien subordinados, de lo inconsistente y totalmente contradictorio que es el orden capitalista con el bienestar de los pueblos, y de que solo la superación de ese sistema productivo alumbrará un mañana donde reine la vida, la justicia y la libertad.  Y digo la vida pues hoy la mayor amenaza para la vida es el capitalismo.

Sin embargo, como fuera anunciado- y esperado- aunque sin saber cuándo llegaría, el estallido social ha restituido en la arena pública el verdor revolucionario, siempre latente donde haya fascismo capitalista, y ha dejado al descubierto el carácter sumiso de los proyectos políticos levantados artificialmente para manipular el descontento de los desheredados.

Lo que ayer estaba en desuso, lo que algunos se atrevían a susurrar con vergüenza, a sabiendas como dice Sabina de que ser valiente cuesta caro y ser cobarde vale la pena, hoy se levanta imparable con el grito de que “el que no cambia todo no cambia nada”.  Y así no más es con la vetusta, repugnante y maldita herencia del pinochetismo que hay que derrumbar piedra por piedra, letra por letra, huella por huella.  Nada debe sobrevivir: ni el código de aguas, ni el código de minería, ni el código del trabajo, ni las criminales AFP, ni el mefistofélico Estado subsidiario, ni las isapres, ni las leyes secretas, ni la nefasta, inaguantable y absolutamente ilegítima constitución Pinochet-Lagos del ochenta….nada de nada.

Son dos las piedras angulares de este proceso a profundizar: la primera línea, el estallido social naturalizado como práctica diaria, como deporte más popular en las calles de Chile, expresando el “nunca más” el “que se vayan todos” y el “hasta que la dignidad se haga costumbre”; y la segunda línea, con el pueblo organizado en una proyecto de Unidad Popular que restaure el carácter revolucionario del proyecto político que llevara a Salvador Allende a La Moneda.

El gran desafío político hoy es levantar de nuevo, con porfía revolucionaria, el proyecto de la Unidad Popular que no es otro que el traspaso del poder político y del control de los puestos de comando de la sociedad chilena, desde la oligarquía hacia el pueblo organizado.  Eso fue nada más y nada menos que la Unidad Popular: la nacionalización del cobre, de la banca, la propiedad social de los medios de producción, la reforma agraria.  Eso es lo que temen los oligarcas y eso es lo que debemos darle de nuevo a los dueños deChile.

La Unidad Popular 2.0 es nuestra tarea para el Chile que despertó, que vuelve a enarbolar las banderas rojas teñidas con la sangre obrera asesinada, que vuelve a cantar el pueblo unido del rojo amanecer.  Una Unidad Popular que sea fuerza arrolladora dispuesta a disputar todos los espacios del poder a los oligarcas, inspirada en esa revolución que el Moustaki de los años sesenta sin querer nombrarla la presentaba como la Revolución Permanente, esa que nos da ganas de vivir y de seguir hasta el final……

Es tiempo de lucha y revolución: A las armas compañeras y compañeros

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