por Jorge Martín
El 18 de julio de 1936 inició el levantamiento militar fascista contra la República (aunque el 17 ya había empezado en Marruecos). A pesar de los reclamos de las masas obreras, el gobierno de la República llamó a la calma y se negó a entregar armas a los obreros. Incluso peor, en Catalunya, el comisario de orden público del gobierno de Companys trató de confiscar las pocas armas que estaban en poder de la CNT.
En Barcelona las masas obreras, en su aplastante mayoría cenetistas, se lanzaron a las calles armados con lo que tenían a mano. Viejos fusiles, armas incautadas a serenos y vigilantes o tomadas por asalto en armerías. Posteriormente lograron hacerse con miles de fusiles asaltando cuarteles. En los muelles de Barcelona los obreros descargaron decenas de enormes bobinas de papel que usaron como barricadas móbiles en los enfrentamientos con los militares facciosos. Los trabajadores químicos improvisaban bombas y explosivos. Los Comités de Defensa de Barrio de la CNT coordinaban el combate e improvisaban tácticas.
El día 19 de julio fue el punto culminante de la lucha. El proletariado barcelonés, armado principalmente con un inquebrantable espíritu revolucionario, había derrotado al ejército burgués. El gobierno republicano quedaba suspendido en el aire. Los comités, armados, gobernaban en todas partes.
Fueron jornadas heróicas que merecen un lugar de honor en la história del proletariado internacional. Lamentablemente, los dirigentes anarquistas, que habían tomado de facto el poder, se negaron a completar la obra, y dieron oxígeno al gobierno burgués republicano para que fuera, poco a poco, reconquistando sus posiciones. Los hechos de mayo de 1937 representaron el cierre de esa etapa. La revolución (los comités, las milicias, las patrullas de control) habían sido aplastados, y la República burguesa (pero sin burguesía) había retomado el poder. Las cárceles volvían a estar llenas de militantes revolucionarios, igual que antes del 18 de julio.
En aquella gesta murieron varios centenares de militantes obreros anónimos que dieron su vida en la lucha contra el fascismo y por una sociedad libre de explotación. Conocemos apenas algunos de ellos.
El anarcosindicalista mexicano Enrique Obregón Blanco, secretario de la Federación Local de Grupos Anarquistas de Barcelona, muerto en el asalto al Cuartel de Atarazanas. Francisco Ascaso, de Los Solidarios, editor de Solidaridad Obrera y secretario de la CNT catalana, participó en el asalto al buque de guerra Uruguay con granadas de mano y carros de asalto improvisados, murió también en el asalto al Cuartel de Atarazanas. Germinal Vidal, secretario general de la Juventud Comunista Ibérica del POUM, también murió en los enfrentamientos en la plaza Universidad.
El mejor homenaje a los mártires de nuestra clase es sacar todas las lecciones de aquellos acontecimientos, de como la gesta heróica de la clase obrera terminó en derrota sangrante y porqué, y completar la tarea por la que dieron sus vidas.
