1917 entrevista a Gustavo Burgos: «El Porteño aspira a la construcción del partido de la revolución socialista en nuestro país»

por Cata Flexer y Maxi Laplagne

Gustavo Burgos es editor de un periódico que nos gusta muchísimo y se define a sí mismo como «el periódico de la izquierda en Valparaíso», Chile, que se llama El Porteño. Es candidato a diputado en las próximas elecciones y hoy está dispuesto a responder algunas preguntas sobre el proceso político que se desarrolla en Chile, el cual él considera un desarrollo revolucionario. En noviembre hay elecciones ejecutivas, se va a elegir presidente en Chile y la clase obrera tiene un desafío político al respecto. 

Agradezco las elogiosas expresiones respecto de la revista, es un gusto estar con ustedes. Efectivamente, estamos participando de este proceso electoral.

Arranquemos por ahí entonces.

Hay una discusión que se ha extendido por todos los sectores de la izquierda revolucionaria chilena y uno de los primeros debates es qué ocurrió el dieciocho de octubre del año 2019. Hay algunos que llaman a esto simplemente un estallido o “revuelta”, la categoría que más se ha extendido, pero para nosotros fue una revolución protagonizada por los trabajadores. Una revolución que se inició el 18 de octubre y que no ha concluido. Hoy día se conmemora un segundo aniversario de la marcha de los millones que hubo el 25 de octubre, la que terminó por tumbar al régimen y el gobierno de Piñera. Esa es la primera discusión, típica de los procesos revolucionarios, sobre la naturaleza de lo que está ocurriendo en las calles. Cuando se debate ello, se debate sobre el sujeto político y para nosotros lo fue la clase trabajadora, pero no la clase trabajadora que construyó los Cordones Industriales durante la Unidad Popular —aquella que marchaba agrupada por gremios con sus cascos y lienzos bajo las férreas banderas del Partido Comunista y el Partido Socialista— sino la clase obrera que ha experimentado todas las transformaciones económicas y políticas que han tenido lugar en estos últimos cincuenta años.

Como en la canción de Serrat, a muchos les ocurrió que llega Penélope, la clase obrera, pero no es quien ellos esperan. Claro, esperaban una masa de gente organizada desde los frentes de trabajo y ello no ocurrió. Los trabajadores se expresaron fundamentalmente desde los lugares dónde viven, a través de asambleas y lograron saltar el escollo de la burocracia expresándose en lo que se han denominado los fenómenos territoriales, barriales como dicen en Argentina. Salvo que haya un movimiento telúrico, los territorios no se mueven nunca, los que los mueven son las masas, en este caso la masa trabajadora que fue aquella que inequívocamente protagonizó este movimiento. Cuando decimos esto, contrastamos con aquellos movimientos protagonizados por estudiantes en el pasado. Yo diría que desde la fase del pinochetismo tardío, en la segunda mitad de los ochenta —un proceso en el que en lo personal me incorporo a la militancia política— tenemos un período muy marcado por una vanguardia estudiantil muy consistente. Esto se expresó no en los noventa, pero sí en los dos mil, en particular en el año 2011, de ahí viene Boric precisamente. Eso era visual, uno al ver las manifestaciones se da cuenta que era otra la gente que había, los insultos que se proferían a las fuerzas especiales de Carabineros son muy distintos a los elegantes insultos de los estudiantes universitarios, el lenguaje popular y hasta a veces carcelario de los jóvenes obreros es muy distinto y la forma de enfrentarse con la fuerza policial también lo es. Una vieja militante de la época de la Unidad Popular me decía que a estas personas o estos compañeros que estaban en las calles no se los veía desde aquella época, que lleguen al centro de la ciudad… eso no ocurría. En la lucha anti dictatorial los trabajadores siempre se mantuvieron en sus barrios, nunca pudieron llegar al centro de las ciudades.

Camila Vallejos, en la revista Jacobin de los demócratas estadounidenses, dijo que el problema de la izquierda en Chile es que no tiene consciencia de clase y que, en cambio, la derecha sí lo tiene. 

Interesante que lo diga una dilecta representante del estalinismo. No deja de ser paradójico. De alguna forma ella apunta a algo que es evidente que es la falta de dirección política de los trabajadores y eso es un hecho común a todos los países del mundo. Ello se expresa a su turno como una aguda fragmentación e inorganicidad de todas las corrientes políticas de la izquierda y que han hecho que este poderoso movimiento se haya expresado a través de asambleas, a través de cabildos y yo creo que una de las expresiones más genuinas del movimiento fue la Primera Línea. Esta no fue solamente grupos de autodefensa, sino grupos de alto alcance organizativo y político, inclusivo estético, que le dieron una identidad al movimiento. Ahora, la limitación de ese movimiento es precisamente la incapacidad de reconocerse como clase. Con esto me refiero al atavismo democrático, horizontalista de corte anarquista que finalmente se tradujo en el fenómeno electoral de la «Lista del Pueblo», la que yo creo es la demostración más clara del fracaso de todos los paradigmas ideológicos del posmodernismo, esta idea de que «el pueblo unido avanza sin partido”» de que ya están superadas las ideas de las organizaciones centralizadas o que no corresponde luchar por echar abajo al gobierno sino por “construir” un nuevo gobierno. Todas estas ideas que suenan muy bien en el papel no guardan ninguna relación con lo que ocurre en el proceso político vívido.

Esto es lo que explica que finalmente el proceso haya logrado ser reconducido transitoriamente hacia un escenario institucional. En el diario La Tercera  al interior de la oposición el debate es entre los “octubristas” y los “novembristas”, en referencia a quienes se reclaman del movimiento popular del 18 de octubre o bien del acuerdo popular burgués del 15 de noviembre, en el que tuvo un papel protagónico Gabriel Boric, que fue un acuerdo que no solo ayudó a resolver problemas al interior de la burguesía sino que permitió que Piñera siguiera hasta hoy día en el gobierno. Chile es un país altamente institucionalizado, las instituciones del Estado son tan poderosas que, inclusive, le permitieron al país seguir funcionando sin presidente de la República. Nosotros no tenemos Presidente en la práctica, tenemos un régimen semi parlamentario, el gobierno juega hasta un papel un tanto opositor al Parlamento, pero, salvo la administración urgente de la pandemia, ha dejado de jugar cualquier papel de gobierno, esto es algo que se puede corroborar en la agenda legislativa del Parlamento. En otro país la caída del gobierno hubiese significado un quiebre institucional importante, acá no resultó de esa manera, hubo efectivamente un cambio de gobierno, Piñera no está ejerciendo el poder como lo hacía hasta antes del 18 de octubre.

De la otra cara, Vallejos concluye que en Chile se viene un ascenso derechista.

Bueno, esa es una cantinela bastante antigua. El Partido Comunista es parte del Acuerdo por la Paz, no lo firmó pero lo suscribió. Su propio candidato Jadue dijo que su gobierno va a ser un gobierno que defienda los intereses del gran empresariado y que va a garantizar que no vuelva a haber levantamientos populares, ese es el papel del Partido Comunista en Chile, no otro.

En una entrevista Jadue pidió reforzar Recoleta con más Carabineros. 

Por su puesto. Es lo mismo que ha hecho Boric anunciando que él va a seguir con la ocupación militar de la Araucanía.

Para informar a la gente, Boric es el candidato que le ganó la interna a Jadue del Partido Comunista. 

Eso es importante. El pacto electoral que muy seguramente tenga al nuevo gobierno del país lo encabeza Gabriel Boric, un joven de 35 años, la máxima figura política del Frente Amplio —que es lo más parecido que existe en América Latina al PODEMOS español— y que ha arrastrado electoralmente al Partido Comunista que ha puesto todo su capital político y su presencia en las bases sociales al servicio de del pacto electoral “Apruebo Dignidad” que inicialmente iba a ser de toda la oposición en contra de Piñera y por caprichos terminó siendo del Frente Amplio y del PC. De allí va a provenir el próximo presidente de la República, que va a ser Boric, siendo incluso probable que se imponga en primera vuelta más allá de este comprensible interés del PC de agigantar la imagen del mega fascista, bolsonarista, trumpista que es José Antonio Kast, más conocido como “Ka Ká Kast” en alusión al Ku Klux Klan.

El otro candidato…

Claro, del Partido Republicano que ha desplazado al candidato de la derecha tradicional, del piñerismo. La verdad es que no tiene absolutamente ninguna posibilidad de imponerse en una segunda vuelta aunque compita con cualquiera, aún cuando una encuestadora de la derecha dijo hoy día que quien tenía mayor intención de voto era Kast pero esto no es así, la discusión es si Boric se impone en primera vuelta o no. Antes de comenzar la entrevista ustedes me hacían una pregunta que me ponía en jaque porque no lo hemos discutido, que es la posición que nosotros (FUT) vamos a tener respecto de las presidenciales porque no lo hemos discutido pero en mi opinión nosotros tenemos que sostener la necesidad de un voto nulo porque todas las candidaturas son patronales y ni en un enfrentamiento entre Boric y Kast hay una razón para romper esta necesaria independencia de clase.

¿Votamos en blanco en las presidenciales y a Gustavo Burgos como diputado?

Bueno en el distrito 7 solamente. Nosotros tenemos un solo congreso, no congresos provinciales y esto es para el parlamento nacional. En ese sentido nosotros hemos formado junto a otras organizaciones, bajo el amparo legal del PTR, la organización hermana del PTS argentino y junto a otras organizaciones como el MST chileno, la Fuerza 18 de Octubre, Socialismo Revolucionario y Fuerza de Unidad y Lucha, hemos conformado un frente que se denomina «Frente por la Unidad de la clase Trabajadora» (FUT) y en el que hay un acuerdo programático básico que es la reivindicación del socialismo, del gobierno de trabajadores y de una vía revolucionaria para la resolución de la crisis. Nos proponemos abiertamente la ruptura institucional sobre la base de la lucha revolucionaria de masas. Proclamamos la ruptura del Estado, la necesidad de la revolución obrera y un gobierno de trabajadores no entendido como un gobierno liderado por un trabajador o un gobierno encabezado por un trotskista —para ponerlo en un lenguaje extremo— sino un gobierno asentado en los órganos de poder de la clase lo que significa un gobierno que se cimiente en las cenizas del régimen. No es posible que un gobierno de trabajadores elija un socialista, aunque se llame Salvador Allende, Lula o como quiera, no luchamos por ello sino por un gobierno revolucionario.

Durante esta semana ha habido un debate muy profundo respecto de la legitimidad del uso de la violencia en política y los escribas del capital han rasgado vestiduras sosteniendo que la violencia no puede aplicarse, que es ilícita su aplicación en la vida política. Hay una frase de Orwell en la que se dice que «cuestionan el uso de la violencia en política aquellos que disponen de otros que la ejerzan por ellos» y creo que esa frase tan sencilla expresa el momento político que vivimos, porque son precisamente los burgueses aquellos que mantienen la explotación bajo la violencia de clase, aquellos que le piden al explotado que renuncie al ejercicio de la violencia. Es muy importante que desde nuestras candidaturas nosotros hagamos una reivindicación no sólo por la excarcelación de los presos políticos y la cárcel a Piñera sino una reivindicación de la Primera Línea y de todo tipo de acciones de violencia revolucionaria porque son parte del cuerpo de todo proceso de revolución social. El camino al socialismo no puede ser con empandas y vino tinto, por vías institucionales, sino que se debe enfrentar mediante la acción directa y el enfrentamiento armado, mediante la vía insurreccional.

Dos preguntas juntas, ¿A partir de qué suceso se reabre el debate por la violencia revolucionaria ya que es un debate que se está dando en los medios? Y volviendo al tema, por otro lado, ¿qué fue de la vida de los supuestos independientes que participaron en la constituyente, la Lista del Pueblo? ¿Los disolvió su propio accionar dentro de la constituyente?

Comienzo por lo último. La Lista del Pueblo materializó como pocos fenómenos políticos todo el programa posmoderno en Chile. Todo este programa territorialista, particularista, de las diversidades sexuales que plantean que en la sociedad capitalista actual el conflicto de clases es secundario frente a los principales conflictos específicos que tienen lugar entre hombre y mujer, entre homosexuales y heterosexuales, entre nacionalidades, el medio ambiente, etc, todo este discurso que tiene como objetivo político plantear la desorganización de la clase trabajadora aunque no lo digan expresamente así, todo él se materializó íntegramente en la Lista del Pueblo. Pocas veces sucede así —aunque Chile suele ser un país que funciona como laboratorio para muchas barbaridades— en este caso, la Lista del Pueblo terminó más bien disuelta, dirigida por un grupo más bien de derecha que llegó a inscribir la marca comercial de la Lista del Pueblo a su nombre y que públicamente dijo que no quería saber nada con la revolución ni con grupos marxistas, en eso terminó. Luego vinieron los escándalos que nada tienen que ver con la política pero que son un resabio de esta bancarrota política. Por ejemplo, su candidato presidencial presentó treinta y cinco mil firmas falsas, no dos o tres, treinta y cinco mil y muchas cosas vergonzosas por el estilo que hicieron que todos los convencionales que llegaron a la lista del pueblo repudien este origen. Hoy en la práctica están funcionando como una correa auxiliar del Frente Amplio que es la nueva línea gubernamental que se viene.

El problema de la violencia se comenzó a discutir con motivo de la conmemoración de los dos años del levantamiento popular del 18 de Octubre porque como hubo manifestaciones entonces hubo enfrentamientos con la policía y por ende ruptura de mobiliario público y saqueos en algunos lugares. Este hecho impulsó a la derecha y a los partidos del régimen a llamar al pizarrón a la izquierda y decirles “a ver, posiciónese, ¿usted está de acuerdo en romper este semáforo, en saquear esta farmacia, en quemar este cuartel de Carabineros?”. Esa es la gran discusión y, obviamente, los agentes y políticos del capital salieron todos unánimemente, desde columnistas de extrema derecha como Cristián Warnken y otros que van a ser oficialistas dentro de muy poco como Fernando Atria, quienes aparecen reclamando el repudio de la violencia como forma de acción política.

Hay también una discusión en la izquierda respecto de esto, hay muchos que le ponen condiciones a la violencia, algo bien de manual. Entonces te dicen que está bien la violencia pero en la medida que sea de masas, en la medida en que esté en el marco de una huelga general, como que se le pone requisitos, lo cual supone que uno está desde afuera del movimiento, evaluando si en realidad este movimiento tiene o no características como las que dicen los manuales del marxismo. Esto lo dejo solo como enunciado: la clase obrera chilena es muy antigua, quizá más que la argentina y con mucho contacto con el campesinado, pero no está dentro de sus tradiciones la realización de huelgas generales. Los argentinos hacen dos o tres huelgas generales como nada o al menos en sus buenos tiempos, de la misma manera que se hace en la Europa continental, hay ahí una tradición parecida, lo hacen también los españoles, los franceses, los italianos. En cambio, la característica de los levantamientos obreros en Chile tienen como único punto de conexión – aunque no soy experto en la materia pero es un tema estudiado por Sergio Grez acá en Chile – a la clase obrera inglesa,  que se expresa mediante motines, mediante saqueos, protestas políticas que no alcanzan quizá la forma de huelga por la forma de relación que tienen los trabajadores con la burocracia sindical. La burocracia no alcanza a tapar todo pero al mismo tiempo los trabajadores no logran conformar sus propias direcciones y estallan por debajo estos levantamientos característicos. Nosotros desde El Porteño reivindicamos expresamente los saqueos. El resto de la izquierda dice que son lúmpenes, que todo acto de violencia es siempre la infiltración de la policía, un discurso característico del Partido Comunista, pero la verdad es que no es así, muchas de las acciones de violencia que nosotros vimos fueron protagonizadas genuinamente por trabajadores en su inmensa mayoría, de la misma manera que el enfrentamiento que hay actualmente con las fuerzas militares, hay una convocatoria en Temucuicui a enfrentar a las fuerzas de ocupación en la Araucanía. Es un levantamiento que se expresa fundamentalmente en la quema de galpones y la maquinaria de las forestales reivindicadas por la propia CAM que ha formado una organización guerrillera que tiene territorios virtualmente liberados en la Araucanía.

La cuestión de la violencia en nuestro país ha tomado un cariz totalmente distinto de debate político luego del 18 de Octubre y es importante que quienes nos reclamamos socialistas revolucionarios nos hagamos cargo de esta cuestión porque sería distinto pensar que nosotros participamos en las elecciones para hacer el socialismo por la vía electoral y no hay nada más alejado de ello, al menos desde la concepción que tenemos nosotros desde El Porteño.

No queremos despedirte sin dejar de hablar de la segunda mejor ciudad de América Latina, Valparaíso, (la primera es Berazategui). Cuando en Argentina se discutió a fondo la Revolución de Octubre 2019, hubo posiciones que, al igual que en Chile, hablaban del espontaneísmo de las masas y por ende de la rebelión, lo que nos parecía falaz desde muchos puntos de vista y no simplemente desde un punto de vista histórico ya que en 1972 Chile vivió un proceso revolucionario que casi alcanzó la toma del poder que debió ser aplastado con los bombardeos pero, incluso, la revolución había tenido antecedentes muy recientes, por ejemplo, la enorme huelga, acompañada con milicias populares, en el puerto de Valparaíso. 

Para nosotros la huelga portuaria de noviembre y diciembre del 2018 acá en Valparaíso fue realmente un hito para la clase obrera chilena. Los portuarios siempre anticipan, como los pajaros en la mitología griega , lo hicieron en Chile con una prodigiosa huelga en el año `85 cuando se enfrentaron de una manera muy dura a la dictadura de Pinochet que estaba en su momento óptimo de represión y fue una huelga que abrió todo un proceso de lucha en que los portuarios se colocaron en primer lugar.

Acá en Chile creo que ocurrió exactamente lo mismo, hubo dos hechos, el asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca y antes él de un activista, un pescador de Quintero, Alejandro Castro, que ocasionaron manifestaciones muy potentes frente a los primeros meses del gobierno de Piñera y que se jactaba de haber llegado al poder luego de una “aplastante victoria”. Todo el tiempo repetían esto de aplastante victoria, lo que en el psicoanálisis ya indicaría que es un reconocimiento de que no es así. El asesinato de Catrillanca gestó una movilización de cientos de miles a Plaza Dignidad, en esa época aún Plaza Italia. Ese movimiento actuó como un detonante de la situación revolucionaria en nuestro país.

Como tú muy bien dices la huelga portuaria tuvo dos rasgos muy potentes: primero, fue contra la burocracia sindical de Roberto Rojas, un burócrata frente al cual Saúl Ubaldini es un niño de pecho, es de esos personajes realmente siniestros. Llegó a la cabeza de ese sindicato siendo militante del MIR, un guevarista. Yo lo conocí personalmente un tiempo antes de iniciarse esta última huelga y ahora defiende a los Penta Peuco que son los presos por violar derechos humanos. Contra él y los suyos se levantó la masa portuaria. En Valparaíso como en muchos puertos modernos la cantidad de trabajadores es más o menos pequeña, unos trescientos trabajadores son los que mueven el puerto, son estructuras altamente tecnificadas. Entonces, esos portuarios hicieron dos cosas, formaron una asamblea que era la fuerza portuaria que operaba TODOS LOS DÍAS (¡una locura!). Para nosotros participar de esas discusiones fue toda una escuela de formación política. En paralelo, también, tomaban medidas suficientemente compartimentadas por razones de seguridad para ocupar el lugar que tenían y para enfrentar a la policía. Una de las primeras acciones que hicieron para declararle la guerra a la empresa portuaria fue agarrar todas las instalaciones de un nuevo baño que el sindicato había construido como obsequio a los trabajadores en huelga. Agarraron todas las instalaciones, las tiraron a la calle, lo destruyeron completo. Era una manera de comunicarles que no había ningún pacto con ellos y que estaban dispuestos a pelear hasta el final. Ese fue un signo muy poderoso que, me consta, generó una alarma enorme dentro de la directiva de la empresa portuaria porque se dieron cuenta de que si los portuarios habían destruido los baños de Roberto Rojas, esto significaba que éste ya no tenía ningún control de la situación.

A esto se suma el hecho de que formaron estos piquetes regulares de autodefensa, resistieron dentro del local, las FFEE trataron de desalojarlos y no pudieron. Este pequeño grupo de trabajadores logró paralizar la ciudad, se concentró en el centro neurálgico y político de la ciudad y puso en jaque al Gobierno. El Gobierno quería intervenir pero los empresarios del puerto no querían que interviniera. La línea de los patrones del puerto de Valparaíso era no negociar nada, absolutamente nada, y el gobierno entró para negociar. Acá nosotros tenemos un alcalde del Frente Amplio que gobierna hace más de cuatro años, cinco ya. Jorge Sharp, el alcalde de Valparaíso, abogado a diferencia de Boric que no se tituló y que ya ha materializado todo el programa posmoderno en Valparaíso pero sin ánimos de abrir otra polémica debo decir que no se nota en absoluto en que consiste esa supuesta “administración de cara a la gente”, “las puertas abiertas”, “la participación ciudadana”. Ellos le llaman «el municipio ciudadano» y durante esa huelga el papel de Sharp fue el de contribuir al aislamiento del movimiento. Ese fue uno de los primeros signos tras dos años como alcalde que revelaba el carácter de clase del frenteamplismo.

Entonces, sí, en Valparaíso tuvimos nosotros un experimento del experimento, un experimento político en un espacio controlado tanto para la contrarrevolución como para la revolución. Luego la gigantesca e histórica huelga de los profesores que duró casi tres meses y que ocupó la primera mitad del año 2019 consumó este movimiento que finalmente estalla en octubre.

Quiero decir una última cosa: el 6 de septiembre hubo una convocatoria por parte de la CUT y todas las organizaciones sindicales, acá en Plaza Victoria de Valparaíso y en todo el país. Se suponía que iba a ser la gran movilización en contra de Piñera y qué se yo. No llegó nadie. Llegamos a la Plaza Victoria 200 personas por decir algo. Sólo  un mes después se produjo el levantamiento. Esto da cuenta de la forma en la cual las direcciones políticas como el PC y las propias organizaciones sindicales no tuvieron absolutamente nada que ver con el levantamiento. Ellos actuaron muy tardíamente y sólo con la intención de desmontar el movimiento.

Esto es algo muy rico de la experiencia de Valparaíso, es algo que no está totalmente muerto tampoco. De hecho los dirigentes que emergieron de ese conflicto siguen estando ahí y cada tanto emergen nuevos conflictos en el sector portuario donde hay una conflictividad latente, caracterizada por su aguda inorganicidad. Hay huelgas como en el Supermercado Tottus con victorias rutilantes, muchas huelgas de mineros han terminado triunfos medios oscuros, opacos, con mucha división, pero hay una notoria tendencia a la conflictividad y que no logra ser controlada ni remotamente por una CUT, la central de trabajadores que hay en Chille, equivalente a la CGT argentina pero en cuya última elección participaron 6500 personas siendo que tiene voto universal, o sea, no existe.

Última pregunta, para relajar, si nos queres contar un poco la experiencia de El Porteño

Nosotros surgimos como una revista que casi en broma se decía que tenía que jubilar a El Mercurio, el principal órgano de la oligarquía, el cual tiene su origen en Valparaíso, además de ser el periódico más antiguo en lengua hispana, fundado en 1827. Para ello teníamos que hacer un medio que lo reemplace y qué mejor que llamarnos El Porteño. Pero si bien es cierto que es una publicación, El Porteño siempre ha sido un grupo político, eso es su comité editorial. Muchas experiencias en otros países se están dando por igual, 1917 algo tiene de eso, son expresiones de la crisis política que buscan resolverse sobre la base de la conformación de publicaciones. Der Spiegel en Alemania era una revista de este tipo, lo mismo que sucedía con El Avispón en Polonia. Hay muchos medios que han servido como vehículo para la intervención política. El Porteño integra, de hecho, el Frente por la Unidad de la Clase Trabajadora en Chile junto a otras agrupaciones políticas que formalmente son partidos. Entonces, si bien El Porteño es una revista, la revista aspira a la construcción del partido de la revolución socialista en nuestro país. Ese es nuestro objetivo confeso. Si no lo hemos logrado es por nuestra propia incapacidad y nuestro propio aislamiento respecto del movimiento obrero.

De  los cinco años que tenemos de funcionamiento estamos por editar un libro que resume nuestra línea editorial de todos estos años durante los cuales hemos dado una pelea por ir hacia los trabajadores, salir de los cenáculos intelectuales y los grupos de críticos y opinadores de políticos de los cuales están tan llenos los círculos marxistas en nuestro país y tratar de ir hacia el encuentro de las masas, lo cual tiene un sentido concreto, no es una abstracción, significa hacer actividad popular, hacer difusión en medios masivos. Lo hicimos en la Radio Portales, lo hacemos actualmente en un programa llamado Mate al Rey donde también tratamos de utilizar un lenguaje lo más abierto posible y tratando de romper con esta tradición de minoría de los grupos revolucionarios y presentarnos como los nuevos jefes (ríe) del proceso, por decirlo de una manera un tanto humorística pero un tanto en serio, tratando de usar un lenguaje que llegue a amplios sectores. Nuestra revista, si bien es cierto que tiene una clara orientación hacia sectores de vanguardia, no escatima en realizar actividad y contacto con otras organizaciones permanentemente. En nuestro programa también invitamos gente no estrictamente marxista porque sabemos que hay discusiones que tenemos que dar. Por ejemplo en el último programa la discusión sobre la violencia (Mate al Rey 35) tuvo ribetes intensos porque hay mucha discusión respecto de qué es la violencia y del papel que nosotros jugamos en ella. Por qué no decirlo, también hay miedo a hablar de ello, en un país con diez mil ejecutados políticos no es fácil ponerse a reivindicar la lucha armada, la toma del poder y otras barbaridades. Nosotros queremos transformar eso en un debate político, popular y abierto. Contribuimos a conformar ese mascarón de proa del programa de los trabajadores. Eso es El Porteño.

Tu palabra para cerrar. 

Muchas gracias a 1917. Quiero señalar que para nosotros el contacto internacional no es solamente una cuestión diplomática o turística, sino que tiene un contenido profundo contenido político. Entendemos que la lucha que estamos dando es una lucha de clases y nuestra clase es una sola clase y el internacionalismo en consecuencia no es un capricho o un lujo de intelectuales sino una necesidad objetiva del proceso de lucha de clases. Me he sentido en esta conversación con compañeros de una misma barricada. El mantener estos nexos —muchas veces quebrantados por el nacionalismo o el sectarismo burocrático— es una tarea importante que nosotros podemos empezar. Los medios como 1917 o El Porteño o muchos más que hay en Argentina o Chile podemos contribuir a construir bases y puentes entre distintos sectores de vanguardia, imprescindibles al día de hoy. Muchas gracias compañeros.

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