La tragedia de los adultos mayores en Chile: de 7 mil a 10 mil fallecidos por COVID-19

por Alex Dixon

Este reportaje se escribió con información obtenida de la Mesa de Datos COVID-19 desarrollada y liderada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación (Micitec) y con datos del Informe Epidemiológico N° 34 del Departamento de Epidemiología e Información en Salud (DEIS).

Según el informe publicado este domingo por el DEIS, el 16 de julio Chile alcanzó la cifra de 346.486 casos notificados, entre casos confirmados y casos probables. Por otro lado, la plataforma creada por el Micitec en GitHub entrega esta misma cifra, pero explicando que es el “número acumulado de casos confirmados (…). Se entiende por caso confirmado a la persona que cumple con los criterios de definición de caso sospechoso con una muestra positiva de SARS-CoV-2”.

De este número se desglosa que 55.684 casos1 corresponden a personas de tercera edad. En otras palabras, solo un 16,07 % de los casos de contagio son personas mayores de 60 años. Considerando que en Chile hay 3.348.010 personas adultas2mayores en el país, podemos estimar que una de cada 60 personas adultas mayores han sido contagiadas por el SARS-CoV-2.

En cambio, la proporción de personas hospitalizadas3 cambia drásticamente. De las 23.195 personas hospitalizadas para el 17 de julio, 11.767 pertenecían a la tercera edad, conformando el 49,3% del total. Otra forma de entender este número es observar que solo el 6,3% de las personas contagiadas menores de 59 años ha sido hospitalizada. Mientras que el 17,5% de los mayores de 60 años ha sido hospitalizado.

Estos datos confirman que para la gran parte de la población, el COVID-19 podría tomarse como un resfriado común sin mayores implicancias en su vida cotidiana. Es más, la tasa de mortalidad en personas menores de 59 años es del 0,48%. En cambio, la tasa de mortalidad en personas mayores de 60 años es del 13%: 26 veces mayor.

El día 20 de julio la trágica cifra de adultos mayores fallecidos ascendió a 7.240. Esto significa que, a pesar de solo representar el 16% de los casos de contagio, acumulan casi el 84% de las muertes por COVID-19 en nuestro país.

El desglose de los fallecidos es el siguiente: 1.852 tienen entre 60 y 69 años; 2.438 tienen entre 70 y 79 años; 2.180 tienen entre 80 y 89 años; y 770, más de 90 años de edad. Pero esto es sin considerar las muertes que el DEIS califica como sospechosas de COVID-19, que para el 17 de julio alcanzaban la cifra de 3.932 fallecimientos. Lamentablemente, el informe no agrupa por rango etario estos decesos, por lo que solo podemos hacer un estimativo según el patrón proporcional de los meses anteriores.

El día 9 de abril comenzaron a contabilizarse la cantidad de fallecidos a causa del coronavirus, desde esa fecha, la tercera edad ha representado la gran mayoría de estas defunciones.

El porcentaje más alto ocurrió el primer día de registro, 9 de abril, en que la tercera edad agrupó el 92,98% de los decesos. Mientras que el punto más bajo ocurrió el día 4 de junio, en que agruparon el 82,37% de los fallecimientos de esa jornada. Basándonos en esto, podríamos estimar que al menos el 80% de las muertes sospechosas de COVID-19 pertenece a la tercera edad. Esto aumentaría la cifra, pasando de 7.128 (el día 17 de julio) a más de 10.270.

Todo esto solo confirma lo que ya se anunciaba: que esta pandemia es un duro golpe contra la vejez. El coronavirus ha tumbado a miles que habían logrado sobrevivir a este sistema. Recordemos que en nuestro país, la tercera edad es el grupo etario con la tasa más alta de suicidios por cada 100 mil habitantes. Además, el estudio Chile y sus Mayores (2016) –desarrollado por la Pontificia Universidad Católica de Chile–, revela que pese a que la percepción de bienestar de la vejez ha ido aumentado progresivamente en los últimos años, el 27,6% de los adultos mayores aún declaraba sentirse insatisfecho con su vida y el 38,3% siente que no ha satisfecho sus necesidades económicas en el último período. Sin considerar las bajas pensiones que reciben para subsistir.

Un relato trágico es que las tres principales preocupaciones de la tercera edad son: tener que depender de otras personas, que fallezca un ser querido y el enfermarse gravemente. Y estas tres preocupaciones se tornaron realidad con esta pandemia.

La ansiedad y angustia que han tenido que soportar nuestros ancianos han sido tremendas, no han podido tener la tranquilidad que deberían poder disfrutar en su vejez. Miles de ellos, han encontrado en su muerte la paz que nuestro país les negó. Pero estas muertes no son accidentales, no debemos verlas como se ve a las víctimas de una catástrofe natural. Sus muertes son consecuencia directa de voluntades y decisiones políticas tomadas fríamente con todos los elementos para haber generado una política sanitaria eficiente.

Esta pandemia ha destapado el iceberg de injusticia y desigualdad que han soportado los adultos mayores. Como país tenemos una enorme deuda con ellos, y el Estado debe liderar el pago y restitución de esta deuda. Nuestros ancianos no pueden seguir muriendo en la miseria.

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