Solidaridad ayer, hoy y siempre

por Guillermo Correa

En esta nota he querido rescatar el trabajo anónimo, de fraterna solidaridad, que si bien corresponde a una acción específica y particular, creo que refleja una realidad que se multiplica por miles a lo largo de todo el territorio nacional, en donde muchos “jóvenes y muchachas rebeldes de ayer”, están desarrollando una serie de iniciativas y acciones, aportando así con una granito de arena a los vertiginosos procesos que se han venido desencadenando a partir de la rebelión de octubre.

En el caso de esta crónica, que tiene que ver específicamente  con la realidad surgida como consecuencia de la emergencia sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus, he conversado con un compañero de la denominada tercera edad, precisamente para mostrar que en las luchas del presente, para superar situaciones complejas y dolorosas como el hambre, así como también por la conquista y defensa de los derechos del pueblo,  todos y todas podemos entregar nuestros aportes, de acuerdo con nuestras posibilidades y capacidades.

Esta entrevista que transcribo a continuación es intencionalmente anónima, ya que precisamente ese es el espíritu que anima la solidaridad desinteresada, aquella mano que se entrelaza con otra sin buscar retribuciones de carácter personal.

¿Me podrías relatar cómo y por qué te involucraste en la solidaridad y el abastecimiento de mercadería para las Ollas Comunes?

“En las conversaciones que uno tiene con su círculo cercano en el cual me desenvuelvo hemos comentado que hay una gran mayoría, en los sectores populares, que la está pasando mal en estos momentos, que está pasando hambre y frente a eso buscamos una respuesta. Esto es lo que me ha llevado a participar, en una u otra acción, en estas Ollas Sociales. Entonces aparecieron unos compañeros que se encuentran viviendo en el extranjero que quisieron anónimamente cooperar para entregar una mano solidaria.”

Esos aportes que has recibido podrías haberlo depositado directamente en una cuenta de alguna Olla Común, lo que habría sido mucho más cómodo para ti, sin embargo decidiste hacerlo en forma personal, ¿por qué tomaste ese camino?

“Como te decía antes, vino una propuesta desde afuera, compañeros que materializaron ayuda y me pidieron que dispusiera de ello en la forma que mejor estimara y en el lugar que pensara que era de mayor urgencia. Yo fui una especie de puente.

Lo más fácil es transferir de cuenta a cuenta, pero la razón de visitar los lugares es porque te permite iniciar una suerte de relación con el poblador, con el sindicalista, con el estudiante, con algún grupo étnico, que sea interesante aprender de ellos. Siempre he pensado y tratado, en la medida de mis posibilidades, de poder llegar a tener ese contacto personal y darte cuenta, en esa relación, cuáles son sus necesidades.”

Teniendo en cuenta que eres una persona de riesgo, ¿no tuviste temor a contagiarte con el coronavirus?

“Siempre he pensado que yo ya estoy viviendo de gratis y cada día que pasa me pongo alegre de seguir adelante. En este diario vivir, si esto implica ir corriendo algunos riesgos, con todos los cuidados necesarios, voy adelante porque estoy convencido que es lo correcto. 

Yo desperté socialmente siendo muy chico, un adolescente. El año 67 llegué a la Santa María a cursar estudios técnicos, en la Escuela de Artes y Oficios, donde te permitía una enseñanza media y luego una formación profesional, tenía 16 años y me tocó participar en una huelga y una toma del lugar, desde allí me interesé por conocer el trabajo que hacían los curas obreros, los curas del pueblo, como Alfredo Hudson, Miguel Woodward, estoy hablando de antes del 70, y después vino la experiencia de la Unidad Popular, en la cual empecé a participar activamente en la oficina de Desarrollo Social, que era el gobierno que salía a la población a educar. Trabajé en el área de Monitor Social y en el área de Comunicación. Esa experiencia vino, de algún modo, de la China de Mao, un programa que en Chile se le llamó “Saltamontes”. Íbamos de población en población, de sindicato en sindicato, donde trabajábamos con ellos 20 a 24 días, identificando a potenciales líderes. Eso lo hice, en esa época, dentro del MAPU.”

Ese trabajo que realizaban era Educación Popular, entonces tú al mismo tiempo que impartías conocimientos estabas recibiendo conocimientos de parte de las pobladoras o de los pobladores

“Claro, así era, y todos esos hechos obedecen a una época de trascendencia en nuestras vidas, la historia de ese período tan importante que tuvo la sociedad chilena.”

Ahora, el contacto con los jóvenes y muchachas de hoy que están haciendo este trabajo poblacional solidario, que tú como un joven de los años setenta hiciste en forma parecida, ¿te transporta a ese tiempo?

“Claro que sí, porque esa voluntad de estos muchachos era el que yo tenía en esa época, me ponía una mochila y salía. No te preocupabas cuántas horas entregabas diarias, no te preocupabas si no tenías plata para la micro y tenías que caminar varias kilómetros, tampoco si estabas bien o mal alimentado, era el deseo de aportar al crecimiento de una sociedad con un proyecto social en el cual tú creías.  A estos cabros y a estas muchachas los veo en esa dinámica, entonces siento un poquito de ello.”

¿Cómo fuiste eligiendo los sectores o los lugares para ir entregando los aportes solidarios?

“Las dos primeras gestiones fueron al azar, las del sector de Rhona, pero sabiendo que existían allí unas orgánicas sociales. La tercera y cuarta gestión fuero más bien dirigidas, por datos aportados por compañeros de confianza, así llegué al sector de La Laguna y al sector Marimonjas, también realicé otra gestión en otro lugar de La Laguna y a una Olla Común de un Colectivo Feminista que funciona acá en el barrio, que me llamó la atención precisamente por el nombre feminista. Conversando con otros compañeros sobre estas gestiones, fueron proponiendo alternativas. Todas estas gestiones han sido realizadas fuera de las instituciones y de los partidos políticos. 

Todo esto ha sido posible gracias a los envíos que han mandado en forma constante y periódica algunos  compañeros, especialmente desde Toronto, en Canadá.”

¿Cómo ha sido la recepción por parte de las pobladoras y los pobladores?

“Para ser honesto, creo que hay dos caras, y me siento un poco apesadumbrado y con un desasosiego. Por un lado están estas mujeres que trabajan con un entusiasmo y una energía que es admirable sin recibir apoyo de ninguna institución, totalmente autogestión, pero decididas a salir adelante; ir a buscar las donaciones, comprar, planificar  y luego cocinar y armar los platos. Hay entusiasmo por la organización y el trabajo poblacional. En otros lugares, donde se ve que hay mucho consumo de droga, poco menos que piensan que es una obligación que uno llegue ahí, ya que están acostumbrados al asistencialismo, a la limosna.”

¿Piensas que las organizaciones populares que han surgido al calor de la necesidad de combatir el hambre, se proyectarán más allá de esta emergencia en los territorios?

“Acá arriba yo veo que hay un grupo muy entusiasta, y en el tiempo nuestro era también así, claro que había mucho más participación de la gente en ese entonces de los años setenta. Yo espero que se levante un clamor de mayores demandas y la cosa no solo vaya por la alimentación, sino que vaya asumiendo la defensa de otros derechos y se sigan consolidando estas organizaciones. 

La herramienta de la Educación Popular es muy importante, creo que no hay otra herramienta mejor que esa. Claro que es mucho más complejo hoy  que en nuestra época, porque la presencia de la droga es un problema serio que está presente en los sectores.”

¿Cuál es su edad compañero?

“Tengo 69 años. Esto de la solidaridad se me metió por los poros en la época del compañero Allende, por eso ahora me ha surgido de manera espontánea y no dudo que seguirá siendo así en el futuro”

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