Soberbia intelectual y presuntuosidad discursiva en Grinor Rojo y Lucy Oporto

por Aniceto Hevia

Las motivaciones son diversas, pero las similitudes son evidentes. Ambos intelectuales han publicado dos libelos de inusitada violencia contra el mundo asalariado, sus palabras ofenden. Rojo afirma, “no son una clase social, sino una multitud” refiriéndose a las masas que votaron rechazo. Agrega: “masa logrera… Existe en Chile desde el siglo XIX y está repleta de deseos, de poseer un cierto status y de poseer ciertas cosas”.  Finalmente, “es una masa racista, antifeminista y furiosamente homofóbica”. Lucy Oporto no lo hace mejor con su pseudo-concepto de lumpenfascismo, y la creativa noción de lumpenización: “acción sistemática de envilecer y destruir todo aquello que trasunte nobleza, en cualquier nivel”. De donde deriva su poética idea de lumpenfascismo, un “tipo humano constitutivamente degradado, así como las manifestaciones de sus formas de poder, cuyo foco es una forma transversal de ejercer el poder o de reproducir el ejercicio del poder del vencedor” (sic). Luego especifica los ámbitos de presencia de esta plaga moral que denuncia con santa ira: “existe un lumpenfascismo empresarial, profesional, académico, artístico, político, eclesiástico, militar, familiar, matrimonial, poblacional, etc.”. Despliega elegantemente sus recursos retóricos, en este caso la enumeración caótica; pero no es poesía vanguardista, es categorización delirante, texto de signos fracturados que diseminan el significante infinitamente, escritura paranoica.

Lo que busca Rojo es culpar a las clases medias ascendentes, para achacarles su derrota política. Recurre a los mismos argumentos de la oligarquía afrancesada, eurocentrista, neocolonial de fines del siglo XIX; la clase media fue tachada de “rotos”, “arribistas”, “vendaval humano” (en el caso de los emigrantes), sus artistas eran drogadictos y flojos dados a todos los vicios. Nuestro académico de la Universidad de Chile se sienta en la cátedra de Bello y espeta su discurso clasista, la culpa la tienen esos, no yo. Mientras tanto, la filósofa se eleva en su ideal cripto-fascista, cree haber encontrado la fórmula para definir a priori a la sociedad chilena, el lumpenfascismo, mera doxa. De la ocurrente idea pasa directamente a culpar a los otros de decadencia moral, asesinato del espíritu y la nobleza. Oporto con desdén mira desde su Olimpo colonizado, en el cual se ha subido sin pedirle permiso a nadie. Ella sabe lo que es moral, espíritu y decencia. Parafraseando a Fanon, ha integrado los universales del opresor para que opresor y oprimido vivan en paz. 
A Rojo le sorprende lo obvio, que el plebiscito se iba a perder. Llama la atención que no haya un ápice de autocrítica, ni balance racional, solo una amarga queja. Someramente, estas son las porfiadas razones: 1) Este borrador no representaba al 60% del país, sector social que gana menos de 480.000 pesos, 2) A esa mayoría le interesa poder vivir, salir de su endeudamiento, no sentir el agobio, la pena, la rabia diaria. 3) Subsistiendo día a día no hay espacio para feminismos, paridades de género, ecologías, derechos de los funga, del universo y los cantos de ballenas azules. Eso es ideología de los Ñuñoas de Chile, 4) El mundo aspiracional es producto de una sociedad que se construyó acrítico, fruto de la pésima educación que no educa, ni siquiera en la universidad, 5) A esa aplastante mayoría le interesan las demandas de octubre: a) No más AFP, b) Educación gratuita, c) Salud estatal de calidad, d) viviendas, e) nacionalización de los recursos naturales. El resto es retórica hueca. 

Rojo ha sumado su voz al roteo ñuñoíno post-plebiscito. ¿Dónde está el error, compañero Rojo? Se encuentra en su esquema de los tres tercios que no calza, porque hay cambios ideológicos y axiológicos en la sociedad chilena. Donde usted ve una masa informe entre la izquierda y la derecha hay una mixtura de estratos sociales e intereses muy diversos. Esos grupos vieron una salida en el cambio constitucional, pero se desengañaron de la cháchara insustancial. Esa gente piensa, profesor Rojo, no son imbéciles, usted es el que tiene el problema, abrumado con el pueblo que piensa distinto. ¿No es eso ser patrón del fundo intelectual chileno? Piénselo dialécticamente, hay esclavos porque hay amo, sin amo no hay esclavo. Mejor, si no le gusta el pueblo búsquese otro.    
El caso de la Oporto es infinitamente peor. Ha creado un mito delirante que articula a Carl Gustav Jung con Allende, sin la menor preocupación por la coherencia de su reflexión, solo le importa desarrollar su oscuro mito. Se sabe que Jung practicó su psicoanálisis ario durante el Tercer Reich sin problemas, distorsionó el psicoanálisis hasta borrarlo, pregonó una teoría de los símbolos esotérica y simplificadora. Por su parte, Allende fue un luchador social y un revolucionario que nunca habría hablado de lumpenfascismo, porque el lumpen sale de las entrañas del mundo popular, allí donde el estado se desentendió. Asociar a Carl Gustav Jung y Allende es un absurdo. Nuestra filósofa ahonda en sus inexactitudes, afirma en modo conspirativo que el lumpenfascismo “se trata de un fenómeno social extraño y difuso. Pues se expande, se oculta, adaptándose en todo y está en todas partes”. Lo único extraño y difuso son los fantasmas e ideas absurdas que hay en su cabeza. 

Cabe agregar, que ha desdeñado la investigación sobre la violencia popular de Igor Goicovic, Gabriel Salazar, Sergio Grez. Además de acusar a los dos últimos de apología de la violencia, incluyendo en ese grupo al cura-obrero Mariano Puga y al filósofo Rodrigo Karmy. Nunca recurre a textos fundamentales sobre la violencia, de Sorel a Zizek.       

Ambos personajes afirman ser de izquierda, pero no basta con pregonarlo, hay que tener una ética coherente con el anticapitalismo y la emancipación humana. En ella no caben los prejuicios de clase, ni gazmoñerías de señoritos (as). La superioridad de los intelectuales chilenos ha quedado a la intemperie. Moral, espíritu, decencia, moralina y delirio en el caso de Oporto. Dictámenes, consejos paternales a la izquierda que no corresponden, en el caso de Rojo. Todo bastante reaccionario, pienso. 

           
Aniceto Hevia.
Cerro Monjas.
Valparaíso.

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