El cuadro y el río. Apólogo kafkiano


                                                                                                                                                                 por Aniceto Hevia

Desciendo del Cerro Monjitas para buscar encontrarme en el terminal de buses con un compañero viejo, hombre curtido en todas las batallas del pueblo. Vestido humildemente, pero su rostro trasuntaba la humildad noble de los verdaderos revolucionarios de ayer, un aura de razonada rebeldía. Vagamos, bebimos unos cortados, terminamos en el molo 500 en un diálogo entre botes, gaviotas y buques anclados. Su rostro se oscureció, ya no sonreía, su mirada se perdió en el horizonte transparente, algo le ocurría que yo podía percibir. 

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Soberbia intelectual y presuntuosidad discursiva en Grinor Rojo y Lucy Oporto

por Aniceto Hevia

Las motivaciones son diversas, pero las similitudes son evidentes. Ambos intelectuales han publicado dos libelos de inusitada violencia contra el mundo asalariado, sus palabras ofenden. Rojo afirma, “no son una clase social, sino una multitud” refiriéndose a las masas que votaron rechazo. Agrega: “masa logrera… Existe en Chile desde el siglo XIX y está repleta de deseos, de poseer un cierto status y de poseer ciertas cosas”.  Finalmente, “es una masa racista, antifeminista y furiosamente homofóbica”. Lucy Oporto no lo hace mejor con su pseudo-concepto de lumpenfascismo, y la creativa noción de lumpenización: “acción sistemática de envilecer y destruir todo aquello que trasunte nobleza, en cualquier nivel”. De donde deriva su poética idea de lumpenfascismo, un “tipo humano constitutivamente degradado, así como las manifestaciones de sus formas de poder, cuyo foco es una forma transversal de ejercer el poder o de reproducir el ejercicio del poder del vencedor” (sic). Luego especifica los ámbitos de presencia de esta plaga moral que denuncia con santa ira: “existe un lumpenfascismo empresarial, profesional, académico, artístico, político, eclesiástico, militar, familiar, matrimonial, poblacional, etc.”. Despliega elegantemente sus recursos retóricos, en este caso la enumeración caótica; pero no es poesía vanguardista, es categorización delirante, texto de signos fracturados que diseminan el significante infinitamente, escritura paranoica.

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