por Aniceto Hevia
«Me preparo para un grito
en el precipicio de la verdad,
como lo hace el volcán
para su erupción».
Mahmoud Darwish.
Dice así, nuestra Mistral, nuestra pequeño burguesa nortina, ilustrada, lírica, sabia: “Si no realizamos la igualdad y la cultura dentro de la escuela, ¿dónde podrán exigirse estas cosas?” (sic). Cita que viene bien cuando nuestros intelectuales orgánicos inflan los carrillos y con impostada grandilocuencia afirman tautológicamente, apodícticamente, que hay una crisis en la educación. Mientras la poeta, que demasiados consideran pretérita, nadaba contra la corriente hace ya mucho tiempo. Ya dejaba en su epigrama la respuesta a una pregunta fundante, ¿educación para qué? Respondió, educación para libertad objetiva y subjetiva, igualdad y cultura. Demasiados años han pasado, los estamentos técnicos y científicos, la burocracia ministerial parecen dormidos en sus escritorios soñando estadísticas, constatando resultados que calcen como un guante en sus objetivos generales y específicos. La maquinaria educacional baja su cabeza ante competencias y conductas, el alumno estará en condiciones de…, estará capacitado para explicar brevemente…, siempre brevemente. El neopositivismo se desliza como una sierpe entre reuniones, pasillos y cálculos de presupuesto. El rey está desnudo, el desplome de la educación nacional ha generado la actual ola de ignorancia masiva, de culto a lo tonto, a lo superficial. El devenir nos ha traído todo tipo de teorías, focus groups, olas de expertos que no conocen la realidad nacional; sino por bibliografía adecuada que emana de think tanks coloniales, donde se adoctrina en la alienación de la reflexión, en la ausencia de crítica, en la domeñación de la conciencia, en el horror de la historia. Nada de ello ha funcionado, al contrario, se ha agravado la ignorancia y la brutalidad obscena ya presente en todos los medios de comunicación. La mierda subjetiva chorrea hasta los más altos ideales de ayer. Nada ha funcionado en educación y la solución a ese problema no corresponde a expertos, corresponde a una sociedad que contempla como las defensas construídas ante la barbarie moderna caen. No se ha leído a Gabriela Mistral, no se ha comprendido a Bello. Lo decisivo es determinar cuáles son los objetivos reales de la educación, los que competen a toda la nación. Responder a la pregunta por la educación es lo que determina los objetivos, respuesta que no puede ser sino ideológica. ¿Para qué la educación? ¿Educación para el individuo o educar la sociedad? El individuo no puede determinar la educación, sus necesidades de educarse particulares son un resultado de exigencias que no sostienen todo el complejo entramado de la sociedad.