Los religiosos genocidas
Aterrados apuntan a la noche
Entre escombros y cadáveres,
Los soldados aterrados
Del ejército del pánico
Buscan lo que no pueden encontrar
Tienen al alma muerta e insomne,
Los hospitales en escombros
Los pasillos pulverizados
El ocre aroma de las agonías
Conforma un país herido de muerte,
Madres de neonatos agonizan
Miran el cielo y ven esa estela blanca
Que las mató sin piedad,
En lo que fue un callejón solitario
Miran el pavimento y ven
Su propia sangre corriendo a la alcantarilla,
Neonatos huérfanos
Que el primer día ya han aprendido del hambre,
Adscritos a una lista de agónicos
Dejan caer su cabeza sobre una alfombra de polvo
Hedionda a pólvora de fusiles de asalto,
La carne pegada a los huesos.
La piel amarilla,
Las vértebras al aire,
Y esos ojos de terror.
