Elogio a Ernst Bloch. Notas sobre esperanza y utopía

por Aniceto Hevia

                                                                                          Dedicado a C.R. T. con cariño inmarcesible.

Pongámonos a escribir sobre Bloch. El mismo título de su obra mayor, “El Principio Esperanza”, evoca una palabra que parece añeja o de cura, que va a contramano de la utilidad práctica de la vida. Nos auto-observamos, percibimos el trote marcial por el sueldo, las cuentas por pagar, el ganarse la vida pequeño burgués, el endurecimiento fruto de los avatares de la lucha por la subsistencia; en fin, un ahogo que nos consume e invade el mundo de nuestros sueños y pesadillas, el insomnio. No hay tiempo. Hemos sido invadidos hasta en lo que ayer era intimidad inviolable. No hay tiempo y espacio para nuestras más intensas aspiraciones, nuestros deseos y demandas. Todo deseo parece un chispazo de un rincón imposible de la vida, mejor dejarlo de lado, nos decimos. Pero no nos dejamos de desear un tiempo sin apremios, deseamos una bella muchacha, deseamos un amor ideal, deseamos una sociedad de iguales y libres, deseamos una vida bella y en paz para todos. En ese caos de deseos apenas conscientes hay un contenido de verdad que Bloch exploró. Y su viaje intelectual valió la pena, fue una gigantomaquia contra el pensamiento burgués, contra la filosofía burguesa que, de Kant a Schopenhauer, de Nietzsche a Husserl, Heidegger y Freud. Ellos que han sido los guardianes terribles del acceso al pensar emancipatorio. Las amenazas y los rugidos de esos tótem resguardan todos los mitos de Occidente. Pocos se atreven a constatar que también esos mitos constituyen sucesivas mutaciones y modulaciones del liberalismo europeo. Ernst Bloch como Hércules limpió los establos de Augías.  

Leer más

Ernest Mandel: Hay que soñar, la anticipación y la esperanza como categorías del materialismo histórico

[Este texto fue la contribución de Ernest Mandel a un coloquio celebrado en 1978 en homenaje al filósofo marxista Ernst Bloch (1885-1977) y se publicó por primera vez en 19801/. En este artículo, Mandel utiliza categorías desarrolladas por Bloch, como las de todavía no y realmente posible, para examinar la necesidad de incorporar las nociones de futuro en el pensamiento socialista.]

Desde el punto de vista marxista, el trabajo y la capacidad de comunicación avanzada son los dos aspectos más importantes del ser humano como ser social. El trabajo social es imposible sin una comunicación humana avanzada, interpersonal, que incluya la capacidad de utilizar herramientas lingüísticas estructuradas, de formar conceptos y de desarrollar la conciencia. Como materialistas, sabemos que la capacidad de comunicarnos de forma más que rudimentaria –la que también tienen los animales–, se basa en la necesidad de la producción social para ganarse la vida. La conexión inextricable entre el trabajo y la comunicación lleva, entre otras cosas, a que “simplemente no podemos eludir el hecho de que todo lo que hace actuar a los hombres debe encontrar su camino a través de sus cerebros, incluso comer y beber, que comienza como consecuencia de la sensación de hambre o sed transmitida por el cerebro, y termina como resultado de la sensación de saciedad igualmente transmitida por el cerebro”2/.

Leer más

Marx, Engels y el Romanticismo

 Por Michael Löwy

El tema sobre el cual me gustaría discutir con ustedes es el tema de la relación del pensamiento de Marx y Engels y del marxismo, de manera más amplia, con el romanticismo. Tengo que empezar explicando qué entiendo yo por romanticismo, porque si no, no queda claro por qué veo una relación muy importante, significativa, del pensamiento de Marx con el romanticismo.

Si uno abre un manual de historia de la literatura o del arte, se define como romanticismo a una escuela literaria de principios del siglo XIX en Francia, Alemania e Inglaterra. Esa me parece una visión muy estrecha. En realidad, el romanticismo es algo mucho más amplio, mucho más profundo, es una de las principales formas de la cultura moderna desde fines del siglo XVIII hasta hoy.

Leer más