Resistencia el 11 de septiembre de 1973: «Sólo el que se atreve aprende a volar»

por Hugo Valenzuela

Solo el que se atreve, aprende Roberto Robles, lo repetía como una muletilla. Eran los tiempos de la Unidad Popular y nosotros éramos los dirigentes sindicales de la Industria Textil Sumar Polyester. Roberto, había sido marino y una lesión rebelde en una pierna, le cortó para siempre el sueño de navegar.

Llegó a trabajar como mecánico de las máquinas de telares y se convirtió rápidamente en un dirigente sindical dedicado y generoso, pronto se ganó el respeto de sus compañeros y hablaba con pasión del nuevo Chile que debíamos construir.
Fue compañero de Newton Morales (hoy desaparecido) y de “Juanito No Hace Ná”, ambos grumetes de la armada y que por extraña coincidencia, se habían reencontrado como trabajadores de la Industria Textil Sumar Polyester.

Recuerdo el día en que fueron elegidos dirigentes del sindicato de empleados particulares, Roberto Robles presidente y “Juanito No Hace Ná” secretario, en realidad se llamaba Juan Lepe, siempre cansado y con sueño, pero siempre con tiempo para escuchar….de vinos, sabía mucho…porque su padre, era un conocido catador de la Viña Macul.

Aún recuerdo el día en que fue elegido secretario del sindicato de empleados….no sabía que decir y entre los aplausos y felicitaciones de sus compañeros, fue conminado a hablar, dijo no haberlo hecho nunca en público, sin embargo, supo salir jugando.
“Bueno, yo que puedo decir, si soy más humilde que el caldo de pata que hace mi mamá. Yo soy como el vino tinto con harina que toman los mineros por las mañanas, para llenarse de fuerzas y enfrentar las diarias y duras faenas, en la extracción del carbón. Lo único que yo entiendo compañeros, que hoy son los tiempos de la unidad, de la solidaridad, de entender que si caminamos juntos; los que toman del tinto bigoteado, como los que degustan del carménere, vamos a lograr el éxito, la patria exige de cada uno de nosotros, un comportamiento responsable, que tenemos que tener clarito, que con esto de la estatización que se avecina, no seremos los nuevos dueños de la empresa, solo seremos los representantes de todos los trabajadores de Chile, que con justa esperanza, eligieron al compañero Salvador Allende.

A los que toman Carménere como mi jefe, les debo decir, que sin duda, esta es una variedad, que se ha transformado en una verdadera insignia de la vitivinicultura Chilena, sin embargo, en los últimos años, se ha convertido en la protagonista de nuevos BLENDS, ya que aporta color y suaves taninos a la mezcla con otras cepas y los resultados han sido sorprendente, por esa razón yo creo fervientemente en la mezcla, en la unidad y está en nuestros planes, plantearle a los compañeros del sindicato Industrial que veamos la gran posibilidad de crear una representación única sindical. 
Su propuesta sacó aplausos y su alusión a los vinos, fue recibida con agrado por sus compañeros y no faltó quien dijera que el discurso de Juanito, le había provocado una sed espantosa,

Cuando le preguntaron a Roberto Robles por Newton Morales y de Juan Lepe por su pasado común en la armada, contestó….”Bueno, Newton era grumete y era electricista…¿y Juanito, le preguntó otro”…Bueno, Juanito no hace ná, respondió y desde ese momento, fue bautizado así. Roberto, lo consentía y lo trataba con cariño, lo instaba a leer, a descubrir el mundo del saber..

Juntos con Roberto, trabajamos arduamente para lograr una representación única sindical, que reuniera a Obreros y empleados, para enfrentar de mejor manera los problemas que surgieran con el nuevo sistema que se avecinaba.
La primera tarea que planteamos enfrentar juntos, sería algo de interés común….
1.-Sala Cuna, para que nuestras compañeras pudieran trabajar tranquilas con la seguridad de poder cuidar y amamantar a sus hijos.
2.-Casino único para obreros y empleados.
3.-Concertar reuniones con el sindicato de la Editorial Quimantú, que en su origen se llamó, Zig zag, al pasar al área social tomó el nombre del Mapudungún, Quimantú, que significa “Sol del Saber”, planteamos la necesidad urgente de crear bibliotecas populares, para que cada trabajador pudiera optar a una biblioteca en su casa y tener todo el saber a su alcance.
Pude así, conocer de cerca a Roberto Robles y al querido “Juanito no hace ná”

Se eligieron delegados en cada sección, con los cuales nos reuniríamos cada semana, para analizar los problemas que pudieran surgir y además creamos los comités de producción.
Roberto era un poco delicado de salud y físicamente muy frágil, cada semana algo le ocurría, se torcía un tobillo o se fracturaba un brazo.

El Roberto, es como el Merlot, un vino rico, muy delicado, similar al cabernet. Tiene mala cueva mi compadre Robles, decía con propiedad “Juanito No Hace Ná”, siempre le pasa algo, no es posible tener tanta mala cueva, en cambio yo, de cabro chico, he tenido mucha suerte, por eso le digo siempre, que no se separe mucho de mi lado, que mi suerte va a alcanzar para los dos.

Un semana en que tuvimos muchos conflictos, pero que finalmente los solucionamos, gracias a la labor activa de los dirigentes sindicales, descubrimos en una sección, un sabotaje a la producción de las máquinas de telares, provocados por unos resentidos y viudos de los patrones.

Nos reunimos para analizar el conflicto que pudo haber sido de mayor gravedad, porque cuando los saboteadores fueron descubiertos, fueron en un comienzo agredidos por los trabajadores y gracias a la intervención oportuna de los dirigentes sindicales, se pudo aclarar la situación, separando de inmediato de sus labores a los saboteadores confesos y entregados a las autoridades, representados por el interventor, don Luis Quezada de la Paz.
Ya superado el conflicto, “Juanito no hace Ná”, en forma muy solemne nos dijo; Todas las bodegas tradicionales, tienen su gran Blends, solía ser el Merlot o el Cabernet, ahora cada vez más, ganan terreno, los garrafones y los matapenqueros….entendimos que los matapenqueros, éramos nosotros, los bigoteados que reemplazamos al Merlot en el conflicto con mucho éxito.

Nombramos una comisión tripartita, representada por un miembro del sindicato industrial, uno del sindicato de empleados y un representante de la autoridad administrativa, que se encargarían de proyectar la producción que crecía por dos grandes razones, el esfuerzo responsable de los trabajadores y porque pusimos en actividad la maquinaria instalada y ociosa. Eso además nos obligó a contribuir en la lucha contra la cesantía, contratando más compañeros sin empleo.

Paralelo a ese trabajo, concertamos reuniones con el sindicato de la Editorial Quimantú, para llevar a cabo nuestro proyecto de crear bibliotecas populares, la idea era que cada trabajador tuviera una pequeña biblioteca en algún rincón de la casa, de acuerdo a la disponibilidad de espacio.

Logramos convenios poco a poco, con otros sindicatos de la línea blanca y después de investigar mucho, logramos descubrir que existía una ley, que obligaba a la empresa a otorgar el 5% de las utilidades destinadas a la vivienda y que era una necesidad urgente.
Todos los logros en beneficio de los trabajadores, lo hicimos de la mano del sindicato de empleados, liderado por Roberto Robles, que siempre caminaba junto a “Juanito no hace ná”, que aseguraba que gracias a la tremenda suerte que él tenía, Roberto no se había accidentado.

Un día en que hacíamos guardia en la empresa y junto a un mate calientito, Juanito no hace ná”, nos confesó que en realidad su papá no era ni catador de vinos, ni menos enólogo, que solo era guardia que hacía turnos de noche en la viña Macul y que de tanto probar los vinitos que sobraban de las exposiciones, se había convertido en un gran experto, sorprendiendo incluso a las autoridades de la viña, cuando por ausencia del somelier encargado y ante el nerviosismo de los organizadores, el papá de Juanito, solo por sus pistolas y el conocimiento que le otorgaban los cinco años de catas nocturnas y clandestinas, y sin que nadie pudiera impedirlo, se lanzó un gran discurso.

“De acuerdo a los tiempos que vivimos y para estar adoc, debo decirles que el Merlot, es un elegante COMPAÑERO, es una mezcla digna de destacar, es la que se origina de la combinación entre el Carménere y el Merlot, aunque ambas cepas fueron confundidas durante mucho tiempo en los viñedos Chilenos. Estas dos variedades, tienen sus diferencias, pero también son muy buenos complementos…..

Fue grande nuestra sorpresa, cuando en una confesión que lo hizo llorar al recordar que a pesar que su papá había sorprendido con su desplante y conocimiento, fue castigado por sus superiores y lo cambiaron al turno de la mañana, donde ganaba menos y no se podía probar estos ricos mostos.

Mi padre, que además de probar, le gustaba leer sobre vinos, había logrado rescatar algunos libros que sus jefes dejaban prácticamente en la basura.
Así fue como yo aprendí, que para lograr un gran Blend, cada cepa debe aportar, como el Merlot, que aportaba toda su elegancia de su vino rubí intenso y profundamente aromático con sus notas frutales, especialmente las cerezas rojas, grosellas, moras y arándanos. El Carménere en cambio,. Entrega aromas más bien vegetales, a pimentón especialmente y especies como la vainilla.

“Juanito no hace Ná” nos contó de su difícil infancia y su ajetreada juventud.
Nosotros para agradecer la confianza de compartir con nosotros su secreto, le invitamos a tomar un trago, a su elección….Feliz nos dijo que él, ante cualquier copete, prefería la malta con huevo y se perdió entre las máquinas de los telares, arrastrando su viejo maletín color vino. Roberto lo miró con cariño y con tono paternal nos dijo, por eso lo quiero, por sus infantiles contradicciones y por su inocencia

Los mil días de la Unidad Popular en el gobierno, fueron intensos, había que aprender y enseñar al mismo tiempo. Cuando llegaron los días del año 1973, el tiempo no alcanzaba, siempre pendientes de las mejoras económicas de los trabajadores, pero también atentos al acontecer político que agitaba los días de los hogares, de las Industrias, de las poblaciones y del campo.

Los camioneros, encabezados por el vendido y agente de la Cía. León Vilarín, que promovía un paro nacional de camioneros financiados por el imperio y a través de Agustín Edwards, el regente del Mercurio, organizaba la entrega de dólares para mantener el paro.
Roberto Robles, con su característico optimismo, intentaba traspasar su entusiasmo a todos los trabajadores, “Juanito no hace Ná”, siguiendo el ejemplo de su gran amigo y compañero, recorría a diario cada rincón de la fábrica, inyectando entusiasmo para mantener el ritmo de la producción y explicando la importancia de la unidad y vigilancia.
Los obreros y los empleados particulares, deben mantener la unidad. Siempre las mezclas obtienen fabulosos resultados, miren uds. Que cuando se unen el Sovignon Blanc con el popular Semillón, provocan el milagro y como el tiempo no alcanzaba para asistir a la colación, en cualquier rincón encontraba su acomodo para abrir su maletín color vino y sacar una bolsita de papel donde escondía un sanguchito de marraqueta con huevo y una botella de juguito aurora que comúnmente compartía con Roberto.

Los rumores de una guerra civil, se agigantaban y los partidos de la unidad popular se preparaban para resistir un posible golpe de estado,.
Se hablaba de resistir, pero no habían armas…y a pesar de la precaria preparación y falta de logística, siempre los trabajadores estuvieron dispuestos…nuestras asambleas eran raras, se hablaba de los asuntos sindicales y de los problemas domésticos propio de los sindicatos con la agitación política y la tortuosa espera de un inminente estallido social. Pero allí estaban los trabajadores expresando su lealtad al compañero presidente, en cada concentración, agitando sus banderas de lucha y entonando las canciones que llenaban el alma y el ambiente…allí, sin falta, estaban Roberto Robles y Juanito no hace ná” que de lejos se distinguía por su maletín color vino.

Había llegado septiembre y las reuniones en la fábrica se sucedían una tras otra, era inminente un golpe de estado y los trabajadores clamaban por tener elementos para defender los lugares estratégicos en caso de agresión. Solo teníamos los deseos y la determinación absoluta de la entrega total.

El día 11 de septiembre nos despertamos más temprano, en medio de un caos total, no había comunicación con nadie, llamábamos a la CUT y no contestaban…lo mismo ocurría con los partidos políticos, solo teníamos la información que entregaba la radio y que era muy segmentada. Las labores se habían paralizado y la ansiedad crecía. Citamos a una asamblea, que sería la última, a las 10 de la mañana, cuando ya, algunos aviones surcaban el aire.
Informamos de lo poco que sabíamos y entregamos a los propios trabajadores la decisión de quedarse a defender la industria con lo que hubiera o regresar a sus casas.

La última vez que divisé a Roberto Robles, fue como a las 12 del día, que corría junto a Juanito no hace ná” hacia el interior de la fábrica…ya sabíamos de la muerte del compañero Salvador Allende, que junto a un puñado de valientes resistieron hasta el último aliento en la moneda.

En medio del desorden que provoca la incertidumbre, vi a la compañera Sandra Gonzales, secretaria del interventor, don Luis Quezada de la Paz, que trepaba al techo de la sala cuna para instalar una bandera con la esperanza incierta de proteger a los niños y mujeres en caso de ataque, que ya empezaba a disparar un helicóptero de la Fach. Que pasaba y volvía a pasar, acribillando el lugar donde estaban los niños que tuvimos que evacuar rápidamente……

Tres días después, llegó al lugar donde estábamos escondidos, “Juanito no hace ná” había envejecido, sucio y con la barba crecida, caminaba lento y encorvado, hasta su maletín parecía más viejo, se sentó sin decir nada, le preguntamos por Roberto y miró al infinito, derramando una lágrima que nos llenó de un temor frío que recorrió todo nuestro ser….
Cuando quedó la tendalá en la fábrica, nos contó con dificultad,…. cada uno apretó a refugiarse donde pudo, nosotros con Roberto, llegamos a la población la Legua, ahí junto a unos pobladores resistimos hasta donde pudimos, pero quedamos al otro lado de la plaza y nosotros necesitábamos llegar a la compañía de bomberos que está en la calle Juan Alarcón, donde se refugiaban algunos compañeros que según comentaban, se estaba organizando la resistencia.

El fuego cruzado impedía nuestro paso, tendríamos que esperar el momento…de pronto, Roberto me miró fijamente a los ojos y me dijo lo que siempre repetía, “Juanito, solo aprende a volar el que se atreve y dejó una bolsa que cargaba y corrió con la esperanza de cruzar la plaza frente a la Iglesia de San Cayetano,, al comienzo no supe cómo reaccionar, cuando intenté seguirlo, …..Roberto yacía en el suelo, con los ojos fijos mirando pal cielo, con dos balas que le atravesaron el cuello.
“Juanito no hace ná” no pudo continuar su relato, el llanto se lo impidió…al final y con la voz entrecortada, nos dijo con un chorrito de voz…se separó de mi lado un instante y esta vez la suerte no alcanzó para los dos.

Nos separamos ese día y nunca más volvimos a ver la figura desgarbada de Juanito no hace ná”…arrastrando su maletín color vino. 

(El autor es ex Presidente del sindicato Sumar Polyester)

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