Reseña de «Historia del movimiento obrero chileno», de Humberto Valenzuela

por Alejandro Valenzuela Torres

Historia del movimiento obrero chileno, de Humberto Valenzuela, recientemente reeditado por Editorial Quimantú, es una obra de combate en el sentido más riguroso del término. No se trata únicamente de un libro de historia, sino de la cristalización escrita de una vida entera consagrada a la lucha de clases. Su valor no radica solo en la información que entrega —abundante, precisa y muchas veces ausente en las historias oficiales—, sino en el punto de vista desde el cual está escrita: el de un obrero revolucionario que no observa el movimiento obrero desde fuera, sino que lo piensa desde dentro, como protagonista y como militante.

La biografía de Humberto Valenzuela resulta inseparable de su obra. Nacido en 1909 en una familia proletaria y formado desde la adolescencia en la pampa salitrera, Valenzuela encarna una generación de cuadros obreros que hicieron de la militancia una práctica vital. A los quince años ya era dirigente sindical en la oficina salitrera de Huaras, vinculado a la Federación Obrera de Chile (FOCH) y marcado tempranamente por el influjo de Luis Emilio Recabarren. De esa experiencia extrae una convicción que atraviesa todo el libro: la acción sindical, por sí sola, no basta para derrocar el capitalismo; sin partido revolucionario, la lucha obrera queda condenada a girar en el círculo de la reivindicación inmediata.

Ese hilo conductor —la necesidad de una dirección política de clase— organiza tanto su trayectoria militante como su interpretación histórica. Valenzuela atraviesa el Partido Comunista en su fase revolucionaria, rompe con la burocratización estalinista, funda junto a otros obreros el trotskismo chileno y latinoamericano, impulsa el Partido Obrero Revolucionario, participa en la construcción del MIR y, una y otra vez, vuelve a empezar tras derrotas, escisiones y persecuciones. Su vida está hecha de cárceles, clandestinidad, represión, trabajo manual y organización paciente, y esa experiencia se vuelca directamente en el libro.

Humberto Valenzuela

La Historia del movimiento obrero chileno no es, por ello, una narración neutral. Es una lectura crítica del pasado orientada a extraer lecciones estratégicas para el presente. Valenzuela periodiza el desarrollo del sindicalismo —mutualismo, sindicalismo libre, sindicalismo legal— y analiza sin concesiones el papel de las direcciones políticas, denunciando tanto la represión burguesa como las políticas de colaboración de clases. Su análisis de las mancomunales, de la FOCH, de las masacres obreras y de la evolución de los partidos de izquierda no busca cerrar el debate, sino abrirlo desde una perspectiva de clase, apoyándose en la experiencia viva del proletariado chileno.

En este sentido, la reedición del libro por Quimantú adquiere una relevancia política que va mucho más allá del rescate patrimonial. Su difusión resulta fundamental en un momento histórico en que una parte importante de la izquierda ha renunciado explícitamente a una política de clase. Atrincherada en políticas de minorías de la clase media —anticapitalismo abstracto, feminismo desclasado, antiextractivismo moral, territorialismo fragmentario—, esa izquierda repudia incluso el concepto de “clase obrera”, acusándolo de obsoleto, cuando lo que ha caducado no es la categoría sino su propia voluntad de disputar el poder.

Valenzuela demuestra, con su vida y con su obra, que la clase obrera no es una abstracción teórica ni un residuo del pasado industrial, sino un sujeto histórico cuya existencia se renueva bajo formas cambiantes del capitalismo. Negar su centralidad no es un gesto de modernidad, sino una capitulación política. Leer hoy la Historia del movimiento obrero chileno implica, por tanto, entrar de lleno en la discusión estratégica sobre la necesidad de una nueva dirección política de la clase trabajadora, anclada en la experiencia histórica, en la organización de base y en un programa revolucionario.

Por eso este libro sigue siendo —como señalaba Luis Vitale— una obra distinta: no un texto académico, sino un instrumento de lucha. Su lectura no solo ilumina el pasado; interpela directamente a las nuevas generaciones de revolucionarios, llamándolas a retomar la tradición de independencia de clase que atraviesa, con sangre y organización, la historia del proletariado chileno.