Putin y Xi forjan una nueva era euroasiática con alcance global

por Alfredo Jalife-Rahme

En medio de la inauguración de los espectaculares JJOO 2022, boicoteados por el eje anglosajón, el presidente ruso Vladímir Putin, después de haber recibido durante 3 horas al mandatario argentino Alberto Fernández, se reunió en persona con su homólogo chino Xi Jinping para conformar un G-2 que no se atreve a pronunciar su nombre.

 La extensa declaración conjunta de Rusia y China del histórico 4 de febrero resume la programática política común de la ‘Nueva Era’ de las relaciones internacionales y del desarrollo sustentable global.

El documento conjunto ostenta una introducción que resalta un nuevo orden mundial multipolar, con 4 partes subsecuentes, donde destaca la complementariedad de Rusia y China en varios rubros y que refuerzan mutuamente sus posturas respectivas en Ucrania (sin ser citada explícitamente) y en Taiwán, donde se alude, sin tampoco ser citado, el irredentismo de EEUU que cometió el grave error geoestratégico, a mi juicio, de haber acentuado —desde Obama, pasando por Trump, hasta Biden— el cada vez más estrecho acercamiento de Rusia y China a quienes hostiga simultáneamente.

Después de la seminal introducción, una joya para la nueva arquitectura pacífica global que sustenta el pluralismo ecuménico y la multipolaridad, la Parte 1 aboga que la «democracia es un valor humano universal» cuando «ciertos países» —en clara alusión al caduco orden unipolar anglosajón de EEUU y su aliada «especial» Gran Bretaña— «intentan imponer sus propios «parámetros democráticos» con visos hegemónicos que «socavan la estabilidad del orden mundial».

La Parte 2 aborda el apoyo de ambas superpotencias para el desarrollo global.

En la Parte 3, China apoya las demandas que Rusia reclamó a EEUU y a la OTAN sobre su seguridad transfronteriza en Ucrania (sin ser citada) y, por extensión, a Europa oriental, mientras que Rusia apoya la postura de China sobre Taiwán frente al bloque anglosajón tripartita del AUKUS (Australia/Gran Bretaña/EEUU). Siempre se había esgrimido la asociación estratégica de Rusia y China sin llegar al grado de una alianza. Ahora la Parte 3 deja entrever que si existe una alianza que no se atreve a decir públicamente su nombre, en referencia a los focos de tensión de EEUU en Europa oriental, Taiwán y el océano Índico. Rusia y China se oponen al irredentismo de la OTAN y a la formación de bloques de estructura cerrada en la región Indo-Pacifico.

La Parte 4 apoya a las organizaciones internacionales como la ONU, OMC, los BRICS, el G-20, el Grupo de Shanghái (SCO, por sus siglas en inglés), al bloque de 10 países del sudeste asiático (10-ASEAN) y la APEC.

Rusia y China asientan que sus nuevas relaciones interestatales son superiores a las alianzas militares y políticas de la Era de la Guerra Fría: «la amistad» entre Rusia y China «no tiene límites, no existen áreas prohibidas de cooperación, el fortalecimiento de la cooperación estratégica bilateral no está dirigido contra terceros países ni se ve afectado por el cambiante entorno internacional y los cambios circunstanciales en terceros países».  El óptimo ejemplo de su colaboración bilateral lo epitomiza su inminente exploración conjunta en la luna.

La reacción de la dupla anglosajona de EE.UU. y Gran Bretaña no se hizo esperar con la desestabilizadora fake news de Bloomberg News que inventó el mismo 4 de febrero en la medianoche de Moscú, mientras Putin se encontraba en Pekín, su deliberada alucinación sobre una «invasión rusa» que nunca fue.

Ya desde el 15 de diciembre, Roland Oliphant, Sophia Yan y Pjotr Sauer habían asentado que «Xi Jinping apoya la demanda de Vladímir Putin para que la OTAN cese su expansión oriental».

Roland Oliphant, del Daily Telegraph, arguye el mismo histórico 4 de febrero que Rusia y China ostentan «un objetivo común»: el «fin de la Pax Americana».  Oliphant comenta que «en un momento de inmensa tensión internacional», Rusia y China afirman el «advenimiento de una nueva Era geopolítica» y aduce que «de ahora en adelante, el dominio de un Occidente global encabezado por EEUU no será más dado por hecho o tolerado» cuando Rusia y China, «después de décadas de humillación, trastocarán ahora el inequitativo orden mundial de la post-Guerra Fría».

Oliphant sentencia que el «vencedor inmediato es Putin” cuando “el apoyo diplomático y económico chino deberían ser suficientes para suavizar el golpe de sanciones y su aislamiento si decide ir adelante con una invasión». Agrega que un «más estrecho alineamiento con Pekín» ayudará a Putin «a proyectar el poder ruso en lo que se está configurando será una larga y helada Segunda Guerra Fría».

Oliphant considera que «el pleno peso de China otorga mucha influencia a Moscú» en sus demandas con Occidente, mientras que «Xi gana una segura frontera norte y el conocimiento de que puede contar con el apoyo ruso en su propia confrontación incipiente con EEUU y sus aliados en el Pacífico». En forma notable, Oliphant arguye que este «nuevo eje Euroasiático» hará también imposible que EE.UU. prosiga su estrategia de reducir sus compromisos europeos con el fin de concentrarse en el Pacífico». Juzga que la «alianza» de Rusia y China «no es entre iguales» ya que «Rusia permanece como una superpotencia con alcance global, con un inmenso arsenal nuclear y un ejército efectivo y acostumbrado a la guerra», mientras que «China es de lejos la más próspera, más poblada y más poderosa de los dos».

Por lo pronto, William Schneider, hoy becario del influyente Hudson Institute y anterior subsecretario de Estado y jefe del Consejo de Ciencias de Defensa del Pentágono, emite una sonora jeremiada sobre las «armas hipersónicas de China y Rusia» que «amenazan el sistema de detección temprana de EEUU». No es ningún secreto que Rusia y China han dejado en un tercer lugar a EEUU en lo concerniente a las «armas hipersónicas».

La apertura de los Juegos Olímpicos de invierno en Pekín suele ser distractora, por lo que no fue nada gratuita la desinformación de Bloomberg News —propiedad del magnate israelí-estadounidense Mike Bloomberg, quien fue alcalde de Nueva York por los dos partidos demócrata y republicano— que inventó una invasión rusa fake. Algo parecido sucedió con la descabellada invasión del entonces presidente de Georgia, Mijail Saakashvili, quien luego optó por la nacionalidad ucraniana y hoy se encuentra encarcelado en Georgia —cuando invadió Osetia del Sur en medio de los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008 presuntamente azuzado por George Bush Jr.

Ya antes del espectacular G-2 de Rusia y China frente a EE.UU., que está quedando aislado, mientras la Unión Europea se fractura con una postura más sensata de Francia y Alemania respecto al contencioso de Ucrania, el lúcido británico Alastair Crooke —ex-espía del MI6 y diplomático en la Unión Europea como asesor del excanciller de la unión Europea Javier Solana— había diagnosticado la «debacle» de Biden y su equipo -Antony Blinken, Jake Sullivan y Victoria Nuland-, curiosamente, los 3 israelí-estadounidenses y muy cercanos al megaespeculador George Soros.

Coincidentemente, The Global Times, portavoz oficioso del Partido Comunista Chino, refiere que el atribulado Secretario de Estado de EE.UU. Antony Blinken iniciará, 3 días después del    G-2 de Rusia y China, una gira en la región Asia-Pacífico con el fin de apuntalar al cuatripartita QUAD (EEUU/India/Australia/Japón), en su «intento» de hacer retroceder la creciente influencia de China.

Desde Ucrania, hasta Taiwán/mar del Sur de China/Indo-Pacífico, pareciera que Blinken ha optado por lo que los franceses denominan una fuga hacia adelante.

Fuente: Sputnik.news.

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