Nazis ucranianos habrían matado al chileno Gonzalo Lira pero en Chile presentan el caso como una baja más de la guerra

por Paola Dragnic

Chile debe haber sido uno de los primeros países de la región que mandó decenas de equipos periodísticos a Ucrania. Un fervor inusitado, que vimos inicialmente en al episodio de Cúcuta y el ex Presidente Piñera, pero que en el caso de Ucrania duró varios semanas.

Los canales chilenos hicieron un despliegue impresionante, enviando rápidamente a sus mejores rostros hasta distintos puntos del territorio, excepto claro, a los que están en guerra hace 14 años como el DonBas. Este interés e inversión prioritaria que copó matinales, noticieros y todos los programas, se centró única y exclusivamente en dibujar la gesta heroica de Ucrania que se libera del yugo Ruso.  

No existe para la prensa chilena la decena de desaparecidos denunciados por el compatriota Gonzalo Lira que habrían sucumbido (al parecer igual que él) en manos de agentes ucranianos o de grupos nazis. No existe para la prensa chilena la guerra del Donbas, la rusofobia desatada, los crímenes en Bucha, los misiles contra Shakhtersk, las matanzas ahí ocurridas por quienes son hoy héroes de Ucrania. 

Nunca han pronunciado la palabra Azov, ni una coma para las feroces torturas que se viralizan en videos irreproducibles de violaciones de jovencitas, decapitaciones y vejaciones de todo tipo, de los heroicos patriotas. 

Solo hay historias narradas como reality de liberación nacional, con las ancianas resistentes, las hermosas ucranianas armadas hasta los dientes y los esforzados pobladores que se desarrollan en las artes de lo que en Chile se llaman “mechas” que prenden también condenas de hasta 25 años de cárcel por su uso, pero que en el periodismo chileno pro ucraniano se llaman “cóctel Molotov” de autodefensa. Hubo notas en las que vimos hasta las recetas de preparación en su versión eslava. (Tomaron nota?)

Por eso, varios pensamos que la prensa chilena, entonces inmersa en la promoción de una sola matriz de opinión, estaría en serios problemas a la hora de informar el caso de Gonzalo Lira.

Fue casi morboso pensar en cómo lo informarían. 

Durante días, la mayor parte de la prensa hizo la vista gorda sobre la denuncia de su desaparición. Hasta que medios internacionales y Revista De Frente en Chile comenzaron a presionar a la Cancillería por un pronunciamiento.

Un chileno desparecido en cualquier país del mundo que idealmente no sea Chile, suele ser un “manjarsh” de matinales que entrevistan hasta quien fuera su profesora básica en vida. Pero no. Con Gonzalo Lira nada de eso ha ocurrido, a pesar de tener una suculenta historia cultural y política que lo llevó incluso hace años, a estar en El Mercurio como “El chileno del millón de dólares”.

Y pero aún es que para informar de su desaparición, la prensa chilena lo desapareció dos veces. 

Hubo quienes pensábamos realmente en esa dificultad epistemológica que tendría la prensa nacional para informar sobre una victima ahora propia, que habría sido torturada y asesinada por quienes han sido los héroes hasta hoy. Pero no. La prensa nacional siempre nos da sorpresas:

Gonzalo Lira aparece ante los ojos de la audiencia, como un chileno desaparecido en medio del horror de la guerra, y justo antes de la historia de la anciana que murió defendiendo Ucrania.

Así como el corto de La Bestia que reduce a la maldad psicopática de una sola persona lo que en realidad fue un practica de exterminio estatal, Gonzalo Lira es presentado hoy como esos chilenos que se desaparecen en los tsunamis o los cruceros por el Sudeste asiático y que incluso reciben más atención.

No. Gonzalo Lira denunciaba los horrores del gobierno Ucraniano, incluso a pesar de haber tenido un supuesto pasado pinochetista.  Lira intentaba romper el cerco comunicacional que invisibiliza las torturas y acciones nazis de los grupos ligados a los servicios secretos del gobierno del Presidente Zelensky e incluso advirtió que pronto podría engrosar la lista.

No se cayó un avión. No le cayó un rayo. No lo despedazó un misil en medio del caos bélico. No se desplomó el edificio en el que vivía.

Lira residía en la Ciudad de Kharkov y denunciaba al gobierno de Ucrania, tan heroico para la prensa chilena. Se encargaba de aclarar qué bombardeo y qué masacre habían sido cometidas por Ucrania, como venganza, como acción de exterminio o como montaje.  Por eso, en redes lo trataban como espía ruso chileno-norteamericano. Así de delirante. Ruso porque la información es peligrosa y lo correcto era ubicarlo más como enemigo que como reportero. Chileno porque nació en ese país y norteamericano, porque obtuvo esa nacionalidad en la infancia donde vivió por largo tiempo. 

La prensa chilena tendrá que explicar en la nota del asesinato de Lira, lo que no ha explicado en horas y horas de grabaciones y emisiones dramáticas del heroísmo ucraniano.  Acción y omisión de agenda, aun cuando enviaron a los mejores periodistas y rostros con los que cuenta la televisión nacional.

Si no lo hace, simplemente cerremos las escuelas de periodismo. Ya no podemos culpar al duopolio, a la agenda setting, al 2030, al flúor del agua o a las secuelas del Covid. No podemos seguir permitiendo que nuestras mentes sean sometidas a este periodismo tosco y embrutecedor pero tan ensordesedoramente espectacular. 

Es simple y claro:  el ex marine y asesor norteamericano en ONU, Scott Ritter, en su canal de Telegram ha dicho:  “Lira ha sido secuestrado, torturado y asesinado por la Unidad Kraken parte del batallón Azov afiliado al Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU)”

Y a Lira no le habría pasado esto ni por feo, ni por pinochetista, ni por los “horrores de la guerra” así como diluido en agua. 

No. 

Le pasó POR INFORMAR!

Ahora la Cancillería deberá confirmar esta versión y los medios comunicarla tal y como es, aunque le sea difícil explicar por qué los heroicos ucranianos torturan de esta forma a colegas que hacen prensa. Ya verán cómo lo hacen. Lo hicieron con las mechas, así es que “hablamiento” no les falta. Pero que digan lo que ocurrió: lo habrían atormentado y asesinado por informar.

* Ahora Ritter ha desmentido la información que entregó. Pero esto no quita la invisibilización del caso que ha hecho la prensa chilena. La Cancillería chilena tendrá que confirmar o desmentir la denuncia.

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