Narración de Juan Navarrete: Hojas de manzano, mudanzas del tiempo

— EVOCACIÓN —  [mayo]

Una señora conjura el frío con un amargo en el borderío. Su corte son los botes cargados con manzanas, chicha en chuicos, damajuanas. Le revolotean niños abrigados en lana –acaso sus nietos- que suben y bajan. 

Mayo nos muerde otra vez los dedos; la anciana conjura el frío envuelta en luz de manzanas.

— PLEGARIA DEL VERANO — [marzo]

            En la costa de Valdivia aún es tiempo de cosecha. Se escuchan gallinas revolviendo hojas resecas bajo unas zarzamoras, mientras los moscardones aún continúan su ronda dichosa, entre las flores de los pallares. El gato de la casa te busca, te encuentra, te observa mientras cosechas, como preguntándose qué haces, y se devuelve saltando, como una liebre entre los pastizales.

            Los días se resuelven también en cualquier tarea sencilla: guardar ramas y paja para el invierno, juntar murras para un kuchen, o buscar los nidales de las gallinas, rarezas verdes y azules escondidas entre las zarzas. A veces no encuentras nada, solo hallas al gato blanco durmiendo en su propio nido, siempre uno nuevo, como si probara todas las luces y sombras, todos los lechos.

La tarde es una plegaria de hojas secas y ramillas, el murmullo paciente de breves senderos, recordando a cualquier persona. Piensas que los habitantes se merecen una vida buena y sencilla, poder apacentarse entre rondas, dormir bajo todas las luces y sombras, probar todas las frutas del verano.

En el crepúsculo los arrayanes sombreados del hualve resplandecen. Continúan cayendo frutas maduras que se encarnan en los pastos. Un par de gallinas guachas se suben a dormir a los manzanos. La quinta todavía sigue tibia, olorosa de una chicha no domesticada. 

Al anochecer llega el viento fresco de la mar para disipar tu ensueño y envolverte en otro: “fiebre impar del horizonte /voy a desatar mi suerte /llevo el pulso de un delirio azul” (Mecánica Popular, La Casa de Asterión, 2000).

Oscurece con una brisa dulzona de manzanas, disgregándose entre los pastizales.

— EXTRAÑO DULZOR DE ESTAS MANZANAS — [abril]

“Ven aquí [Cipris], hasta mí, desde Creta a este templo /puro donde hay un bosque placentero /de manzanos y altares perfumados /con incienso humeante. Aquí murmura un agua fresca entre la enramada /de manzanos, procuran los rosales /sombra a todo el recinto; de las hojas, mecidas, /fluye un sueño letárgico (Safo. Poemas y testimonios, Edición de Aurora Luque, pág. 17).

Este es mi encargo habitante: la labor de la tarde es recoger las manzanas caídas anoche, medias ocultas entre los pastizales de la quinta, antes de soltar a las gallinas. 

Me arrullo caminando sobre las hojas secas, me voy quedando en esas rondas como un niño, mi estación es cada follaje. Esta es la oración del verano habitante, su última plegaria en el crujir de las ramillas, canción de abril. Mientras, un aroma dulzón de manzanas traspasa las quintas embriagado, lento, como el espeso incienso de los antiguos templos, aletargado.

Como estos viejos manzanos que digieren el devenir en sus ramas, eres este meditado fruto del tiempo en la negra tierra, el meditado dulzor de viejos árboles que otros plantaron. Madera de esta madera eres tú, astillas de sus astillas, ¡tanta vida acontecida de la que tan poco sabes, oh mortal, eres tú! 

Extraño dulzor de estas manzanas, sabores nunca conocidos del todo, como la singular naturaleza de los extraños afectos, gustan en la rareza tan real de su pluralidad, siempre aguardando: “como la manzana dulce se vuelve roja en la rama, /alta sobre la más alta y olvidada de los cosechadores; /pero no la han dejado por olvido: es que no la pudieron alcanzar” (Poemas y testimonios, pág. 69).

¡Ah Safo divina!, ¿le alcanzaremos nosotros? 

* Titulo de un libro de Luis Oyarzún publicado en 1962.

Fotografía: Mujer en el mercado fluvial, “El Correo de Valdivia”, mayo de 1970. Recopilación del autor.

Juan Navarrete Espinoza

Licenciado en Historia UACh

San Carlos, Corral, Valdivia

17 de mayo de 2020.

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