Narración de Felipe Navarro: «Modelo»

La narración que presentamos, tomado de nuestros amigos argentinos de Borrador Definitivo, está íntimamente ligada a la pintura que sirve de portada a esta entrada. Hace algún tiempo Juan García Brun —de nuestra revista— analizó la casa junto a la línea de tren, también de Hopper, una casa cuya imagen usa Hitchcock en Psicosis como fondo de la psiquis de Norman Bates. Brun dice que esa línea de tren «no se sabe si viene o se va». Aquél texto también está salido de los márgenes, un ferrocarril de realidad entra en la inquietante atmósfera del pintor norteamericano y completa ese espíritu extraterrestre que subyace a toda experiencia humana relevante.

Volviendo a la pintura, la misma es hermana de otra en la que el bombero parece trabajar sobre la máquina expendedora y el fondo de tal acción es amenazado por un bosque oscuro, recortado contra un cielo aún celeste que se apaga. Tal imagen es el tapiz del computador en el que se escriben estas líneas. En esta otra, digamos la de Navarro, el hombre descansa ausente y una mujer —de ojos tenebrosamente ausentes— a sus espaldas se asoma desde una ventana de la estación de servicio. Puede ser que lo haga para gritarle.

Estimado Señor Edward Hopper:

Visité su exposición en el Arts Center el pasado sábado. 

Sin embargo, no le dirijo estas líneas para hablarle de pintura. No entiendo de pintura. Me importa una mierda la pintura, francamente.

Me suena haberles visto a usted y a su mujer de compras en la tienda de comestibles de David Spellman.

El mismo David fue quien me dijo que era usted un pintor famoso, y me dio su dirección. También me lo ha dicho mi jefe. 

Mi jefe es el dueño de la gasolinera que está a la salida de Eastham. Creo que incluso alguna vez les he puesto a usted y a su mujer gasolina, me parece que tienen un Buick.

Estuve viendo su cuadro Eastham Outskirts. También se ha fijado en él mi jefe. A mi jefe le gusta la pintura. Él me había hablado de ese cuadro. Por eso he ido a verlo.

El del cuadro eres tú, James, me dijo mi jefe. Un hombre con la ropa de trabajo sentado mirando la carretera y fumando junto a los surtidores. "No te pago para que te sientes a incendiar mi gasolinera, James" , me dijo mi jefe. Y me ha despedido.

Por eso el sábado fui a ver su exposición, aunque solo busqué ese cuadro para verlo.
No debía haberme pintado de ese modo, Señor Hopper. USTED NO TENÍA DERECHO A PINTARME. 

David Spellman me dio su dirección, pero mi mujer me ha hecho prometer que no me metería en más problemas de los que ya tenemos. No tengo trabajo y Jenny no hace más que llorar.

Ojalá se muera, Señor Hopper, ojalá arda su casa con usted y todos sus cuadros de mierda dentro. Muérase.
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