Marcelo Barrios vive en el fuego de la rebeldía

por Guillermo Correa

Hoy se cumplieron 32 años del asesinato del combatiente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez Marcelo Barrios. Este joven estudiante de Historia y Geografía de la Universidad de Playa Ancha, a los 22 años de edad fue ejecutado mediante un gran operativo militar de aniquilamiento montado por integrantes de la Armada de Chile, el que se llevó a cabo en la casa donde residía en esos momentos, ubicada en la Población 18 de Septiembre del cerro Yungay.

Sus familiares, compañeras, compañeros, amigas y amigos, año a año rinden  homenaje a este luchador popular no solo para mantener viva su memoria, sino también para recoger su ejemplo de vida combatiente para que las nuevas camadas de luchadores y luchadoras populares continúen adelante el proyecto de liberación por el cual Marcelo entregó su vida, orientado a la construcción de una sociedad de nuevo tipo, sin represión, sin opresión, sin injusticias, en donde se respeten los derechos de todas y todos, y al mismo tiempo se protejan y se respeten los recursos naturales y el medio ambiente.

La jornada de conmemoración se inicio a mediodía en la ex cárcel de Valparaíso con una Olla Común en donde se compartió fraternalmente un almuerzo y se realizó un intercambio de experiencias de lucha entre las y los presentes, integrantes de diversas organizaciones populares. Cabe destacar la presencia en este almuerzo de camaradería de varios compañeros víctimas de trauma ocular durante la rebelión iniciada el 18 de octubre del 2019, quienes se están articulando acá en la región para luchar contra la impunidad, exigiendo que el Estado se haga responsable de los actos cometidos por sus agentes represivos y realice todas las acciones y mecanismos necesarios que permitan alcanzar la justicia y la reparación integral de cada uno y de todos estos brutales y dramáticos casos.

Posteriormente, a las 16.30 horas se realizó un acto en la Plaza de la Resistencia (ex Aníbal Pinto) el cual se inició con una intervención de arte popular a cargo de la Compañía de Teatro “Melipillán” de Valparaíso, quienes recogiendo el ejemplo de lucha de Marcelo Barrios mostraron una obra de teatro callejero en donde trasformaron la memoria de este combatiente popular en fuego, como un símbolo de resistencia y de rebeldía.  Durante la presentación las actrices y actores se desplazaban de un lugar a otro de este improvisado escenario portando en sus manos claveles rojos y realizando distintos movimientos corporales, repitiendo en forma continua y a viva voz la frase: “¡EL FUEGO SIGUE VIVO, EL FUEGO  SÍ QUEDÓ!”, mientras uno de los integrantes que actuó de tragafuegos  se trasladaba de un lugar a otro de la plazoleta lanzando potentes llamaradas al viento.

Durante el desarrollo de esta actividad algunas compañeras y compañeros hicieron uso de la palabra para expresar:

“Estamos aquí conmemorando a nuestro querido compañero Marcelo, ese joven luchador que entregó su vida por un mundo mejor, por un país más justo, por un país solidario, por un país de todos. Ese joven es el mismo que apareció de nuevo en la revuelta de octubre, porque si a él no lo hubieran asesinado habría estado allí luchando…”

 “Soy un sobreviviente de trauma ocular y estoy representando a mis compañeros, somos 19 acá en la región, en estos momentos organizados somos seis. Nos encontramos en completo abandono de parte del Estado en todos los aspectos, desde la justicia, la salud, en todo. Vemos como la historia se repite, como la historia se cruza. Hoy nos encontramos rindiendo homenaje a Marcelo Barrios que luchó por un mundo mejor y por una democracia que nunca llegó. A pesar de todo vemos que hay una energía súper fuerte, podemos ver a la familia de Marcelo que se mantiene luchando y que lleva 32 años dando una lucha tremenda por justicia, y nosotros no queremos pasar 32 años buscando justicia, eso no lo vamos a permitir y por eso estamos acá, dando cara, sin miedo y compartiendo nuestros sentimientos y nuestras emociones con ustedes. Los llamamos a que se sumen, porque se están abriendo las calles y nos tenemos que tomar las calles nuevamente. Yo estoy acá con mucho miedo, pero igual lo hago porque tengo fuerza y estoy convencido de que todos ustedes tienen que saber lo que ha vivido la Gladys, lo que están viviendo un montón de compañeros, pero tenemos que seguir luchando para cumplir los sueños que tenía Marcelo y que nosotros también tenemos.”

Otros testimonios:

“El año 89 llevábamos un año y medio de clandestinidad, vivíamos clandestinos, luchábamos por el Frente Patriótico, mi compañera había sido detenida al interior, en la precordillera, por lo que me tocó salir de la precordillera y venirme. Llegué a Viña y recibo las instrucciones que alguien me va a recoger, todo esto en vida clandestina, y ahí veo a un joven que se acerca con todo el ímpetu y el paso decidido de un rodriguista, nos miramos, nos contactamos con la contraseña y partí con él. Estuve viviendo con él hasta comienzos de agosto, muchas conversaciones, muchas discusiones políticas, estábamos en el tiempo en que el Frente se diluía, pero nosotros estábamos en la línea de combate, de seguir a la ofensiva, como un grupo especial del Frente y Marcelo era el encargado. Yo le decía vuelve a la universidad y él me respondía que no, que la decisión era hasta vencer o morir. El día que dejó el cerro La Monja dejamos de vernos. Nosotros fuimos detenidos en Villa Alemana, Jorge Donoso y yo, que éramos los mayores del grupo que había y Marcelo era el jefe de la zona. Fuimos detenidos en un operativo en Villa Alemana y hubo fuertes enfrentamientos y Jorge Donoso cae con ocho balazos, yo recibí uno no más, después vino la tortura y ahí escuchamos que Marcelo había muerto. Yo lo sineto vivo hoy día y yo quiero destacar hoy día a su hermana, porque ella es mucho más que un rodriguista, porque nosotros duramos en la lucha como ocho años, después nos diluimos en el tiempo, pero la Gladys no se diluyó. Ella no olvida a su hermano combatiente y nos dice que no hay que dejar de luchar, como decía  Marcelo hasta vencer o morir (…) ahora me encontré de nuevo con mi pueblo, con mi gente y seguimos trabajando, aunque me tocó la cárcel, el exilio y sobreviví, pero Marcelo está más vivo que nosotros, por eso para mí es un orgullo haber marchado con él, por eso le rindo este homenaje a mi hermano”

“Es primera vez que hacemos este acto acá abajo y es interesante porque  cambia la perspectiva, y cambia más ahora que también ha cambiado el país. Varias cosas que decíamos allá arriba a veces eran miradas como nostalgias ochenteras, como quedarse pegados, insistir con cosas que ya habían sido derrotadas y claramente desde el 18 de octubre en adelante todo aquello parece que  tiene una nueva vida. En uno de los últimos de los actos allá arriba hablábamos de estos “extraños accidentes” que sufrían los sitios de memoria, que eran atacados, vandalizados, y decíamos que eran síntoma de algo que corre por abajo, en forma subterránea, un proceso de muy largo aliento que lo que son los procesos electorales (…) Hablábamos también de la importancia de la autodefensa personal y de masas y reiteramos la necesidad de insistir en ello (…) también hablábamos de la extrema importancia de que el movimiento de derechos humanos que adopte posiciones definidas de clase y abandone un discurso que le hizo mucho daño a la izquierda revolucionaria, que es el discurso del martirologio, el discurso de la victimización, el discurso de que la violencia asumida por los sectores populares pareciera que es algo extraño, extraordinario y casi ajeno a la lucha de clases(. ..) A partir del 18 de octubre ha quedado más claro que nunca que debemos recuperar determinadas praxis que pareciera que en cierta normalidad democrática fuimos abandonando. En la misma perspectiva de renovar y radicalizar el movimiento de derechos humanos, habíamos llamado la atención lo abandonado que está entre nosotros por ejemplo la Declaración de los Pueblos de Argel, ya que de alguna manera nuestra adhesión a la Declaración Universal de los Derechos Humanos nos alejaba de la perspectiva de clase que está radicada en esa otra declaración, que es la Declaración de los Pueblos (…) A Marcelo le gustaba mucho Roque Dalton, poeta salvadoreño y hay un verso de Roque Dalton que quería recordar acá “Toda piedad es cruel si no incendia algo”, y me parece que eso también es algo que está un poco en el aire, encarnado en las nuevas generaciones, “Toda piedad es cruel si no incendia algo”. Creo que eso es una de las cosas que debemos recoger de ejercicios de la memoria como este. Nosotros no estamos recordando a un compañero, a un hermano para llorarlo, estamos recordando para continuar su lucha…”

Gladys Barrios, hermana de Marcelo, al finalizar esta actividad manifestó:

“Quiero agradecerles a nombre de la familia de Marcelo Barrios. Mis padres ya no están, ellos murieron exigiendo justicia y verdad por su hijo. Ojalá hubiera habido una justicia popular, que algún día espero que llegue para tanto asesino suelto que anda en este país y se codean con nosotros torturadores, violadores, degolladores. Quiero agradecer su presencia y a invitarlos, porque cuando recordamos no solo recordamos al hermano, al esposo, al hijo, sino que también recordamos y asumimos su proyecto de lucha, eso lo levantamos. Entonces nuestro mejor homenaje es recoger el proyecto popular por el que ellos lucharon.”

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