En defensa del trotskismo: contra el centrismo y la insoportable levedad del ser de algunos intelectuales marxistas en Argentina

por Antonio Bórmida

1-Recientemente se han publicado varios artículos de una polémica entre Rolando Astarita (en adelante RA) y Matías Maiello (en adelante MM) dirigente del PTS, en relación al programa de transición. (1) Este es un capítulo más del embate de Astarita contra el P de T, que data desde hace más de 25 años. Ahora ha encontrado una nueva oportunidad para su crítica en la consigna que ha tomado la campaña electoral del PTS, “proponiendo” la reducción de las horas de trabajo.

2-Es curioso que el PTS reciba esta crítica justo cuando ha dejado en un segundo plano sus consignas directamente reformistas de campañas anteriores, por ejemplo, la que insistía en plantear que un diputado gane como una maestra, pero sigue usando slogans marketineros en lugar de consignas políticas, como en este caso, el deseo de que el FITu sea la “tercera fuerza” sin mayor especificación, a la cual después, nos referiremos.

La consigna de la campaña actual del PTS se completa agregando que esa reducción de las horas de trabajo significaría que trabajaríamos menos sin pérdida salarial y trabajaríamos todos, con un sueldo mínimo que cubra la canasta familiar. Es decir, representa en lenguaje actual la consigna del programa de transición: “escala móvil de salario y horas de trabajo”. 

3-A primera vista, pasar de una consigna reformista a una consigna transicional es un giro a la izquierda del PTS, es decir, a una consigna que, en caso de que los trabajadores se movilizaran y lucharan por ella, en su desarrollo, apuntaría contra el régimen burgués. Sin embargo, más adelante veremos los problemas que deja en evidencia la propaganda y agitación política del PTS. 

Que el eje de esa formulación, la reducción de las horas de trabajo, sea coincidente con campañas encaradas por diferentes sectores reformistas y directamente burgueses, sobre todo en Europa, o que, esa formulación limitada haya sido tomada por algún sector de la burocracia sindical aspirante a la conducción de la CGT, como el dirigente de la bancaria, Sergio Palazzo, no es una casualidad, como veremos más adelante, pero no menoscaba en principio su importancia. Esta importancia reside en que el contenido político de la consigna apunta a dar respuesta a uno de los principales flagelos a los que somos sometidos los trabajadores por el régimen burgués: el aumento de la desocupación. Pero sí deja en evidencia que la reducción de las horas de trabajo, como consigna aislada y sin más especificaciones, sin vincularla al salario y sin plantear las condiciones en que esa reivindicación puede ser conquistada, puede ser también asimilada dentro del régimen burgués.

4-Pero la crítica de Astarita (2) no se limita a la forma o a las condiciones en que la consigna es presentada por el PTS, sino que, en primer lugar, arremete contra el programa de transición en sí, ese es su eje. Y sólo en segundo lugar discute acerca de la situación política en que la agitación de esta u otras consignas transicionales es oportuna. Y al hacerlo, RA también embate contra lo que se llama el “método” del programa de transición, que tergiversa diciendo que consiste en la agitación de una sola consigna por vez.

Es decir, atribuye el origen de esta práctica de la que acusa al PTS y a los trotskistas (en general), al programa de transición y a su método, el que sería una creación del propio Trotsky, sin antecedentes en la tradición marxista o más bien en contra de ella.

5-Para apoyar su crítica, RA pretende apelar a la autoridad de Marx, Engels, Lenin (un método que el mismo RA le critica a otros), y de las Tesis sobre táctica del Tercer Congreso de la III Internacional, y a la discusión de Lenin con Bujarin sobre la revisión del programa del partido.

El método de la crítica de RA es el siguiente: Apela al “sentido común” de los militantes, a “la interpretación del marxismo como una religión”, que siempre que le conviene ha criticado, cuando se hacen referencias a los maestros fundadores del marxismo leninismo. Luego trata de establecer, sacando de contexto, amalgamando posiciones y falseando, que tanto Marx, como Engels y Lenin apoyaron la “división” o “separación” del programa máximo y el programa mínimo.  Como a Marx, Engels y Lenin no se los podría acusar de reformistas, RA trata de contraponer sus posiciones con las de Trotsky, para demostrar que Trotsky rompe la tradición marxista, que el programa y el método de Trotsky es opuesto al marxismo. Luego establece una continuidad entre Trotsky los trotskistas, para atribuir los problemas centristas de estos últimos a Trotsky. Pretende además demostrar que la división del programa en mínimo y máximo no puede ser cuestionada por reformista, sino que por el contrario esa es la verdadera tradición del marxismo representada en la posición de RA, contra la de Trotsky, la cual sería “absurda” y oportunista.

6-La posición de RA es una ruptura con el trotskismo a favor del reformismo, a partir de volver a la división del programa máximo y el programa mínimo, escondiendo el real significado de esa división. Rechazamos completamente la crítica referida al P de T, o a que Trotsky sería el responsable de la adaptación oportunista de sus epígonos centristas actuales.

Sin embargo, su crítica es correcta en relación a como utilizan los centristas que se reivindican trotskistas el “método” del programa agitando o propagandizando consignas aisladas, que sin ser parte de un sistema de consignas que le de contenido político, se transforman en vías de adaptación al régimen, o cuando no hay condiciones en la lucha de clases, en impotente agitativismo.

7-Para desarrollar esta discusión, hará falta comenzar por el principio. En primer lugar, hay que distinguir entre el programa propiamente dicho y lo que se conoce como “táctica” o “método”.

Para empezar, digamos que el programa de transición (en adelante P de T) no contiene sólo consignas transitorias. Como dice en su texto:

“La Cuarta Internacional no deja de lado el programa de las viejas “mínimas” en la medida en que hayan conservado al menos parte de su fuerza vital. Defiende infatigablemente los derechos democráticos y las conquistas sociales de los obreros. Pero lleva a cabo este trabajo cotidiano en el marco de la perspectiva actual correcta, es decir, de la perspectiva revolucionaria. En la misma medida en que las viejas y parciales reivindicaciones “mínimas” entran en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente –y esto se produce a cada paso- la Cuarta Internacional propone un sistema de reivindicaciones transitorias, cuya esencia se encierra en el hecho de que se orientarán cada vez más abierta y decisivamente contra las bases mismas del régimen burgués. El viejo “programa mínimo” queda reemplazado por el programa de transición, cuya tarea consiste en la movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria”.

RA se lanza contra el hecho de que el programa de transición reemplace al programa mínimo. Y se pregunta:

“¿Por qué desde 1914?

Trotsky explicó el abandono de la división entre programa máximo y mínimo porque, en su opinión, a partir de 1914, y a nivel mundial, la economía capitalista ya no crecía. El PT se abre con esa idea: “la premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo a su punto más alto… las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer”. Por lo tanto, ya no había posibilidad de reformas más o menos serias en beneficio de las masas. En consecuencia, seguía el razonamiento, las reivindicaciones mínimas debían combinarse con las transicionales; ya no tenía sentido diferenciar programa máximo y mínimo; esta diferencia podía ser correcta al período anterior a 1914, pero no a partir de esta fecha. Sin embargo, desde 1914 a 2021 las fuerzas productivas, a nivel mundial, han crecido. Y las masas han obtenido mejoras reformistas. ¿Con qué argumento entonces se dice que ya no tiene sentido la división entre programa máximo y mínimo?”

Vamos por partes para desenredar la amalgama con la que RA trata de establecer un argumento contra el P de T:

Dice RA: “Trotsky explicó el abandono de la división entre programa máximo y mínimo porque, en su opinión, a partir de 1914, y a nivel mundial, la economía capitalista ya no crecía. El PT se abre con esa idea: “la premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo a su punto más alto… las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. En consecuencia, seguía el razonamiento, las reivindicaciones mínimas debían combinarse con las transicionales; ya no tenía sentido diferenciar programa máximo y mínimo; esta diferencia podía ser correcta al período anterior a 1914, pero no a partir de esta fecha”.

Efectivamente, entre 1914 y 1938 se sucedió la primera guerra mundial hasta 1919, un crecimiento ficticio para absorber la desmovilización de las tropas al final de la guerra, la depresión de los años ’30, la recuperación keynesiana, una nueva crisis en el 37-38, y los preparativos para la segunda guerra, como último recurso de la burguesía imperialista para salir de la crisis, dirimiendo por la fuerza de las armas quien sería el imperialismo hegemónico. Pero RA no se pronuncia acerca de si esa posición era correcta o no.

Trotsky al igual que Lenin caracterizaron la época imperialista como una época de decadencia y descomposición capitalista, época de crisis guerras y revoluciones. En ese marco el programa de transición, como método, es un programa para la época, lo mismo que sus principales consignas, aunque, en el mismo sentido que dice Engels cuando se refiere al programa de transición del Manifiesto Comunista, deba ser actualizado.

Y acá viene el razonamiento espurio de RA:

“Sin embargo, desde 1914 a 2021 las fuerzas productivas, a nivel mundial, han crecido. Y las masas han obtenido mejoras reformistas. ¿Con qué argumento entonces se dice que ya no tiene sentido la división entre programa máximo y mínimo?”

¿Qué significa esto? Veamos la situación entre 1914 y 1938 para cuando Trotsky escribe el programa. ¿Acaso los marxistas revolucionarios los bolcheviques leninistas deberían haber enfrentado la primera guerra mundial la gran depresión y la segunda guerra armados sólo de un programa mínimo para la acción? ¿Así que el balance que hace RA después de dos guerras mundiales es que las masas han obtenido mejoras reformistas? Inclusive sobre la finalización de la guerra hacia 1945 hubo situaciones críticas con levantamientos de masas, en las que el stalinismo intervino para estabilizar a favor del acuerdo con las potencias imperialistas vencedoras.

¿Qué pasó después? Efectivamente, a partir de la enorme destrucción de fuerzas productivas durante 30 años de 1914 a 1945, y habiendo definido la segunda guerra un imperialismo como dominador exclusivo, se dieron las condiciones para que hubiera un período de expansión de las fuerzas productivas, que se conoció como boom económico, y que abarcó aproximadamente unos 20 años entre 1948 y 1968. En ese período, sí es verdad que en los países desarrollados centrales y en algunos países semicoloniales “las masas” obtuvieron mejoras reformistas, sobre todo en Europa con el llamado “estado de bienestar”. Aunque fue el factor predominante de ese período y ocurrió gracias al pacto de Yalta y Postdam entre EE-UU, Inglaterra y la URSS, no fue una situación lineal, ya que en los 50 estalló la guerra de Corea, se produjo la revolución china, la revolución cubana, y en Africa hubo varias guerras de liberación de las colonias de los imperialismos debilitados por la guerra.

¿Por qué habría dejado de tener sentido, entonces el programa de transición?, si “no deja de lado el programa de las viejas reivindicaciones mínimas en la medida en que hayan conservado al menos parte de su fuerza vital”, es decir, que todavía estén planteadas en el orden del día para determinadas situaciones y países.

Entre el 68 y 74 se produjo una nueva crisis en el sistema imperialista mundial, que en América Latina dio lugar a la imposición de dictaduras sangrientas para aplastar al movimiento de masas que venía en ascenso y a su vanguardia radicalizada.

Tras la derrota yanki en Vietnam, recién a partir de los ’80 hubo una recuperación de esa crisis debido a que, con la ofensiva “neoliberal”, el imperialismo pudo imponer una mayor explotación a los trabajadores, y una mayor exacción a las semicolonias, con lo que se recuperó la tasa de ganancia de la burguesía mundial. Tras las crisis generales del 82 y del 86, la derrota para la clase obrera mundial que significó restauración del capitalismo en los ex Estados Obreros burocráticos le permitió al imperialismo primero recuperarse y luego un importante crecimiento en base principalmente a las inversiones en China. Pero, ese desarrollo del que habla RA, no fue lineal, ni uniforme, ni continuado, y además se asienta en las derrotas de la clase obrera. No se trata de un período de crecimiento orgánico, como en el período del capitalismo joven o maduro. Esto queda en evidencia con la sucesión de crisis en países y regiones durante toda la década de los ’90, hasta la crisis asiática de 1997, la crisis general llamada de las “punto com” del 2000-02, y la crisis de 2007-09 que todavía continuaba con un estancamiento declinante y entrando en una nueva recesión cuando estalló la pandemia y empujó a la economía a la depresión. Pero como dijo Trotsky “Mientras exista el capitalismo, las oscilaciones cíclicas son inevitables. Las mismas acompañarán al capitalismo en su agonía de muerte, de la misma forma que lo acompañaron en su juventud y en su madurez” (3). Y que mientras el capitalismo viva tendrá “pulso”, pero los latidos no son iguales en la juventud que en la vejez. De allí que no se pueda comparar de ninguna manera el “crecimiento débil”, sostenido con un altísimo endeudamiento de los Estados, prácticamente un estancamiento, con el período del capitalismo progresivo, todavía joven o entrando a su madurez preimperialista.

Por otra parte, RA hace una interpretación errónea de como Trotsky plantea el problema de la crisis capitalista, ya que nunca Trotsky formuló ninguna ley suprahistórica de estancamiento permanente. Trotsky adhiere a la teoría marxista de la (tendencia decreciente de la tasa de ganancia (TDTG), es decir, a la que indica que el crecimiento de las fuerzas productivas (FFPP) terminan “chocando” con las relaciones de producción capitalistas y provocando el derrumbe de todo el sistema en una crisis general, en el marco del desarrollo desigual de las potencias imperialistas. Sin embargo, este límite del capitalismo imperialista se puede “correr” para adelante en base a los elementos contrarrestantes de la TDTG, que operan por medio de la lucha de clases y por medio de la extensión de la base en la que rigen las relaciones capitalistas, por ejemplo, la ampliación del mercado mundial a partir de la restauración capitalista que abarcó a una parte considerable de la humanidad.

Para citar solo un ejemplo que desmiente la acusación de que Trotsky tenía la idea de un estancamiento permanente de las fuerzas productivas aportamos esta cita, entre tantas:

“Me parece que el defecto principal del informe del camarada Varga es la naturaleza abstracta, no sólo de la exposición, sino también de su contenido. El planteó esta cuestión: están desarrollándose o no las fuerzas productivas del capitalismo; y tomó en consideración la producción mundial de los años 1900, 1913 y 1924 calculada para Norteamérica, Europa, Asia y Australia. Sin embargo, esto no es relevante para resolver la cuestión de la estabilización del capitalismo. No se puede medir la situación revolucionaria en esta forma. Se puede medir la producción mundial, pero no la situación revolucionaria, porque la situación revolucionaria en Europa, en las condiciones históricas actuales, está determinada en un grado importante por los antagonismos entre Europa y Estados Unidos, y dentro de Europa misma -interrelaciones entre la producción alemana y la inglesa, la competencia entre Francia e Inglaterra, etc.-.  Como mínimo, las bases económicas de estos antagonismos determinan la situación revolucionaria en una forma inmediata. Que las fuerzas productivas han crecido en los EE.UU. en los últimos 10 años, está fuera de toda duda. Tampoco podemos cuestionar el hecho de que las fuerzas productivas en Japón han crecido durante la guerra y están creciendo ahora. También crecieron y continúan creciendo en la India. ¿Y en Europa? En Europa, no están creciendo ni en general ni en su conjunto. Por lo tanto, la cuestión básica se resuelve no calculando la producción, sino por medio de un análisis de los antagonismos económicos. El meollo de la cuestión es éste: EE.UU. y, en parte, Japón, están empujando a Europa a un callejón sin salida, no dejándole ningún mercado para sus fuerzas productivas, que fueron solamente en parte rejuvenecidas durante la guerra”. (4)

Ahora la crisis que se arrastra desde por lo menos el 2007, se refleja en los crecientes antagonismos internacionales entre EEUU, dividido internamente al igual que Europa, China y Rusia; en la lucha de clases en general y en particular en los levantamientos populares ocurridos en América Latina.

¿Cree RA que, en la situación actual deberíamos actuar en la lucha de clases, en esos levantamientos, con el programa mínimo?

8- Luego trata de establecer la idea de que, tanto Marx, como Engels y Lenin aprobaban la división entre programa mínimo y máximo, sin especificar épocas históricas, ni condiciones de tiempo y lugar, para contraponer esa falsedad con la formulación de Trotsky, planteando la idea de que Trotsky rompe con la tradición de Marx, Engels y Lenin.

Ahora veamos, en qué consiste el primer programa comunista formulado por Marx y Engels: el Manifiesto Comunista. Como el mismo RA reconoce, allí no se trata de ningún programa mínimo, sino de un programa máximo y un programa de transición.

Bajo el subtitulo El programa transicional en Marx y Engels, en su primera nota crítica RA escribe:

“Hasta donde alcanza mi conocimiento, el programa de transición fue presentado por primera vez por Marx y Engels en El Manifiesto Comunista. Se trata de medidas para impulsar a la clase obrera hacia la abolición de la propiedad privada, hacia el socialismo. Entre ellas, la expropiación de la propiedad de la tierra; el establecimiento de impuestos fuertemente progresivos; la abolición de la herencia; la confiscación de la propiedad de los emigrados y enemigos de la revolución; la centralización del crédito por el Estado y de todos los medios de transporte; el trabajo obligatorio para todos. Lo fundamental es que este programa fue concebido para ser aplicado por la clase obrera desde el poder: “la primera etapa de la revolución obrera es la constitución de la clase obrera en clase directora, la conquista del poder público por la democracia”. El programa tenía sentido entonces en conexión con la toma del poder por los trabajadores”.

Por supuesto que el P de T tiene sentido en conexión con la toma del poder, porque sólo se puede “aplicar” por medio de la dictadura del proletariado. Y porque es un programa para la revolución socialista, no para la conquista de la república burguesa o para su reforma. Es por eso que Trotsky ubica al programa de transición como “Una serie de medidas transitorias que corresponden al estadio del capitalismo monopolista y a la dictadura del proletariado con una sección referente a los países coloniales y semicoloniales… Corresponde a aquella parte del Manifiesto Comunista de Marx y de Engels que ellos mismos calificaron de anticuada. Es sólo parcialmente anticuada; parcialmente es muy buena y debe ser renovada en esta conferencia”. (5)

Por eso podemos decir desde ya que, la formulación de un programa de transición lo ubica a Trotsky mucho más cerca de la “tradición” marxista, que a RA con su insistencia en la división entre programa máximo y mínimo.

Hay que aclarar que el MC, así como no hace ninguna referencia al programa mínimo, tampoco explicita ningún “método” de agitación relacionado con el programa. Solo están formulados los principios comunistas y el programa de transición. Por eso cada vez que se quiere establecer cuál era “el método” o la táctica” para la acción en el movimiento de masas sostenida por Marx y Engels se debe recurrir a otros textos. Tampoco el “método” está contenido en el texto del programa sino en comentarios posteriores, pero estos, en su mayoría, son “actas” de discusiones entre los dirigentes trotskistas, por lo que para poder comprenderlos hay que tomarlos de conjunto y no de manera aislada o sacando frases de contexto. Pero si de verdad se quiere entender el “método” que plantea Trotsky hay que leer los principales textos escritos para orientar la intervención política en los países en los que se desarrollaban las situaciones más candentes de la lucha de clases: España, Alemania, Francia.

9- ¿Por qué en el Manifiesto Comunista no hay una división entre programa máximo y mínimo, si como sostiene RA esa sería la tradición marxista?

El Manifiesto Comunista es un programa para la revolución socialista, que para Marx y Engels debía comenzar en los países “maduros”, es decir, en los cuales había ya un suficiente desarrollo de las fuerzas productivas, y como mínimo ya predominaba en la estructura económica burguesa, la gran industria. En el año que fue escrito (1848), esas condiciones solo existían en Inglaterra y parcialmente en Francia.

La división de programa máximo y programa mínimo, surge de la necesidad de tener un programa para intervenir en las revoluciones burguesas que ocurrían en los países de desarrollo burgués atrasado. Es así que, ni bien se terminó de constituir la Liga de los Comunistas, y a poco de formularse aquel primer programa comunista, Marx y Engels junto a los obreros revolucionarios de la Liga (en su mayoría obreros alemanes provenientes de la Liga de los Justos) se dirigen físicamente a Alemania para intervenir en la revolución que allí había estallado. Entre las primeras circulares escritas por Marx como dirigente de la Liga, se destaca la “Circular de 1850”, en la que luego de que, por la propia experiencia descartara la posibilidad de una revolución dirigida por la burguesía (esta había pactado con la monarquía en la Asamblea Constituyente de Francfort), plantea la posibilidad de que la pequeñoburguesía urbana sea la clase dirigente, que asuma la tarea de la conquista del poder.

Es para Alemania, como país de desarrollo burgués atrasado, que se formula por primera vez no solo un programa dividido en máximo y mínimo, sino una estrategia de revolución en etapas, aunque formulando una táctica para una lucha ininterrumpida entre ellas. Aunque hay que decir, que el programa mínimo de la Circular era un programa democrático revolucionario, a lo jacobino, y a la necesaria etapa de un poder encabezado por la pequeñoburguesía, Marx la consideraba tan breve y vinculada a la revolución obrera francesa, que allí aparece por primera vez el concepto de “revolución permanente” planteado por Marx.  

10-Es decir, la división entre programa máximo y programa mínimo se plantea como una necesidad sólo para países de desarrollo burgués atrasado, en los cuales era inevitable una etapa de revolución democrática burguesa previa a que estuvieran dadas las condiciones para plantear una revolución socialista.

Siguiendo esta concepción materialista, es que Lenin va a plantear también la necesidad de que en Rusia hubiera una revolución democrática burguesa antes de que se pudiera plantear la tarea de luchar por la revolución socialista.

Tal como lo explica en “Dos tácticas de la socialdemocracia”, escrito en 1905:

“Anotemos, en fin, que, al fijar como tarea del gobierno provisional revolucionario la aplicación del programa mínimo, la resolución elimina con ello las absurdas ideas semianarquistas sobre la realización inmediata del programa máximo, sobre la conquista del Poder para llevar a cabo la revolución socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y de organización de las grandes masas del proletariado (condición subjetiva, indisolublemente ligada a la objetiva) hacen imposible la liberación completa inmediata de la clase obrera”.    

¿Qué tiene que ver ese programa mínimo con la situación actual del capitalismo en la época imperialista?

11-El programa mínimo que planteaba Lenin, era tan radical y jacobino como el que formulaba Marx para Alemania. Y planteaba la misma alianza de clases: la pequeñoburguesía y el proletariado. Solo se diferenciaba en que en Rusia la pequeñoburguesía revolucionaria era el campesinado (no la urbana) y que el proletariado podría acceder al poder junto con el campesinado para instaurar un gobierno provisorio que sería la dictadura democrática de obreros y campesinos.

El programa mínimo de la socialdemocracia rusa tenía tres consignas fundamentales: la nacionalización de la tierra, las ocho horas de trabajo y la República burguesa, que se conquistaría por medio de la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Si no es para una separación de la revolución en etapas históricamente necesarias, como era para el caso de Alemania en 1848 o en Rusia a principio del siglo XX ¿qué sentido puede tener la división y separación de los programas mínimo y máximo? Acaso el señor Astarita, que insiste tanto con esa división ¿piensa que hace falta una revolución por etapas, que primero hay que luchar con un programa mínimo por la república burguesa, o por la Asamblea Constituyente dentro del régimen burgués para democratizarlo, como propone el PTS de Maiello y muchos otros partidos del centrismo y oportunismo que se reivindican trotskistas?

A diferencia de como la plantea el PTS y otros centristas y oportunistas, la Asamblea Constituyente que planteaba la resolución de los partidarios de Lenin se formulaba como una conquista democrática como consecuencia de la insurrección contra el Zar:

Se diferenciaba claramente de “la burguesía liberal, que expresa sus deseos por boca de los jefes del llamado ‘partido constitucional demócrata’, no exige el derrocamiento del gobierno zarista, no propugna la consigna de gobierno provisional, no insiste en las garantías reales para que las elecciones sean completamente libres y justas, para que la asamblea de los representantes pueda ser efectivamente de todo el pueblo y efectivamente constituyente” (6). Como ya sabemos, esta posición era apoyada por los mencheviques.

En cambio, Lenin planteaba que: “El proletariado revolucionario, por cuanto está dirigido por la socialdemocracia, exige el paso completo del Poder a la Asamblea Constituyente, tratando de conseguir con este fin no sólo el sufragio universal y no solo la completa libertad de agitación, sino, además, el derrocamiento inmediato del gobierno zarista y la sustitución del mismo por un gobierno provisional revolucionario”.(7)

Es decir, el sistema de consignas que constituía el programa de acción inmediato propugnado por Lenin se articulaba así:

Derrocamiento revolucionario del Zar; gobierno provisional revolucionario de obreros y campesinos que convoque una Asamblea Constituyente apoyada en el pueblo en armas. ¿Alguien ha visto un programa así formulado, entre las organizaciones centristas y oportunistas que se reivindican del trotskismo?

Ese era el programa mínimo de Lenin, antes de febrero de 1917. Estaba formulado para la revolución democrática, porque las condiciones objetivas eran inmaduras para levantar directamente el programa y la estrategia de la revolución socialista.

12- RA nos quiere engañar como hacen los stalinistas y los reformistas, para establecer la idea de que no hay continuidad entre el bolchevismo y el programa de transición trotskista, insistiendo con la cantinela de que los bolcheviques movilizaron a las masas con tres consignas mínimas: paz, pan y tierra. ¿Cómo puede afirmar que, al mismo tiempo que el bolchevismo levantaba con las Tesis de abril un programa transicional y una estrategia para la revolución socialista, movilizaba a las masas ¡con un programa mínimo!?

Que el programa para un país atrasado (como era la Rusia de 1917) contenga consignas mínimas y democráticas está dentro de la dinámica de la revolución y su carácter permanente.  Otra cosa es decir la falsedad de que la revolución rusa se hizo agitando sólo consignas mínimas.

Un poco al pasar, como para exponer el método de la “crítica” de RA digamos que mientras que ahora dice que “en 1917 los bolcheviques conquistaron el poder agitando tres demandas propias del programa mínimo, paz, pan y tierra”. (*en 1917 los bolcheviques conquistaron el poder agitando tres demandas propias del programa mínimo –paz, pan y tierra-, pero vinculando su realización a la conquista del poder por los soviets.) En 1996 afirmaba que “Evidentemente, en las vísperas de la toma del poder Lenin no planteaba movilizar en torno a consignas mínimas (casi no hay huelgas reivindicativas en Petrogrado y Moscú, entre febrero y octubre), sino en torno a la consigna de “todo el poder a los soviets”, explicando que el resto de las demandas se efectivizarían a partir de la toma del poder. También plantea en varios escritos de 1917 la realización parcial (subrayado en el original) de las consignas transicionales (el control obrero, la toma de tierras, la obligación de trabajar), pero para que se hagan cargo los soviets, NO como demandas a la burguesía y a su Estado; y por supuesto, encaminadas todas a la toma del poder, porque siempre insiste que su realización será precaria, limitada, hasta que no se haya derrotado el poder de la burguesía. (8)

13-Como ocurre permanentemente en todo el curso del desarrollo de su “crítica” RA omite, en su “relato” polémico con Maiello, lo que no le conviene explicar porque va en contra de su posición. 

Se olvida que las Tesis de Abril, no tienen conexión directa tanto con el grado de ascenso expresado en la revolución de febrero, como con la experiencia práctica que había demostrado que el campesinado fue incapaz de sostener una posición independiente y cedió el poder a la burguesía, apoyándola luego el gobierno provisional burgués. Como RA no puede negar que las Tesis de Abril, siendo un programa y una estrategia para instaurar la dictadura del proletariado, contenían un programa transicional, le atribuye como fin “impulsar la movilización hacia la abolición de la propiedad privada, una vez que se hubiera tomado el poder”.

Pero veamos lo que dice en su “critica al P de T”:

Allí escribe RA: “Siguiendo una definición de Lenin, podemos decir que las reivindicaciones mínimas son aquellas que, en principio, no cuestionan la propiedad privada capitalista ni su Estado [68]; por ejemplo, son demandas mínimas el aumento de salarios, la libertad de los presos políticos, el derecho al voto, e infinidad de otras exigencias de las masas explotadas y oprimidas [69]. En cambio, el objetivo de la toma del poder, las medidas de socialización y las proyecciones de transformación social profunda dan forma a los programas máximos. Las consignas transicionales entran en el esquema del programa máximo. Fueron formuladas en manifiestos o tesis estratégicas (las veremos en el Manifiesto Comunista y en las «Tesis de Abril») para impulsar la movilización hacia la abolición de la propiedad privada, una vez que se hubiera tomado el poder. Fueron pensadas para preparar la transición al socialismo; aunque no son socialistas, son incompatibles con la sociedad capitalista. Entre las más conocidas están el reparto de las horas de trabajo hasta acabar con la desocupación, sin disminución salarial; la obligación de trabajar; la anulación de la propiedad privada de la tierra [70]; la anulación del derecho de herencia; la abolición del secreto comercial y el control obrero de empresas; la nacionalización de la banca y grandes monopolios y su puesta bajo el control obrero”. (9)

Ra que califica varias veces de “absurdo” el “método transicional” de Trotsky, piensa que los trabajadores llegarían a conquistar el poder movilizándose por demandas que el capitalismo está en condiciones de otorgar. ¿De donde surgiría, entonces, en la conciencia de los trabajadores la necesidad de armarse para enfrentar el aparato represivo del régimen burgués, incluyendo por supuesto a las FFAA, y conquistar el poder, si las reivindicaciones por las que luchan pueden ser conquistadas en el marco del capitalismo?

En las Tesis de Abril podemos ver que, aunque los bolcheviques eran una minoría, contrariamente a lo que recomienda RA, desarrollaban una “explicación paciente” dirigida a las amplias masas planteando que los Sóviets de Diputados Obreros son la única forma posible de gobierno revolucionario y propugnando la necesidad de que todo el poder del Estado pase a los Sóviets de Diputados Obreros. ¿Para qué? Para aplicar el programa de las Tesis de Abril, que se completa en el artículo de Lenin “La catástrofe que nos amenaza…”, con la “Nacionalización de los consorcios, es decir, de las asociaciones monopolistas más importantes de los capitalistas (consorcio del azúcar, del petróleo, del carbón, metalúrgico, et.)”, Sindicación obligatoria (es decir, agrupación obligatoria) de los industriales, los comerciantes y los patronos en general, y con la abolición del secreto comercial.

14- También las Tesis de abril planteaban tareas internas al partido y entre otras, la “reforma del programa mínimo, ya anticuado”.

Pero de aquí RA introduce otra falsedad para desprevenidos, diciendo que, en 1917, cuando se discutía la revisión del programa del partido, Lenin quería mantener la “división” del programa mínimo y el máximo, induciendo la idea que la posición de Lenin de entonces se contrapondría con la de Trotsky, cuando la realidad es que a lo que Lenin se oponía era a la posición de Bujarin que directamente quería eliminar el programa mínimo (10), mientras que Trotsky, que calificaba la posición de Bujarin como “una caricatura” de la revolución permanente, estuvo de acuerdo con Lenin.

Si RA reconoce que la polémica de Lenin iba dirigida contra Bujarin, si no es pretendiendo amalgamar posiciones, para qué escribe cantidades de párrafos señalando que Lenin estaba en contra de “suprimir” la división del programa mínimo y el máximo, queriendo contraponer esa afirmación con el concepto planteado por Trotsky en el P de T, si está muy claro que Bujarin lo que proponía no era suprimir la división entre ambos programas, sino directamente eliminar el programa mínimo, mientras que en el P de T se aclara perfectamente para cualquiera que sepa leer, que ¡¡¡no deja de lado las reivindicaciones mínimas!!! E inclusive tiene dos apartados, uno para los países atrasados y otro para los países fascistas, en los que las reivindicaciones mínimas para el primer caso y las democráticas para el segundo mantienen una gran importancia.

15-Como dice el P de T: “La socialdemocracia clásica, que operaba en una época de capitalismo progresivo, dividió su programa en dos partes independientes una de otra, el programa mínimo, que se limitaba a reformas en el marco de la sociedad burguesa, y el programa máximo, que prometía la sustitución del capitalismo por el socialismo en un futuro inmediato. Entre el programa mínimo y el máximo no había ningún puente”. El P de T no elimina el programa mínimo, pero va dirigido contra la socialdemocracia que durante y después de la guerra sigue sosteniendo una posición reformista. Por eso Trotsky presenta al P de T, como ese puente para llevar la conciencia de las masas proletarias a entender la necesidad de la conquista del poder.

Debemos repetir lo que está escrito en el P de T:“La Cuarta Internacional no deja de lado el programa de las viejas reivindicaciones “mínimas” en la medida en que hayan conservado fuerza vital. Defiende infatigablemente los derechos democráticos y las conquistas sociales de los obreros. Pero lleva a cabo este trabajo cotidiano en el marco de la perspectiva actual correcta, es decir, de la perspectiva revolucionaria. En la medida en que las viejas y parciales reivindicaciones “mínimas” entran en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente –y esto se produce a cada paso- la Cuanta Internacional propone un sistema de reivindicaciones transitorias, cuya esencia se encierra en el hecho de que se orientarán cada vez más abierta y decisivamente contra las bases mismas del régimen burgués”. 

¿Qué sentido tendría la “división de programa mínimo y máximo, sino es para una revolución por etapas o para desarrollar una política reformista adaptada al régimen burgués? ¿RA considera que estamos todavía en una época de capitalismo progresivo?

Nuevamente RA insiste con el método de querer contraponer a Marx y Engels con Trotsky. Su lógica plantea que, si Marx y Engels escribieron y apoyaron los programas tradicionales del Partido Obrero Francés y el Programa de Erfurt de la socialdemocracia alemana, si Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht​ militaron con ese programa, ¡cómo criticar la división del programa máximo y mínimo, o calificarla de reformista! RA omite que RL y KL militaron en el ala izquierda de la socialdemocracia con críticas a la creciente influencia reformismo de Bernstein, y rompieron con la socialdemocracia para adherir a la III Internacional. Y que criticaron el programa reformista, justamente cuando la guerra terminó con el período de crecimiento orgánico del capitalismo.

“Aquí tenemos, camaradas, las bases sobre la cual se construye el programa que adoptamos hoy día oficialmente y que pudo verse en proyecto en el folleto: ¿Qué quiere la Liga Espartaco? Estas bases se encuentran en oposición consciente con las posiciones definidas en el programa de Erfurt, en oposición consciente contra la separación de las “pretensiones mínimas” inmediatas de la lucha política y económica de una parte, y de un programa máximo, el objetivo final del socialismo, por la otra. En oposición consciente con esta manera de ver del programa de Erfurt, liquidamos los resultados de los últimos setenta años de desarrollo y, en particular, los resultados inmediatos de la Guerra Mundial, declarando: ahora, no hay para nosotros ni programa máximo ni programa mínimo; el socialismo es una sola y misma cosa; es el mínimo que debemos realizar hoy día [¡Bien, bien!]. [Rosa Luxemburgo] (11)

16-Respondiéndole a Maiello que también hace referencia a la posición arriba planteada por Rosa Luxemburgo, RA contesta:

“El discurso de RL en la fundación del PC de Alemania se da en el contexto de una revolución en desarrollo. Con la revolución de noviembre de 1918 (el “febrero” de 1917 ruso) habían surgido consejos de obreros y campesinos, la crisis era mayúscula, existía el antecedente inmediato de la toma del poder por los bolcheviques, y las masas estaban movilizadas. Por eso, el programa que propone RL está concebido en la perspectiva “de la realización inmediata del socialismo” (de la revolución socialista)”.

El de 1919 es entonces un programa para una revolución inminente, o en curso –por eso RL lo compara con el Manifiesto Comunista. Pero Maiello nos lo presenta como el modelo del programa revolucionario desde 1919 en adelante, ya que en él no figura la división entre programa máximo y mínimo”.

Tal parece que RA no acepta la tesis leninista que a principios del siglo XX se inició una nueva época en el desarrollo del capitalismo. Así como tampoco acepta la teoría trotskista de la revolución permanente, según la cual la economía mundial está en su conjunto, madura para el socialismo. Y que el programa general deberá responder a esas condiciones objetivas. Es por eso que el Manifiesto Comunista no es un programa para una revolución inminente, sino para una época de revolución socialista. Como dice Trotsky “Los autores del manifiesto pensaban que el capitalismo podría tirarse a la basura mucho antes de que se transformara de régimen relativamente reaccionario en régimen absolutamente reaccionario. Esta transformación sólo ha terminado de configurarse ante los ojos de la generación actual, y ha hecho de nuestra época una época de guerras, revoluciones y fascismo”. Es decir, lo que está planteado para la época, es el programa de la revolución socialista, no el programa de la revolución democrático-burguesa ni un programa mínimo para la reforma de un capitalismo progresivo. La división entre programa mínimo y máximo, no tiene sentido pues, porque las consignas mínimas y democráticas (por ejemplo, la Asamblea Constituyente) no “coronan” una etapa históricamente necesaria de la lucha de clases, sino que por el contrario son incidentales y episódicas.

El programa debe expresar “una visión clara y honesta de la situación objetiva”, “de las tareas históricas que de ella se desprenden”. Eso no quita que el sistema de consignas que constituye el eje de la política del partido revolucionario, deba adaptarse según las distintas situaciones de la lucha de clases, ya que obviamente no es lo mismo la situación del movimiento de las masas proletarias después de una derrota contrarrevolucionaria, a la de un ascenso pre o revolucionario. Porque el objetivo de la política es acercar el factor subjetivo, es decir la conciencia de la clase obrera, a las condiciones planteadas objetivamente, hasta que lleguen a la comprensión de la necesidad de que deben conquistar el poder para desarrollar la revolución socialista. Las masas trabajadoras sólo pueden llegar a esta conclusión mediante su movilización, mediante su experiencia práctica. No como piensa RA, con un programa mínimo que no excede el marco del régimen burgués y sólo con la crítica al capitalismo y propaganda. Obviamente que, en una situación de derrota o reacción, pueden predominar en la política del partido, las consignas mínimas y democráticas. Pero el propio RA hace un tiempo no descarta que aún en período de chatura de la lucha de clases las consignas transitorias pudieran ser propagandizadas:

“Otra cosa es que el partido “levante” el programa de transición ante las masas. En mí crítica al Programa de Transición y en artículos de Bandera Roja o en volantes, explicamos muchas veces que el proletariado en el poder tomará medidas transicionales. Pero esto no es lo mismo que decir que debamos salir a agitarlas hoy ante las masas para que se movilicen por ellas, sino para hacer propaganda. Incluso en 1917 el partido bolchevique utilizó las consignas transicionales en los dos sentidos: por un lado, para que las masas, desde los soviets, las pusieran en práctica en muchos lugares, parcialmente; pero, en segundo término, como explicación de que haría el proletariado apenas tomara el poder para sacar a Rusia de la catástrofe económica y social…El programa de transición puede “tener sentido” para la educación revolucionaria, pero “no ser aplicable” –más que muy parcialmente y en condiciones de doble poder- antes de la dictadura del proletariado; sólo esta puede aplicar el programa de medidas transicionales”. (de la Respuesta al Grupo Trotskista Causa obrera, 1996. No reproducimos la parte en que RA nos bastardea y nos trata de estúpidos porque no coincidíamos con su “crítica”, a un pequeño núcleo de cuadros medios que recién se constituía después de la ruptura-expulsión del MAS y la LIT morenistas).

Como vemos el señor Astarita se ha “perdido entre tres pinos”.

Sobre el método

17-El programa debe expresar las tareas objetivas que debe cumplir el proletariado desde el poder. No el atraso de la conciencia del proletariado. Es un instrumento para superar ese atraso.

El programa que se adapte al atraso en conciencia de los trabajadores será sin duda un programa oportunista.

Por eso una cosa es el programa que plantea las tareas que llevaran adelante los trabajadores desde el poder, y otra cosa es cómo llevar el programa a los obreros. Eso lo hacemos a través de la política, que incluye un sistema de consignas y las tácticas correspondientes a la situación.

Pero el programa no sólo es una guía para la acción, es decir para la intervención en la lucha de clases, sino una guía para las tres tareas permanentes del partido: agitación, propaganda y organización.

Es decir, del programa desprendemos un sistema de consignas que, dependiendo de la situación política, tendrán un carácter más agitativo o más propagandístico, pero siempre con el sentido de buscar movilizar a las masas.

18-El método del P de T tiene como antecedente inmediato la tesis sobre táctica de la III Internacional.

Aunque RA, lo niegue, haciendo como el tero: “Ni siquiera en el Cuarto Congreso de la IC, en el que más se discutió de táctica, asomó siquiera la política basada en la agitación transicional que defendería luego Trotsky”. Veamos que dice la Tercera Internacional:

Los partidos comunistas sólo pueden desarrollarse en la lucha. Aun los más pequeños de los partidos comunistas no deben limitarse a la simple propaganda y a la agitación. Deben constituir, en todas las organizaciones de masas del proletariado, la vanguardia que demuestre a las masas atrasadas, vacilantes, cómo hay que llevar a cabo la lucha, formulando para ello objetivos concretos de combate, incitándolas a luchar para reclamar la satisfacción de sus necesidades vitales, y que de ese modo le revele la traición de todos los partidos no comunistas. Sólo a condición de saber colocarse al frente del proletariado en todos los combates y de provocar esos combates, los partidos comunistas pueden ganar efectivamente a las grandes masas proletarias para la lucha por la dictadura. Toda la agitación y la propaganda, toda la acción del Partido comunista deben estar impregnadas de la creencia de que, en el terreno del capitalismo, no es posible ningún mejoramiento duradero de la situación de las masas del proletariado, que sólo la derrota de la burguesía y la destrucción del Estado capitalista permitirán trabajar para mejorar la situación de la clase obrera y restaurar la economía nacional arruinada por el capitalismo. Pero esa creencia no debe llevarnos a renunciar al combate por las reivindicaciones vitales actuales e inmediatas del proletariado, en espera de que se halle en estado de defenderlas mediante su dictadura. La socialdemocracia que ahora, en momentos en que el capitalismo ya no está en condiciones de asegurar a los obreros ni siquiera una existencia de esclavos satisfechos, presenta el viejo programa socialdemócrata de reformas pacíficas, reformas que deben ser realizadas por la vía pacífica en el terreno y en el marco del capitalismo en quiebra, esta socialdemocracia engaña a sabiendas a las masas obreras. No solamente el capitalismo durante el período de su desintegración es incapaz de asegurar a los obreros condiciones de existencia algo humanas, sino que también los socialdemócratas, los reformistas de todos los países, prueban diariamente que no tienen la menor intención de llevar a cabo ningún combate por la más modesta de las reivindicaciones contenidas en su propio programa…

…es preciso tomar cada necesidad de las masas como punto de partida de luchas revolucionarias que en su conjunto puedan constituir la corriente poderosa de la revolución social. Los partidos comunistas no plantean para este combate ningún programa mínimo tendiente a fortalecer y a mejorar el edificio vacilante del capitalismo. La ruina de este edificio sigue siendo su objetivo principal, su tarea actual. Pero para cumplir esa tarea, los partidos comunistas deben plantear reivindicaciones cuya realización constituya una necesidad inmediata y urgente para la clase obrera y deban defender esas reivindicaciones en la lucha de masas, sin preocuparse por saber si son compatibles o no con la explotación usuraria de la clase capitalista. Los Partidos comunistas deben tener en cuenta no las capacidades de existencia y de competencia de la industria capitalista, no la fuerza de resistencia de las finanzas capitalistas sino el aumento de la miseria que el proletariado no puede y no debe soportar. Si esas reivindicaciones responden a las necesidades vitales de las amplias masas proletarias, si esas masas están compenetradas del sentimiento de que sin su realización su existencia es imposible, entonces la lucha por esas reivindicaciones se convertirá en el punto de partida de la lucha por el poderEn lugar del programa mínimo de los reformistas y centristas, la Internacional comunista plantea la lucha por las necesidades concretas del proletariado, por un sistema de reivindicaciones que en su conjunto destruyan el poder de la burguesía, organicen al proletariado y constituyan las etapas de la lucha por la dictadura proletaria, cada una de las cuales, en particular, sea expresión de una necesidad de las grandes masas, aún si esas masas todavía no se ubican conscientemente en el terreno de la dictadura del proletariado. En la medida en que la lucha por esas reivindicaciones abarque y movilice a masas cada vez más grandes, en la medida en que esta lucha oponga las necesidades vitales de las masas a las necesidades vitales de la sociedad capitalista, la clase obrera tomará conciencia de que, si quiere vivir, el capitalismo debe morir. Esta comprobación hará surgir en ella la voluntad de combatir por la dictadura. (12)

19-Otro ejemplo de la continuidad entre la III Internacional y programa transicional del trotskismo, es el programa de acción para los sindicatos aprobado en el mismo III Congreso de la IC, que combina consignas mínimas con la supresión del secreto comercial; piquetes de autodefensa y el control obrero de la producción.

Pero RA sigue maniobrando y falsificando. En la crítica al P de T (1999) dice:

“…las consignas transicionales -salvo la nacionalización de los medios de producción-están concebidas para agitarse sin especificar qué relación guardan con la toma del poder. Si bien el texto reconoce que no pueden lograrse plenamente bajo el capitalismo [78] (13), en la agitación esta condición no se hace explícita.

Y ahora para respaldar su posición trae como referencia la crítica de Engels a Heinzen:

“… si esas medidas transicionales se relacionan “con una situación pacífica, burguesa… están destinadas a sucumbir”. […] hay que explicar que las medidas transicionales “solo son posibles porque detrás de ellas está todo el proletariado puesto de pie, apoyándolas con las armas en la mano”. De faltar esas condiciones son quimeras de reformadores sociales, posiblemente bienintencionados, pero impotentes”.

Pero es mentira que esa cita, la mencionada con la llamada 78, sea la única referencia a la relación entre las consignas transicionales y el poder.

En el subtítulo “La expropiación de distintos grupos capitalistas”, dice en el punto 4 “Enlazamos la cuestión de la expropiación con la de la toma del poder”.

En el subtítulo “Expropiación de la Banca privada y estatización del sistema de créditos”, dice “Sin embargo, la estatización de los bancos sólo producirá estos resultados favorables si el poder estatal mismo pasa por completo de manos de los explotadores a mano de los trabajadores”.

En el subtítulo “Soviets” dice: “Ninguna de las reivindicaciones transitorias puede realizarse plenamente en las condiciones de mantenimiento del régimen burgués”.

20-Como RA no encuentra otro punto de apoyo, tiene que recurrir a la crítica de Engels a Heinzen de quien Engels decía: “El Sr. Heinzen es un antiguo liberal… uno de los hombres más ignorantes de este siglo… Nunca antes ningún partido había criticado a los comunistas de manera tan estúpida y obtusa como lo hace Heinzen… En Suiza trabó amistad con el savant sérieux1(el gran sabio o gran erudito) Ruge, quien le enseñó la poca filosofía que sabe, que consiste en un batiburrillo de ateísmo y humanismo feuerbachiano, reminiscencias de Hegel y alguna frase retórica de Stirner”. (14)

¿Esta es la persona con la que compara a Trotsky para criticarlo?

Engels critica a Heinzen porque: “En lugar de estudiar la situación de Alemania, haciéndose una idea general de ella y deduciendo a partir de ahí qué progreso, qué desarrollo y qué pasos son necesarios y posibles; en lugar de adquirir una clara visión de la compleja situación de cada clase en Alemania en relación con las demás y con gobierno y deducir qué política hay que seguir; en resumen, en lugar de adaptarse al desarrollo de Alemania, el Sr. Heinzen exige bruscamente que el desarrollo de Alemania es el que tiene que adaptarse a él”.

¿En qué país, puede afirmar RA que Trotsky hizo algo igual? Y ¿en qué momento Trotsky plantea la “agitación” del programa de transición para situaciones pacíficas, para que le quepa la crítica de Engels a Heinzen?

21-El P de T no es un listado de consignas inconexas, que se agitan aisladas unas de otras. RA omite que la consigna de “soviets” y gobierno obrero y campesino “coronan” el P de T y como dice en este último subtítulo: “Cada una de las reivindicaciones de transición debe conducir, por tanto, a una misma y sola conclusión: los obreros tienen que romper con todos los partidos tradicionales de la burguesía para establecer, junto con los campesinos, su propio poder”.

Ra deforma y saca de contexto para que encaje en sus argumentos, y dice: “Por eso, cuando habla del reparto de las horas de trabajo y la escala móvil de salarios, el PT explica que ante las objeciones sobre la «imposibilidad» de lograr esta demanda los militantes deberían responder que todo dependía «de la correlación de fuerzas».

Con ello trata de vincular la posición de Trotsky sobre esta consigna, con la crítica de Engels a Heinzen, ya que en el P de T se estaría planteando que una consigna que sólo es realizable con los trabajadores en el poder, se podría realizar en el marco del régimen burgués y en una situación pacífica, dependiendo de una relación de fuerzas cualquiera, como si se tratara de una huelga. Y esta es una posición oportunista.

Pero en el P de T dice:<<La cuestión no está en una colisión “normal” entre intereses materiales opuestos. … Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen inevitablemente de las calamidades generadas por el mismo, dejémosle perecer. Lo “realizable” y lo “irrealizable” es en este caso una cuestión de relación de fuerzas que sólo la lucha puede resolver. Por medio de esta lucha y al margen de cuáles sean los logros prácticos inmediatos, los obreros comprenderán mejor la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista.>> (15)

La consigna planteada en el P de T no se relaciona con cualquier situación normal, pacífica, sino con una en la que hay una crisis que provoca desocupación, caída de salarios y en la que además se prepara la segunda guerra mundial que estallará al año siguiente. ¿De qué situación pacífica habla RA?

Tal como explica Trotsky: “Estamos en un período de capitalismo declinante, de crisis que se vuelven cada vez más tempestuosas y terribles, de una guerra cercana. Durante una guerra los trabajadores aprenden muy rápidamente. Si dices, esperaremos, miraremos, y luego haremos la propaganda, entonces no seremos la vanguardia, sino la retaguardia”. (16)

Por otro parte, el señor RA ha escrito: “Pero el pasaje que cité de Lenin, con el que estoy de acuerdo, dice que las medidas transicionales las toma, es decir, las aplica, el proletariado desde el poder. Agreguemos que algunas de estas medidas Lenin consideraba que podían ser aplicadas parcialmente por los soviets, por el poder de las masas, como preparación de la insurrección. Pero la esencia del asunto no cambia, porque siempre están ligadas al poder; en este segundo caso, al doble poder…” (17)

Es decir, que RA al reconocer que las consignas de transición pueden aplicarse, aunque fuera parcialmente en el período de doble poder, es decir, antes de que los trabajadores conquisten el poder, reconoce que se pueden aplicar según “la relación de fuerza” necesaria para imponerlas. Ese es su único significado.

No creo que RA desconozca la discusión de Lenin cuando se elaboraba el programa socialdemócrata ruso, acerca del rescate de la tierra, en el cuál Lenin planteaba confiscar las tierras de la corona y la nobleza terrateniente sin pagar rescate, cuestión que era rechazada por Plejanov porque lo consideraba irrealizable. A lo que Lenin contesta: “lo realizable o irrealizable es una cuestión de relación de fuerzas”, en el mismo sentido que plantea Trotsky:

“Como principal argumento contra esta reivindicación, ante todo se nos dirá, probablemente, que es irrealizable. Si esa objeción viene respaldada únicamente por frases contra el “revolucionarismo” y la “utopía”, diremos de antemano que semejantes frases oportunistas no nos asustarán lo más mínimo y no les concederemos la menor importancia… Haremos observar tan sólo que esta reivindicación no se presenta independientemente, sino que forma parte de la reivindicación de apoyar al campesinado en la medida en que es revolucionario. El problema de la forma concreta y la fuerza con la que habrán de manifestarse estos elementos del campesinado, lo ha de decidir la historia. Si cuando se dice que unas reivindicaciones son “realizables” no se entiende su correspondencia general con los intereses del desarrollo social, sino su correspondencia con el conjunto de las condiciones económicas y políticas existentes en ese momento, tal criterio es totalmente erróneo, como lo ha demostrado Kautsky de un modo convincente…ningún socialdemócrata ha propuesto limitar sus reivindicaciones al estrecho marco de lo que es posible en el momento dado y en las condiciones dadas. (18)  

22-Cuando RA reconoce la validez de la propaganda del P de T ante las masas, y para que no quede duda hace referencia a “volantes”, está reconociendo que entre la agitación y la propaganda hay un tercer plano, que nosotros llamamos agitación propagandística. En las conversaciones del P de T entendemos que Trotsky se refiere a esto cuando plantea preparar “la voluntad de las masas mediante la propaganda” y también Lenin cuando en abril de 1917 llamaba a “explicar pacientemente”. No es una propaganda como cursos para la vanguardia con muchas “ideas”, sino es una propaganda del programa de acción, que gira alrededor de un eje de agitación articulado en un sistema que le otorgue pleno sentido y contenido.

23-Trotsky nunca plantea la agitación de una consigna sola, siempre insiste en que del programa hay que destacar un “sistema de consignas” adecuado a la situación política. Exige su explicación paciente o “popularización” entre las masas, antes de que pueda transformarse directamente en acción. Esa explicación paciente puede adoptar la forma de “campaña”. Y aunque esta campaña pueda partir haciendo eje en una consigna, esta no está aislada, sino articulada en un sistema, que se irá desenvolviendo a medida que se desarrolle la campaña y el diálogo con sectores de la clase trabajadora.

Pero ya que RA quiere apoyarse en discusiones orales de Trotsky, en lugar de hacer un balance de conjunto de sus posiciones escritas sobre los principales acontecimientos revolucionarios o prerrevolucionarios de ese período (sus escritos sobre España, Alemania y Francia), le vamos a recordar una de esas conversaciones:

“…hemos de tener un programa de reivindicaciones transitorias, la más acabada de las cuales es un gobierno obrero y campesino. Nosotros estamos por un partido, por un partido independiente, de las masas trabajadoras, que tome el poder del estado. Debemos concretarlo: estamos por la creación de los comités de fábrica, por el control obrero de la industria a través de los comités de fábrica…Hemos de desarrollar este programa paralelamente a la idea del partido obrero en los sindicatos y a la de la milicia obrera.

…este programa de transición surge de las condiciones actuales de la sociedad capitalista, pero conduce inmediatamente más allá de los límites del capitalismo. No se trata de un programa mínimo reformista, que jamás ha incluido la milicia obrera o el control obrero de la producción”.

(19) 

24-Entonces: ¿Qué es el programa? Una guía para la acción. ¿Y cuáles son las tareas y acciones que desarrolla un partido? Agitación, propaganda y organización, obviamente en el marco de la intervención directa en la lucha de clases y enfocadas en pos de la lucha por el poder, pero adaptadas a la situación política.

Como dice el P de T: “La tarea estratégica del período próximo –período prerrevolucionario de agitación, propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones revolucionarias objetivas y la inmadurez del proletariado y su vanguardia (desconcierto y desánimo de la vieja generación, inexperiencia de la joven). Es necesario ayudar a las masas, en el proceso de su lucha cotidiana, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa socialista de la revolución. Este puente debe contener un sistema de reivindicaciones transitorias, que partan de las condiciones actuales y de la actual conciencia de amplias capas de la clase obrera y conduzcan invariablemente a un solo resultado final: la conquista del poder por el proletariado”.

Ese sistema de consignas o “programa de acción”, se desprende del programa general y se corresponde con la situación política. No con una consigna aislada, sino solo a través de un sistema es que puede adquirir contenido ese programa de acción. Junto con las tácticas, esto constituye la política del Partido.

25-Y esta concepción surge de la comprobación práctica de que las masas no aprenden por “diligencia escolar”, por medio de la propaganda sola, que aprenden por su experiencia en la lucha, y que por lo tanto hace falta un programa de acción tendiente a movilizar a las masas. ¿Para qué? Para que a través de su experiencia avancen en su conciencia y entiendan la necesidad de tomar el poder. El programa debe cumplir esa función, llevar a las masas a esa comprensión, servir de puente entre sus necesidades actuales y la necesidad de tomar el poder para resolver esas necesidades. RA desconoce la necesidad de la política, de la acción del partido para movilizar a las masas. Estas pueden llegar espontáneamente a una situación revolucionaria, pero el partido que no tratara de movilizar a las masas y se quedara esperando el estallido espontáneo, no podría aspirar a ser nunca su vanguardia ni su dirección. 

26-Todo esto RA lo desconoce porque, o nunca ha emprendido seriamente la tarea de construir una organización para llevar a la práctica sus posiciones revisionistas del trotskismo y el leninismo, o ha fracasado rotundamente en sus intentos. (Quizás está esperando que los obreros lo vayan a invitar para dirigir una internacional como hicieron con Marx para la fundación de la I Internacional).

Pero el problema es que los “obreros” influenciados por RA (como, por ejemplo, Beto Pianelli y Carlos Ghioldi) han buscado como dirigentes a burócratas como Yaski y dirigentes políticos como CFK, transformándose ellos mismos en burócratas.). No es que RA no tiene estrategia, ni siquiera tiene praxis. El problema es que RA no es un dirigente político, ni un constructor de partido, sino un intelectual ofendido con aquellos que no lo reconocen y no aceptan sus posiciones.

Con el desparpajo de quien en su casa tiene espejos de madera, RA Pregunta:

“ ¿alguien puede citar, aunque sea un caso en que esta táctica haya tenido éxito?

…¿Dónde resultó exitosa? La respuesta es que en ningún lado. ¿No es hora de sacar un balance, de explicar qué ocurre con esta política?”

¿Cómo puede exigir entonces algún balance a otros? ¿por qué no empieza por hacer un balance de cómo le ha ido a él con la “táctica” que defiende? (por ejemplo, con un Balance de la Liga Marxista y la LSR que alguna vez integró junto a Jorge Guidobono).

Los centristas

27-Entonces se vuelve muy pertinente la pregunta de MM: ¿a quien va dirigida la crítica de RA?

Lo que dice RA presentado como “critica” al P de T es un mamarracho caricaturesco.

En cambio, es muy acertada la crítica de RA, si es dirigida a los centristas que se reivindican trotskistas.

El método que critica RA no es el de Trotsky ni el del P de T. Es el método del PTS y otros.

Nunca relacionan el eje de agitación con la necesidad de tomar el poder, como plantea Trotsky permanente y consecuentemente.

Por eso la “agitación” de la campaña electoral, nunca se transforma en un puente que lleve a la conclusión de la necesidad de la toma del poder.

Y menos que menos se planteó como tarea, en un principio, la organización para luchar por esta consigna, sino solo como propuesta que los diputados llevarían al Parlamento. Y cuando esto ocurre, cuando presentan un “proyecto” de ley, ni siquiera plantean que es para ayudar a que los trabajadores hagan la experiencia, para que terminen de romper con las ilusiones democráticas y parlamentarias, sino que, al revés, las cimientan.

Veamos lo que escribe Maiello:

“En Argentina el Frente de Izquierda viene planteando la perspectiva de reducir la jornada laboral y repartir las horas de trabajo para combatir el flagelo del desempleo y la precarización, pelear por una jornada de 6 horas diarias, sin afectar el salario y asegurando un ingreso mínimo acorde a la canasta familiar, “repartir las horas para trabajar todas y todos”. Por otro lado, ahora hay proyectos de ley que plantean algún tipo de reducción de la jornada laboral presentados demagógicamente por sectores sindicales del Frente de Todos como Sergio Palazzo y Hugo Yasky, sin estar dispuestos a llamar a ninguna lucha por ello, como es de esperar para quienes son parte de la escandalosa tregua frente al ajuste del gobierno”.

En realidad, no es así. El PTS no viene levantando esa consigna, aun cuando ya estaba planteada por la realidad objetiva, sino que la incorpora recién ahora en la campaña electoral. Probablemente sea la consecuencia de los impulsos burgueses de un capitalismo mundial en crisis, como explica Anino, en una nota publicada hoy 29/8 en IDI:

“El debate sobre la reducción de la jornada laboral está instalado no solo en Argentina, sino que los propios gobiernos capitalistas lo impulsan en distintas geografías: los ensayos más difundidos recientemente son los de Islandia y el Estado Español. El debate emerge de la propia realidad de un capitalismo mundial en crisis, con creciente desigualdad en la distribución de la riqueza, con una distribución irracional de las horas de trabajo y con desempleo crónico. Existe un terreno fértil en el que se debaten las posibilidades de su realización, las formas de su implementación y los métodos para su conquista”.

Por otra parte, recién ayer en un spot de campaña aparece una referencia que vincula la reducción de la jornada laboral con algún tipo de lucha, aunque es mala, ya que en lugar de plantear como eje la organización independiente de los trabajadores, parte de la “exigencia” a la burocracia sindical, que el propio Maiello dice que no están “dispuestos a llamar a ninguna lucha por ello, como es de esperar para quienes son parte de la escandalosa tregua frente al ajuste del gobierno”.

Lo que brilla por su ausencia, es la referencia a la necesidad de instaurar un gobierno de trabajadores para que la formula transicional de esa consigna puede sostenerse, como dice Anino:

“Bajo estos requisitos, la reducción de la jornada laboral y el reparto de las horas de trabajo exigen, no solo, obviamente, una lucha organizada de la clase trabajadora, sino que incluso su conquista parcial, hará necesario un control de los trabajadores en los lugares de trabajo para evitar las previsibles maniobras patronales. La conquista duradera y generalizada, necesariamente, planteará la lucha por un gobierno de trabajadores”. (20)

Anino, balbucea tímidamente a cuenta del PTS y en una nota de la revista teórica, pero esta vinculación entre la necesidad de instaurar un gobierno de trabajadores y la plena ocupación con salarios que cubran las necesidades elementales no se encuentra en sus spots de campaña y en las largas entrevistas a Myriam Bregman, que generosamente le conceden los medios, en los cuales resalta particularmente que no es antisemita, no vayan a perderse los votos de los judíos porteños. Tampoco ha desaparecido del todo la preferencia de las consignas reformistas como las que plantea de manera oportunista Del Caño para que, “contra los privilegios” de la “casta” gobernante, los diputados cobren como una maestra. Peor el reemplazo marketinero de las consignas políticas por un slogan de campaña que aparece poniendo en el centro una necesidad del aparato político: ser tercera fuerza, sin distinciones de clase con los otros dos frentes patronales, sin explicar en pos de que estrategia. A lo sumo y con poca energía se repite la letanía “para fortalecer las luchas”.  

La consigna del gobierno de trabajadores aparece “para los días de fiesta”, sólo a veces, en las campañas electorales y no justamente en primer plano. Pero cuando despunta una crisis el gobierno de los trabajadores desaparece de la escena y aparece la sacrosanta Asamblea Constituyente, que ahora ha retomado con énfasis también Altamira como eje de su campaña.

Ubiquemos esta línea política, que para el PTS es una estrategia universal, por lo menos para los países semicoloniales, y veamos qué carácter tiene esta consigna y como se “agita”. La Asamblea Constituyente es una institución de carácter burgués. ¿Cómo puede ser entonces la estrategia de poder del programa de una organización que se reivindica trotskista? Tampoco puede sostenerse que sea una consigna transicional, sino que claramente se trata de una consigna democrática. Y como dice el propio P de T, estas consignas son incidentales y episódicas, es decir, nunca pueden tener un carácter estratégico, ni pueden constituir una etapa independiente de la revolución.

El P de T dice que tiene importancia en países como China o India, es decir, en un país colonial (India) o uno semicolonial bajo una dictadura militar (China). Pero, para que esa consigna democrática pueda cumplir un rol progresivo en la movilización de las masas, la consigna de AC no puede agitarse sola, sino como la planteaba Lenin bajo el Zar: Solo puede ser libre y soberana una AC que sea fruto de la insurrección, convocada por un gobierno obrero y campesino, y apoyada por el pueblo en armas. Pero el PTS, ni en la propaganda plantea ese sistema de consignas, que es el único que le puede dar un contenido progresivo, sino que a lo máximo dice que la AC se puede conseguir con la movilización y sobre las ruinas del régimen. Y justamente en varios países cuando el régimen está en ruinas y hay una gran movilización ocurre que la burguesía saca de la manga de los reformistas la AC para desviar el movimiento, sacándolo de la vía insurreccional para llevarlo a la vía muerta de las elecciones dentro del régimen burgués.

El problema del PTS no es tanto el agitativismo y menos de un programa transicional. Incluso desde la constitución del FIT, su programa no contiene ninguna referencia sobre qué hacer con las fuerzas armadas y el aparato represivo.  El PTS que se especializa en Clausewitz y da catedra de estrategia militar, ¿cómo es que ni siquiera aclara su posición respecto a ese punto?

Pero es característico del centrismo petesiano, defender algunas posiciones correctas en el plano teórico, hablar de la estrategia revolucionaria en densos libros, o hacer una defensa en general más o menos correcta del P de T, como en esta polémica, pero en la práctica tener una política oportunista, adaptada a la legalidad parlamentaria.

Notas

1) Los artículos de la polémica intercambiados entre Rolando Astarita y Matías Maiello se pueden leer en el Blog de Rolando Astarita y en la página web de Ideas de Izquierda respectivamente.

2) Programa de transición, respuesta a crítica del PTS.

3) Flujos y reflujos (25 de diciembre de 1921)

4) Sobre la cuestión de la “estabilizacion” de la economía mundial (Discurso del camarada Trotsky sobre el informe del camarada Varga) 25 de mayo de 1925

5) P de T, pág. 86, Ediciones Crux.

6) Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, pág. 1

7) Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, pág. 1

9) Respuesta al Grupo Trotskista Causa Obrera, 1996.

10) Crítica al P de T pág. 16, Ediciones Crux.

11) Sobre la revisión del programa del partido, Lenin, OC, Tomo XXVI, pág. 137, editorial Cartago.

12) Nuestro programa y la situación política. Discurso en el Congreso de fundación del Partido Comunista Alemán (Liga Espartaco)-KPD(s)”. Rosa Luxemburgo, 31 de diciembre de 1918.

13) 3er Congreso de la IC, Tesis sobre Táctica; 5. Combates y reivindicaciones parciales.

14) En la llamada 78 dice: «Ninguna de las reivindicaciones transitorias puede ser completamente realizada con el mantenimiento del régimen burgués».

15) Los comunistas y Karl Heinzen, octubre de 1847.

16) P de T, pág. 36, Ediciones Crux.

17) P de T, pág. 101/102, Ediciones Crux.

18) Respuesta al Grupo Trotskista Causa Obrera, 1996.

18) Lenin, OC Tomo IV, editorial Cartago, “Proyecto de programa de nuestro partido” pág. 246

19) P de T pág. 96/97.

20) Reducción de la jornada laboral y trabajo para todes: claves debate, Pablo Anino.

(Tomado de Causa Obrera)

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