Los BRICS y Palestina: ¿Nuevos amos o un nuevo mundo?

por Manuel Medina

Durante años nos han estado repitiendo una historia bastante simple: el mundo estaba dividido en dos grandes bandos durante la Guerra Fría, luego  se disolvió la URSS, y Estados Unidos quedó como el gran jefe del planeta. Todo lo demás parecía girar a su alrededor: guerras, economía, cultura, hasta las modas. Pero últimamente esa historia empezó a sonar vieja.

  ¿Y si ya no hay un solo jefe? ¿Y si estamos entrando en una etapa donde varios países tienen el poder de decidir, de influir, de marcar el rumbo del mundo? A eso algunos lo llaman “multipolaridad”, y lo venden como si fuera una oportunidad de oro: un mundo más justo, más equilibrado, donde no haya un solo matón en el barrio.

   Pero la gran pregunta es: ¿eso es cierto? ¿O estamos frente a una nueva versión del mismo guion de siempre?

EL RELATO DE LA MULTIPOLARIDAD: ¿HAY UN NUEVO ORDEN MUNDIAL?

    La multipolaridad suena bien, claro. En teoría, sería un sistema mundial en el que varios polos de poder compiten o colaboran entre sí. Ya no habría un único imperio global (como EE.UU. después de 1991), sino varias potencias influyentes: China, Rusia, la Unión Europea, India, quizás Brasil o incluso Sudáfrica, según a quién le preguntes.

   Quienes defienden esta idea sostienen que este nuevo equilibrio de poderes es una forma de frenar los abusos del imperialismo norteamericano. Dicen: si EE.UU. ya no puede hacer y deshacer a su antojo, entonces hay más espacio para que otros países respiren, para que el Sur Global tenga más voz,para que la soberanía nacional no sea solo una palabra bonita.

    Pero… ¿es así como funciona en la práctica? El documento cuya lectura sugerimos encarecidamente a los lectores,  pone el dedo en la llaga: no todo lo que brilla es oro. Porque muchas veces, detrás del discurso de la multipolaridad, lo que hay son nuevas potencias emergentes que desean ocupar el mismo sillón imperial, con métodos quizás distintos, pero con intereses muy parecidos.

¿QUIÉNES SON LOS NUEVOS «POLOS«? ¿QUÉ QUIEREN?

    Pensemos en China. Hoy en día es la segunda economía del mundo, tiene acuerdos comerciales con medio planeta, inversiones por todos lados y un ejército que no para de crecer. Su estrategia se apoya en lo que llaman “La Nueva Ruta de la Seda”, un megaproyecto para conectar Asia, África y Europacon infraestructura financiada por bancos chinos. ¿Ayuda? Sí. Pero también genera dependencia económica.

    ¿Y Rusia? Bueno, después del colapso soviético, pasó años en crisis, pero desde la llegada de Putin al poder comenzó a recomponerse. Hoy vuelve a meter mano en varias regiones, sobre todo en Europa del Este, Asia Central y Medio Oriente. Invade, negocia, presiona. ¿Es eso tan distinto del imperialismo estadounidense?

     Lo mismo ocurre, en menor escala, con otros países como India, Turquía o Brasil. No se trata de que estos Estados estén luchando por acabar con el sistema desigual global. No. Están buscando mejorar su lugar dentro de él, volverse actores más importantes, sin necesariamente cambiar las reglas del juego.

MULTIPOLARIDAD NO ES SINÓNIMO DE ANTICAPITALISMO

    Y este punto es central: que existan varios polos no quiere decir que el sistema haya dejado de ser capitalista. El problema no es solo quién domina, sino qué modelo de sociedad impone. En este caso, el modelo es el mismo: un mundo organizado en función del beneficio privado, donde los Estados más fuertes imponen condiciones, donde la riqueza se concentra y las mayorías quedan siempre en la cuerda floja.

    Por eso, aunque el poder ya no esté tan concentrado en una sola superpotencia, la estructura básica de explotación y dominación sigue intacta. Un mundo multipolar donde todos los polos compiten por los recursos, los mercados, la influencia… no es un mundo más justo. Es solo una partida de ajedrez entre grandes jugadores, y los peones, como siempre, somos los pueblos del Sur.

GUERRAS, CONFLICTOS Y CAMBIOS EN LAS FORMAS

    La guerra en Ucrania es un buen ejemplo de todo esto. Algunos dicen que es una guerra por la soberanía de los pueblos. Otros la ven como una reacción legítima de Rusia al avance de la OTAN. Pero lo que no se puede negar es que es un conflicto entre dos modelos de dominación imperial: uno que se viste de “democracia occidental” y otro que se presenta como “defensor del orden multipolar”

    Al final, los que mueren en el frente y los que sufren el hambre y los bombardeos no son los oligarcas de Moscú ni los banqueros de Wall Street, sino la gente común.

    Lo mismo pasa en África, donde potencias como Francia, China, Rusia o EE.UU. compiten por el control de recursos estratégicos. ¿De verdad crees que alguno de ellos está ahí por solidaridad? No, están porque hay uranio, petróleo, coltán, diamantes. La multipolaridad no trajo paz ni justicia. Trajo una competencia más feroz y más disfrazada.

¿Y LATINOAMÉRICA? ¿UNA OPORTUNIDAD O UNA NUEVA TRAMPA?

    En nuestra región, muchos gobiernos progresistas miran con esperanza a este mundo multipolar. Están hartos de las imposiciones del FMI, de las amenazas de Washington, de los chantajes de siempre. Ven en China o en Rusia posibles aliados para tener algo de oxígeno, para salir del ahogo económico y diplomático.

    Pero el texto que hemos resumimos insiste: cuidado con las falsas ilusiones. Porque si no se cambia la base del modelo económico, lo único que cambia es el patrón. Te quitas a  los a EE.UU. de encima, y pones  como sustituto a China. 

    Y quizás el discurso, en efecto, el discurso  sea más amable, pero las condiciones de deuda, dependencia tecnológica o extractivismo son las mismas. Si seguimos exportando materias primas, si seguimos endeudándonos, si seguimos sin soberanía alimentaria ni industrial, seguimos atrapados en la misma jaula, aunque cambie el carcelero.

 ¿ESPOSAS NUEVAS, JAULAS VIEJAS?

    La multipolaridad no es, por sí sola, garantía de un mundo más justo. Puede parecer que estamos saliendo del dominio unipolar estadounidense, pero lo cierto es que muchos de los nuevos polos no quieren derribar el sistema, sino acomodarse mejor dentro de él.

    Es como si en una partida de Monopoly, los jugadores se pelearan por ser los dueños del Paseo del Prado, pero nadie cuestionara las reglas del juego. Y mientras tanto, los de abajolos pueblos, los trabajadores, los sectores populares— seguimos pagando las facturas, viviendo las crisis y soportando las guerras ajenas.

    Por eso, si queremos un mundo realmente distinto, más libre, más solidario, más igualitario, no basta con cambiar quién manda. Hay que cambiar el sistema que permite que unos pocos manden sobre todos los demás.

LA PRUEBA DEL ALGODON: PALESTINA

    Finalmente, en su articulo, Godels propone una suerte de  «prueba del algodon» para   quienes no están inclinados al debate teórico: Palestina. 

   Si hay una agresión imperialista clara en este momento —el genocidio del pueblo palestino a manos de un Estado teocrático expansionista—, ¿dónde están esos “antiimperialistas”?¿Han organizado una oposición internacional, interrumpido el comercio, impuesto sanciones, retirado reconocimiento o enviado ayuda o combatientes voluntarios?

    En el pasado, China y la URSS apoyaron material y militarmente a Vietnam en su lucha contra el imperialismola URSS estuvo al borde de la guerra para proteger a Cuba en los años 60; los cubanos lucharon y murieron en Angola contra el imperialismo y el apartheid en los años 90.

   Hasta, incluso, los EE. UU. se unió a la URSS para frenar los planes imperialistas de Reino Unido, Francia e Israel sobre el Canal de Suez en 1956.

    ¿Harán hoy algo similar los actuales “antiimperialistas”más allá de sus discursos?

   ¿O la llamada multipolaridad  se queda   tan solo pura palabrería?

Fuente: Canarias Semanal