La victoria en el plebiscito sus proyecciones y sus peligros.

 por Raúl Román

Constatación estadística de la realidad. Tras la constatación de la realidad que fue la contundente victoria popular en el plebiscito, 78% de aprobación por una nueva constitución, se abre una situación política de grandes perspectivas y fuertes peligros para los objetivos de la clase trabajadora. Lo cual entramos a analizar. 

Se constató que: 

1.- Que tras 45 años de neoliberalismo la concentración de la riqueza y la propiedad llevó a una concentración social de una minoría (burguesía) económica e ideológica, fortificada en una zona geográfica determinada en contra de la mayoría (clase trabajadora). 

2.- Que el Estado ha estado siempre en manos de una minoría (burguesía) en contra de las pretensiones de las grandes mayorías (clase trabajadora, pequeña burguesía, etc.). Dejando de lado de forma concreta la antigua teoría neoliberal del “chorreo” o la “menos vieja teoría” de la masificación de la “clase media”, forma oculta de instalar la idea de progreso sostenido en amplios sectores sociales. 

3.- Que la participación mayoritaria de una juventud “millenian” determinó un incremento en la masividad electoral. Pero no desde un punto de vista generacional sino de las proyecciones de los efectos del agotamiento del neoliberalismo que venían sintiéndose desde varios años. 

4.- Que el “apruebo” es la proyección política, producto de los efectos socio económicos más que una expresión ideológica clara en contra del neoliberalismo. Aunque desde el 18 octubre del 2019 ha aumentado la conciencia política, esta no ha llegado a niveles organizativos e ideológicos amplios entre las masas. 

5.- Que la mayoría los electores que aprobaron tienen nula o baja confianza en el gobierno y los partidos políticos institucionalizados (UDI hasta el PC), por culparlos de avalar las condiciones socio políticas de privilegios, colusión y abusos que sufrieron por décadas. 

6.- Que en las denominadas zonas de sacrificio de forma ambigua y casi distorsionada se ha logrado mayor conciencia social de lo depredador que es el sistema capitalista y el modelo neoliberal. No obstante, se culpa las políticas del estado, implementadas por el gobierno de turno, como si fueran dos entidades independientes. Es esta toma de conciencia que posee cierta ambigüedad permitió la alta transversalidad en la votación del apruebo en el plebiscito, por sobre el 80%. 

Esta brutal constatación de realidad genera grandes problemas, tanto para el régimen político (parlamento, partidos políticos, FFAA, etc.) como para el gobierno de Piñera, hasta para las masas movilizadas que hicieron sentir su potente malestar. 

El régimen político.- 

Los intentos desesperados realizados por la burguesía y sus representantes por canalizar la crisis socio-política abierta el año pasado, dio sus frutos en el “Acuerdo por la Paz”. Este sector consideró el plebiscito el hito e instrumento para aplacar las ansias de rebeldía social. Por lo que se apresuraron los partidos políticos a implementar un discurso institucional en post de las elecciones de los convencionales. Al igual que la burguesía que dirigió a todos sus instrumentos comunicacionales y rostros hacia el discurso de normalización política electoral. A esta avalancha comunicacional no se restó ningún partido institucionalizado desde la UDI hasta el FA y el PC, cristalizaron su posición como si la convención constituyente fuera algo que se resuelve por medio de los votos y no en una pugna de clase. Siendo que saben que está formulación electoral está arreglada para que los mismos partidos políticos que fueron desplazados en la celebración de la victoria se encargaran de representar al pueblo. 

Sin embargo, sus actos de celebración paralelos y restringidos a una minoría, expresan un temor que es transversal en todas las organizaciones políticas, que las masas sigan sobrepasándolos en las calles. Este temor que reside en cada acción, se pretendió ocultarlo, por medio de una sobre dotación de informaciones con las posibles listas y candidatos. Pero cada hora que insisten en este “reemplazo forzado”, con el apoyo incondicional de la burguesía y sus medios de comunicación, se demuestra que más distante de las masas se ubican. 

El gobierno de Piñera 

Por su parte, el gobierno de Piñera, sintió como un mazazo el triunfo del apruebo. Más que este, fue la contundencia de los resultados. Demostrando su orfandad, ya que lo tomó como un verdadero plebiscito de su gestión, el cual ratificó su minoría política en el país. Incluso el desplazamiento ideológico de un sector de la “derecha” hacia el apruebo, determinó que su gobierno está en una inoperancia crítica. Piñera tuvo que flanquearse con sus ministros para expresar cierta unidad, que nadie se la creyó y que tuvo un ambiente más de despedida que de fortaleza. 

A tal punto esta acción caracterizó la debilidad de Piñera, que no había pasado un día, cuando comenzaron a aparecer los nombres de potenciales candidatos a convencionales desde el interior del gobierno. Algo propio del teatro de lo absurdo, ya que un gobierno aplastado por una votación tan contundente, no espera que sus miembros sean elegidos por la población, por tanto, la lectura general fue de cómo los ministros pretenden arrancan de un gobierno que se hunde inexorablemente. 

Con esto se cristaliza el peligroso rol de Piñera, el de un potencial “desestabilizador” de la situación política. La burguesía expectante ante esta frágil estabilidad post plebiscito, lo tratará de presionar para evitar que desestabilice esta situación, ya que sabe que con la más mínima iniciativa que pretenda emprender, se activará la movilización social que se encuentra en latencia. 

La burguesía no logra asirse de la iniciativa, aunque el plebiscito sea visto como el logro de la canalización institucional de la crisis, la mayoría duda de esta interpretación tan mecánica. Ya que cada día que pasa, la sensación entre las masas es de duda y desconfianza, especialmente por los que pretenden acomodarse en el proceso. 

El gobierno vive horas complejas. No resiste más derrotas, ni tampoco puede dar más concesiones institucionales, sin desperfilarse en su rol de “gendarme desarmado”. Es decir, la burguesía le dio una única tarea, la de proteger sus intereses por medio de la represión desde el 18 de octubre pasado, lo cual hizo. Pero desde el domingo, ha esa misma burguesía le aterra que Piñera use la violencia desmedida, por el bajo y frágil nivel de apoyo que tiene para seguir implementando su modelo de explotación. Cualquier movilización que se active –y al parecer lo hará- se puede transformar en un nuevo retroceso de sus intereses como clase, por tanto tratará de evitar por todos los medios que la confrontación se active. Quizá se le pueda reprochar la forma torpe y burda, pero no sus esfuerzos por lograrlo. Especialmente, si nos focalizamos en los medios de comunicación que durante los días siguientes se concentraron en volver a los temas sociales sin connotación política y los noticieros a la activación de candidaturas. ¡Una vuelta a la normalidad neoliberal! 

La burguesía sabe que está pisando en cristal frágil, manteniendo a Piñera en el gobierno, pero sigue apostando al mal menor. Porque sabe que si reemplaza a Piñera abre una caja de pandora que será muy difícil cerrar. 

Las masas, el triunfo, sus perspectivas y peligros. 

El triunfo de las masas incluye un gran abanico socio político de población de difícil especificación. Pero responde a los efectos propios del agotamiento económico, social e ideológico del modelo neoliberal. Colusiones, abusos, cesantía, bajos sueldos, etc., construyen un ramillete de efectos que se proyectaron en la sociedad, generando un repudio transversal. Que en cada caso particular fue conectándose a sus necesidades y sus perspectivas, lo que motivó un posicionamiento lento, pero contundente, en la oposición a los efectos del modelo, a las acciones del gobierno y las trabas del régimen que los protege. 

Pero esta amalgama de clases y sectores sociales sin dirección reconocida, pero con objetivo cortoplacistas, que al alcanzarlo, tienen que volver a seleccionar (o retomar) y levantar otros que logren la transversalidad necesaria para alcanzar la masividad que los haga triunfar. Este proceso es lento, desigual y combinado con las diversas aspiraciones de cada grupo social y clase integra. Tanto la oposición como el levantamiento de un programa alternativo, responde a realidades, necesidades y aspiraciones propias de sectores muy heterogéneos. En este contexto se enfrentan sectores de la clase trabajadora, con la pequeña burguesía ideológica, cooptada por años por el modelo, haciendo causa común con la pequeña burguesía económica, que reaccionando ante el abandono de su antiguos aliados desde de los años ’70, se desplaza hacia la “izquierda”, en el eterno zigzagueo de una clase sin objetivos históricos, que no sea estar a la siga de la burguesía o la clase trabajadora. 

En este contexto el contundente triunfo en el plebiscito se transforma en un proceso contradictorio, pero profundamente dialéctico. Por un lado, impone una perspectiva de desarrollo político y, en el intertanto, se reconoce así mismo, como el sector más amplio de la sociedad, robusteciendo su moral y fortaleciendo su convencimiento. Pero, a la vez, se diluye, producto de la atomización, falta de organización y carencia de dirección en una multiplicidad de sectores sociales. Esta diversidad determina un verdadero freno en su movilización, pero también permite que se mantenga en latencia el movimiento. 

Esta latencia se la entrega la multiplicidad de intereses y objetivos que tienen los grupos y sectores sociales en su interior. Mientras unos tienden a la pasividad tras el plebiscito, otros empujan hacia el objetivo alcanzar la salida de Piñera. Entre estas dos posiciones se encuentra la masa que zigzaguea, entre un “volver a confiar” en los procesos electorales y las instituciones del estado o arremeter contra estas instituciones que pretenden cristalizar el proceso, imponiendo una salida democrática. 

En otras palabras, la contradicción básica sigue siendo entre la reacción democrática (burguesía) o la revolución democrática (clase trabajadora) como proceso abierto, contradictorio y dinámico. Proceso que enfrenta a ambas clases con sus objetivos históricos, atrayendo eventualmente sectores sociales que zigzaguean entre ellos. En este caso, un sector que de desprendió del alero de la burguesía debido a su incapacidad de cobijar sus aspiraciones en un modelo de acelerado agotamiento. 

Pero todo esto se expresa a diario de forma distorsionada por los partidos o dirigentes políticos en donde las peleas, pugnas, conflictos y vaivenes de la política nacional se expresan en toda su amplitud. 

Para nadie es extraño que la UDI, RN, Evopoli y el minúsculo Partido Republicano son la expresión directa de las distintas fracciones de la burguesía más obtusa y clasista, sin base social que no sea los empresarios que los financian y los electores, sin compromiso militantes, votan por su conservadurismo. El otro segmento de la burguesía más liberal, pero tan clasista como el anterior, es representada por verdaderos funcionarios a sueldo de la DC, PRSD, PPD, PS y el FA, donde su base social no pasan de ser funcionarios o grupos que usufrutuan de los fondos estatales. Comparten una característica transversal el socavamiento progresivo de la militancia de base que no sean arribistas sin escrúpulos o eternos buscadores de empleos estatales. 

Por su parte, el PC en su lógica interna de conflicto entre el sector burocrático, pequeño burgués (PyME) y sindical, que expresa en su política zigzagueante y timorata, lejos está de ser representativo de las masas en lucha. Sigue y seguirá siendo tangencial producto de este centrismo político que unido con la distancia existente entre los miembros, cada vez menos, de su base y la dirección partidaria. 

Perspectivas del movimiento de masas. 

En este contexto de inestabilidad política se presentan estas semanas cruciales, que la podemos resumir de la siguiente manera; la burguesía no puede estabilizarla y la clase trabajadora no se mueve, por no tener claro, hasta donde llegar. 

Si las masas no abandonan las calles producto de la clarificación política de que la convención constitucional es un engaño más y busca imponer la Asamblea Constituyente, esta será a costa de la salida de Piñera del gobierno. Por tanto, la consigna de ¡Fuera Piñera! sigue estando como tarea primordial. Es tan focalizada como amplia. Se focaliza en Piñera como el máximo representante del gobierno, pero también del régimen político, por lo cual si llega a renunciar, todo el andamiaje político institucional tiembla, porque se proyecta hacia el parlamento, las instituciones represivas y el modelo económico. Hacer caer al máximo representante del neoliberalismo, en el país más neoliberal del mundo, sería una derrota con repercusiones internacionales. Es ponerle la lápida a este modelo represivo y explotador a nivel mundial. 

Es por ello, que es tan crucial la lucha que está dando la clase trabajadora (pobladores, estudiantes, los movimientos feministas y ecologista, pueblos originarios, etc.), en contra de este régimen. No es sólo una nueva constitución, es propinarle una derrota a la fracción política de la burguesía más agresiva que ha existido después del fascismo. 

¿Qué hacer? 

Tomando en cuenta esto, las masas tienen que comenzar lentamente a desprenderse de las ilusiones democráticas burguesas, es decir de que las instituciones, entre ellas los partidos políticos, van a poder satisfacer las expectativas de la clase trabajadora. 

Ayudará mucho los errores no forzados que el gobierno cometa, especialmente ante el segundo retiro del 10% o cuanta medida antipopular pretenda emprender. Situación que porfiadamente hará tanteando el escenario político, convencido que la apertura de la economía y el comercio en general, más el resultado del plebiscito ligado a la acelerada carrera electoral que se abre, ha servido para disminuir la tensión, desconociendo lo inestable de la situación política, que la burguesía le preocupa. Con esto volvemos a ratificar el rol de Piñera en este contexto de potencial “desestabilizador”. 

Este rol que insistentemente pretende mantener Piñera a vista y paciencia de una inquieta burguesía, le imprimirá al movimiento de masas la inyección necesaria para poder desprenderse del seudo tutelaje de los partidos políticos que se arrogaron en las horas posteriores al plebiscito. 

Ante esto, el gobierno de Piñera está pisando cristal y corre el riesgo de enfrentar un futuro incierto. Pero no caerá por sí mismo, sólo una potente movilización de masas puede hacerlo caer. Sin duda hay mecanismos institucionales que determinarán su sucesión por otro gobierno que cuente con el apoyo de las masas, siempre y cuando, realice las transformaciones que se le exigen. 

Ese nuevo gobierno solo debe tener 3 tareas fundamentales: 1.- Llamar a elecciones presidenciales y parlamentarias. 2.- Enviar al parlamento una ley que transforme la Convención Constitucional en una verdadera Asamblea Constituyente. 3.- Solucionar el problema de la crisis económica de las masas de trabajadores y pobladores, por medio de un subsidio económico mientras dure la pandemia. Para evitar exponerlos, ya que han muerto muchos miembros de la clase trabajadora. 

Por tanto, las masas tendrán que volver a activarse para hacer frente a esta andanada política burguesa para frenar su avance. Para esto es necesario que las calles vuelvan a ser ocupadas por las organizaciones de base, desprendiéndose de las ilusiones electorales e imponiendo una Asamblea Constituyente con representantes de las organizaciones sociales democráticamente elegidas. 

Es la única forma que la clase trabajadora imponga los objetivos que ha buscado, para ello la construcción de un programa es absolutamente necesario, ya que permitirá que las masas se enfilen hacia objetivos precisos y no sean embaucados por las fuerzas políticas burguesas o pro-burguesas enquistadas en el parlamento; 

Fuera Piñera y su gobierno. Por ser los responsables no solo de los muertos, mutilados, violentados y heridos de las movilizaciones de octubre del 2019, sino por ser los responsables de los muertos de la pandemia. 

Igualdad en el trabajo, (al igual trabajo, mismo salario), sin distinción de género, edad o nacionalidad. 

Fin de las AFP. Por un sistema de reparto, que garantice una jubilación al menos igual al salario mínimo, gestionado por el Estado con participación de los trabajadores. 

Fin al lucro en la salud. No más ISAPRES. Por un sistema nacional de salud único, público gratuito y de calidad. 

Fin al lucro en la educación. Por un sistema educacional estatal, público, gratuito en todos los niveles. 

Nacionalización de los recursos naturales cobre, litio, hierro, los recursos pesqueros, los recursos forestales y el agua. 

Nacionalización de los servicios básicos (energía eléctrica, agua potable y alcantarillado, el gas, los servicios telefónicos e internet). 

Reemplazo del Código del Trabajo, por una nueva legislación laboral que garantice el derecho al trabajo, a la sindicalización universal, el derecho a huelga, la titularidad sindical y la negociación colectiva por rama de producción. 

Por la autonomía a los pueblos originarios

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