La pandemia de coronavirus y la necesidad de expropiar a la oligarquía financiera

por Eric London

El es de noviembre marcó un récord en la propagación de la pandemia. Diecisiete millones de personas dieron positivo al coronavirus en todo el mundo y más de 272.000 murieron del virus, casi el total de soldados muertos en la más mortal batalla de la Primera Guerra Mundial, la batalla del Somme de cinco meses. Mientras miles de millones se preparan para un invierno de dificultades y enfermedad, las bolsas de valores globales están celebrando su mejor mes en 33 años. En noviembre, el índice bursátil Dow Jones Industrial Average alcanzó los 30.000 puntos por primera vez.

Cuando las muertes se acumulan en cada país, la clase gobernante está aprovechando la pandemia para orquestar una transferencia de riqueza sin precedentes de la clase obrera a los ricos.

Según una reciente encuesta de la organización sin fines de lucro Save the Children, 75 por ciento de los hogares en el mundo reportaron pérdidas de ingresos desde que inició la pandemia. Extendiendo estos porcentajes a la población global, eso significa que 5,25 mil millones de personas fueron sustancialmente más pobres en noviembre que en enero. De estos, 1,05 mil millones perdieron el 100 por ciento de sus ingresos, 1,7 mil millones perdieron más del 75 por ciento de sus ingresos y otros 1,7 mil millones perdieron entre 56 y 75 por ciento de su ingreso.

El porcentaje de la población mundial que reporta no haber recibido apoyo del Gobierno (crédito: Save the Children)

La misma encuesta reportó que 3,7 mil millones o el 70 por ciento de los que respondieron haber sufrido pérdidas económicas, no recibieron ningunaayuda del Gobierno.

El grado de empobrecimiento social representado por estas cifras es casi incomprensible. El noventa por ciento de los que respondieron a la encuesta dijeron que su acceso a la atención médica se redujo comparado a hace un año. Casi dos terceras partes de los encuestados —el equivalente a 4,3 mil millones de personas si las cifras son precisas— están teniendo dificultades para llevar las comidas básicas a sus familias.

Más del 25 por ciento de los padres dice que sus hijos no tienen los materiales didácticos para clases a distancia—ni siquiera un cuaderno y libro de lectura. Save the Children estima de forma “conservadora” que 10 millones de niños pobres nunca regresarán a la escuela cuando se acabe la pandemia dado que l pobreza de largo plazo los obligará a trabajar en vez de estudiar. Las tasas de embarazos adolescentes y violencia familiar están aumentando.

Los trabajadores en los países “más ricos” no están de ninguna manera exentos de la devastación. Según los datos del Departamento de Trabajo de EE.UU., hay más empleos con altos salarios ahora que en enero, mientras que los empleos con salarios menores a $15 por hora se redujeron en 25 por ciento. Las cifras oficiales todavía estiman el total de desempleados en más de 10 millones.

Este dinero no “desapareció”, sino que fue transferido a las cuentas bancarias de los superricos.

La bipartidista Ley CARES transfirió en promedio $1,6 millones a cada uno de los 43.000 estadounidenses cuyos ingresos ya superaban los $1 millones: una entrega de $135 mil millones en total para aquellos que no la necesitaban.

Estímulos fiscales por país como porcentaje del PIB (crédito: Foro Económico Mundial)

Los principales países imperialistas llevaron a cabo un estímulo fiscal de $10 billones para apuntalar los bancos y las corporaciones este año, superando enormemente la magnitud de los rescates bancarios de 2008-2009. En EE.UU., el rescate corporativo de este año equivalió al 12 por ciento del PIB, el doble que el rescate de 2009, que costó menos del 6 por ciento del PIB. En Japón, Alemania, Australia, Reino Unido, Canadá y Francia, los Gobiernos también duplicaron, triplicaron o cuadruplicaron el tamaño del rescate.

Esto hizo a los ricos obscenamente más ricos. Según un reporte de noviembre de Inequality.org, “Entre el 18 de marzo —el comienzo aproximado del inicio de la pandemia de COVID-19— y el 13 de octubre, la riqueza total de los 644 milmillonarios estadounidenses aumentó de $2,95 billones a $3,88 billones, un aumento del 31,6 por ciento”.

La riqueza de las 10 personas más ricas aumentó $141 mil millones en este periodo, ¡$46.850 cada minuto!

Esto hace estallar la afirmación, repetida en todo idioma por los políticos capitalistas de derecha y supuesta izquierda, de que “no hay dinero” para proveerle comida, ingresos plenos, salud y libros a la clase obrera mundial.

Es una contradicción clara e inherente en el capitalismo que las corporaciones como Amazon y Microsoft generan sus cantidades obscenas de riqueza aprovechando las tecnologías y sistemas de logística más avanzados que dispone la humanidad.

Estas corporaciones transnacionales, que abruman a los Gobiernos en términos de poder y capacidades, han acumulado una riqueza y un poder tremendos por medio de la explotación de la plusvalía del trabajo colectivo de las masas obreras.

Liberar las fuerzas productivas de los amarres del sistema de lucro capitalista y expropiar el patrimonio de los ricos son necesidades urgentes e inmediatas para combatir la pandemia y salvar millones de vidas.

Las innovaciones técnicas y científicas que existen hoy necesitan ser utilizadas por la clase obrera para salvar vidas en vez de aumentar la explotación para la generación de ganancias.

En 1880, Friedrich Engels escribió en El socialismo utópico y el socialismo científico que el socialismo “presupone, por ende, el desarrollo de la producción a un nivel en el que la apropiación de los medios de producción y de los productos, y junto a esto del dominio político… por medio de una clase social en particular, no solo se ha vuelto superflua, sino un impedimento económico, político e intelectual para el desarrollo”.

Engels continúa: “La posibilidad de garantizar para cada miembro de la sociedad, a través de la producción socializada, una existencia que no solo sea plena en términos materiales y que rebose cada día más, sino una existencia que garantice para todos un desarrollo y ejercicio libres de sus facultades físicas y mentales, esta posibilidad ha llegado aquí, por primera vez, pero está aquí ”.

Existen aproximadamente 230.000 personas que califican como “individuos con patrimonios netos ultraaltos” cuya riqueza supera los $30 millones. En combinación, este 0,0003 más rico de la población tiene aproximadamente $35,5 billones. Además, los diez mercados bursátiles más más grandes contienen empresas con un valor de mercado combinado de $71,6 billones.

Esta masiva suma de riqueza acaparada necesita ser utilizada para proveer $4.000 por mes por cinco meses a cada ser humano del planeta, lo suficiente para cubrir el ingreso completo de los trabajadores durante los cierres hasta que la vacuna se produzca en cantidades suficientes para todo el mundo. Ningún trabajador ni pequeño propietario debe verse obligado a elegir entre la muerte por hambre y la muerte por coronavirus.

Los recursos acumulados por los ricos necesitan utilizarse de inmediato para contratar y entrenar a enfermeros y construir más espacio hospitalario según la demanda. En los países más “ricos”, los hospitales están abrumados y los pacientes están siendo obligados a morir en pasillos. Es el colmo de la irracionalidad capitalista que el Hospital Mercy de Chicago, que sirve a la clase obrera empobrecida del South Side de la ciudad, tenga programado su cierre en los próximos meses porque no puede sacar ganancias durante la pandemia.

La posibilidad de una vacuna muestra con aún más claridad que los recursos tecnológicos y logísticos de las corporaciones como Amazon, Microsoft y Tesla deben ser reasignados para garantizar la producción masiva y la distribución más rápidas de vacunas seguras a todos los rincones del planeta, incluyendo los lugares más pobres y difíciles de llegar.

Esa es la respuesta programática del Partido Socialista por la Igualdad. Su realización requiere construir el PSI y entrenar una dirección obrera capaz de llevarlo a cabo a través de la lucha revolucionaria. Salvar vidas requiere poner fin al sistema capitalista y romper el dominio que la clase capitalista tiene sobre todos los aspectos de la vida social y política.

(Tomado de WSWS)

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