La inutilidad del voto

por Hernán Montecinos

Chile tiene  la derecha más retrógrada y la izquierda más pusilánime  y desaprensiva de la región. Esa ha sido la impronta en los gobiernos de  la transición. Si la revolución de los ricos sigue su curso, tenemos la obligación de preguntarnos cuál es la salida que puede dar al traste con esta situación. Por de pronto, romper el maleficio político que nos ha  llevado  a esta  secular postración, esto es, no seguir empeñados en derrotar a la derecha para, acto seguido, hacer del recambio un acto que sirva para instalar en el poder a una izquierda  palaciega. 

Estamos en plena lucha de clases, el capitalismo ha  llegado a su punto cúlmine con el neo liberalismo. Chile no ha sido  ajeno a este fenómeno, al contrario, se ha destacado como punto alto de ello en la región. No podremos  tener éxito, en tanto  sigamos siendo manejados por las encerronas políticas de la élite, agrupándonos en conglomerados que sólo oponen simples eslóganes y escarceos publicitarios.
        La lógica de la dominación ha seguido imperturbable su curso, sin que el pseudo progresismo en el poder,  haya tenido la intención ni, menos, la voluntad de cuestionar el fondo de dicho  paradigma. Todo esto, con la inestimable ayuda del voto,  que sólo ha servido  para reproducir  las  injusticias que se desprenden del sistema institucional y político que dejó la dictadura. 
        No se trata de apostillar al voto, como mecanismo para elegir programas y representantes. Eso está fuera de duda. Sin embargo, pierde efectividad cuando deja de ser vehículo para transmitir nuestros anhelos de cambios que es algo muy distinto a los puros ajustes y reformas. 
        ¡Dejad que los votos vengan a mí! Parece ser la consigna de programas y candidatos, cada cual prometiendo lo de siempre y que nunca cumplen Una historia repetida hasta el hartazgo, y sin embargo, todavía hay quienes  ilusamente se siguen creyendo el cuento de hadas del voto y las elecciones. No han percibido que en  Chile el pueblo “no elige”, sólo “vota” que es cosa bien distinta. Vota por aquellos que ya vienen  “designados”, entre cuatro paredes por una reducida elite política  Es una dictadura perfecta -nos dice Felipe Portales,- sin que al parecer nos hayamos  dado cuenta.
        Lenin escribía en su época: “Decidir una vez cada cierto número de años que miembros de la clase dominante han de oprimir y aplastar al pueblo en el parlamento: he aquí la verdadera esencia del parlamentarismo burgués
        Un misterio envuelto en un enigma. Extraño caso de cómo los   explotadores, obtienen autorización de los explotados, para seguir manteniéndolos en una servidumbre voluntaria. La beligerancia caníbal de una derecha anti democrática y el cortoplacismo baldío de una izquierda sin ideología ni ética, explican el porqué ocurre este raro fenómeno, pero no el cómo lo toleramos. 
        Así, como quiera que sea, aunque programas y candidatos del pseudo progresismo  saquen más votos, seguiremos viviendo en un sistema institucional  en que la derecha seguirá manteniendo el poder en todos los ámbitos, 
        En efecto, cualquiera sean los resultados, los dueños del país seguiran siendo los de la derecha:  FFAA,  AFPs, Isapres, bancos, financieras, Malls, Supermercados, cadenas farmacéuticas, así como también, las empresas concesionarias de carreteras. A su vez, la educación seguirá  con su lucro a cuestas,  así como  el agua potable –caso único en el mundo- seguirá siendo propiedad privada.  La energía los minerales, los bosques, y peces seguirán siendo entregados a las multinacionales o empresarios criollos, todos sus dueños de derechas. En la salud, clínicas para  ricos y consultorios para pobres, prensa, radio  y televisión, seguirán con sus falsedades  al tenor  de las instrucciones de  sus dueños, todos ellos de  derecha. Así, un suma y sigue, en un largo etc. de puras derechas. 
        Entonces, ¿De qué es dueño el pueblo? No hay donde perderse: de sus puras ilusiones. Para eso tiene los programas de farándula, los matinales, el fútbol, los realities, el Festival de Viña del Mar, los Malls, las tarjetas de créditos, los carretes, y la ilusión de que somos dueños de esta tierra  a través del espejismo de las elecciones. La religión como opio del pueblo, advertido por Carlos Marx, ha sido reemplazado hoy por estos nuevos opios.
        En la próxima elección el “Eterno retorno de lo mismo” que nos admonizó Nietzsche, se volverá a repetir el 17 de Diciembre próximo. Parafraseando a Patricio Bañados, esta vez pueda que el rechazo saque más votos, pero igual ganará la derecha. No lo confiesan abiertamente, en eso son inteligentes, pero quedarán contentos señor contentos, porque coronarán su gran anhelo, el que la Constitución de Pinochet siga imperturbable su curso,  incluso, ahora ,con el aval y apoyo de aquellos que lucharon por más de 50 años por cambiar ese engendro  .  
        Sabemos, que los supuestos de libre elección atribuibles a la democracia en nuestro país no se cumplen, pues estos se inscriben dentro del contexto intelectual que se ha plegado a las concepciones liberales de hacer política, esto es, preservar el poder en el ámbito de una elite minoritaria y clasista. Un plegamiento que valora la vida política, sólo como una asociación meramente instrumental, cegándose ante la esencial importancia de la participación ciudadana activa en la vida pública.
        El sistema político  vive una crisis que no puede resolverse dentro del coercitivo sistema  electoral que nos han impuesto. Que duda cabe, la  mayoría de los ciudadanos ya no se sienten representados por los partidos políticos existentes, bajo el amparo del sistema electoral impuesto por la dictadura.  Por lo mismo, dejar en evidencia, en esta elección,  la grave crisis de legitimidad significará dejar al desnudo la gran ignominia que representan los partidos políticos enquistados en el sistema. 
        Por estas y otras razones, votaré nulo, pues las dos posiciones en disputa la única diferencia que muestran, es que una es menos mala que la otra. Así vamos  de tumbo en tumbo. Para esta nueva farsa, no me presto. Tengo conciencia, por eso no me dejo arrastrar por la opinión del rasero medio.

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