El mundo que enterramos: una mirada anticapitalista al Black Metal

por Julio Cortés Morales

Comentario a “Tonight it´s a world we bury” de Bill Peel, Repeater Books (2023)

Cuando me enamoré del rock pesado por ahí por el año 1984, no era fácil combinar la militancia juvenil de izquierda con el entusiasmo por esos sonidos asociados en general a la cultura imperialista y la alienación gringófila. Pero no éramos tan pocos los que desde las diversas juventudes políticas que luchaban contra la dictadura adheríamos a la subcultura rockera y metalera (aún no sabíamos del punk, y cuando primero apareció pensamos que era más bien un estilo de corte de pelo), en un medio en que lo que se escuchaba usualmente era la Nueva Canción chilena, reciclada en Canto Nuevo, además de Trova y folclor, como formas típicas y aceptadas de música de protesta.

Cuatro décadas después, y tras toda una vida dedicada a vincular las opciones políticas anticapitalistas y antiautoritarias con las formas musicales rebeldes que he encontrado en el punk y el free jazz, además de la improvisación y el ruido libres, mi súbito interés en el oscuro y mal afamado subgénero conocido como Black Metal genera cierta sorpresa en amistades y conocidos que identifican al metal en general y sobre todo estas variedades más extremistas con el fascismo.

Razones no faltan: en efecto, tanto a nivel de artistas como de la fanaticada, el metal chileno ha destacado desde siempre por sus tendencias derechistas y patrioteras, y el Black Metal, sobre todo en su versión escandinava, se asoció en los 90 a homicidios, quemas de iglesias, y declaraciones explícitamente racistas y/o neofascistas por parte de íconos del estilo como Varg Vikernes (Burzum).

Por eso es que apenas supe de la existencia de este libro, titulado en homenaje a una canción de Deathspell Omega y subtitulado “black metal, red politics”, lo conseguí y lo leí con avidez. El libro de 190 páginas fue publicado por Repeater Books, de Nueva York, una editorial que dice estar dedicada a la construcción de una nueva realidad, dando un espacio de encuentro a las voces de quienes desean escapar del Realismo Capitalista. En ese contexto este libro se explica claramente: no es una historia del subgénero del Black Metal, sino una interpretación personal por parte de alguien que sostiene abiertamente posiciones comunistas libertarias.

Sin desentenderse del hecho de que el Black Metal suele estar poblado, en el mejor caso, por declarados apolíticos, y en el peor por legiones de imitadores de los vikingos y pretendidos neonazis, Bill Peel ve en ciertas características del estilo un potencial para la la lucha contra el capitalismo.

El libro se estructura en base a cinco partes, cada una de las cuales sirve para definir tanto al estilo como a su potencial como arma de lucha: Distorsión; Decadencia; Secreto; Frialdad; Herejía. En cada capítulo el autor va explayándose sobre las particularidades del Black Metal, enlazando su análisis con aportes tan disímiles como los de Marx y Engels, Deleuze y Guattari, Laclau y Mouffe, Wilhelm Reich y el Comité Invisible.

En lo estrictamente musical, el autor –profesor de liceo en Australia- no sólo se enfoca en los clásicos del género tal como se fue definiendo a partir de los 80 pero sobre todo en los 90. Si bien es cierto que existió una “primera ola” en los 80 -con Venom (UK), Hellhammer/Celtic Frost (Suiza) y Bathory (Suecia)-, fue la “segunda ola” una década después la que a mi juicio construyó un Black Metal autoconsciente y diferenciado de las otras variedades de metal y rock pesado. Además del énfasis en los principales bastiones escandinavos como Mayhem, Darkthrone, Immortal, Burzum y Marduk, Bill Peel se concentra en variedades más recientes de black metal que yo apenas conocía. No sólo proyectos inclasificables como Blut Aus Nord y Paisage d´Hiver, sino que bandas que se alejan del clásico modelo blasfemo/satánico y se han adentrado en territorios sonoros y filosóficos más complejos, como los norteamericanos Wolves in the Throne Room y Liturgy, además de bandas abiertamente anticapitalistas y anarquistas como Dawn Ray´d o Panopticon e incluso bandas del Medio Oriente como Akvan y Al-Namrood, que reemplazan el anticristianismo por la crítica del Islam.

Varias de esas nuevas expresiones han sido denominadas “post black metal”, e incluso descalificadas como “hipster black metal”. Lo interesante es que, según Peel explica, la tendencia al estancamiento y aislamiento excesivo de esta contracultura musical puede ser contrarrestada mediante tres formas actuales de desarrollo: el “raw black metal”, que en su obsesión por el sonido más primitivo y lo-fi llega a ser (como me gusta mucho decir) “más punk que el punk”, confundiéndose con el noise y otras formas musicales experimentales; el uso de la disonancia, que además de atacar las doctrinas tradicionales acerca el orden divino como una armonía universal, permite innovaciones musicales destacables y vanguardistas como es el caso de los ya referidos Deathspell Omega (con una de las obras más potentes y originales desde fines de los 90 hasta hoy); y el ya señalado hipster black metal, que permite conectar este estilo con formas inesperadas de música, desde el uso de violines en Dawn Ray´d a la curiosa mezcla con el “shoegaze” que practican los bastante famosos Deafheaven, además de experimentaciones varias y mezclas con diversos tipos de folk, electrónica, industrial, ambient e incluso jazz .

En los aspectos más políticos del libro, cabe destacar el análisis que hace del uso capitalista del calor y la energía, posibilitando la muerte de la vida humana en el planeta, y como la estética fría del black metal con su interés en construir y describir paisajes congelados, se levanta como un obstáculo a la circulación de mercancías y acumulación eterna de capital. Además, Peel llama a ir más allá de la forma herética más básica, que se centra en la crítica blasfema de la religión cristiana y en el fetichismo de la muerte, asumiendo con base en Walter Benjamin la crítica del capitalismo como religión, pero también el potencial revolucionario de ciertas formas religiosas, como en el caso de Muntzer y los anabaptistas.

Así, Bill Peel concluye su recorrido planteando que el black metal es una “forma musical herética única, que corrompe y profana todo lo que encuentra en su camino” y que “los comunistas tenemos mucho que aprender de esto”.

Para finalizar este comentario, los dejo con el listado de diez discos que el autor considera recomendables para ayudar al lector no familiarizado con el estilo a tener una “visión amplia del sonido del black metal”:

Blood, Fire, Death – Bathory

A Blaze in the Northern Sky – Darkthrone

De Mysteriis Dom Sathanas – Mayhem

Hvis Lyset Tar Oss – Burzum

Dead as Dreams – Weakling

Two Hunters – Wolves in the Throne Room

Écailles de Lune – Alcest

Paracletus – Deathspell Omega

Aesthetica – Liturgy

Exercises in Futility – Mgla

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