La élite gobernante de Perú desata una diatriba anticomunista tras la muerte del líder de Sendero Luminoso

por Bill Van Auken

La muerte el 11 de septiembre de Abimael Guzmán, fundador y líder ideológico del grupo guerrillero maoísta Sendero Luminoso, SL, ha desatado un torrente histérico de propaganda anticomunista en todos los sectores del establishment gobernante peruano y en los medios corporativos.

Guzmán, más conocido por su nombre de guerra, presidente Gonzalo, ha sido retratado como la encarnación del mal, como el único responsable de la muerte de unos 70.000 peruanos en el sangriento conflicto armado interno iniciado por Sendero Luminoso en 1980, a pesar de que cerca a la mitad de ellos fueron asesinados por las fuerzas de seguridad del gobierno y sus milicias aliadas.

Un reportaje publicado por el conglomerado mediático RPP sobre la muerte de Guzmán era representativo, comenzando: “Sanguinario, despiadado, cruel. No hay un adjetivo preciso para calificar toda la maldad del cabecilla del grupo terrorista Sendero Luminoso …”.

En los días posteriores a muerte, la vida política del país estuvo dominada por un acalorado y macabro debate sobre qué hacer con su cadáver.

Finalmente, el 17 de septiembre, el recién inaugurado presidente Pedro Castillo promulgó un proyecto de ley aprobado por el Congreso de Perú que prevé la incineración sumaria de los condenados por terrorismo o traición, y daba potestad al Ministerio de Justicia para que dispusiera de las cenizas como le pareciera. La nueva ley advierte que el entierro normal de los cuerpos de estas personas puede “poner en riesgo la seguridad nacional o el orden interno”.

Nadie ha presentado un caso serio que el cuerpo de Guzmán, de 86 años, quien murió de neumonía en la prisión naval donde había estado recluido durante casi tres décadas, representa una amenaza para el Estado peruano. La afirmación de los legisladores de derecha de que su tumba se convertiría en un punto de encuentro para los partidarios de Sendero Luminoso es absurda. El grupo maoísta no ha tenido una presencia significativa en Perú durante décadas, sus remanentes reducidos a bandas criminales que trabajan con narcotraficantes.

La diatriba anticomunista desatada por la burguesía peruana en respuesta a la muerte del anciano condenado tiene varios propósitos. Primero, es una intensificación de una vieja práctica de acusar a cualquier oposición de izquierda como ‘terrorista’ y tiene como objetivo intimidar a los trabajadores peruanos, los jóvenes y los pobres de las zonas rurales en las condiciones de una crisis social y económica sin precedentes agravada por la pandemia de COVID-19 que ha cobrado más vidas per cápita en Perú que en cualquier otro país del mundo.

Empujando al gobierno de Castillo hacia la derecha

En segundo lugar, tiene como objetivo intimidar y empujar cada vez más hacia la derecha al presidente peruano Pedro Castillo, el exlíder de la huelga de maestros rurales que asumió el cargo a fines de julio. Sus opositores de derecha y gran parte de los medios de comunicación lo han catalogado a él y a sus seguidores como simpatizantes de Sendero Luminoso, exigiendo la destitución de los miembros del gabinete y sentando las bases para derrocar a su gobierno por completo.

La tres veces derrotada candidata presidencial del partido ultraderechista Fuerza Popular, Keiko Fujimori, habló de “desterrar su ideología sangrienta [de Guzmán] y a quienes la promueven que hoy se infiltran desde el gobierno”.

Castillo respondió con su propia declaración obligatoria denunciando a Guzmán por quitarse ‘innumerables vidas’ y declarando: “Nuestra posición de condena al terrorismo es firme e indeclinable”. Continuó promocionando su participación en las rondas campesinas, o comités de autodefensa campesina, en la región montañosa del norte de Cajamarca. Las rondas se aliaron con las fuerzas de seguridad en la represión de la insurgencia de Sendero Luminoso y fueron ellas mismas responsables de numerosas atrocidades.

El presidente peruano se encuentra actualmente en una misión de cinco días a Estados Unidos dirigida a convencer a Wall Street, las grandes corporaciones, el FMI y el Banco Mundial de que no tienen nada que temer de su retórica populista.

Finalmente, el furor promovido por la muerte de Guzmán tiene como objetivo evitar que una nueva generación de trabajadores, estudiantes y oprimidos peruanos extraiga las lecciones reales de la amarga experiencia con Sendero Luminoso y la guerra sucia que libró el Estado peruano en su contra.

Los orígenes de lo que se conoció como el Partido Comunista Peruano-Sendero Luminoso se encuentran en la división chino-soviética de 1961, cuando Mao Zedong de China denunció al liderazgo de la Unión Soviética como ‘revisionista’ y ‘traidor’ después de los crecientes conflictos sobre el discurso de 1956 de Nikita Jrushchev que exponía los crímenes de Stalin y la política de ‘coexistencia pacífica’ de Moscú con el imperialismo estadounidense. Estas disputas tenían sus raíces en los intereses divergentes de las dos burocracias estalinistas de base nacional.

Postulándose falsamente como una alternativa más radical a las políticas de los partidos comunistas pro-Moscú, el maoísmo apeló a una capa de estudiantes e intelectuales radicalizados por la ola de luchas sociales de posguerra en América Latina. Tal fue el caso de Guzmán, quien nació en una familia burguesa en Arequipa en 1934, y se convirtió en profesor de filosofía en una universidad de Ayacucho, una de las regiones andinas más pobres que sería el epicentro del conflicto interno del Perú.

Inspirado en la ‘Revolución Cultural’

Viajó a China durante la ‘Revolución Cultural’ de 1966-67, en la que Mao movilizó a jóvenes estudiantes y elementos posteriores del lumpenproletariado y campesinos pobres, que se organizaron en las llamadas Guardias Rojas, para ajustar cuentas con rivales dentro de la burocracia estalinista china.

Guzmán se inspiró en este movimiento retrógrado, que denunciaba a prácticamente todos y todo lo relacionado con la ciencia y la cultura como ‘burgueses’, mientras que la faramalla del ‘Pequeño Libro Rojo’ de Mao se transformó en una religión de Estado.

Al regresar a Perú, Guzmán fundó Sendero Luminoso como una escisión del grupo maoísta original de Perú, el Partido Comunista de Perú-Bandera Roja, insistiendo en los preparativos inmediatos para la lucha armada y una ‘guerra popular’. El núcleo de la nueva organización estaba compuesto por los compañeros profesores de Guzmán, así como por estudiantes de la Universidad Huamanga de Ayacucho que provenían de áreas rurales campesinas.

El momento elegido por Sendero Luminoso para lanzar esta lucha armada en 1980 fue la víspera de las primeras elecciones tras la decisión de los militares peruanos de ceder el poder a un gobierno civil después de 12 años de gobierno de los generales. El día antes de las elecciones, un grupo de Senador Luminoso atacó una oficina de registro de votantes y quemó urnas en la localidad de Chuschi en Ayacucho.

El fin del régimen militar había sido forzado por huelgas masivas de la clase trabajadora. El levantamiento contra el régimen militar provocó el crecimiento de partidos y sindicatos de izquierda, que volvieron a la legalidad, y la radicalización de millones de trabajadores y jóvenes peruanos que buscaban una alternativa al capitalismo.

La ideología maoísta promovida por Guzmán fue hostil a este movimiento y a la clase trabajadora en su conjunto. Rechazó la perspectiva marxista de la movilización revolucionaria de la clase trabajadora y la lucha para educar una dirección revolucionaria en la clase trabajadora. En cambio, propuso la perniciosa teoría de la ‘guerra popular’ basada en la guerra prolongada de un ejército de campesinos que rodeaba las ciudades. En la práctica, esto se redujo a ataques terroristas en los que las masas quedaron relegadas al papel de espectadores pasivos.

Para ello, llevó a cabo asesinatos de izquierdistas, dirigentes sindicales, líderes de organizaciones campesinas y trabajadores que no cumplieron con las huelgas decretadas por Sendero Luminoso. Atacó fábricas, destruyó maquinaria y dinamitó torres de energía y carreteras, cortando el suministro de electricidad y alimentos a las ciudades.

Inicialmente, pudo obtener algún apoyo de una capa oprimida de campesinos de habla quechua en el sur de Perú al atacar a funcionarios e instituciones gubernamentales corruptos y represivos y al llevar a cabo una justicia de autodefensa contra los criminales. Sendero Luminoso se involucró cada vez más en ataques salvajes contra la población rural, sin embargo, después de que el gobierno declaró el estado de emergencia en Ayacucho en 1983 y envió a las fuerzas armadas a una “guerra sucia” para reprimir la insurgencia. Sendero Luminoso respondió con violencia al fracaso del campesinado en estar a la altura de su perspectiva maoísta de presentar a los campesinos como la principal fuerza revolucionaria.

Los campesinos empobrecidos se encontraron en el fuego cruzado entre la guerrilla maoísta y los militares, sometidos a represalias y contra represalias por presunta colaboración con uno u otro bando. Un informe de 2003 emitido por la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Perú encontró que el 79 por ciento de las víctimas del conflicto interno vivían en áreas rurales y que el 75 por ciento hablaba “quechua u otras lenguas nativas como lengua materna”.

Captura de Guzmán y colapso de Sendero Luminoso

Para el momento de la captura de Guzmán en Lima en septiembre de 1992, Sendero Luminoso ya había perdido su capacidad para operar en la sierra central y sur debido tanto a la represión militar como al armamento de las rondas campesinas por parte del gobierno, que se alinearon con las fuerzas de seguridad para poner el fin de la sangrienta guerra.

Guzmán tras su captura el 12 de septiembre de 1992

La derrota del movimiento también estuvo ligada a cambios globales, más significativamente la disolución de la Unión Soviética por la burocracia estalinista y el colapso más amplio de movimientos que se basaban en programas nacionales. El mismo período vio a los sandinistas derrocados del poder en Nicaragua y la disolución de las insurgencias guerrilleras en El Salvador y Guatemala.

Un elemento importante de la ideología de Sendero Luminoso había sido el culto a la personalidad en torno a Guzmán, quien fue proclamado la ‘cuarta espada del marxismo’ después de Marx, Lenin y Mao, con sus escritos propagados como ‘Pensamiento Gonzalo’. Con su captura, junto con varios otros miembros destacados, no hubo liderazgo político para dirigir las operaciones del grupo maoísta.

Poco después de su captura, Guzmán renunció a la lucha armada y se rindió formalmente al Estado peruano. Sendero Luminoso colapsó rápidamente, con vestigios insignificantes que continuaron las operaciones en alianza con los narcotraficantes.

El alboroto anticomunista que rodeó la muerte de Guzmán ha ido acompañado de una glorificación de las fuerzas de seguridad —responsables de innumerables masacres, ejecuciones, actos de tortura, violaciones y abusos— como salvadoras de la ‘democracia’ peruana.

En realidad, lo que siguió a la captura de Guzmán no fue un florecimiento de la democracia sino una dictadura impuesta mediante el autogolpe del presidente Alberto Fujimori, quien en 1992 disolvió el parlamento y suspendió el sistema judicial, arrogándose a sí mismo el derecho a gobernar por decreto. La violencia estatal solo se intensificó, con una brutal represión de cualquiera que se atreviera a criticar al régimen o las fuerzas de seguridad como “simpatizantes del terrorismo” y masacres perpetradas contra civiles inocentes.

Fujimori cumple hoy una condena de 25 años por crímenes de lesa humanidad y corrupción, mientras que su principal cómplice, el siniestro jefe de inteligencia y “activo” de la CIA Vladimiro Montesinos está preso en la misma prisión naval donde murió Guzmán.

La clase obrera peruana debe rechazar con desprecio la propaganda anticomunista de la burguesía, mientras aprende las lecciones del amargo precio pagado por el maoísmo, tendencia que combina el nacionalismo burgués, el radicalismo campesino y el estalinismo con el propósito de bloquear la construcción de verdaderos partidos revolucionarios proletarios.

En América Latina, la influencia del maoísmo fue facilitada por la tendencia revisionista pablista que rechazó tanto el papel revolucionario del proletariado como la misión primordial del partido revolucionario en la lucha por el desarrollo de la conciencia socialista en la clase trabajadora. En cambio, los pablistas buscaron liquidar a los cuadros de la Cuarta Internacional en estalinismo, nacionalismo burgués, guerrilla pequeño burgués y maoísmo.

Si los partidos y medios capitalistas están tan empeñados en explotar la muerte de Guzmán para promover el anticomunismo y exaltar a las fuerzas de seguridad es porque saben que las luchas revolucionarias están en el horizonte en un país donde las condiciones de las masas obreras, Los jóvenes y los pobres de las zonas rurales se han vuelto intolerables bajo el impacto combinado de la pandemia de COVID-19 y la profundización de la crisis económica. La cuestión decisiva es la construcción de una nueva dirección revolucionaria, una sección peruana del Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Tomado de WSWS)

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