la derrota de Trump en los estados disputados del Medio Oeste de EE.UU. fue impulsada por intereses de clase, no de raza

por Jordan Shilton

La derrota de Donald Trump en las elecciones con la mayor participación desde 1900 fue una expresión de una amplia oposición popular a la política fascistizante de su Administración. El hecho de que constituyó mucho más un voto contra Trump que por Joe Biden quedó demostrado por la mala actuación del Partido Demócrata en contiendas por cargos menores (Congreso, legislaturas estatales y gobernadores).

Los resultados electorales en general fueron una clara refutación de los esfuerzos del Partido Demócrata y los medios de comunicación aliados (como el New York TimesWashington Post, NBC, CNN) para promover una narrativa racial, la cual interpreta prácticamente todos los aspectos de la sociedad estadounidense como una expresión de la “supremacía blanca” y el supuesto racismo innato de los blancos, especialmente de los trabajadores blancos.

La función ideológica y política de este tipo de política de derecha es ocultar la división central en la sociedad capitalista, las clases socioeconómicas, así como sembrar divisiones dentro de la clase trabajadora.

Pero como explicó el World Socialist Web Site el 6 de noviembre:

Una comparación de los resultados de las elecciones de 2016 y 2020 muestra que el factor principal que cambió las elecciones fue el impacto de la pandemia y la crisis económica en una parte sustancial de la clase trabajadora blanca que votó por Biden.

Brookings Institution notó el cambio en los patrones de votación a nivel nacional que refuta la narrativa racial. Informó:

Si bien los blancos continuaron favoreciendo al candidato republicano en 2020, como lo han hecho en todas las elecciones presidenciales desde 1968, es notable que este margen se redujo del 20 al 17 por ciento a nivel nacional. Al mismo tiempo, los márgenes demócratas para cada uno de los principales grupos no blancos se redujeron algo. El margen de los demócratas negros, aunque sigue siendo alto, del 75 por ciento, fue el más bajo en una elección presidencial desde 2004. Los márgenes de los demócratas latinos o hispanos y asiático-estadounidenses de 33 y 27 por ciento fueron los más bajos desde las elecciones de 2004 y 2008, respectivamente.

Un análisis de los resultados en los tres estados disputados del Medio Oeste que fueron clave para la victoria de Biden —Michigan, Pensilvania y Wisconsin— confirma que el factor crítico fue un giro de sectores sustanciales de trabajadores blancos en oposición a Trump.

Votantes blancos sin título universitario

En 2016, el giro del llamado “muro azul” [prodemócrata] de los estados industriales del Medio Oeste le dio la elección a Trump. El Partido Demócrata y sus organizaciones satélites pseudoizquierdistas atribuyeron la sorprendente pérdida de estos estados al racismo de la clase trabajadora blanca, ignorando el hecho de que los tres estados habían votado por Barack Obama tanto en 2008 como en 2012, y por márgenes sustanciales.

En esta elección, ambos candidatos aumentaron sus votos en los tres estados, pero el aumento de votos para Biden superó al de Trump. El patrón general fue un aumento sustancial de votos para el candidato demócrata en áreas urbanas, particularmente en los suburbios de las principales ciudades, y márgenes reducidos de victoria para Trump en áreas más rurales que ganó hace cuatro años.

Michigan

En 2016, Trump derrotó a Hillary Clinton en Michigan por un estrecho margen de 10.704 votos, o el 0,3 por ciento. En esta elección, Biden superó a Trump por 148.000 votos, un margen del 2,64 por ciento. La participación en el estado fue un récord de 5,5 millones, mayor que en 2008.

Trump agregó 365.000 votos a su total de 2016, pero Biden agregó 522.000 votos a los recibidos por Clinton. La gran diferencia fue el aumento del voto recibido pro Biden sobre Clinton en los suburbios de Detroit, en su mayoría blancos, combinado con márgenes significativamente más pequeños favorables a Trump en los condados más rurales.

En los suburbios de Detroit de clase trabajadora, en gran parte blanca, del condado de Macomb (que había votado por Obama dos veces), Trump volvió a ganar la votación, pero con un margen significativamente menor que hace cuatro años. En 2016, Trump obtuvo el 54 por ciento de los votos frente al 42 por ciento de Clinton. Esta vez, recibió el 53 por ciento en comparación con el 45 por ciento de Biden.

El candidato demócrata ganó aún más terreno en el bastión republicano del condado de Livingston, un suburbio de Detroit, y en el condado de Ottawa, en las afueras de Grand Rapids. Trump ganó todos menos 11 de los 83 condados del estado, pero su margen de victoria en muchos de los condados que ganó cayó sustancialmente.

Cayó un 8 por ciento en el condado de Emmet, un 9 por ciento en el condado de Ottawa y casi un 10 por ciento en Grand Traverse. En el condado de Antrim, el margen de Trump cayó un 15 por ciento.

Por otro lado, Biden recibió 1.000 votos menos en la ciudad de Detroit de los que recibió Clinton en 2016, mientras que el voto de Trump en la ciudad aumentó en 5.000 votos. Esto está en línea con el patrón nacional, en el que los grandes condados con mayoría no blanca vieron un aumento del 20 por ciento en los votos para Biden, pero un aumento mayor, del 29 por ciento, para Trump. Esto reflejó un aumento en la polarización socioeconómica entre negros, latinos y asiáticos-estadounidenses.

Votantes de color sin título universitario

Los datos de las encuestas a boca de urna muestran aún más claramente el papel dominante del factor de clase socioeconómica en el cambio que vio Michigan a favor de los demócratas en la votación presidencial.

El margen a favor de Trump entre los votantes blancos en el estado se redujo de 21 puntos porcentuales en 2016 a 12 puntos este año. En contraste, el déficit de Trump entre los votantes negros se redujo de 86 puntos porcentuales a 80 puntos.

La ventaja de Trump entre los hombres blancos se redujo de 35 puntos porcentuales en 2016 a 22 puntos. Entre las mujeres blancas, su margen se redujo de 8 puntos porcentuales a 2 puntos.

Entre los hombres negros, el déficit de Trump se redujo del 79 al 72 por ciento. Entre las mujeres negras, el margen de derrota se redujo del 93 al 86 por ciento.

Los blancos sin título universitario le dieron a Trump una ventaja de 31 puntos frente a Clinton, pero solo de 20 puntos sobre Biden. Pero el déficit de Trump entre los votantes de color sin título universitario se redujo de 70 puntos porcentuales a 52.

De manera similar, Trump redujo su déficit entre los graduados universitarios no blancos de 70 puntos porcentuales en 2016 a 52 puntos este año.

Las encuestas a boca de urna que desglosan el voto según los ingresos de los hogares subrayan la misma dinámica. Uno de los cambios más drásticos ocurrió entre los votantes con un ingreso familiar anual de entre $30.000 y $50.000. En 2016, Trump ganó en esta categoría por 8 puntos porcentuales. Esta vez, perdió ante Biden por 14 puntos.

En el rango de 50.000 a 100.000 dólares, mayoritariamente de clase trabajadora, Trump pasó de una ventaja de ocho puntos porcentuales a una pérdida por tres puntos. En la categoría de menos de $100.000, Trump pasó de un déficit de tres puntos porcentuales en 2016 a una pérdida de nueve puntos este año.

Votantes con ingreso menor a $50.0000 por año

Pensilvania

Con la mayor participación desde 1960, Biden le dio vuelta a Pensilvania, obteniendo una ventaja de unos 73.000 votos o el 1,1 por ciento de los votos emitidos. Trump había ganado el estado hace cuatro años por unos 44.000 votos o 0,7 por ciento.

El patrón fue similar al de Michigan. Biden no acumuló su margen de victoria en Filadelfia, con su gran población afroamericana, sino en los suburbios mayoritariamente blancos de Filadelfia, ni en el área de Pittsburgh, sino que recortó los márgenes de Trump en condados más rurales.

La participación en los distritos electorales de Filadelfia con una población predominantemente negra disminuyó un 6 por ciento desde 2016. El voto de Trump en la ciudad en su conjunto aumentó en 20.000 votos y un 18 por ciento de los votos emitidos. El voto de Biden disminuyó en más de 20.000 respecto a Clinton y su porcentaje cayó 3 puntos porcentuales desde el 84 por ciento de Clinton.

Biden obtuvo aumentos en los suburbios de Filadelfia de los condados de Chester, Delaware, Montgomery y Bucks, superando el total de Clinton en 2016 en más de 85.000. Obtuvo 48.000 votos más al ganar el condado de Allegheny, que incluye Pittsburgh, comparado a los que recibió Clinton al ganar el condado en 2016.

Biden dio vuelta a dos condados que habían favorecido a Trump hace cuatro años: Northampton (Easton) y Erie. Todos los demás tuvieron el mismo partido ganador, pero con márgenes aumentados para Biden.

Biden mejoró el margen de victoria de Clinton en 2016 en el condado de Lackawanna, que incluye Scranton, superando a Trump en 8 puntos porcentuales en comparación con los 3,5 puntos de Clinton.

Biden, Clinton y Obama ganaron el condado de Dauphin, hogar de la capital del estado, Harrisburg, pero el margen de Biden fue sustancialmente más alto: 8,4 puntos en comparación con 2,9 y 6 puntos respectivamente.

Quizás lo más significativo fue el reducido margen de victoria de Trump en las zonas rurales y pequeñas de Pensilvania. El margen de Trump, por ejemplo, cayó 5 puntos en el condado de Luzerne (Wilkes-Barre) y 3 puntos en el condado de Lancaster.

Los datos de las encuestas a boca de urna subrayaron el cambio en el voto de la clase trabajadora, particularmente entre una sección de trabajadores blancos, que llevó a la derrota de Trump en Pensilvania.

El margen de ventaja de Trump entre los hombres blancos en el estado disminuyó de 32 puntos porcentuales en 2016 a 25 puntos en esta elección. Su déficit entre los votantes con un ingreso familiar por debajo de $50,000 aumentó de 12 puntos porcentuales a 14 puntos.

Por otro lado, mientras que la ventaja de Trump entre los votantes blancos sin título universitario se mantuvo estable en 32 puntos porcentuales, el déficit de Trump entre los votantes de color sin título universitario disminuyó de 76 puntos porcentuales a 67 puntos.

Votantes con ingreso entre $50.000 y $100.000 por año

Wisconsin

Trump derrotó a Clinton en 2016 en Wisconsin por unos 22.700 votos, un margen porcentual de 0,7. Este año, Biden ganó el estado por unos 20.500 votos, por el mismo margen de Trump de 0,7 por ciento en 2016.

Nuevamente, el factor decisivo fue un cambio de votos de Trump a Biden por parte de sectores de trabajadores blancos y personas de clase media, particularmente en los centros urbanos y los suburbios. Biden aumentó marginalmente su ventaja en Milwaukee sobre la de Clinton. Pero hubo un cambio más significativo en los tres condados suburbanos tradicionalmente republicanos y predominantemente blancos de Milwaukee: Waukesha, Ozaukee y Washington. En este año, favorecieron a Trump así como en 2016, pero por márgenes sustancialmente más estrechos. En Ozaukee, por ejemplo, la ventaja de Trump se redujo en 7 puntos porcentuales.

El condado de Brown, hogar de Green Bay, es un condado variable que votó por Obama en 2008, Mitt Romney en 2012 y Trump en 2016. Si bien la participación aumentó un 12 por ciento este año, el margen de victoria de Trump disminuyó. Trump ganó por 10.300 votos. En 2016, ganó por 14.000 votos. Su margen de victoria en el condado cayó del 10,8 por ciento al 3 por ciento.

Trump en realidad mejoró su desempeño en los condados rurales de Wisconsin, pero no pudo compensar el giro en su contra en las áreas más urbanas.

Un sector significativo de Wisconsin que desafía la narrativa racial son los hombres blancos que no tienen un título universitario. La ventaja de Trump en este grupo se redujo drásticamente del 40 por ciento en 2016 al 27 por ciento este año. Otra categoría son los hombres negros, cuyo voto por Trump aumentó del 8 al 12 por ciento, mientras que el porcentaje de Biden disminuyó del 90 al 87 por ciento.

Las encuestas a boca de urna basadas en niveles de ingresos proporcionan los datos más crudos sobre un giro de la clase trabajadora lejos de Trump. El déficit de Trump entre los votantes con un ingreso familiar de menos de $30.000 se disparó de 9 puntos porcentuales en 2016 a 35 puntos este año.

En el grupo de $30.000- $50.000, Trump pasó de un empate (de 43 por ciento) hace cuatro años a un déficit de 12 puntos (43 a 55 por ciento) este año.

En la categoría de $50.000 a $100.000, la ventaja de Trump se redujo en 3 puntos porcentuales.

***

No hay tregua en los esfuerzos del Partido Demócrata y los medios de comunicación aliados, liderados por el New York Times, para distorsionar los resultados reales de la votación y retratar la victoria de Biden como resultado de un aumento en los votos de los negros, que vencieron el atrincherado racismo de los blancos.

Poco después del día de las elecciones, el columnista del New York Times, Charles Blow, publicó una columna en la que señaló los avances de Trump entre los afroamericanos y concluyó absurdamente que era una manifestación del “poder del patriarcado blanco”.

En un intento algo más matizado de apuntalar la narrativa racial, la columnista del Times, Jamelle Bouie, escribió el 18 de noviembre una columna que buscaba enturbiar las cuestiones socioeconómicos y de clase subyacentes a los resultados de la votación. Bouie afirmó que Trump mejoró su desempeño entre los votantes de las minorías simplemente porque apoyó la entrega de cheques de estímulo de $1.200 y beneficios temporales de desempleo bajo la Ley CARES bipartidista.

Esto, por supuesto, ignora el hecho de que el suplemento por desempleo expiró hace casi cuatro meses y no se ha proporcionado ningún alivio adicional, dejando a millones de trabajadores, blancos y negros, al borde de la indigencia.

Frente a la pandemia, el desempleo masivo, las conspiraciones dictatoriales de Trump y la amenaza de guerras, es fundamental que la clase trabajadora tome conciencia de las divisiones de clases que dominan la sociedad capitalista y de sus propios intereses independientes. Esa comprensión no se desarrolla simplemente de manera espontánea. Los trabajadores están sujetos a inmensas presiones y un flujo constante de propaganda y mentiras de los medios corporativos y de los dos grandes partidos empresariales.

Millones de trabajadores que votaron por Trump no lo hicieron porque apoyen su política fascista, sino porque están disgustados con el Partido Demócrata, que es un instrumento de Wall Street y los militares tanto como Trump y es igual de hostil hacia la clase trabajadora. Su política de raza e identidad de derecha solo logra sembrar divisiones y confusión en la clase trabajadora. Al no ver una alternativa progresista, sectores de trabajadores son susceptibles a la falsa postura de Trump como oponente de la élite política.

Sin embargo, a pesar de las contradicciones y problemas, la trayectoria dentro de la clase trabajadora es hacia la izquierda y las luchas de masas están en la agenda. La cuestión crucial que enfrentan los trabajadores y los jóvenes es la construcción del Partido Socialista por la Igualdad como la nueva dirección política, para desarrollar una conciencia de clase genuina basada en los intereses comunes de todos los trabajadores en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo

(Tomado de WSWS)

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