La debilidad del gobierno de Boric y la Convención constituyente

por Marcos Roitman

Boric se ha encharcado, ha demostrado no estar a la altura de las expectativas. A poco de andar sigue la misma trayectoria de gobiernos anteriores. La periodista Francisca Sandoval, baleada por grupos que actúan en connivencia con las fuerzas policiales cuando cubría las marchas del 1º de mayo para el canal comunitario Señal 3 La Victoria, ha muerto, tras 11 días de agonía. Mientras tanto, el presidente Gabriel Boric ratifica a Ricardo Yáñez como general director de Carabineros. Su pasado represor no es obstáculo para su nombramiento. Asimismo, la negativa a retirar las fuerzas armadas del Wallmapu, territorio Mapuche, transmite un mensaje de apoyo a las compañías madereras, terratenientes y trasnacionales. Bajo el eufemismo estado intermedio, las fuerzas armadas mantendrán su presencia en las regiones de Biobío y La Araucanía para garantizar el orden y la seguridad de la población, declaró el subsecretario de interior, Manuel Monsalve.

Gabriel Boric, el presidente más joven en la historia de Chile, tomo posición el 11 de marzo en medio de la algarabía general y cientos de invitados internacionales. Dos meses antes sorprendía a propios y extraños designando a sus ministros. Algunos pertenecían a los partidos que gobernaron Chile desde el progresismo. Algo inexplicable, si se considera que el estallido social de octubre de 2019 agitó como bandera su rechazo. Sin embargo, el presidente Boric no tuvo remilgos. Personajes que han contribuido al mantenimiento del neoliberalismo, apuntalado sus reformas, y bajo acusaciones de prácticas clientelares, forman parte de su gobierno. ¿Por qué esta decisión?

Sin duda, debió ser meditada con sus asesores. ¿Se trataba de enviar un guiño hacia quienes vaticinaban un gobierno rupturista? ¿Era una manera de conseguir apoyos en territorio enemigo? Añadir interrogantes es fácil. Sin embargo, creo que se debe más a una estrategia de coyuntura y una debilidad estructural. Se trataría de fortalecer la Convención Constitucional y de esa manera al gobierno, evitando roces con socialistas, democratacristianos e independientes neutrales, cuyas decisiones pueden contribuir a redactar una nueva constitución progresista. De logarlo, Gabriel Boric pasaría a la historia como enterrador del pinochetismo constitucional. Su visita a los convencionales nada más tomar posesión del cargo contrasta con el boicot de Sebastián Piñera y supone un aval, más allá del resultado final.

Sin mayoría en el parlamento, sus decisiones están permeadas por el resultado del plebiscito constitucional, a celebrarse el próximo 4 de septiembre. La necesidad de aprobar la nueva Carta Magna es un objetivo prioritario. Su rechazo provocaría una hecatombe. La derecha lo sabe y ha puesto toda su actividad en demostrar que la propuesta de Carta Magna sobrepasa todas las líneas rojas. Por consiguiente, es poco representativa del país. Presa del estallido social, está sesgada por miembros que la han secuestrado, avivando viejos odios políticos que alteran la paz y el buen orden. Por otro lado, dirán, los convencionales progresistas son incompetentes y frívolos.

Para contrarrestar este dislate, la derecha moviliza fuerzas en campo propio y ajeno. Ex dirigentes de la concertación, premios nacionales, senadores, diputados, ex rectores de universidad, ex ministros, se adhieren al movimiento Amarillos por Chile, cuyo ideario puede sintetizarse en el eslogan Una constitución sin ideologías. Ni de derechas ni de izquierdas (?). Fulvio Rossi, ex senador socialista y amarillista, se despacha tildando a los convencionales de redactar una Constitución totalitaria, sin respeto a la propiedad privada. En contraposición, la actual Carta Magna, tras las reformas introducidas por Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, sería un ejemplo de consenso, democracia y armonía social. Con este argumentario, compartido por los miembros de Amarillos por Chile, el fantasma del rechazo se vuelve una alternativa a proponer como opción. De esa manera, la constitución pinochetista seguiría vigente.

Una derrota sería difícil de encajar por el gobierno de Gabriel Boric. Su fuerza depende del resultado en el plebiscito. Un triunfo podría incluso ser interpretado como un éxito personal. Pero el gobierno se ha encharcado y no ha sido capaz de fortalecerse; por el contrario, ha demostrado no estar a la altura de las expectativas. A poco de andar sigue la misma trayectoria de gobiernos anteriores. Los movimientos sociales, en los cuales debía apoyarse, han sido desmovilizados, cuando no reprimidos. De tal manera que el partido del orden se recompone.

Cuarenta años de transacciones, corruptelas, favores, enriquecimiento fraudulento y pactos espurios genera redes, y visto que el gobierno no los ataca, se siente con renovadas fuerzas. Su poder se encuentra en las instituciones: fuerzas armadas, jueces, empresarios, curia, banqueros. Representan un poder fáctico. Así, más allá de los brindis al sol, la realidad sugiere que el dique para avalar una acción de gobierno en el medio plazo, una nueva constitución progresista, se esfuma entre decisiones controvertidas, prácticas clientelares y errores de principiante.

La arrogancia de quienes pensaron que gobernar un país era similar a tener el mando de un sindicato estudiantil se topa con viejos lobos con años de experiencia. Soberbios y sin humildad, están siendo engullidos por tiburones de la política. Se cuenta que al presidente Salvador Allende, en marzo de 1973, época de las elecciones legislativas, le informaron la intención de un pariente deseoso de postularse al Senado, su respuesta fue demoledora: Sin experiencia se lo van a comer vivo. Allí no tendrá ninguna opción de sobrevivir. Saque usted las conclusiones.

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