Transformar la Convención Constituyente en la tumba del neoliberalismo

por Marcos Roitman

El futuro no está diseñado. Como sucedió con el triunfo de la Unidad Popular y Salvador Allende, ni los más optimistas pensaban en una derrota tan aplastante de la derecha. El desconcierto en sus filas equivale al sufrido la noche del 4 de septiembre de 1970. Nada que celebrar, miedo y mucho que conspirar. Sus convencionistas no alcanzan el tercio necesario para imponer su ruta. La debacle se proyecta en las elecciones a gobernadores, alcaldes y concejales. Pero hay que estar alertas, la derecha no duerme, ni se desanima, sólo cambia su hoja de ruta. La abstención supera 60 por ciento en todas las elecciones. En ese contexto, la emergencia de pactos espurios, presiones y ruidos de sables pueden convertirse en noticias permanentes, buscando un cortocircuito en los trabajos de la convención.El nuevo mapa político que se dibuja en Chile puede ser el punto de inflexión que tanto han soñado los herederos del pensamiento político de Allende. Si se juegan bien las cartas, puede conducir a una refundación democrática del Estado. Para que así sea, será necesario ejercer un control sobre los constituyentes, mantener la sociedad movilizada, exigiendo claridad y un debate constante que no hurte al pueblo la participación desde los cabildos, las asambleas populares y los foros constituyentes. Si los partidos con el miedo en el cuerpo se coaligan trasversalmente, pueden optar por hacer fracasar la convención.

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Luis Sepúlveda: notario de la historia, guardián de la memoria

por Marcos Roitman Rosenmann 

Vivió todas sus vidas. Su imaginación lo llevaba a mundos donde creaba sin ataduras. Fue un personaje al interior de su literatura. Gran conversador y fumador empedernido, abandonó Chile sin quererlo. La dictadura de Pinochet lo llevó al exilio. Nunca perdió sus raíces ni su compromiso político. No sólo escribió literatura, incursionó en el teatro y el cine. Fue un excelente analista político. A diferencia de otros literatos cuya fama los descoloca hasta el extremo de vender su alma, Luis Sepúlveda dejó constancia de sus principios y valores democráticos. Sus artículos circularon en los años oscuros de la dictadura. La revista Análisis los publicaba. Su director, Juan Pablo Cárdenas, editó por primera vez su novela Un viejo que leía novelas de amor. Cuenta que tras enterarse de su publicación por una editorial francesa, recorrió las librerías de Santiago, junto con sus amigos, retirando los ejemplares para que los franceses creyesen que habían sido los primeros en descubrir la obra.

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Marcos Roitman: “Piñera ha traspasado la Constitución de Pinochet, otorgando poderes para reprimir”

por Mario Casasús

En entrevista con Clarín, Marcos Roitman (1955), sociólogo y columnista de La Jornada, analiza las protestas en Chile: “ Que estalle la crisis en el segundo gobierno de Piñera es circunstancial. Pero la corrupción, la desigualdad social, las reformas de las pensiones, los escándalos financieros, la aplicación de la Ley Antiterrorista al pueblo mapuche, la venta del país a las trasnacionales, la privatización de la educación y los déficit sociales en materia de vivienda, sanidad se han dado en las administraciones de la Concertación y la Nueva Mayoría. Incluso cuando hablamos de justicia reparadora a quienes padecieron los tormentos de la dictadura o directamente fueron asesinados, detenidos desaparecidos, los políticos de la Concertación fueron timoratos. Gracias a su Ley de Amnistía, los torturadores y cómplices civiles de la dictadura han quedado impunes, incluso algunos de ellos están en la cámara de diputados, en el senado, son alcaldes o tienen cargos públicos. Asimismo, apoyaron la liberación del genocida en Londres”. 

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Una izquierda cretina y apatronada…. ¿Qué ha sido de Podemos y Syriza?

por Marcos Roitman

Las recientes elecciones en España y las experiencias latinoamericanas hablan de un divorcio entre el imaginario social progresista y una realidad conservadora. La llamada izquierda política defrauda, no cumple, se refugia en discursos ambiguos, se deja llevar por el marketing electoral y pierde identidad. La falta de coherencia, proyectos y programas de cambio social democráticos trastocan en gestión institucional. Lo que se atisbaba como una revolución abajo y a la izquierda se diluye en un discurso demagógico donde no se encuentra ni el abajo, ni la izquierda.

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