Construcción de la Estación Mapocho

Jenaro Abasolo filósofo que abogó por una Asamblea Constituyente en el Chile oligárquico

por Ewald Meyer

En el Chile decimonónico, ese Chile oligárquico, de estatuas de bronce forjadas en guerra nacionales, hubo chilenos que pensaron más allá de los límites de una democracia conocida y soñaron con un porvenir honesto y justo para sus ciudadanos. Exploraron donde nadie quiso explorar, enarbolaron una voz disidente, ciudadana y democrática junto al pueblo, no en su nombre para tergiversar el sistema y acomodarlo a su antojo y beneficiar a unos pocos, los conocidos de siempre. Naturalmente fueron invisibilizados por el poder que consideraba sus escritos como subversivos y sujeto de sanción represiva. Es el caso Jenaro Abasolo Navarrete( 1833-1884). ¿Quién es él?, ¿Quién es este señor Abasolo?¿Filósofo chileno?.

Jenaro Abasolo

Hijo de una familia de comerciantes vizcaína, debió afrontar la temprana muerte de su padre, junto a sus hermanos. Santiaguino, estudió en el instituto nacional y posteriormente Agrimensura, sin embargo, cultivó desde adolescente las letras y su temprana habilidad en el aprendizaje del francés, lengua mundial y comercial en el siglo XIX que abrió los ojos del Joven Jenaro a la filosofía francesa y alemana. Profesor de la escuela de minas en Copiapó con poco más de veinte años, experimento las represión y muerte que sufrieron aquellos que se atrevían  a desafiar el poder central santiaguino de Manuel Montt, verdadero dictador amparado por la constitución oligárquica y conservadora de 1833. En medio de las sucesivas revueltas durante estos regímenes dictatoriales de los decenios de Prieto, Bulnes y Montt, con una democracia censitaria a espaldas del pueblo, Abasolo se radicó un tiempo en Buenos Aires , ciudad que prodigó la lectura y dialogo con connotados intelectuales del rio de la plata como José Faustino Sarmiento, con todo Jenaro Abasolo, a menudo confundido históricamente con Francisco de Bilbao, revolucionario emblemático en el Chile del siglo XIX, no transitará los caminos conocidos de aquellos que escriben para hacerse un nombre y luego ser acariciados por el poder. Profundamente impactado ideológicamente por las intentonas de la sociedad de la Igualdad mediante la lucha armada para derrocar al gobierno conservador en 1851, el filósofo chileno esbozará su pensamiento lucido con plena conciencia en el rezago y opresión del pueblo.  

Don M. Montt fue un hombre honrado. Sus actos fueron buenos, pero sus hechos fueron malos. El acto es el que pasa en la conciencia, el hecho es el que se desarrolla en las realidades exteriores. Y otra cosa: ¿Qué cantidad de crimen entra a formar un grande orgullo, cuando el orgullo significa desprecio de los demás y no el gran pudor de las almas muy altas? (Los Ricos y Los pobres.1872)

Y agrega incendiario a los gobiernos conservadores y el sistema portaliano;

«La tiranía es un mesianismo», y el mesianismo es una tiranía. Ambos han tenido su época de legitimidad. ¿Y en el día? El tirano prostituye al ciudadano: el Mesías prostituye al hombre: aquel sofoca el carácter en sus funciones más elevadas, éste encadena al genio, sofoca las más sublimes aspiraciones del alma. (Los Ricos y Los Pobres 1872)

El filósofo chileno publicó en 1861 Dos palabras sobre América y su porvenir, en 1866 La religión de un americano, en 1872 Los ricos y los pobres, pero quizá su gran obra, además declarada en vida por el filósofo, es La Personalité 1877 publicada en Bélgica durante su larga estadía en Europa. Sin embargo, sabemos por su hija Flora Abasolo de las desventuras de este filósofo chileno, en la publicación de su obra póstuma, La personalidad política y América del porvenir 1907. Jenaro Abasolo en la práctica nunca fue leído y si así ocurrió, no logró ser comprendido por la escaza masa crítica de su tiempo, por ahí algunos intelectuales sudamericanos valoraron sus escritos, sólo en Europa con la publicación de su libro La Personalité logró cierta visibilidad académica. El conservadurismo intelectual chileno, invisibilizó sus escritos, y sus posturas políticas radicales.

La Asamblea Constituyente

Jenaro Abasolo hijo intelectual de la tradición revolucionaria francesa de 1848, influenciado por Michelet, Quinet y Lemennaiss, este filósofo chileno construyó filosofía política a partir de un concepto prohibido deliberadamente en Sudamérica, luego de los procesos de emancipación de 1810; La asamblea constituyente. Dotado de un sentido revolucionario diagnosticaba la situación política chilena;

El Leviathan aristocrático dormido sobre el seno del pueblo; el cual, bajo esa presión horrible, desarrolla por un trabajo sórdido y tenebroso las energías de la serpiente. De esa serpiente que, irritada al fin, retorciéndose en sus anillos colosales, silba como el aquilón y envuelve como el boa su presa gigantesca y la descuartiza.(Los Ricos y Los Pobres 1872)

Para Jenaro Abasolo la personalidad política es el sujeto histórico que debe moldearse como ciudadano mediante la educación, una educación que garantiza soberanía y derechos igualitarios a todos los ciudadanos. 

Pues si el Poder tiene el deber de amparar la economía de la riqueza general, ¿con cuánta más razón no debe tener el de ensanchar la esfera de los espíritus, que es el fin republicano? (Los Ricos y Los Pobres 1872)

Sus primeros escritos de filosofía política son novedosos e inexplicables para una elite intelectual chilena acostumbrada a textos retóricos, básicamente cercanos al pensamiento cristiano y justificatorio del estado nacionalista, patriota y autoritario. Publicados en tiempos difíciles, recordemos que el régimen portaliano de la mano de los presidentes del decenio, había sofocado a sangre y fuego sublevaciones sucesivas que buscaban reformas al sistema imperante.

Y entonces nosotros ¿por qué abusamos de ese hecho social producido por las iniquidades pasadas, esto es, de la existencia del proletariado? ¿Porqué no damos su parte legal al desvalido? (Los Ricos y Los Pobres 1872)

Incendiario, Abasolo, fue una piedra en el zapato para elite santiaguina y la oligarquía pechoña de Chile, su acida pluma no fue bien vista en los círculos intelectuales de la época. 

Y escritores serviles, traficantes del mercado de la opinión, propalan entre nosotros ese viejo dogmatismo europeo del Estado hecho institución de economía política y taller de comodidades y de refinamiento. Y París, ese ideal de Mascarillas, de comediantes y de mujerzuelas, ese ideal de haraganes de buen tono y de celebridades de barrio, esa apoteosis de nulidad y de lupanar se encarna furiosamente en América y apolilla en su infancia la planta vigorosa de la república.(Los Ricos y Pobres 1872)

Dotado de una amplia cultural intelectual Abasolo comprendió tempranamente que la miseria del ciudadano común, sin acceso a nada y menos a derechos políticos era un lugar común en Latinoamérica y particularmente en Chile, y las explicaciones conservadoras no hacían más que revestir de engaño al ciudadano medianamente ilustrado. Este fenómeno, existente desde los inicios del siglo XIX en Europa, sin embargo, no había logrado sortear la férrea censura de libros e ideas que las naciones sudamericanas implantaron deliberadamente. Con todo, el filósofo chileno se las ingenió para publicar en Santiago algunos textos controvertidos y subversivos para su tiempo.

¿Cuál es la soberanía individual? ¿Puede el hombre ejercer de un modo fecundo la soberanía de su voluntad, modificarse, engrandecerse según su ideal, o sólo obra «el tiempo y la casualidad en todo?.(La Religión de un americano 1862)

En Ricos y pobres publicado en 1872 escribe líneas señeras que incluso hoy perecen resonar en nuestra contemporaneidad. 

¿Son los hombres iguales entre sí e independientes unos de otros?.¿Una asamblea constituyente es la expresión soberana de esa igualdad y las leyes son ecuaciones derivadas de esa ecuación primera?.

Y en ese ejercicio filosófico agrega;

Una asamblea constituyente es la expresión de la humanidad elevada a la visión de la justicia, que es el genio y el ideal respetados en los demás, y al instinto de la libertad, que es el ideal y el genio respetados en uno mismo. Es la patria lo que queremos salvar, en la integridad de su genio por la proclamación del derecho, y en la integridad del derecho por la institución de la mancomunidad política, que es fraternidad realizada; (Los Ricos y Los Pobres 1872)

El americanismo presente a los largo de su obra es otro vestigio que harán de Jenaro Abasolo un filosofo invisibilzado por la cultura oficial. A menudo se le confunde con Francisco de Bilbao, enfant terrible, de las letras chilenas, revolucionario consagrado, pero del cual Abasolo solo tomará referencias y algo de inspiración. 

El pueblo es abyecto, decís, y no sentís el remordimiento. Cuando ese pueblo era dueño de la América, soberano en su tierra, ese pueblo no era abyecto. ¿Quién le trajo entonces la abyección? La España.(La religión de un Americano.1862)

Aquejado de una enfermedad nerviosa, en 1875 viaja a Europa. Su plan es publicar textos escritos durante años. Es un tratado, al estilo de la época de los grandes sistemas filosóficos completos, desde el idealismo. La Personalité será publicada en Bruselas en 1877. En el segundo Abasolo, influenciado profundamente por el idealismo alemán y particularmente por F H Hegel, llevará aún más al extremo su análisis filosófico político. Sin embargo, su muerte temprana no permitió continuar publicando su obra.

Jenaro Abasolo Navarrete nunca tuvo figuración política, existen desperdigados artículos en pasquines de segunda santiaguinos, nunca publicado por alguna editorial chilena, ni menos obtuvo la membrecía de la casta académica chilena. Completamente desconocido, sin embargo, en Europa algunas referencias de su libro en francés recuerdan en reseñas, que este filósofo de contracorriente, insolente y subversivo para su época, pensó en temas que ciento cincuenta años después tienen plena vigencia.

(el autor es Licenciado en Historia.PUCV. Ph.D. Universidad Karlova de Praga; ewald.meyer@hotmail.com )

La imagen de que acompaña a esta nota es una fotografía de las obras de construcción de la Estación Mapocho, a fines del siglo XIX. El espíritu de Abasolo.

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