por Ewald Meyer
Los capítulos de espionaje y eventos peculiares durante la guerra fría y vinculada al ajedrez son profusos, muchos involucrados que hasta hoy parecen perderse en el anonimato. Para ejemplificar una anécdota contada por el Maestro Rodrigo Flores varias veces campeón de Chile en torno a su viaje a Dubrovnik 1950 representando a Chile en la olimpiada de Ajedrez y la entrega de una encomienda a una familia de un emigrado Croata en tierras yugoeslavas, una historia peculiar llena de misterio que cuenta en su libro de memorias hasta hoy poco conocido. Y es que los ajedrecistas a pesar de su extravagancia parecen gozar de transversalidad que los sitúan por sobre las contingencias humanas.