La Rusia de Putin y el conflicto diplomático con la República Checa

por Ewald Meyer

A casi treinta años de la caída del muro de Berlín, los ex aliados (URSS y Checoslovaquia), se enfrentan en una disputa que parece sacada de la época de la guerra fría. En aquel tiempo Praga pertenecía a la órbita socialista dominada por la URSS hasta 1990, momento de la desintegración de Checoslovaquia. Dividida en República Checa y Eslovaquia ambas entraron en la Comunidad Europea a inicios del siglo XXI, con ello se hicieron parte de la OTAN y la esfera de influencia histórica, otrora eslava rusófila se esfumó.

Tras setenta años, Praga se distanció de Moscú con quién siempre tuvo una relación de subyugación en el pacto de Varsovia, quizá su momento más dramático, La Primavera de Praga en 1968, con tanques soviéticos aplastando la resistencia checa, y un clivaje histórico no superado por los checos y que los catapultó a la historia universal, como uno de los episodios negros de la guerra fría. Excelente retrato hace de aquellos días funestos y dramáticos, Milan Kundera con su novela “La insoportable levedad del ser”.

Hoy la República Checa tiene un diseño de política exterior inscrita en la cooperación y la mantención de los socios comerciales, que conforman la comunidad europea y todos aquellos países de la región cercana a Europa del este. En ese contexto, una de las exportaciones tradicionales es la industria armamentista checa junto a la industria pesada, que abastece a países del tercer mundo y mantiene fluidos negocios con algunas ex repúblicas soviéticas, hoy pertenecientes a la federación rusa. El espinudo negocio de las armas que habitualmente es asumido por el Estado de cada país, hacia el 2014 encontró un foco de conflicto entre Moscú y Praga.

La escalada bélica en el diseño de una nueva recuperación como potencia mundial de la Rusia de Putin, se enfocó en Ucrania y la anexión de Crimea. Las operaciones en la zona determinaron que Ucrania tradicionalmente bajo la influencia histórica rusa, estableciera una política diplomática de acercamiento con la comunidad europea. Este hecho, deplorable para Moscú, trajo como consecuencia la activación de las poblaciones rusófilas en territorio ucraniano y la cuña de una guerra nacionalista respaldada por Putin, a fin de neutralizar las posibilidades de integración de Ucrania a la comunidad europea y en su defecto a la OTAN.

La puesta en práctica de la estrategia ucraniana lesiona gravemente los intereses de Moscú en la región. Putin advierte constantemente que la OTAN representa un peligro para la seguridad de Rusia y no está dispuesto a tolerar bases militares cercanas a su territorio. Lo anterior trajo como consecuencia que Kiev se viera en la necesidad de buscar nuevos proveedores para la defensa de su territorio contra las pretensiones de Putin. En ese contexto, Praga ve con buenos ojos la venta de armas y aprovecha para dar de baja armamento liviano que Kiev compra con gran entusiasmo. Ante este panorama, Moscú recurrió al viejo expediente de la guerra fría y desplegando un ejército de espías simplemente alertó a los checos, que no se la llevarían gratis en esta riesgosa transacción con Kiev.

En 2014 dos sendas explosiones en un depósito de armas en Vrbetice, localidad al sur de Moravia ubicada en el corazón industrial de Zlin, que costó dos muertos, trajo como consecuencia un espiral de acusaciones desde el gobierno checo. Ante la negativa de Moscú de las acusaciones, e incluso sosteniendo que es todo un montaje de la agencia de seguridad checa, el gobierno checo finalmente publicó, hace pocas semanas, argumentos contundentes donde se inculpa a dos agentes del servicio secreto ruso como responsables de lo que califica terrorismo de estado en territorio checo. En este panorama álgido, la Cancillería checa decidió expulsar a dieciocho diplomáticos rusos, tras lo cual Moscú expulsó el mismo número desde la embajada checa en Moscú. La escalada va subiendo de tono y al ultimátum checo dado a Moscú para reintegrar a los funcionarios a la embajada en la capital rusa, ya que ha quedado sólo un puñado de funcionarios que pone en peligro en funcionamiento de la delegación, los rusos simplemente no dieron respuesta. Con todo, Rusia sigue en el afán de imponer su voluntad y mantener influencia en la antigua órbita socialista.

Por otro lado, los checos saben que no están solos como en aquellas jornadas de agosto de 1968, donde el gigante soviético roncó y Alexander Dubcek, el premier checo, fue llamado al orden y luego sepultado en el olvido político con su destitución. Hoy es la comunidad europea y la OTAN quienes prestan su apoyo contra la Rusia de Putin, sin que pueda el otrora gigante ruso, hacer mucho para imponer su voluntad política. La Cancillería checa sabe que puede jugar de igual a igual contra esta embestida de Moscú que está directamente vinculada a los movimientos de tropas que hoy ocurren en la frontera con Ucrania. La política de Putin, perfectamente orquestada y calculada como un partido estratégico de ajedrez, busca disuadir a cualquier país de la región de prestar algún tipo de ayuda a Kiev, con el fin de mantener su alicaída influencia en lo que considera parte de la Gran Rusia. El líder ruso está advirtiendo que no crucen la línea roja, en directa referencia a los hechos que intentan revertir la autocracia impuesta en Bielorrusia, a través del apoyo indirecto que la comunidad europea presta a los líderes de oposición en ese país.

A modo de corolario, Eslovaquia, antiguo miembro de la ex Checoslovaquia, decretó la expulsión de diplomáticos rusos en apoyo a la Cancillería checa, un acto abiertamente hostil y solidario del pueblo eslovaco. Parece ser que las cuentas históricas de setenta años de comunismo en la otrora Checoslovaquia están siendo cobradas y con intereses a Rusia. ♣♣♣

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