La Parada Militar: la oligarquía, Körner y el Ejército contra el pueblo

por Alejandro Valenzuela Torres

Cada 19 de septiembre, la burguesía chilena celebra uno de sus rituales políticos más persistentes. Bajo el nombre de «Glorias del Ejército», miles de efectivos desfilan por el Parque O’Higgins mientras las autoridades civiles contemplan desde las tribunas el despliegue de tropas, armamentos, estandartes y bandas militares. La ceremonia pretende representar una institución situada por encima de los conflictos sociales, encarnación permanente de la patria y continuidad armada de la nación. Sin embargo, basta remover algunas capas de esta liturgia para que aparezca una historia bastante menos edificante: guerras civiles, sometimiento militar del pueblo mapuche, influencia castrense extranjera, represión del movimiento obrero, masacres de trabajadores, golpes de Estado y, finalmente, el genocidio político desencadenado a partir del 11 de septiembre de 1973. La pregunta relevante no es, entonces, qué tan marcialmente desfilan las tropas, sino qué historia social se oculta bajo el concepto abstracto de «glorias» y qué función ha desempeñado concretamente el aparato militar cuando los conflictos de clase han puesto en peligro el orden existente.

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La dictadura de Sebastián Piñera sin eufemismos

por Ewald Meyer

En las crisis políticas y peor aun sistémicas, siempre hay gobiernos que se resisten a perecer, el tufillo conservador les ronda porque no han aquilatado la situación y con la esperanza de una salvación de última hora se mantienen a flote. El caso de Sebastián Piñera es de libro. Acudiendo a la vieja fórmula latinoamericana, ejerce la dictadura con la anuencia de toda la clase política alojada en el parlamento y las fuerzas armadas como garantes de un penoso orden criminal y conservador. Posterior al 25 de octubre y ante la derrota aplastante de un plebiscito que no buscó, pero que auspicio para ganar tiempo durante las jornadas del 18 de octubre del año 2019, su legitimidad como fuerza en el poder cayó por el suelo. Debió renunciar después del resultado del plebiscito claramente, pero cual dictador megalómano, ya no contento con detentar el poder de forma espuria sin más apoyo que las fuerzas armadas que lo respaldan, ha endurecido su gobierno transformándolo en una dictadura, al punto de mantener el estado de emergencia, toque de queda en el territorio nacional y una férrea represión policial que cada día cobra mas y mas victimas. Los carabineros con bala pasada disparan al menor asomo de manifestación cobrando víctimas fatales. La fuerza de los acontecimientos, sin embargo, le ha permitido flotar como un naufrago en medio de un mar de cambios, movilizaciones y pandemia.

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