Jadue o Boric: ¿Esa es la disyuntiva para los trabajadores?

por Gustavo Burgos

Mañana el referente electoral Apruebo Dignidad somete a primarias su candidato presidencial. Se trata —lo más probable— de presidenciales anticipadas, ya que en la apariencia electoral de este referente —sea Jadue o Boric— provendrá el próximo Presidente de la República. Por lo mismo, la campaña anticomunista en contra del alcalde de Recoleta ha recrudecido en la misma proporción que sectores importantes de la Derecha toman noticia de este hecho inédito en la vida electoral de los últimos años, dominada como estuviera por el previsible oráculo de la CEP. Esta circunstancia ha hecho que muchos militantes de izquierda, activistas de las movilizaciones y que se reivindican del levantamiento popular del 18 de Octubre, vean en esta justa electoral ya sea votando por Jadue o anulando en dicho proceso, una opción de lucha. Creemos que esto no pasa de ser un espejismo.

La profundidad de la crisis política que arranca el 18 de Octubre —lo hemos repetido incansablemente— comienza a cerrarse en beneficio del régimen capitalista el 15 de noviembre con el Acuerdo por la Paz, luego de tres huelgas generales y de dos millones de manifestantes inundando plazas y avenidas a los largo de todo el país. El Gobierno de Piñera fue derrotado por la movilización y las FFAA debieron retirarse de las calles una vez que se revelaron incapaces de perpetrar un nuevo Golpe de Estado, esto se materializó la noche del 12 de noviembre de 2019 y fueron las horas que separan este momento de la madrugada del 15 de noviembre las cuales sellaron el curso de una nueva transición diseñada desde las altas esferas del poder. A este Acuerdo, cuya única finalidad era volver a instalar a Piñera en La Moneda, concurrieron todas las fuerza políticas, desde la UDI al Frente Amplio. La firma personal de Boric y el retiro de Igualdad y los humanistas, resultaron a la postre meramente anecdóticas. El Acuerdo así pactado —una Santa Alianza— logró unificar a todas las fuerzas políticas de la burguesía en contra de las masas insurrectas. El punto Nº1 de tal Acuerdo era restablecer el orden público y ofrecer un desvío institucional al movimiento con la perspectiva de una Convención Constitucional.

En este marco, la cuádruple elección de mayo de este año, con la aplastante derrota de la Derecha piñerista y la sorpresa electoral de los independientes, reformuló las fuerzas político-electorales del régimen. El piñerismo y la ex Concertación, devenidos en conservadores de última línea quedaron reducidos a su mínima expresión, dejando en manos del referente Apruebo Dignidad (Partido Comunista- Frente Amplio) la función reformista que antaño jugara la Concertación. En este punto es necesario subrayar que el pacto electoral Apruebo Dignidad descansa sobre la base del Acuerdo por la Paz. Que Apruebo Dignidad es «acuerdista» ha quedado de manifiesto en la campaña de primarias entre Jadue y Boric, quienes se han disputado ser reconocidos como los garantes de la institucionalización de la crisis. Daniel Jadue en el segundo debate señaló expresamente que su presidencia sería garantía de que no habría nuevos estallidos sociales y que los intereses de los inversionistas extranjeros sería protegidos. Boric por su parte, único suscriptor individual del Acuerdo, ha sido enfático, hasta el cansancio, en orden a presentarse como un hombre del régimen. Tanto Jadue como Boric son «acuerdistas» el primero por adopción, el segundo como legítimo suscriptor.

Sin embargo, a pesar de expresar la misma política, Jadue y Boric no son lo mismo, porque no representan lo mismo. Por eso, dentro de Apruebo Dignidad la campaña electoral ha tomado ribetes de alta intensidad, porque reformadamente en esta primaria se enfrentan el anticomunismo inveterado de la pequeñaburguesía y la tradición democratizante del estalinismo. Resulta muy curioso observar como el sector Boric —que a «sopaipillazos» ha logrado encolumnar tras de sí a los vestigios del PS y la vieja Concertación— ha desarrollado una campaña cimentada en el más primitivo de los anticomunismos, como aquel que expresara vergonzosamente Eduardo Carrasco—líder de Quilapayún— calificando de «gentuza» y de «lacras» a los PC. Parece oportuno recordar que en su primera entrevista al país el genocida Gustavo Leigh se refirió en idénticos términos a los comunistas habló de «lacra», «gentuza» y «cáncer» última expresión que se le quedó en el tintero al Quilapayún. Esta gente, hago referencia a Eduardo Carrasco y con él a toda la intelectualidad pequeñoburguesa, no hablan por convicciones, los impulsa el cálculo fácil de obtener algo con estos improperios, de ser reconocidos por el régimen y alimentar con ello su miserable respetabilidad de clase.

Pero ocurre que Jadue ha dicho expresamente que no quiere revolución, que no va a expropiar al gran capital y no afectará de ningún modo los intereses de las transnacionales. Jadue ha insistido que su candidatura no es antiimperialista y que él en lo personal considera fracasada la experiencia de la URSS, que lo suyo es el viejo concepto de la sociedad de derechos y el Estado de Bienestar. Un Jadue que en lugar de impulsar la lucha por la libertad de los presos políticos se esconde en la necesidad de hacerlo por la vía institucional, condenando la violencia venga de dónde venga. Quizá la mejor forma de describir la campaña de Jadue es que él mismo se presenta como un no comunista. En resumen, lo de Jadue es la abjuración completa de toda idea socialista y de cualquier perspectiva revolucionaria.

¿Por qué entonces es víctima Jadue de una implacable y destemplada campaña anticomunista? Lo decíamos más arriba, no es por lo que es. No es por su programa, sino por lo que representa para la burguesía. Porque un gobierno conducido por el Partido Comunista institucionalmente no tendría oposición de izquierda, lo que dejaría el campo abierto para el desgobierno y el desarrollo de tendencias políticas revolucionarias. Ese es el temor de los capitalistas y de sus mocitos, desde Mosciatti, Kast hasta Boric y Carrasco. No es que no comprendan el programa de Jadue, es que creen saber que Jadue no será capaz de llevarlo adelante dentro de los límites capitalistas. Le temen a la revolución, no al Partido Comunista.

En este contexto la elección del referente electoral Apruebo Dignidad nada tiene que ver con la clase trabajadora, ni con su programa ni con su gobierno. Apruebo Dignidad propone un gobierno burgués y en ese sentido sí da lo mismo cuál de los dos salga vencedor, no siendo Jadue y Boric lo mismo, el resultado de esta elección resulta enteramente extraño a la construcción de una nueva dirección revolucionaria en nuestro país. Porque Jadue o Boric conducen a la izquierda y a los trabajadores a nuevas derrotas, porque ambos se proclaman portadores de la insignia de la nueva transición del Acuerdo por la Paz, el mismo con que el 15 de noviembre —ya de día— pretendieron sepultar con lonas blancas la Plaza de la Dignidad y la revolución. Porque a través del proyecto político de Apruebo Dignidad se perpetúa la misma política concertacionista de los 30 años, la política de que lo único que pueden hacer los trabajadores es unirse a la burguesía «democrática» para impedir que «gane la Derecha». Porque ese proyecto es impotencia pura y una derrota asegurada.

No condenamos a los compañeros que con las más nobles intenciones, incluso revolucionarias, concurrirán a votar mañana por Jadue, creyendo que lo hacen por el comunismo. Les decimos simplemente que ese no es el camino. Que el camino hay que construirlo en el enfrentamiento frontal y directo al régimen, proclamando la necesidad de la inmediata libertad de los presos políticos —cosa que puede y debe hacer de inmediato la Convención Constitucional— y el castigo a Piñera y a su gobierno de criminales. Porque como ya lo han demostrado los independientes en la propia Convención, carentes de dirección y estrategia claras, han terminado siendo arrastrados por la marea acuerdista del FA-PC. Dijeron que no conversarían con nadie y lo primero que hicieron fue apoyar a la candidata del FA a la testera de la Convención, dijeron que la Convención no funcionaría si seguía habiendo presos políticos y fueron los primeros en lavarse las manos para suscribir un voto que le reclama al Congreso y a Piñera que los libere.

Una nueva dirección política de contenido socialista, para que gobierne la clase trabajadora, esa es la tarea del momento. La lucha de los trabajadores, la lucha del pueblo mapuche desde la CAM, la lucha desplegada por los explotados en todo el país, es el terreno, es la primaria en la que obligadamente habremos de encontrarnos. Esa es la disyuntiva del momento.

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