¡Hasta la Victoria siempre compañero Rigoberto Brito!

por Haroldo Jorquera Iturrieta

Querido compañero Kicho o Camello, como te decíamos en el partido. Acabo de enterarme de tu partida, siento una pena enorme, sobre todo por la pérdida fisica de un gran ser humano y compañero. Hace tan pocos días conversábamos sobre tus escritos y me hacías reír con tus comentarios sobre otros escritores que habían compartido con nosotros esos hermosos sueños revolucionarios y que hoy todavía son parte importante de nuestro quehacer político. 

Entre esta tristeza busco recuerdos que me permitan acercarme a ti y a los inolvidables momentos que marcaron parte importante de nuestras vidas. Como el del año 71, nacimiento y organización del FER en el liceo,  del que tú fuiste parte importante. La lucha por ganar el Centro de Alumnos en un momento clave de nuestra historia política. Siempre nos sorprendías por tu enorme capacidad política y de análisis donde destrozabas a tus adversarios en los foros electorales. 

Tus tallas o las ingeniosas ideas para formar listas y ganar votantes, como cuando sugeriste que encabezara la lista Denis, quien por su juventud y su estampa entre nórdica y latina acunaba muchas admiradoras. Con esto decías, nos asegurábamos el voto femenino y aconsejaste al «adonis» de que fuese más simpático y cariñoso con ellas. Perdimos la elección, aunque debemos reconocer que el único que ganó entre nosotros fue Denis, porque quedó con una buena cantidad de pololas de reserva. O cuando te acercaste al compañero Jesús y lo incluíste en la lista para ganar electorado cristiano. Aunque pensándolo bien tus sugererencias lograron que Denis y Jesús asumieran un mayor compromiso revolucionario.

Como no recordar el viaje que hicimos a Santiago de «polizontes» en un tren y sin un peso en el bolsillo, para participar en un congreso estudiantil y luego nos pusimos a pedir dinero en la calle para poder comprar  los pasajes de retorno a Valparaíso y algo de comida. Nuevamente nos salva tu capacidad oratoria, reunimos tanta cantidad de dinero que pudimos ir a una fuente de soda a comer completos y pagar un taxi colectivo para regresar a Valparaíso. Cuando ya pensaba que nada más me podía sorprender, empezaste a hacer un análisis político con el otro pasajero y el chofer, los convenciste tanto que pararon el auto en Curacaví y nos invitaron a tomar té.

El año 72 te encontré con  tus raíces troskas y tus conversaciones con Vitale, el pirata Stranger y el guatón Mandiola. Tiempos de enfrentamiento abierto con el fascismo, el país estaba conmocionado porque unos días atrás había sido baleado un estudiante por un  grupo de Patria y Libertad en una reunión de centro de alumnos en Santiago. Ante estos acontecimientos y pensando que iba a suceder lo mismo en nuestro liceo (habíamos visto que algunos fachos habían entrado con bolsos a la reunión estudiantil citada). 

Me pediste que te acompañara a la estación, saltamos la reja del liceo y partimos. Una compañera nos entregó un paquete, pero antes de ingresar a la asamblea, pasamos al baño donde desenvolvimos una pequeña colt que había llegado como elemento de protección ante cualquier ataque. Asumiste la responsabilidad mayor de detener cualquier agresión y proteger a los compañeros, dándome la orden de quedarme cerca de la puerta para abrirla de inmediato evacuando a la gente si se producían balazos. Se palpaba tanta tensión en el ambiente que la profesora a cargo de coordinar la reunión la suspendió causándonos un gran alivio. Una cosa me quedó más clara a partir de ese día, tu entrega revolucionaria era sin dobleces ni titubeos. 

El golpe militar nos separó. No supe más de tí. Tuvieron que pasar más de 40 años para volvernos a encontrar. Es cierto, estábamos más viejos, con arrugas y algo encorvados, pero con alegría comprobamos que nuestro compromiso político seguía intacto, esto volvió a acercarnos, aunque con matices diferentes, los dos seguíamos empecinados en el trabajo orgánico de nuestro pueblo, entregando lo mejor de sí para construir una sociedad más justa.

Querido Kicho hay muertos que nunca mueren como decían los nicaragűenses, tú eres de esos, por eso estas palabras las escribo en tu wsp personal, sabiendo de antemano, que luego de leerlas le darás esos dos vistos azules, dando a conocer que esta conversación llegó a ti. Un fuerte abrazo querido e inolvidable compañero, me despido de tí con la esperanza de reencontrarte cuando llegue el momento justo del triunfo de nuestra revolución socialista.

Rigoberto Brito
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