El Pickman de las Tinieblas

por Juan García Brun

Hay un cuento de Lovecraft, El Modelo de Pickman, que trata sobe un pintor que pinta imágenes infernales con animales metamorfoseados de rata a antropoide, iluminados por un fuego imposible. Toda la iconografía de Pickman es infernal, los colores, las luces, los volúmenes, los ojos de los seres, todo de una deformidad estudiada y enferma. 

El desenlace es soberbio, un admirador (el propio Lovecraft) investiga la fuente de tanta inventiva. Lo que el sujeto investiga, el hablante lírico, es la capacidad de Pickman de crear ambientes e imágenes tan viles, tan ruines y temibles. Obsesionado con la obra de su autor, se mete a la casa del propio Pickman, la revisa la da vuelta completa y no encuentra nada especial, es la casa de un pintor sin ninguna herramienta adicional (aquí creo recordar que el hablante lírico también es pintor, pero mediocre). 

El sujeto está por irse, derrotado, de la casa de Pickman, asumiendo la genialidad imbatible de su artista admirado-temido-envidiado. Pero antes de irse abre una pequeña puerta al interior de la casa del artista: era una puerta al inframundo. Al ingresar por ella, el narrador, cuyo tono comienza a deformarse por el impacto de lo que observa, accede al mundo que hay tras esa puerta. Se da cuenta que Pickman no es un pintor fantástico, es simplemente un hiperrealista. 

Cito este cuento de Lovecraft, porque es la impresión que deja esta fotografía de un acto de fin de año en el Instituto Alemán de Valdivia, la querida «Deutsche Schulle», en diciembre de 1938. Cuando este establecimiento quedaba en pleno Picarte, centro de la ciudad. No tengo palabras, al igual que Lovecraft, esto es Valdivia, Chile, en 1938 y los que saludan o se despiden, una temible audiencia de ex alumnos!!!!. La foto petenece al archivo de «Ado» Schwartzenberg, un titiritero valdiviano que una vez conocí. 

La imagen me recuerda la última escena de una película de Carpenter cuyo título es estupendo «El Príncipe de las Tinieblas» y en la que se puede oír y ver una especie de monje, en una habitación apocalíptica diciendo algo así como «este mensaje viene del futuro».

Ir al contenido