El imperialismo estadounidense prende fuego a Oriente Próximo

por Keith Jones

Pakistán, que cuenta con armas nucleares, llevó a cabo el jueves ataques con cohetes lanzados desde el aire y misiles con drones en al menos siete lugares separados dentro de su país vecino Irán, apuntando a lo que dijo que eran bases de insurgentes secesionistas baluchis.

Mapa del conflicto entre Irán y Pakistán

Irán, que condenó con vehemencia los ataques como una violación de su soberanía estatal, dijo que el bombardeo había matado a nueve ciudadanos extranjeros, incluidos cuatro niños. El Ejército de Liberación de Baluchistán, que por décadas ha llevado a cabo una insurgencia transfronteriza en el Baluchistán paquistaní, la provincia occidental más pobre y escasamente poblada del país, confirmó que sus fuerzas habían sido atacadas.

Aunque Pakistán no lo dijo explícitamente, los ataques del jueves fueron en parte represalias por un ataque que Irán había llevado a cabo unas 48 horas antes dentro de Pakistán.

Según Irán, sus Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) emplearon misiles y drones para atacar los campamentos de Jaish al-Adl, un grupo secesionista armado baluchi que ha llevado a cabo ataques en el sudeste de Irán, predominantemente de población baluchi. Tras esa acción, Teherán enfatizó que no quería interrumpir las relaciones “fraternales” con Pakistán. Pero en un mensaje claramente destinado a Washington e Israel, Irán dijo que se reserva el derecho de tomar todas las medidas necesarias para defenderse.

Los ataques recíprocos entre Irán y Pakistán arrojan más combustible a una región que ya fue prendida en llamas por el imperialismo estadounidense y sus aliados, que están utilizando la guerra genocida contra los palestinos en Gaza para provocar y preparar una guerra más amplia con Irán

El miércoles y el jueves por la noche, Estados Unidos llevó a cabo su cuarta y quinta ola de ataques con misiles contra Yemen en una semana contra lo que dice que son blancos hutíes respaldados por Irán, en distintas áreas de todo el país. En declaraciones a periodistas el jueves temprano, el presidente estadounidense Joe Biden prometió que la campaña de ataques aéreos de Estados Unidos y Reino Unido contra los hutíes continuaría.

Con el apoyo de amplios sectores del pueblo yemení, los combatientes hutíes han afectado el transporte marítimo del mar Rojo para presionar que se ponga fin a la embestida de Israel en Gaza.

También el miércoles, el Gobierno de Biden calificó a los hutíes como un “grupo terrorista global especialmente designado”, abriendo la puerta a la imposición de sanciones radicales. Los grupos de ayuda humanitaria respondieron inmediatamente con advertencias de que la designación amenaza con intensificar en gran medida la crisis humanitaria de Yemen. Como resultado de la guerra de casi una década que el régimen saudí ha librado en Yemen con armas y apoyo logístico de Estados Unidos, más de la mitad de la población del país, más de 18 millones de personas, necesita alimentos y otra asistencia.

Mientras tanto, la Unión Europea se encuentra en la etapa de planificación avanzada para su propia operación naval en el mar Rojo que apoyaría los ataques estadounidenses/británicos contra Yemen, al tiempo que afirma su propio papel como policía regional. El Gobierno alemán está liderando la misión, a la que apoyará enviando una fragata a la región a principios de febrero, según un informe del periódico Welt am Sontag. Destacando la importante expansión militar del imperialismo alemán en Oriente Próximo, Berlín está preparando un envío de 10.000 proyectiles de artillería para respaldar el genocidio de Israel en Gaza.

Envalentonado por el apoyo total que Israel está recibiendo de las potencias imperialistas norteamericanas y europeas, el primer ministro fascista de Israel, Benjamín Netanyahu, reafirmó sin rodeos su objetivo de crear un Gran Israel a perpetuidad el jueves, diciendo que su Gobierno nunca aceptaría ceder la soberanía sobre ninguna parte de Cisjordania.

Por su parte, el presidente israelí Isaac Herzog dijo en la cumbre de Davos, donde se reúne la élite corporativa y política mundial, que se necesitaba una “coalición muy fuerte” para enfrentar al “imperio del mal que emana de Irán” y sus “fuerzas patrocinadas en toda la región”. En condiciones en las que Israel está a punto de lanzar una invasión total del Líbano, después de haber llevado a cabo repetidas incursiones y ataques con misiles en los últimos tres meses, Herzog arremetió contra los “ataques” de Hezbolá, “armados hasta el cuello por Irán, financiados por Irán”.

Día tras día, los medios occidentales difunden la mentira de que Biden busca “frenar” la masacre de los palestinos por parte de Israel, a pesar de que su Administración está armando a Israel hasta los dientes y, bajo sus órdenes, el ejército estadounidense está brindando a las Fuerzas de Defensa de Israel asistencia directa. No son menos fraudulentas sus afirmaciones de que Biden y su secuaz y consigliere, el secretario de Estado Antony Blinken, están intentando evitar una guerra más amplia en Oriente Próximo.

Soldados israelíes disparan de un Howitzer en el norte de Israel, cerca de la frontera con Líbano, 15 de enero de 2024 [AP Photo/Ohad Zwigenberg]

Desde el comienzo de la guerra de Gaza, cuando Washington envió dos grupos de portaaviones, a los que pronto se unirían submarinos de propulsión nuclear y probablemente con armas nucleares, Estados Unidos ha seguido una política de escalada de la presión militar sobre Irán y sus aliados. Junto con Israel, ha tratado de “degradar” la capacidad de ataque de los aliados de Irán y los propios CGRI en toda la región, incluso mediante repetidos ataques en Irak y Siria, y ahora una guerra aérea cada vez más amplia contra Yemen.

Estas acciones preparan un enfrentamiento frontal con Irán que podría ocurrir en cualquier momento. El Pentágono no solo ha planeado tal guerra durante décadas, sino que, desde el punto de vista del imperialismo estadounidense, sus objetivos estratégicos (asegurar un dominio irrestricto sobre la principal región exportadora de petróleo del mundo, una región en una posición única para proyectar su poder geopolítico en Eurasia, África y toda la región del océano Índico) nunca han sido más vitales que hoy, cuando Estados Unidos está en una guerra de facto con Rusia y conspirando para la guerra con China.

El hecho de que Moscú y Beijing hayan estrechado lazos con Irán, en respuesta a las ofensivas estratégicas de Estados Unidos contra todos ellos, solo ha aumentado la determinación de Washington de enfrentar a Irán.

El portaaviones USS Dwight D. Eisenhower y el buque de apoyo rápido en combate USNS Supply cruzan el estrecho de Ormuz, 14 de diciembre de 2023 [Photo: Navy Petty Officer 2nd Class Keith Nowak]

Biden y Blinken han planteado abiertamente la conexión entre la guerra de Gaza, la guerra en Ucrania y el desarrollo de la confrontación entre Estados Unidos y China. La realidad es que estos son escenarios diferentes en un conflicto global en ciernes, en la medida en que el imperialismo estadounidense busca desesperadamente compensar la disminución relativa de su poder económico y establecer la hegemonía global a través de la guerra, el saqueo y el retorno de la subyugación colonial. Por las mismas razones esenciales, las potencias británicas y de la UE siguen a Washington, mientras intentan establecer las bases, incluso en forma de fuerzas militares, para afirmar agresivamente sus propios intereses. 

Los ataques con misiles entre Irán y Pakistán, así como los ataques que Turquía llevó a cabo a principios de esta semana contra combatientes kurdos en el norte de Irak y Siria, subrayan que la escalada de la guerra imperialista en Oriente Próximo está confluyendo con varios conflictos regionales, añadiendo a todos ellos una dinámica explosiva adicional. A su vez, el origen histórico de estos conflictos es la opresión imperialista, incluidas las fronteras arbitrarias impuestas a los pueblos de Oriente Próximo al final de la primera y segunda guerras mundiales.

Tanto Pakistán como Irán han indicado que sus respectivos ataques se dirigieron estrictamente contra insurgentes con bases en el extranjero. Pero tales explicaciones solo tienen cierta validez.

El ejército de Pakistán, el actor más importante de su élite política, sin duda habría estado preocupado por el impacto que hubiera tenido no responder a la violación de sus fronteras por parte de Irán en relación con su rivalidad estratégica con India y en su posición interna. En 2019, India y Pakistán estuvieron peligrosamente cerca de una guerra cuando Pakistán respondió a un ataque transfronterizo indio con ataque propio.

Según informes de prensa, Irán se sorprendió de que Pakistán tomara represalias. Hay muchas razones para creer que Washington, cuyas relaciones con Pakistán están mediadas en gran medida a través de sus fuerzas armadas, habría alentado y aprobado el ataque de antemano.

En sus últimas declaraciones, tanto Teherán como Islamabad han señalado que quieren enderezar las relaciones, mientras que China se ha ofrecido a mediar. 

Sea como fuere, la dinámica en todo Oriente Próximo se caracteriza por una rápida escalada hacia una conflagración regional liderada por Washington, sus aliados imperialistas y su principal cliente regional, Israel.

Los trabajadores en Estados Unidos, Europa y en todo el mundo deben oponerse y movilizarse inequívocamente a los ataques contra Yemen y la creciente campaña de agresión imperialista contra Irán, ambos países históricamente oprimidos.

El régimen nacionalista burgués de Irán, al igual que los regímenes que restauraron el capitalismo en Rusia y China, liderados respectivamente por Putin y Xi, es orgánicamente incapaz de ofrecer una respuesta progresista al impulso de las potencias imperialistas para reafirmar su hegemonía a través de un nuevo reparto sangriento del mundo.

Esta ofensiva, cuyo componente interno consiste en un impulso para intensificar dramáticamente la explotación de la clase trabajadora para financiar la guerra imperialista y los ataques radicales contra los derechos democráticos, está asumiendo la forma de una guerra contra los trabajadores y otras masas explotadas del mundo.

Como explicó el World Socialist Web Site en su declaración a principios de año, la respuesta a la barbarie capitalista, a la “normalización” del genocidio, la guerra nuclear, la reacción fascista y los niveles sin precedentes de desigualdad social, debe ser “la normalización del socialismo en la perspectiva política de la clase trabajadora”. Hay una oposición masiva al genocidio en Gaza junto con el aumento global de luchas de la clase trabajadora contra el asalto implacable a sus niveles de vida y derechos sociales y democráticos. Estas luchas deben impregnarse de una perspectiva socialista revolucionaria dirigida a una lucha unificada para poner fin al capitalismo y establecer el poder obrero.

(Fuente: WSWS)

Ir al contenido