De la guerra «europea» a la tercera guerra mundial

por Antonio Bórmida

Ya se cumplieron más de tres meses desde que comenzó la guerra. Los objetivos actuales de las tropas rusas se han concentrado en consolidar posiciones en las provincias de Lugansk y Donetsk, así como en Mariupol, ciudad puerto en la que se rindieron las ultimas tropas que resistían en los túneles de la acería Azovstal. Ahora el próximo objetivo es conquistar Odessa, y con ello cerrar la salida al mar a las exportaciones ucranianas. Habrá que ver si los rusos tienen fuerzas suficientes para extender su dominación más al oeste, hasta Transnistria, un territorio pro-ruso que se declara independiente de Moldavia.

En la situación actual está totalmente descartado un nuevo intento de ocupación total o un nuevo intento de tomar Kiev. Mientras va consolidando estas posiciones en el Este de Ucrania, Rusia ya declaró que está dispuesta a volver a la mesa de negociaciones. Es que al revés de las expectativas que se habían generado alrededor del discurso de Putin en la celebración del Día de la Victoria, el 9 de mayo, se vieron defraudadas. Se especulaba que Putin fuera a escalar la situación militar, pasando de la “caratula” de operaciones militares especiales, a la declaración de guerra. Pero ello no ocurrió, y probablemente para tomar esa decisión Putin haya evaluado las condiciones políticas internas. Siendo que declarar la guerra implicaba la leva forzosa de muchos miles de jóvenes, y habiendo claros síntomas de descontento con la guerra en la juventud más que en otros sectores sociales, desistió de esa opción, la que además no podía darle un resultado inmediato en la relación de fuerzas con las tropas ucranianas, dado que los jóvenes conscriptos debían recibir largos meses de instrucción militar, antes de poder entrar en combate.  

Ese costado débil, que muestra una limitación de las posibilidades de acción del ejercito ruso, animó a su vez a acelerar la solicitud de ingreso a la OTAN por parte de los gobiernos de Finlandia y Suecia.

Esta declaración, respondida al principio con declaraciones de alto voltaje belicoso por parte de un alto mando ruso, quien dijo que si Rusia quería en 10 segundos desaparecía Finlandia de la faz de la Tierra, fue bajando varios cambios, hasta que Putin señaló que no veían ningún problema en que Finlandia y Suecia ingresaran a la OTAN, siempre y cuando no desplegaran fuerzas militares sobre la frontera con Rusia. Es decir, reconociendo como un hecho el ingreso de eso países a la OTAN, marca otro límite, pero a la defensiva. En este momento y solo Putin sabe perfectamente que no se puede enfrentar a toda la OTAN. Pero seguramente, esta nueva extensión de la OTAN a sus fronteras, no va a quedar así. Es probable que Putin espere el desencadenamiento de los conflictos armados entre China y EE-UU, que ya pueden divisarse en el horizonte, para responder en ese marco, y con armamento nuclear, a la amenaza y la provocación que le plantea la OTAN. 

Como decimos, se ve cada vez más cercano, el enfrentamiento militar que va a dar lugar inevitablemente a la tercera guerra mundial. Y avanza con la misma regularidad y constancia con la que la Tierra gira sobre su eje. De a poco los enfrentamientos militares en Ucrania van cediendo lugar en los medios de difusión y en las declaraciones de los altos funcionarios de países e instituciones plurinacionales, a las picantes declaraciones y hechos que se van gestando alrededor de la próxima confrontación entre China y Taiwán.

¿Ya tiene fecha la tercera guerra?

La situación se recalienta alrededor de Taiwán, que China reivindica como una provincia parte de su territorio nacional, mientras los taiwaneses y EEUU más aliados pretenden se mantenga independiente. En los primeros días de octubre de 2021 el ministro de Defensa taiwanés, Chiu Kuo-cheng, ya había afirmado que China será «capaz de organizar una invasión a gran escala» de la isla para el año 2025, dando por hecho que habrá un conflicto militar.

El Departamento de Defensa de EE UU publicó en su informe anual de noviembre de 2021, que en 2030 China contará con un millar de cabezas nucleares, tres veces más que las que tiene actualmente y suficientes para suponer una amenaza sustancial para EE UU., y que estaría capacitada para librar una guerra “inteligentizada” (es decir utilizando inteligencia artificial) a partir de 2027, lo que le permitiría resistir efectivamente toda respuesta militar estadounidense a una eventual invasión de Taiwán.

El 6 de mayo pasado los medios publicaban las declaraciones del portavoz del Pentágono, John Kirby, afirmando que el régimen de Xi Jinping, se propone alcanzar la capacidad de atacar Taiwán para 2027. La aclaración del vocero acerca de que “Estados Unidos no dice que quiera hacerlo” es solo a los fines de cubrir las apariencias diplomáticas. Por su parte, el almirante Charles Richard, del Comando Estratégico estadounidense, dejó la diplomacia de lado para asegurar directamente que Washington evaluaba que China tenía la intención de atacar Taiwán para 2027.

La guerra entre China y EE-UU está tan cerca que ya se están estudiando y planificando todas las cuestiones tácticas, y cuál va a ser el armamento adecuado para enfrentar una invasión de las tropas chinas a Taiwán:

“Enjambres masivos de drones, con miles de unidades volando de forma coordinada controladas por una inteligencia artificial central, serán decisivos en una posible invasión de Taiwán por el ejército chino. Ésa es la conclusión a la que ha llegado la fuerza aérea norteamericana después de múltiples juegos de guerra simulados.

Según David Ochmanek — ex Subsecretario Adjunto de Defensa para el Desarrollo de las Fuerzas Armadas e investigador senior de asuntos internacionales y defensa del ‘think tank’ Rand Corporation— estos enjambres serán vitales para poder derrotar a las fuerzas aéreas y navales del invasor chino, que partirán de la costa continental en oleadas a una distancia de sólo 161 kilómetros”.

«Estamos realizando simulaciones de escenarios en los que estamos tratando de hundir rápidamente la flota de invasión en el Estrecho

“Al contrario que el escenario de Ucrania — donde la invasión ilegal del autócrata ruso Vladimir Putin se ha extendido ya a tres meses — Taiwan es un objetivo demasiado pequeño para convertirse en una guerra a largo plazo: quien venza de forma casi inmediata ganará la partida”. (Jesús Díaz, El Confidencial,21/05/2022)

También desde medios chinos se manejan los mismos tiempos. El académico nacionalista Jin Canrong (asesor del gobierno en política exterior) en declaraciones a Nikkei Asia considera que la confrontación armada es casi inevitable dado que la fuerza política taiwanesa dispuesta a dialogar con Pekín (el Kuomintang) tiene pocas perspectivas de recuperar el poder, y que cuando termine el XX Congreso del Partido Comunista de China en otoño -con la nueva coronación de Xi- comenzarán los preparativos concretos para la invasión. El año 2027 que señala el experto chino como fecha límite tiene un valor sumamente simbólico para el Partido: es el centenario del nacimiento del Ejército Popular de Liberación.

Por su parte, en el marco de su visita a japón, el presidente de Estados Unidos, dijo el lunes pasado de manera contundente y clara que, si China intenta invadir Taiwán, Estados Unidos intervendrá militarmente. Biden, no solamente refuerza sus relaciones con Japón en el marco del acuerdo QUAD (que incluye también a la India y Australia), sino que también viajará con el mismo objetivo a Corea del Sur.  Lo propio hizo el primer ministro inglés Boris Johnson que viajó recientemente a Japón para firmar un acuerdo de cooperación militar con el gobierno de ese país.

Mientras tanto crece la tensión entre Pekín y Tokio. El 1 de febrero, ante la aprobación por la Cámara Baja del Parlamento japonés de una resolución condenando la situación humanitaria en China, con referencias directas a Hong Kong, Xinjiang, Mongolia Interior y Tíbet, el gobierno chino respondía calificándola de «provocación grave». A su vez, el mes pasado el primer ministro japonés Fumio Kishida anunció que el país reforzará sus defensas en las islas Ryukyu. El archipiélago – donde se encuentran importantes bases estadounidenses – se extiende entre la isla sureña de Kyushu y Taiwán.

Paralelamente a la disputa que se desarrolla por ir posicionándose en las islas del sudeste asiático -como el acuerdo logrado por China para instalar una base militar en las Islas salomón-, EE-UU ha anunciado la próxima realización de ejercicios militares conjuntos con Filipinas.

Es decir, no sólo las declaraciones, sino los preparativos militares que se realizan a marcha forzada, preanuncian la proximidad de los enfrentamientos. Es difícil creer que EE-UU vaya a esperar hasta que China este bien preparada para la guerra. Es más coherente pensar que los acontecimientos se precipitarán bastante antes del 2027. 

Como telón de fondo, la economía mundial no deja de caer, y es probable que, durante el mes de junio, tras un nuevo ajuste de la tasa de interés de la FED norteamericana, comience una nueva recesión a nivel mundial. Veremos si en ese marco ocurre también la caída de algunas grandes empresas sobre-endeudadas (empresas zombies) abriendo la posibilidad de una crisis más profunda. También hay países muy endeudados. El gobierno de Sri Lanka también se vio obligado a entrar en default de su deuda externa. Probablemente en otros países vaya a ocurrir lo mismo, sobre todo a partir de la nueva subida de las tasas de interés esperadas en junio.

Pero ya, sin que lleguemos a esa situación, el secretario general de la ONU Antonio Guterres ha reconocido que los niveles de hambre a nivel mundial “se encuentran en un nuevo máximo», en el que el número de personas que enfrentan hambrunas se ha duplicado en apenas dos años, de 135 millones antes de la pandemia a 276 millones en la actualidad. Y que la guerra entre Rusia y Ucrania está “amplificando y acelerando” los factores que impulsan la “inseguridad alimenticia” y el hambre mundial: el cambio climático, el COVID-19 y la desigualdad.  Y advirtió: “Si no alimentamos a la gente, nutrimos los conflictos”. 

Ese es el verdadero temor del imperialismo mundial, que haya nuevas oleadas de migrantes impulsados por el hambre y levantamientos obreros y populares contra la carestía de la vida, como las que preanuncian las grandes movilizaciones en Sri Lanka y en Irán, en ambos casos por el aumento de los alimentos y los combustibles. 

A pesar de que está cada vez más claro que la guerra en Ucrania se plantea como el emergente de una crisis mundial que estallará en guerra próximamente, las grandes masas de trabajadores y populares no son todavía conscientes de la situación que se avecina. Por supuesto que, a los grandes partidos burgueses y a la izquierda reformista, no les interesa despertar la conciencia de los trabajadores, sino que su función es justamente la contraria. Pero de los grupos que se referencian en el trotskismo son muy escasas las excepciones que plantean la proximidad de la tercera guerra mundial en toda la magnitud del problema, por lo menos a los lectores de su prensa. Los partidos del FIT-u argentino, que algunos presentan como modelo o referencia para “la izquierda” internacional, siguen haciéndose los distraídos y solo hacen alguna mención a media lengua y esporádicamente.

Con ello lo único que demuestran es que, ni ellos ni las corrientes internacionales que integran, pueden ser el núcleo de un reagrupamiento mundial en un Partido Mundial de la Revolución Socialista. Desde el Comité de Enlace Internacional que integramos con compañeros de Venezuela y Bolivia, con la colaboración de compañeros de Chile, seguimos nuestra lucha por construir ese núcleo, sabiendo que los levantamientos revolucionarios de los trabajadores contra las catástrofes que provoca el capitalismo, nos harán empalmar con nuevas camadas de activistas de vanguardia y de rupturas de izquierda de los centristas. Lo importante ahora es preparar nuestras pequeñas embarcaciones para pasar de remar con la corriente en contra, a los tumultuosos procesos que se avecinan, con giros bruscos de la situación política internacional y furiosos remolinos de la lucha de clases.     

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