Contra-agenda: hegemonías mediáticas y significantes de la post-Convención

por Mauro Salazar

Después de las esquirlas de la Convención Constitucional y los hitos conservadores se abrió la pregunta por el pacto semiótico que dará sentido al nuevo orden social. Por de pronto, las múltiples formas de disciplinamiento, develan un  paisaje de “audiencias infieles” que -igualmente- padecen las terapias informativas del mainstream.

Pese a la ausencia de relatos, “la tesis securitaria”, persevera por capturar las agendas confesionales de la vida cotidiana. Tras el estallido social abundan las licencias de vigilancia para administrar los temblores del malestar (2019). Hoy la saturación mediática y la impunidad social se funden en una nueva economía mediática. La conflictividad ha desnudado los mitos de un modelo satisfecho, henchido, terciario, pero sin articulación con los ámbitos de la subjetividad.  

La investigación adjunta es un proyecto PLU financiado por ANID, patrocinado por CLACSO y ejecutado por la Universidad de la Frontera que estuvo bajo la Dirección del Dr. Carlos del Valle[1]*. Aquí se analiza el pluralismo medial por la vía de los “movimientos mapuches” y sociales, “diarios ciudadanos” y, por último, las agendas feministas y medioambientales. La  tesis de los  “medios ciudadano” es  una categoría (por momentos pecaminosa) cuyo territorios y prácticas abren un debate sobre el estatuto del término y la “imaginación comunitaria” -en tacto práctica de comunicación-. 

En suma, la heterogeneidad de voces y contenidos en la estructura de medios, ya sean mapuches, feministas  y ciudadanos, podrían ficcionar una “transparencia comunicativa” en contextos de enemización. Con todo, dada la energía crítica de la investigación, sabemos que la sola diversidad de contenidos requiere considerar la presencia efectiva de medios y voces, además de su capacidad para realizar -posibles- transformaciones socio-políticas y avanzar hacia el pluralismo informacional y la ampliación de derechos. No se trata de analizar los contenidos de los medios mapuches, ello ha sido realizado, sino de identificar las lógicas y dinámicas de producción que permiten entenderla. De hecho, los estudios previos señalan que son tres los principales temas que aparecen en los medios mapuche, a saber, a) el territorio como despojo, b) el territorio como soberanía, y c) el territorio como dimensión simbólica de la cultura. 

En una rápida sinopsis, debemos consignar las relaciones entre la agenda política de los movimientos sociales y la agenda hegemónica bajo el neoliberalismo comunicacional. A la luz de los antagonismos de ambas agendas, con el tiempo se han impuesto los contenidos del “activismo”. Tal imposición responde a los fines de la acumulación de capital, consolidando altos niveles de concentración (informacional, cognitivo), donde predominan discursos, fuentes y algunos intereses (económicos, políticos e ideológicos) que suelen tributar a un  corporativismo crónico, cuya disputa se juega en el mercados de la publicidad. Aquí interesa subrayar, no sólo cómo los movimientos sociales pueden acceder a las agendas de los medios tradicionales hegemónicos, cuando estos últimos -de algún modo- se ajustan al campo discursivo y a las prácticas sociales, porque básicamente lo que aquí ocurre es que se produce una coincidencia entre los intereses y valores de los movimientos sociales y los intereses, valores políticos y mediáticos de las élites. 

Resulta relevante la idea de una agenda de los grupos de interés, promovida por diversos  stakeholders que identifican, definen el teatro social. De esta manera, es significativo analizar la agenda de los medios en tanto temas que compiten por la atención y el espacio, de modo tal que es posible identificar, además, cómo unos temas/problemas surgen a expensas de otros que quedan en el camino. La baja cobertura noticiosa de temas asociados al medioambiente puede explicarse a la escasa relación de los medios con los representantes de los intereses del medioambiente, y considerando que los periodistas utilizan sus propios recursos y hacen los esfuerzos pertinentes a la hora de cubrir los temas, en la práctica se refleja en esta presencia noticiosa escasa de notas asociadas al medioambiente desde la voz de los convencionales.  El establecimiento de temas en las agendas, en específico, para el caso de los feminismos y disidencias sexo genéricas, la priorización del concepto “reconocimiento del derecho al cuidado”, durante, y a posteriori del proceso constituyente, hace que surja y cobre relevancia en la cobertura noticiosa, donde también, a diferencia del grupo anterior, las comunicaciones y trabajo conjunto de los medios/informantes permite la visualización del tema en las agendas, y como fuente de debate en la opinión pública.

En suma, el monopolio mediático tiene como objetivo la creación de una historia en la que distintos acontecimientos cotidianos puedan explicarse en una historia cohesiva -homogénea- y que, por lo tanto, exista una tendencia hacia la naturalización de una hegemonía. Las agendas que forman parte de la contra-agenda tienen diversas estrategias para enfrentar las mercancías mediáticas de la comunicación dominante. En suma, la contra-agenda es distinta del plan hegemónico y no es una agenda en el sentido estricto de la palabra. No es singular ni está organizada verticalmente y debe entenderse en red (arbórea, yuxtapuesta, emergente), una relación entre diversos medios. Alude a un modelo que explica el papel de los medios emergentes, más allá de las ofertas del porvenir tecnológico

Sin perjuicio de los desgastes sindicados por el propio CNTV, la televisión cultiva la creación de espectáculos -transversal al sistema político- y ha generado un consenso visual para abordar las demandas mapuches. Esto permite a los actores mapuches, desde una perspectiva no monolítica, visibilizar su causa en los medios establecidos que ya tienen un alcance expansivo. Si bien esta estrategia previa ciertamente llama la atención, la creación de medios propios permite a las personas popularizar sus narrativas y enmarcar la información de una manera que refleje sus experiencias particulares. Especialmente con el auge de las redes sociales, la gente puede crear sus propios medios con recursos mínimos, para incorporar nuevos actores a la narrativa, difundir y validar información, popularizar la capacidad de diferentes modos de pensar, facilitar las relaciones y la unidad, brindar acceso a diversos puntos de vista y transmitir esperanza. 

Por fin, contra las memorias fugitivas del caso chileno interesa relevar dos hitos fundamentales en un intervalo de tiempo asociado a la Convención Constitucional. De un lado, el estudio devela cómo los grupos indígenas lograron revertir el riesgo de “desaparición de sus modos de vida”, alcanzando un 26% de las noticias analizadas por el estudio. Aquí el atributo más relevante en términos de cobertura fue la “plurinacionalidad” contra la economía del despojo. De otro lado, los movimiento feministas lograron poner el atributo más importante (reconocimiento del derecho al cuidado) y el menos importante (ejercicio de los derechos de las mujeres) de su agenda como los con mayor cobertura en las noticias analizadas (69.8% del corpus total). Después ya lo sabemos, contra los mitos de la sensatez, asistimos a la expropiación del proceso constitucional, la gremialización del conflicto, el control de la palabra por la vía de una economía mediática. No es poco, en un país donde el neoliberalismo derrotó a la democracia. 

Hoy más que nunca cabe recordar un término de la imaginación medial, contra-agendas.

Santiago, 

a 29 de diciembre.

Mauro Salazar J

Doctorado en Comunicación. 

Universidad de la Frontera


[1]* La investigación contó con el trabajo de los investigadores Mario Álvarez y Francisca Silva

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