Colonia Dignidad: la criminalidad nazi exportada a Chile

por Joanne Laurier

En Alemania, como ha explicado el WSWS, 76 años después del fin de la dictadura nazi, el gobierno intenta de nuevo ‘declarar anticonstitucionales las ideas socialistas y las posiciones de izquierda’. El 6 de enero de 2021, las fuerzas fascistas intentaron derrocar al gobierno estadounidense. La exposición de los horribles crímenes del fascismo y sus seguidores no es un ejercicio histórico o académico. Tiene la mayor inmediatez y urgencia política. Es indispensable para la construcción y educación de un movimiento socialista de masas en la clase trabajadora de hoy.

El documental original de Netflix, Colonia Dignidad, aborda la secta evangélica, dirigida por el psicópata y profascista alemán Paul Schäfer, que participó en la tortura de presos políticos y utilizó mano de obra esclava para producir armas para la dictadura de Pinochet en Chile en la década de 1970.

Paul Schäfer en Colonia Dignidad

La serie de seis episodios, escrita y dirigida por Wilfried Huismann y Annette Baumeister, es el último trabajo que trata sobre Colonia Dignidad, tras el notable largometraje de 2015 Colonia (con Emma Watson, Daniel Brühl y el fallecido Michael Nyqvist) y el documental de 2020 Canciones de represión, estrenado en el Festival Internacional de Cine Documental de Copenhague.

Schäfer, nacido en Alemania en 1921, llegó a unirse al movimiento de las juventudes hitlerianas (y, al parecer, intentó alistarse como voluntario en las SS). Después de la guerra, fundó un orfanato de carácter religioso hasta que fue acusado de abusar de dos niños. Huyó de Alemania en 1959 y finalmente emigró a Chile con un grupo de sus seguidores, donde estableció la Colonia Dignidad en una zona remota del país.

La serie de Netflix contiene imágenes, filmadas por varios camarógrafos de los primeros años del complejo, que muestran la vida en la Colonia y a su tiránico y desquiciado líder, así como inquietantes entrevistas con sobrevivientes que relatan historias de violaciones y otras retorcidas formas de abuso. También incluye comentarios de partidarios fascistas de Pinochet.

Un extenso artículo publicado en septiembre de 2008 por Bruce Falconer en la revista American Scholar, ‘The Torture Colony’, proporciona información valiosa sobre la colonia.

La primera vez que llegó a Chile fue en 1961 y ‘con los fondos recaudados de su congregación en Alemania, Schaefer compró un rancho abandonado de 4.400 acres a varios cientos de kilómetros al sur de Santiago, que él y unos 10 colonos originales de Alemania comenzaron a reconstruir. A finales de 1963, un grupo inicial de aproximadamente 230 alemanes —el grueso de la congregación de Schaefer— había emigrado de Europa. … Le siguieron dos oleadas más de peregrinos alemanes, en 1966 y 1973, la mayoría pertenecientes a las 15 familias que formaban el núcleo de los seguidores de Schaefer’. Con los años, la comunidad se expandió aún más mediante la adopción ilegal de niños chilenos.

‘Nos convirtieron en robots. La orden de Schäfer era la ley… estábamos tan destrozados por haber sido criados así que no nos resistimos’, se lamenta un entrevistado en Colonia Dignidad.

Manifestantes en Colonia Dignidad en 2015 exigiendo justicia (Crédito de la foto: Zazil-Ha Troncoso 2)

En una entrevista con el periódico alemán taz, el codirector Wilfried Huismann señaló que Schäfer ‘tenía su propio sistema totalitario, y era incluso más perfecto que la Alemania nazi. Porque con él no participaba el 50 o el 60 por ciento, sino todo el mundo. Cada vez que alguien luchaba, se le destrozaba, se le golpeaba y se le torturaba tan brutalmente que formaba parte de él’.

Según un artículo de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia, ‘Schaefer y sus ayudantes, muchos de los cuales habían servido en las Waffen-SS y la Gestapo durante la Segunda Guerra Mundial, establecieron un elaborado sistema de seguridad: una red de túneles y búnkeres, torres de vigilancia, puestos de guardia, perros guardianes feroces y entrenamiento militar para los hombres de la Colonia, cada uno de los cuales llevaba un arma de mano. La Colonia Dignidad también tenía su propio aeropuerto y aviones, sistema telefónico interno, central eléctrica, fábrica de ladrillos y un laboratorio de armas químicas’. Las imágenes de la serie documental ofrecen un panorama de las operaciones.

Schäfer llegó a ser muy útil para el brutal dictador militar Augusto Pinochet, que derrocó al gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973.

‘Acepto mi responsabilidad como promotor de la intervención militar. La Armada inició el complot para derrocar a Allende’, declara Roberto Thieme, secretario general de Patria y Libertad, en Colonia Dignidad. El documental no menciona que la organización fascista recibió fondos y apoyo logístico de la CIA para suministrar tropas de choque a los escuadrones de la muerte de Pinochet tras el golpe.

‘Schäfer proporcionó cámaras de tortura para uso de Pinochet a cambio de licencias mineras y otras prebendas’, explica la serie. La Colonia facilitó la infraestructura que apoyó el desmán de la dictadura en los barrios pobres. Para la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de Pinochet, Colonia Dignidad se convirtió en uno de los centros secretos habituales de tortura y ejecución de sus opositores políticos secuestrados. En las cárceles subterráneas, los cautivos eran torturados de numerosas maneras, incluyendo la mutilación por parte de perros salvajes y las descargas eléctricas. Samuel Fuenzalida, de la DINA, comenta en Colonia Dignidad que los fascistas chilenos pensaban que los alemanes tenían más experiencia en la tortura.

Un miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) describe los horrores de sufrir un brutal asalto en la colonia. Adriana Borquez, otra activista de izquierdas fue encerrada y torturada durante semanas, sin saber lo que le ocurría a su hijo pequeño.

El dictador Augusto Pinochet

‘Mientras Augusto [Pinochet] esté aquí será difícil destruirnos’, se jacta Schäfer en uno de los vídeos.

Amnistía Internacional elaboró en 1977 un informe de 60 páginas titulado ‘Colonia Dignidad: Una comunidad alemana en Chile: un campo de tortura para la DINA’. Los esfuerzos legales de Schäfer lograron bloquear la publicación del informe hasta 1997.

Falconer escribe que la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación de Chile concluyó ‘que un cierto número de personas aprehendidas por la DINA fueron realmente llevadas a Colonia Dignidad, mantenidas prisioneras allí durante algún tiempo, y que algunas de ellas fueron sometidas a tortura, y que además de los agentes de la DINA, algunos de los residentes allí estuvieron involucrados en estas acciones.’

Willi Malessa, ex colono, describe en Colonia Dignidad cómo desenterró fosas comunes en el establecimiento. Además, se presentan imágenes de las manifestaciones de las víctimas chilenas y sus familiares, denunciando ‘Justicia para los detenidos desaparecidos’ y que Colonia Dignidad era una ‘herida en el país’.

‘En julio de 2005’, según Falconer, ‘la policía desenterró la colección de armamento militar de Schaefer. Los arsenales, enterrados en al menos tres lugares diferentes, incluían unas 92 ametralladoras, 104 rifles semiautomáticos, 18 minas antipersona, 18 granadas de racimo, 1.893 granadas de mano, 67 cartuchos de mortero, 176 kilogramos de TNT y un número indeterminado de lanzacohetes, misiles tierra-aire y miras telescópicas.’

Durante la detención de Schäfer en 2005, se ocultaron más de 500 expedientes gubernamentales de detenidos desaparecidos en la ‘bodega de las papas’, donde tuvieron lugar gran parte de las torturas. Cada uno de estos expedientes contenía detalles de graves violaciones de los derechos humanos cometidas bajo la supervisión de Schäfer en colaboración con Pinochet, según la Wikipedia.

La serie nunca señala los crímenes del imperialismo estadounidense en relación con Chile. Fue el odioso Henry Kissinger, entonces secretario de Estado de EE.UU., quien declaró infamemente: ‘No veo por qué tenemos que quedarnos al margen y ver cómo un país se vuelve comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo’. Washington supervisó un programa de agresión destinado a destruir la economía chilena, fomentar el terrorismo de derechas y finalmente orquestar el derrocamiento de Allende por los militares. Posteriormente, Kissinger y los funcionarios estadounidenses defendieron las atrocidades cometidas por la junta de Pinochet.

El hecho de que Colonia Dignidad deje fuera al gobierno de Estados Unidos y a la CIA indica las limitaciones políticas generales de la serie documental. Aunque sus creadores son obviamente hostiles a Schäfer y su sádica fábrica de tortura, así como al carnicero Pinochet, los políticos de extrema derecha y los agentes de inteligencia aparecen sin comentarios. Sin embargo, en las condiciones en que el fascismo vuelve a asomar la cabeza, la serie de Netflix presta un servicio al exponer esta inmundicia inhumana.

(Tomado de WSWS)

Ir al contenido