Chile ante una alternativa real de cambio ¡Ahora es cuándo!

por Guillermo Correa

La Convención Constitucional se instaló oficialmente dando cumplimiento al itinerario institucional fijado desde las esferas del poder y en donde una parte importante del pueblo rebelde decidió participar para -como han manifestado muchos y muchas de las Convencionales populares electas- buscar romper desde dentro los estrechos marcos delimitados en el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución e intentar transformar esta Convención en una verdadera Asamblea Constituyente soberana.

Dada la heterogénea composición de las y los integrantes de la Convención es muy difícil aventurar como se desarrollaran los procesos de articulación y acumulación de fuerzas al interior de la misma, que permitan alcanzar al objetivo anteriormente enunciado y sobrepasar así los marcos fijados en la Ley 21.200. Este será un importante campo en disputa, pero no se puede descartar que el cauce institucional vaya lentamente ordenando las diferentes corrientes dentro de dicho marco, más allá de las declaraciones enérgicas o las aspiraciones levantadas principalmente por los integrantes que se identifican con la Vocería y la Lista del Pueblo, a menos que en forma paralela y simultánea se vaya articulando y desplegando un poderosos movimiento popular que sea capaz -mediante la organización y la lucha- de apoyar resueltamente desde las calles a quienes desde el interior de la Convención buscan transformarla en una verdadera Asamblea Constituyente como así lo plantean. Para ello no solo será necesario denunciar las restricciones puestas por el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, sino además ir rompiendo o sobrepasando la legalidad en la que este se sustenta.

Por otro lado, los sectores rebeldes que no han participado en las diferentes instancias institucionales fijadas en el Acuerdo por la Paz, que por lo tanto no participaron en el Plebiscito ni en las elecciones de Convencionales, están invisibilizados o han quedado relegados a un plano completamente marginal en la actual coyuntura política nacional.

Como ha sido tradicional a lo largo de todos estos años, en general los análisis políticos post electorales desconocen y minimizan con total descaro el alto porcentaje que alcanza la abstención y de esta manera se manipulan e ignoran los resultados cuando son presentados ante la opinión pública. Es cierto que al interior de ese gran porcentaje de no votantes es muy complejo sacar conclusiones políticas certeras de cómo está compuesto dicho universo, sobretodo en relación a quienes optan políticamente por no participar en ellos, pero constituye un dato importante a tener en cuenta en las reflexiones y análisis que se formulan.

El ambiente que se ha ido conformando al presentar este evento institucional como un incuestionable triunfo popular, no solo a través de los medios de comunicación tradicionales, sino que también en muchísimos medios alternativos y en las redes sociales, explota con fuerza la emotividad, las imágenes y los símbolos, transformándolos en un poderosos imán para quienes , sin haber participado en estos procesos electorales, no quieren sentirse ahora desplazados y estar ausentes de este carnaval de la democracia. La emotividad sobrepasa el análisis político de fondo y hacen que sea extraordinariamente difícil plantear cuestionamientos a este proceso y al camino que se ha comenzado a recorrer.

Es innegable que  espacio político institucional ha cambiado profundamente, más aún ahora que se dio el puntapié inicial a la Convención Constitucional. La derecha ha quedado reducida a un porcentaje sin mayor peso político real al interior de la misma, lo que viene a demostrar sin ambigüedades que gracias al sistema binominal este sector político ha estado sobre representado en el Parlamento. La irrupción de los independientes, especialmente aquellos agrupados en la Lista del Pueblo, provenientes precisamente de los sectores del pueblo rebelde que optaron por participar en este camino institucional, ha provocado un desajuste muy importante al interior de la clase política tradicional. La estrecha cancha donde las “dos derechas” neoliberales, la tradicional y la concertacionista, jugaban a su antojo repartiéndose los triunfos, se ve ahora enfrentada a ser eliminada y transformada en un espacio abierto, en un territorio donde los sectores populares tengan influencia real, pero existe también la posibilidad que solo pueda convertirse en una cancha más grande donde este nuevo actor político participe sin alterar mayormente las reglas del juego.

El domingo 04 de julio, al momento de la instalación formal de la Convención Constitucional, pese a todas las limitantes de desplazamiento producto de la situación sanitaria por la que atravesamos, una gran cantidad de manifestantes salió a las calles a acompañar a los Convencionales electos, pero también los sectores populares rebeldes que no participaron de este proceso llamaron a movilizarse ese día, coincidiendo ambos grupos en el objetivo de exigir la libertad de todos  los presos políticos y presas políticas, incluyendo naturalmente a los prisioneros mapuche. El impresionante despliegue de fuerzas represivas y anillos de seguridad no amilanó ni impidió las marchas y las  manifestaciones en torno al ex Congreso Nacional y en otros emblemáticos sectores como la Plaza Dignidad, movilizaciones y expresiones de protesta popular que fueron violentamente reprimidas lo que llevó a que se retrasara el inicio de la ceremonia de instalación de la Convención e incluso a que algunos y algunas Convencionales exigieran el retiro de las Fuerzas  Especiales y el término de la represión, amenazando con no permitir iniciar la ceremonia si esto no se cumplía, pero las torrentosas aguas se fueron lentamente calmando y volvieron al cauce institucional, pese a que tales exigencias no se cumplieron.

Sin mayores sobresaltos se cumplió la tarea de elegir a la Presidenta y al Vicepresidente de la Convención, la Académica de origen mapuche Elisa Loncón y el abogado constitucionalista  Jaime Bassa, respectivamente. Ambos nombres sonaban fuertes antes de la instalación de la Convención y su elección confirma que las prácticas políticas tradicionales de los acuerdos y conciliábulos tras bambalinas siguen estando presentes al interior de la Convención Constitucional.

La heterogénea composición de la Convención Constitucional, con paridad de género, inclusión de los pueblos originarios y la presencia de muchos jóvenes y muchachas, representa en forma fiel la heterogénea composición de nuestra sociedad. El importante momento histórico institucional que como sociedad hemos comenzado a transitar, donde por primera vez la Constitución Política será escrita en forma inédita por 155 Convencionales electos democráticamente, dejará definitivamente en el pasado la Constitución “Pinochet-Lagos”. La profundidad de las reformas que se realicen al sistema de dominación imperante y que quedarán plasmadas o escritas en la nueva “Ley Madre”, van a depender no solo de las capacidades o posibilidades de llegar a acuerdos satisfactorios o consensuados dentro de esta heterogénea composición, sino también de la “presión de la calle” que se ejerza sobre el funcionamiento de la Convención.

Es necesario puntualizar, desde mi punto de vista, que este momento histórico institucional que ha comenzado a transitar la sociedad chilena no representa un proceso revolucionario que vaya a terminar con el sistema capitalista de dominación imperante, aunque muchas y muchos pretendan hacerlo aparecer así, porque aún cuando la Convención asuma características de una Asamblea Constituyente seguirá siendo un proceso de reformas al interior del mismo, cuya profundidad dependerá de la correlación de fuerzas que se vayan conformando en la Convención. Este proceso que ha comenzado a dar sus primeros pasos institucionales aún no empieza a bosquejar el nuevo rostro que asumirá el “desmantelamiento” del modelo neoliberal que muchos y muchas de las Convencionales han manifestado querer llevar a cabo.

COYUNTURA INSTITUCIONAL Y ELECTORAL                                                                                             

Si a la reflexión anterior  le sumamos la franja electoral, las campañas políticas y las manifestaciones callejeras centradas en las próximas elecciones primarias del 18 de julio, que vienen seguidas de las elecciones parlamentarias y presidenciales de noviembre próximo, el panorama político coyuntural está netamente marcado por lo electoral e institucional.

Respecto a las primarias presidenciales hay un consenso bastante generalizado de que se trataría de “carreras corridas”, ya que se pronostica que los candidatos ganadores serían Lavin y Jadue respectivamente, pero ¿qué pasaría si la “familia de Carabineros” decidiera acudir en masa a apoyar al candidato Desbordes, o por otro lado el pueblo concertacionista se volcara resueltamente en apoyar la candidatura de Boric? Probablemente esta contienda electoral sería mucho más competitiva y hasta podría acarrear más de alguna sorpresa. En la noche del domingo 18 de julio se sabrá la respuesta.

Por otra parte, la Lista del Pueblo  ha decidió profundizar su participación institucional electoral llevando candidatos y candidatas a las elecciones parlamentarias, sin descartar, además, una candidatura presidencial, lo que podría provocar otro desajuste en los espacios políticos tradicionales, alterando las cuotas de poder de los partidos políticos institucionales.

La rebelión rupturista que se desplegó en los espacios extra institucionales y extra parlamentarios a partir del 18 de octubre del 2019 entró en un profundo repliegue a partir del 2020, no solo producto del quiebre sufrido en el movimiento popular rebelde con la potente cuña institucional que significó el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución que terminó dividiéndolo, sino además por todas las limitaciones y restricciones que la propia pandemia de coronavirus trajo aparejada. Algunos esfuerzos de organización y coordinación en los sectores que no participan de este camino institucional por el momento carecen de fuerza para expresarse, ya que su presencia no se percibe abiertamente. No se debe desvalorizar, eso sí,  el trabajo silencioso y casi subterráneo que muchos de estos sectores siguen realizando a nivel territorial y sectorial.

Queda siempre dando vueltas la interrogante de que si este proceso rebelde que irrumpió violentamente el 18 de octubre del 2019 y que fue frenado y desarticulado por el camino institucional fijado en el Acuerdo por la Paz  y también por la aparición de la pandemia del coronavirus, aprovechará esta coyuntura para avanzar en organización y acumulación de fuerza popular de carácter rupturista y anticapitalista, creando los instrumentos y herramientas necesarias para irrumpir en este nuevo escenario político, planteándose como una alternativa real de cambio, apuntando a la construcción de una sociedad de nuevo tipo totalmente alejada de la institucionalidad actual, o simplemente quedará adormecido por otra importante cantidad de años.

¡Ahora es cuándo!

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