Por la derrota del fascismo colombiano

por 1917/El Porteño

La situación colombiana gira en un espiral. Ocho años después de las protestas masivas contra el gobierno derechista de Duque, las calles amanecieron el lunes posterior a las elecciones presidenciales repletas – sobre todo – de estudiantes unificados bajo la consigna del rechazo al fascismo. No es una interpretación política. Es la consigna de las movilizaciones.

Mientras la derecha colombiana cuenta con el apoyo del imperialismo, el pueblo colombiano debe contar con el apoyo de la clase obrera latinoamericana y mundial. Es necesario para derrotar la intentona fascista dar un salto cualitativo en cuanto a los métodos de combate. Es lo que sucede en este momento en Bolivia donde han sido ocupados pozos y yacimientos petroleros en un ataque directo a la producción capitalista. Esas son las formas. No las negociaciones secretas, no la esperanza utópica en las elecciones

Hay que analizar los resultados electorales. Aunque el gobierno de Petro despertó enormes expectativas entre millones de obreros y campesinos, el progresismo en el poder no ha atacado la estructura social colombiana. Ha demostrado de forma acelerada sus límites históricos. Ha preservado intacta la propiedad de la oligarquía.

La reforma laboral de Petro, que oficializaría la jornada de ocho horas de trabajo, fracasó en la aplicación porque no se ha expropiado a ninguno de los grandes pooles productivos de Colombia: los cafeteros y petroleros. Al contrario, la oligarquía se sostuvo en las sombras del poder y ahora apuesta a un recambio.

Sin nacionalizaciones (ni obreras, ni burguesas) el de Petro fue un populismo sin caja en la que sostenerse.

La «paz total» que pretendía con la guerrilla y el narcotráfico es una utopía sin expropiar a los latidundistas que desplazan a millones de campesinos hacia la miseria en las ciudades. La movilización campesina fue reemplazada por acuerdos administrativos y “zonas de paz”. En la elección el gobierno no perdió votos. Recibió los mismos que en 2022 pero consolidó con el sostén de la oligarquía una alternativa derechista que lo empardó.

La agitación del gobierno colombiano contra el genocidio en Palestina se derrumbó cuando el presidente decidió sentarse en el sillón de Trump en la Casa Blanca.

Petro es parte de una tendencia: uno a uno los gobiernos progresistas caen en Latinoamérica sin pena ni gloria – en elecciones – sin combatir, sin huelgas, sin movilizaciones de masas más allá de los esfuerzos espontáneos de la población que no cuentan con el apoyo de sus direcciones sindicales. El kirchnerismo argentino, el frente amplio chileno, el indigenismo boliviano… y van.

Spriella – el candidato trumpista – cuenta con el apoyo internacional del sionismo, de la derecha venezolana, de los bananeros ecuatorianas y el ala extrema de los republicanos yankees. Agita abiertamente el desarrollo de la guerra civil con la excusa del narcotráfico. Ha sido él mismo denunciado por el desarrollo de milicias paramilitares durante los gobiernos uribistas. Empresario cafetero, es la representación superior de la oligarquía latinoamericana en el esplendor de la guerra internacional. Es necesario derrotarlo desarrollando hasta las últimas consecuencias la deliberación popular que se ha abierto en Colombia y transformar las formidables movilizaciones estudiantiles en una huelga de masas. Es necesaria la agitación de las milicias populares.

La manipulación de los softwares del escrutinio es la antesala de golpes de estado – de la posibilidad de no reconocer el resultado electoral en caso de derrota. Es el método del trumpismo desde que asaltó el capitolio o intentó un golpe de estado en Brasil.

América Latina ha sido históricamente escenario de golpes de Estado, dictaduras y planes represivos impulsados por las clases dominantes y el imperialismo. También ha sido tierra de grandes levantamientos populares, huelgas generales e insurrecciones, incluso recientes, como en Chile o actuales, como en Bolivia. La tarea de nuestra época consiste en transformar esa tradición de lucha en una fuerza consciente capaz de derrotar definitivamente a la reacción fascista, superar el fracaso del progresismo y abrir paso a una reorganización socialista de la sociedad.

Los fascistas cuentan con el apoyo del imperialismo. El pueblo colombiano debe contar con el apoyo de la clase obrera mundial.

Ellos dicen que América será para los americanos, nosotros decimos que América Latina será la tumba del fascismo.

El Porteño (Valparaíso, Chile)
1917 (Buenos Aires, Argentina)