Marcel, el hombre de los banqueros en el gobierno de Boric

por El Porteño

La salida de Mario Marcel del Ministerio de Hacienda, luego de más de tres años en el cargo, marca un momento de balance no sólo para el gobierno de Gabriel Boric sino para toda la política económica chilena de las últimas tres décadas. Aclamado por el oficialismo y la oposición como “hombre de orden”, su paso por La Moneda confirma que la estabilidad fiscal es, para la clase dominante, la condición inamovible del modelo.

No es casual que Marcel, un hombre formado en Cambridge y de simpatías «socialistas», haya sido celebrado tanto por Boric como por exministros de Hacienda de la Concertación y de Piñera. Manuel Marfán lo señaló como un “gran ministro”; Felipe Larraín lo valoró como garante de confianza para los mercados; Ignacio Briones destacó su resistencia a las presiones de gasto. Incluso Nicolás Eyzaguirre, su antiguo jefe en Teatinos 120, lo reconoció como quien supo “estibar” una economía con motores debilitados.

El arco completo de la política institucional coincidió: Marcel encarnó la continuidad. Fue el garante de que el Frente Amplio en el poder no implicara un quiebre con el legado neoliberal, sino su consolidación bajo nuevas formas.

Continuidad y límites

Al asumir en marzo de 2022, Marcel recibió una economía golpeada por la pandemia, los retiros previsionales y la inflación. Su sello fue contener el gasto público, frenar cualquier intento de nuevos retiros y ofrecer confianza a los grandes capitales. Para el empresariado, su presencia fue la condición que transformó un programa de deseos en un gobierno “serio”.

Pero también cargó con derrotas: el rechazo a la reforma tributaria, la incapacidad de cumplir la meta fiscal en 2024 y una economía que nunca logró despegar del estancamiento que arrastra desde hace más de una década. Marcel mismo reconoció esas sombras. No obstante, la interpretación dominante insiste en la narrativa del “fierro caliente” que logró sostener a costa de su propia salud política.

El verdadero balance

Lo que en el discurso oficial se presenta como mérito —la “responsabilidad fiscal”, la “seriedad técnica”— es, en verdad, el corazón del problema. Marcel no hizo más que asegurar que los costos de la crisis fueran cargados a los trabajadores: contención del gasto social, freno a la redistribución, disciplina salarial y preservación de los negocios de las AFP y de los acreedores del Estado.

La aclamada reforma previsional, aprobada bajo su gestión, mantuvo incólume el principio de la capitalización individual y reforzó el rol del ahorro forzoso como base del mercado financiero. En otras palabras, la política de Marcel garantizó que la crisis de rentabilidad del capital se resolviera transfiriendo más carga sobre la clase trabajadora en beneficio directo del capital financiero y las multinacionales.

El hundimiento del salario en términos de poder adquisitivo, el alza brutal de los servicios como el de electricidad, el crecimiento de un 10% de campamentos y la consolidación de las pensiones de hambre para los jubilados, deben en justicia ser considerados el «legado» de Marcel. SuEl contraste es brutal: mientras la elite lo despide como un héroe, millones de chilenos experimentan la continuidad de la desigualdad.

Lo que se presenta como “buena gestión” no es más que la subordinación de la política a los intereses del capital. La corrupción en un caso, la austeridad en otro: dos caras de una misma moneda que une propiedad privada y explotación.

Conclusión

La conclusión es nítida: la salida de Marcel no cierra un ciclo, lo perpetúa. Su legado no es la estabilidad, sino la confirmación de que el Estado chileno, bajo cualquier gobierno, opera como garante de los negocios de una minoría. La presencia de un hombre del FMI como Luis Eduardo Escobar en el comando de Jara, es expresivo de la continuidad de esta política.

La alternativa no está en nuevos consensos entre tecnócratas, sino en la irrupción de un programa que ponga en cuestión la raíz del problema: la dictadura de la propiedad privada sobre la vida social. Quien tuvo la oportunidad de escuchar el discurso del Presidente Boric en la ceremonia de despedida de Mario Marcel, un discurso de impúdico servilismo al gran capital, podrá advertir no solo a quién habla el Presidente, sino a quiénes sirvió Marcel y qué significa esa frase con la que se despidió: «Logré gran parte de lo que vine a hacer a este Gobierno».