La motosierra del saqueo: Argentina desnuda el escandaloso vínculo entre corrupción y capitalismo

por Fernando López Mackenzie

Los audios filtrados del exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), Diego Spagnuolo, han desatado en Argentina un escándalo que desnuda la entraña misma del gobierno libertario de Javier Milei. Lo que comenzó como un caso de coimas en torno al millonario presupuesto de discapacidad se ha transformado en un terremoto político que alcanza a la hermana del presidente, Karina Milei, y amenaza con precipitar la implosión del oficialismo en vísperas de elecciones.

La escena resulta ilustrativa: el dueño de la droguería Suizo Argentina, Eduardo Kovalivker, detenido mientras se intentaba fugar con 200 mil dólares en efectivo; celulares incautados que podrían involucrar a la familia Milei; y una red de proveedores de medicamentos que multiplicó su facturación gracias a contratos con el Estado. Lo que se desnuda no es solo la “inmoralidad” de algunos funcionarios: es el mecanismo mismo del capitalismo contemporáneo, donde la propiedad privada y la acumulación de ganancias descansan sobre la corrupción estructural del Estado.

Corrupción como engranaje del capital

El caso argentino no es excepcional. La corrupción no es un accidente en el funcionamiento de la economía capitalista, sino un recurso orgánico para apropiarse de recursos públicos y dirigirlos hacia fracciones particulares de la clase dominante. En Chile, lo hemos visto repetidamente: el financiamiento ilegal de la política, el “milicogate” en el Ejército, las colusiones del papel tissue y las farmacias, o las licitaciones truchas en municipalidades. Cada vez, el mecanismo se repite: la propiedad privada del capital necesita del Estado para asegurar negocios, garantizar rentas monopólicas y legalizar el saqueo.

Lejos de tratarse de un “desvío moral” que pueda corregirse con mayor “transparencia”, lo que muestra el escándalo del ANDIS es que la corrupción es inseparable de la dominación capitalista. Allí donde hay negocios con recursos públicos –salud, educación, vivienda, pensiones, energía– hay coimas, favores políticos y redes de testaferros. La lógica es universal: convertir lo común en botín privado.

Si Milei prometió “dinamitar al Estado” para liberar al mercado, la experiencia argentina muestra lo contrario: el Estado es saqueado por la camarilla gobernante y sus socios empresariales. La “motosierra” no corta privilegios capitalistas, sino derechos sociales. Tanto en Argentina como en Chile, esa misma receta se expresa en la ofensiva privatizadora sobre la educación pública, el sistema de pensiones y la salud. El resultado no es eficiencia ni libertad, sino corrupción, endeudamiento y una creciente concentración de la riqueza. La lección es clara: mientras la propiedad privada de los grandes medios de producción siga intacta, la corrupción no podrá erradicarse.

Crisis de régimen

El terremoto argentino muestra un régimen político en descomposición, donde los propios servicios de inteligencia filtran audios para disputarse cuotas de poder dentro del oficialismo. En paralelo, la economía se hunde en recesión y las huelgas de docentes, trabajadores de la salud e industrias como Acindar y Georgalos desbordan a las burocracias sindicales. La crisis del capital genera sus propias tormentas, pero también abre grietas para la irrupción de los trabajadores como sujeto independiente.

Frente a estos hechos, es notoria la ausencia de una alternativa obrera y revolucionaria argentina que intervenga con una política independiente en esta crisis. El peronismo de izquierda en sus variantes nacionalista y kirchnerista, el FITU (trotskista) en alianza en un bloque interparlamentario con el propio peronismo, son incapaces de representar una política que pueda apoyarse en esta crisis para encolumnar la lucha popular contra el régimen en su conjunto. La profundidad de la crisis y la ausencia de una dirección política obrera son los elementos que permiten que esta crisis se haga crónica.

Para Chile, la advertencia es contundente. Hasta hace muy poco Milei se mostraba imbatible y manejaba el parlamento a placer. Sin embargo los antagonismos de clase, tectónicos e incontrolables, hicieron su trabajo y ponen a Milei a las puertas de una crisis que arrastra al régimen argentino en su conjunto. Los mismos banqueros, mineras y farmacéuticas que financian a Milei tienen intereses en nuestro país, y las mismas camarillas políticas que en Argentina se enriquecen con contratos públicos operan aquí en alianza con partidos de todo el arco institucional. En ambos casos, la corrupción no es un exceso, sino la expresión más descarnada de la dictadura de la propiedad privada.