por Juan Abarca
Un terrateniente de nombre y apellido tan originario, tan de la tierra, tan del Wallmapu que nos resulta de enrrevesada pronunciación e indeletreables, Morstad Anwandter, reclama como legítimamente suyo el predio donde desapareció hace 8 meses, Julia Chuñil Catricura, cuando salió en busca de animales extraviados.
Julia Chuñil, 72 años, lideró con éxito a su comunidad mapuche de Putreguel, Máfil, en la recuperación territorial y defensa de un intento de tala del predio de 900 hectáreas de bosque nativo, hogar de flora y fauna endémica, únicas en el mundo, en vías de extinción por la usurpación y devastación capitalista de forestales, hidroeléctricas y latifundistas.
Julia Chuñil fue hostigada, amenazada, agredida, rechazó sobornos para traicionar la lucha de siglos de su pueblo. Finalmente, desaparecida.
No es casual que haya sido Julia Chuñil o anteriormente Nicolasa Quitremán o Macarena Valdes: mujeres mapuches anticonialistas. No es casual que en «democracia» hayan sido asesinados 34 comuneros mapuches, por agentes del Estado, como Pablo Marchant Gutiérrez, que sólo este Miércoles 9 se cumplieron 4 años de su ejecución estando detenido, de un tiro en la nuca, por Carabineros de Chile.

Nada en el Wallmapu es casual. Julia Chuñil ha desaparecido en la región que según estadísticas oficiales muestra el menor número de hechos delictuales y criminales, pero posee la mayor concentración por habitantes de efectivos policiales de Carabineros y la PDI; el mayor número de comisarías y de cuarteles y regimiento militares, pues cuenta además con la presencia permanente de un alto número de efectivos del Ejército e incluso de la Armada.
Aquello se explica, según organizaciones de resistencia mapuche, en el cumplimiento por parte del Estado de Chile de resguardo del fabuloso negocio que enriquece a conglomerados forestales, transnacionales hidroeléctricas y terratenientes, todo además bajo Estado de Excepción impuesto a la población del Wallmapu desde prácticamente el día uno de la asunción del gobierno «pluricultural» de Boric.
Tampoco es casual que éste otro 8 de mes, porteños y porteños, en un número superior al centenar, se hayan manifestado, marchado, cortado el tránsito en las calles del plan por verdad y justicia, por el fin de la militarización del Wallmapu, por la libertad de los presos políticos mapuche, por el reintegro del territorio ancestral al pueblo originario, por el fin de los grupos económicos que saquen los recursos naturales del territorio mapuche y por estas tierras saqueando mediante las AFP nuestros ahorros previsionales.
Nada es casual y la lucha es una: anticapitalista.
