¿Vio a Luis Mesina en Mate al Rey?

por Arturo Rojas Pontie

Vaya vea a Mesina en Mate al Rey, se lo recomiendo. Hay en esa entrevista un episodio que debiera hacer del mayor interés entre su gente, ¿me entiende? En una parte de la entrevista Messina señala en qué situación se encontraban el 12 de noviembre del 2019 las fuerzas que podrían haber jugado un papel de conductores de la insurrección.

Se produce entonces uno de esos momentos en la historia en que se abre una ventana de oportunidad y la vida coloca ante usted la prueba suprema en el desafiante arte de la insurrección. Mesina realiza un autobalance de lo que fue su intervención en uno de los momentos más álgidos del proceso, la huelga general, una huelga de magnitud inédita en Chile, al menos en los últimos 50 años.

Usted podrá coincidir o no con su autocrítica, con lo que logró y con lo que dejó de hacer, pero se ha de reconocer de que se trató de un suceso totalmente nuevo. El tema de lo que se hizo y lo que debió hacerse atraviesa un problema central en el arte de la insurrección, la correcta evaluación de las propias fuerzas y las del enemigo, así como el momento y la forma precisa en que se debe avanzar.

Ante la inminencia de la caída del gobierno, las fuerzas políticas del régimen tomaron la iniciativa convocando al acuerdo por la paz. Ofrecieron como pieza de sacrificio la Constitución del 80, junto con un complejo calendario y procedimientos que desviarían a las masas insurrectas del terreno de la confrontación directa hacia el de la elección de consejeros, debates sobre pueblos originarios y rituales a la pachamama, entre otros.

Es en ese momento clave que entra la patrulla juvenil. No me refiero a Matei Allamand y Piñera, me refiero a la nueva patrulla juvenil del Frente Amplio: Boric, Jackson, Vallejos, Cariola, que al mejor estilo de los rompehuelgas, logran sacar a un sector importante de la clase media de la movilización, con el cuento en colores que se venía el nuevo Chile en forma de papel con timbre de nueva Constitución.

Quienes hubieran podido tomar decisiones en ese momento, se enfrentaban a un escenario complejo. Se mantenía una fuerza aún considerable, pero claramente insuficiente. Una situación que probablemente se repetirá en el futuro.

¿Qué habría hecho usted en esas circunstancias?

Mesina señala que intentaron convocar una nueva huelga general, pero la respuesta ya no fue la misma. Poco después llegó el Covid, que con su carga de miedo terminaría por vaciar las calles.

Esto tómelo como una opinión que puede ser perfectamente cuestionada.

Si tuviera que nombrar un momento visagra, señalaría aquel en el que se abandonó el principio de no dar inicio a la convención mientras no se liberara hasta el último de los presos de la revuelta. Es probable que en ese punto, haber logrado la liberación de los presos de la revuelta, habría consolidado un verdadero estado de ánimo de victoria entre las masas, fortaleciendo la confianza en sus propias fuerzas.

Había que cobrar el premio rápido antes de que se dieran cuenta de que ya no teníamos la fuerza suficiente. Y después, ¿qué me dice usted? Esperar con las fuerzas más o menos intactas a que su estrategia se entran para, y entonces, ¡SAS! volver a golpear.

Al estilo del lauchero, agazapado, solo en mitad de la cancha, con todo el equipo en área propia, esperando ese zapatazo que alguno tirará hacia el área enemiga.

Cuando eso ocurre, hay que correr como si no hubiera mañana, entrar al área y si no se tiene claro qué hacer, apuntar directo a sacarle la cabeza al arquero y disparar sin dudar. No habrá más oportunidades. Después, si salió bien, celebrar con la barra propia a lo Popeye Fabiani.

Probablemente el mayor error de Mesina no fue el no tomar tal o cual plan de acción, sino el de haber contribuido a sembrar ilusiones democráticas, y, por tanto, a no advertir del engaño.

¿Y usted qué tiene tan claro las cosas que habría hecho?

El estallido y su balance debería poner a la izquierda a discutir los temas de la insurrección. Para Lenin, las insurrecciones no podían ser improvisadas ni espontáneas, requerían un cálculo preciso, liderazgo audaz y una organización capaz de aprovechar las condiciones objetivas.

Para ello, se buscaba preparar cuadros con una teoría sólida, pero destinada a la acción práctica y coordinada en momentos críticos.

¿Usted pregunta por mí?

Ya le dije, yo soy escuela Popeye Fabiani, tan consciente de nuestras debilidades como de que guardo una última bala en la recámara. Espero les haya gustado mi columna, la columna de Artemio Rojas Pontie, hasta una próxima ocasión en que nos reunamos nuevamente a echarle un vistazo a lo acontecido y a tratar de proyectar lo que está por venir.

Gracias por haberme acompañado.